De la protesta al desempleo

Aún recuerdo la emoción que invadió mi cuerpo cuando recibí un correo electrónico con la respuesta positiva a mi solicitud laboral para impartir clases a estudiantes de Sociología en la Universidad del Norte de Nicaragua, UNN-Matagalpa.

Por fin tendría la oportunidad de hacer lo que tanto me gustaba, trasmitir ideas y compartir saberes en la “academia”. Mi ilusión inicial era transformar las cuatros paredes rígidas de una fría aula de clase y convertirlas en una experiencia vivencial que inspirará a otros. Al parecer, esos planes no eran compartidos por los empresarios-dueños de la universidad.

Con el tiempo, una de las clases que me asignaron para uno de los grupos fue la asignatura de Participación Ciudadana, tema que me apasiona, tanto como la corrupción ama al dinero. Debo admitir, me gustan los retos y temas incómodos de abordar, en Nicaragua uno de esos temas es el involucramiento activo de la gente en la gestión municipal y Gubernamental.

Paralelo a mi experiencia como docente, escuché que la misma universidad estaba organizando un foro “debate” con diputados del partido de Gobierno sobre, ¿Adivinen qué tema? Pues sí, PARTICIPACIÓN CIUDADANA. Así que identifiqué la oportunidad perfecta para hacer un ejercicio de ciudadanía activa e invité a estudiantes de la carrera y otros jóvenes de Agentes de Cambio (Organización juvenil que coordinaba) a sumarse a una protesta colectiva.

Días antes preparamos algunas cartulinas con los mensajes que queríamos posicionar en nuestra intervención, la inspiración se nos desbordó sobre algunos temas como: La falta de consulta popular sobre el tema del canal interoceánico, la desaforación misteriosa de la diputada del FSLN, Xochilt Ocampos, la pensión reducida para las personas de la tercera edad, etc.

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Al entrar al auditorio del Instituto Nacional Tecnológico (INACTEC-Matagalpa), lugar donde se desarrollaría el foro-debate, sentimos miedo, pues habíamos visto por la televisión como días antes encapuchados a fin al Gobierno agredían en Managua a quienes protestaban por cualquier cosa. Por eso decidimos tomar como medida de precaución enrollar las pancartas para disimular antes de entrar y luego tratar de pasar desapercibidos entre la multitud.

Entramos al lugar en total silencio, inmediatamente pude notar la presencia masiva de estudiantes de secundaria que de seguro fueron obligados a asistir por el Ministerio de Educación, aparato oficial de adoctrinamiento sandinista.  Nos sentamos en la misma línea de sillas, era una forma de sentirnos auto-seguros a través de miradas cómplices y rebeldes.

En la fila delante de nosotros estaban las diputadas sandinistas Rosa Adelina Barahona, ex directora de la Fundación Mujer y Desarrollo Económico Comunitario (FUMDEC) y la diputada María Agustina Montenegro ex vice-alcaldesa de la ciudad. Ambas anónimas en la vida política de nuestro país.  Solo las conocen en sus casas.

El monólogo de los diputados empezó y se extendió por aproximadamente una hora, tiempo suficiente para saltar y croar (Sonido emitido por los sapos) con discursos vacíos de contenidos que hacían reverencia sumisa a la gestión del buen gobierno al que le debían sus escaños, salarios y vidas.  Todo ese tiempo pasé en modo trance esperando para levantarme de la silla y pegar cuatro gritos como decimos en buen nica, pero el don de la paciencia me hizo esperar y esperar.

Llegamos a mi tan esperado momento de brillar, la sesión de preguntas y respuestas había dado  inicio, con toda la adrenalina del mundo recorriendo mi cuerpo me animé a hacer la fila de las personas que iban a hablar, esperé silenciosamente mi turno y aproveché el momento para conversar con una  joven simpática que asignaba el uso del micrófono. Me cayó tan bien que hasta puedo decir nos hicimos amigos en un par de minutos, era una joven cálida y risueña, al final me animé a preguntarle si trabajaba ahí y me respondió que era hija de una de las diputadas. Ese dato de último minuto me hizo “asustarme” más y dudar sobre nuestra intervención, pero la decisión ya estaba tomada. Recuerdo que le pedí disculpas por lo que iba a hacer y su reacción fue de asombro, no espere más e inmediatamente tomé el micrófono entre mis manos y empecé a soltar la chorrera de cosas sobre lo que pensaba con relación a la gestión de las diputados toca botones que estaban ahí presente. Mi gran sorpresa es que el auditorio completo aplaudió mis ideas. Aquí les dejo un pequeño vídeo con fallas de origen obtenido de un canal local.

