Mi ropa es de marca.

Les quiero contar un secreto, de esos que están ocultos como “presupuesto municipal” o esperma de monja embarazada. Pero antes, es necesario que viajemos en el tiempo, allá por la prehistoria, los años noventa, de cuando aún era un niño precioso y virginal.

Soy el niño triste del fondo.

Tengo un hermano mayor, somos apenas año y medio de diferencia, a mi mamá le encantaba vestirnos y peinarnos de la misma forma, quizás era su manera de promover la igualdad en aquellos días, o bien, una forma rápida, práctica y fácil de no complicarse la existencia y la creatividad.

Nunca me cuestioné por qué debía tener ropa similar a la de mi hermano, hasta que descubrí El pelo en la sopa” con la llegada de la temible y “terremotosa” adolescencia y fue ahí cuando la de Troya se armaba cada cierto tiempo: -Ese es mi zapato. -No es el mío, porque el tuyo tiene más gastada la suela 1 Cm. del lado derecho porque vos caminas con las patas volteadas, blablablala. En fin… fuimos identificando que vestir de la misma manera no era tan buena idea. Y fue así que con el pasar de los años cada quien fue buscando su propio estilo, por supuesto que el más “fashion” sexy y atractivo sigue siendo el mío, eso es indudable. Continuar leyendo