Ese mismo día marqué mi sentencia de muerte laboral, ese día quedaron sepultadas todas mis aspiraciones dentro de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad. Uno de los asistentes del foro era el señor Justino Pastor, dueño de la Universidad, quién a su vez es era un conocido sandinista, sabido por muchos sobre sus aspiraciones políticas dentro del partido de las cuatro letras.

Regresé a terminar de impartir mis clases por el tiempo que me quedaba, luego no hubo renovación del contrato bajo silencio administrativo. Pedí una reunión con el director académico/dueño de la universidad, un hombre bravucón y ordinario, de esos que creen que gritar más fuerte es tener la razón.

Al final, me dio muchas excusas para no renovarme el contrato laboral, aún consiente que días previos yo había sido el único docente de la carrea a quien él mismo le había dado un reconocimiento por mi trabajo como docente, y peor aún, siendo el único profesor graduado en Trabajo social y gestión del desarrollo, énfasis profesional que se supone transversaliza la carrera de sociología que ofrecen.

Paralelo a mi culminación laboral en la universidad, tuve la oportunidad de hablar con una de sus autoridades quien me confesó de primera mano y bajo la figura del anonimato que la no renovación del contrato obedecía a una pasada de cuentas políticas por mi activismo el día del famoso foro-debate sobre participación ciudadana con diputados oficialistas. Y agregó que él no podía decir nada, de lo contrario también sería despedido y se uniría al club del desempleo.

Consiente que vivo en un país secuestrado por un régimen político que todo lo ve y todo lo controla, no quise ir al Ministerio del Trabajo a perder mi tiempo, pero tampoco quería dejar pasar mi experiencia, una de tantas que se repiten en mi país.

Me armé de valor y fui a denunciar la actitud arbitraría de la Universidad del Norte de Nicaragua al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) y medios de comunicación local, incluyendo prensa escrita, radio y televisión. Hasta una conferencia de prensa hicimos con el fin de seguir evidenciando el uso y abuso de poder al que estamos sujetos y condenados en la tierra del hombre de las libertades, “Sandino”.

Soy uno de tantos, de padre revolucionario, ex guerrillero del frente sandinista de liberación nacional y mi madre, ex miembro de la juventud sandinista y activista por la causa del mismo partido. Ninguno de ellos pudo heredarme la libertad que tanto buscaron en su juventud. Ahora me toca a mí inspirar a otros.

Yaser Morazán / Trabajador Social.

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Texto corregido por Gabriela Montiel.

Vídeo completo grabado por una participante de la actividad. 

 

Sí te la dejás chupar, pasás la clase…

Yaser Morazán.

Entre una mezcla de recuerdos vagos y lejanos me traslado a ese primer día de clases cuando el temible profesor “José Ramón Chamorro” de estadística entró con aires de superioridad al salón de clase; pavoneándose con total seguridad frente a un tímido grupo de adolescentes que lo esperábamos con cierto temor aprendido derivado de la fama que él se había ganado en el colegio. Puso su maletín en el escritorio, me quedó viendo fijamente, me señaló y con su voz ronca y cierta malicia me dijo frente a todos: “Vos nunca vas a pasar mi clase”.

Con la inocencia de un adolescente de 16 años no supe que decir, ni cómo reaccionar. En mis adentros solo pensé -Tengo que estudiar mucho en esta clase para demostrarle que con esfuerzo y perseverancia todo se puede lograr, incluso pasar su clase – me dije. Pensamiento cajonero que de seguro copié y pegué de alguna revista de superación personal de 5 pesos de aquellos tiempos. Un niño/adolescente a esa edad difícilmente puede identificar semejante amenazada de un depredador de esa naturaleza. Yo aprendí a las malas.

Nunca sospeché que ese día era el inicio de un año completo de chantajes, miedos, manipulaciones y acoso sexual, pues sí, esta historia es la misma que se repite todos los días como secreto a voces en muchos colegios de Nicaragua. Una historia promovida y resguardada por la complicidad de todo un sistema cultural abusivo que incluye padres/madres de familia, docentes y directores.

Meses después llegaron las primeras pruebas y exámenes de la clase, el profesor nunca me devolvía los resultados y en caso de hacerlo siempre aparecía “aplazado”. Por más que estudiara y me esforzara mis calificaciones siempre eran del mismo color: Rojo. Al no tener un medio para refutar mi mala racha en las pruebas y exámenes acudí a la dirección del centro escolar para exponer mi caso, el director (Roger Meléndez) me escuchó y nada más, no pasó nada. Nunca intervino ni por mí, ni por nadie. De seguro creyó que era un típico caso de adolescente latoso.

Paralelo a mi frustración académica, el querido profesor “Toñito” (José Antonio Gómez), hombre mayor “afeminado” y evidentemente homosexual (Todos lo sabíamos, menos su esposa) se me acercaba para inicialmente hacerse mi amigo y gradualmente irme acosando. Fue pasando de lo sutil y “halagador” como decirme que me veía guapo, fino, elegante, inteligente, hasta llegar a decirme que como él la mamaba nadie más lo hacía, que si me la dejaba chupar nunca lo iba a olvidar porque él se sabía todos los trucos habidos y por haber en el arte de la felación.

Todas sus palabras y gestos exagerados que hacía con la lengua me causaban mucha gracia inocente, no sabía que estaba siendo acosado sexualmente por un pedófilo, eso lo vine a saber años después.

Supongo que entre pláticas superficiales y aquella acosadera sexual le fui contando sobre mi fallida clase de estadísticas, lo que nunca imaginé es que la estrategia del “Toñito” era haberse aliado con el profesor de estadística para hacerse intercambio de favores, yo era uno de ellos. Al llegar el primer semestre de la clase, tal como lo sospeché aparecí aplazado, la angustia invadió mi vida, pues de salir aplazado en mi casa me esperaba una nueva golpiza por parte de mi papá (Meses antes me había dado como 20 fajazos por dejar el año escolar).  Yo no quería que me volvieran a golpear, así que al profesor Toñito se le ocurrió la mejor idea para ayudarme (Tan bueno el teacher) y me lanzó la propuesta -Yo te puedo ayudar a pasar la clase, si vos te dejas mamarla, yo hablo con José Ramón Chamorro (el profe de estadísticas) para que te pase- me dijo.

¡Trato hecho! Acepté la propuesta del profesor, hice un examen de reparación como pantomima y ¡Voilá!, pasé la clase. Pero eso sí, me le fui arriba al Toñito y nunca me dejé hacer sexo oral, se quedó con las ganas. Nunca sospeché que mi súper estrategia me iba a costar caro y que la misma historia se iba a repetir nuevamente, solo que con un nuevo protagonista, el profesor Guillermo Roblero, la mano derecha del Toñito, ambos eran una especie de alianza perversa de orgías sexuales con adolescentes del colegio, todos los sabíamos, incluso los profesores.

Llegamos al segundo semestre de la maldita clase de estadísticas, por mucha atención que prestara a la clase, que me esforzara haciendo las pruebas, exámenes, trabajos y demás, nada, nunca pude pasar la clase, y eso que recuerdo que me parecían ejercicios cajoneros memorísticos, no se requería ser un genio de la NASA para encontrar la moda, media y mediana.

Paralelo a mi nueva experiencia, le tocó el turno al profesor Guillemor Roblero, quien me endulzaba el oído y me invitaba a su casa a ver películas pornográficas. Debo confesar que no fui una, dos o tres veces a su casa, sino muchas alentado por mi curiosidad de adolescente, siempre iba acompañado en grupos por otros chavalos curiosos. Supongo que el profe hacía una especie de análisis de quienes íbamos a hacer ser sus próximas víctimas. Ah por cierto, mi primer beso fue ahí, con él, en su casa, en su cuarto, en sus garras.

Recuerdo claramente que en una ocasión le conté a la jefa del área donde estudiaba, la profesora Indiana Gaitán, que el profesor Guillermo me “enamoraba” y me decía cosas sexuales. Ella nunca hizo nada, se limitó a contarle a una de sus amigas que casualmente era la jefa inmediata del segundo profesor acosador. No recuerdo el nombre de la otra profesora, sino también lo escribiría aquí.

Y de pronto, llega diciembre, últimos exámenes y ustedes ya se imaginarán como termina esta historia de pedofilia colectiva. Pues sí, me volví a aplazar, pero en esta ocasión tenía un nuevo aliado, el profesor Guillermo Roblero.  El nuevo trato era que él iba a hablar con el profesor José Ramón Chamorro si yo me acostaba con él, no solo quería chupármela como el anterior, su amigo, no, este quería más.

Asediado por el miedo y la impotencia, volví a aceptar tan “justo” trato. Y en mi inocencia, “les recuerdo” tenía 16/17 años (Porque ya habían cumplido años a mitad del año) pensé -Esta vez me vuelvo a salir con las mías. Así que fui a hacer nuevamente el circo del examen de reparación y ¡Voilá!, pasé la clase.

Llegó el esperado día, el profesor José Ramón Chamorro iba a entregar las notas de las personas que habíamos pasado su clase y así poder pasar al siguiente año escolar, me dirigí a su oficina y cuando le pedí mi certificado de nota me respondió: -Las tiene el profesor Guillermo Roblero -¿Quéeeeeeee?- recuerdo haberle preguntado sobre las razones de porqué un profesor ajeno a la clase, a mi carrera y facultad tenía mis notas. Él con sonrisa maliciosa se limitó a decirme que no sabía. Sinvergüenza asqueroso.

Ese era el último día para matricularse (Creo), el asunto es que yo viajé desde Matagalpa, mi ciudad natal, hasta Granada ese día y no podía regresarme sin hacer esa gestión. Recuerdo que me desesperé, que me dio miedo y no sabía qué hacer. Llamé al celular del profesor Guillermo Roblero para pedirle mi nota y él respondió con tono “triunfador” y burlesco, me dijo que con gusto me las daría si llegaba a su casa ahora mismo a traerlas para pagarle el favor que había hecho por mí.

Colgué el teléfono con miedo, tristeza y decepción, supuse que el profesor “Toñito”, el primer acosador, le había contado de su fallido intento de “chupármela” y que por eso, este había tomado delantera de la situación. Yo no quería decirle a nadie lo que estaba pasando porque mi principal temor era que me dijeran que había dejado la clase. ¡Que pendejada más grande!

En mi desesperación recuerdo que le conté a dos personas, el primero era un joven cooperante de Cuerpo de Paz de Estado Unidos, Charlie Ferguson de apenas 25 años de edad (Yo lo miraba viejo jejeje), él me daba un taller sobre gestión empresarial, cuando le conté se enojó mucho, me dijo que fuéramos inmediatamente a la policía a poner la denuncia y también a la dirección del colegio para poner al tanto a las autoridades. Yo lo detuve y le dije que no lo hiciera, que me preocupaban mis notas y que si dejaba la clase me golpearían en mi casa.

Junto con el muchacho cooperante pensamos en una solución inmediata, me dirigí donde un profesor de español, Rafael Suárez, quien también fungía como supervisor del internado donde yo vivía en tiempos de clase y habíamos hecho una muy buena alianza, de esas alumno-docente por las que vale la pena seguir creyendo en la existencia de los buenos profesores. Tranquilos/as, él no me acosó, sino que me ayudó al conseguirme uno de los famosos certificados de notas en blanco, quien me dijo que nunca dijera que él me había dado uno (perdón por decirlo ahora).

Con esa hoja me dirigí nuevamente donde el profesor corrupto de estadísticas (Les recuerdo su nombre, José Ramón Chamorro) a pedirle que la llenara y me la devolviera inmediatamente para irme a matricular. Y así fue.

Estudié 3 años en el Instituto Tecnológico Nacional de Granada, centro de estudio donde el mismo personal administrativo vendía marihuana a sus alumnos, donde pude vivir las primeras manifestaciones de corrupción y abuso de poder ejercido por autoridades escolares hacia los alumnos y sobre todo, donde algunos docentes, tanto heterosexuales como homosexuales acosaban a sus estudiantes.

Actualmente, luego de un sonado escándalo de abuso sexual el profesor Guillermo Roblero fue expulsado del colegio. El profesor José Antonio Gómez (Toñito) fue ascendido como coordinador de su facultad y el profesor José Ramón Chamorro sigue dando clases ahí mismo, quizás siguen acosando sexualmente a más adolescentes. Otro profesor de nombre Francisco Díaz también fue expulsado del mismo centro de estudios por acoso/abuso sexual, hace como un año lo vi dando tele-clases virtuales para el Ministerio de Educación.

Finalmente, no escribo estas líneas para generar lástima de nadie, tampoco para que me acusen de provocador o culpable de nada, ya aprendí a luchar con esos sentimientos, sino para generar el debate necesario sobre el tema del abuso sexual en Nicaragua, fenómeno cultural más común de lo que imaginamos y apenas sospechamos. Usted, hable con su hijo sobre este tema, usted no sabe si su hijo o hija será la próxima víctima o ya lo está siendo. Quizás no lo sepa nunca, así como mi papá y mi mamá ni siquiera saben esta historia que acabas de leer.

Traten de promover factores protectores para sus hijos: Información, comunicación, no los golpeen por dejar clases, sean sus amigos, quiéranlos bien, acompáñenlos en el proceso de vivir. De ustedes depende.

Yaser Morazán / Trabajador Social / Psicólogo Familiar.

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-Edición de texto a cargo de Gabriela Montiel

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