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Un libro que necesitan leer las niñas de 10 años en adelante

Por Simone

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Los libros y las películas me han permitido tomar conciencia de una serie de asuntos. A través de las lecturas y de las narrativas audiovisuales, he logrado desenredar memorias y escuchar el eco de las historias que quiero contar. Recuerdo que en un taller de Narración oral la docente nos decía “los cuentos nos encuentran, no al revés”, y creo que algo de razón tiene. Los libros que llegan a nuestras manos, llegan por varias razones, y al menos en mi caso cada libro que leo me dispara procesos que justo necesito activar.

Un libro que leo mientras viajo

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Leer siempre es un viaje hacia otros mundos y realidades, cuando leemos mientras viajamos ocurren varios procesos. Nos alejamos de nuestras realidades cotidianas, nos adentramos a nuevos mundos, y en medio de esas experiencias decidimos escarbar en historias impresas o plasmadas en la pantalla.

Me llevé al viaje Un rojo aullido en el bosque y fui conociendo la historia de esta niña que quiere emprender un viaje, a escondidas, lo que en nuestras realidades significa riesgos.

No voy a hacer un resumen de la novela, búsquenla y léanla. Lo que si les voy a compartir es por qué yo creo que deben leerla, y sobre todo pasársela a niñas y adolescentes que habiten sus cotidianidades.

Les cuento que se trata de una novela a dos voces. Ese ejercicio narrativo siempre resulta interesante, es todo un reto lograrlo bien. En este caso la voz que siento que está mejor lograda es la del Cazador, un periodista que investiga sobre las dinámicas de explotación sexual comercial de niñas y adolescentes en la comunidad dónde ocurre la historia.

Gracias a las notas del Cazador logramos ver el perfil del monstruo. Un monstruo que no siempre fue un monstruo, que al principio se aparece en medio de la noche, justo cuando la niña está evidentemente sola, perdida y desprovista de ayuda. Un lobo que acecha, que planifica y que se mueve a partir de una rutina de caza. Un lobo hambriento de una presa, que se hace pasar como amigo, confidente, como un salvador. Una niña que ve en este sujeto la solución a todos sus problemas.

¿Cuántas niñas no están en situaciones por accidente o por la vida que llevan, en las que se sienten desprovistas de afecto, desarraigadas y necesitadas de ayuda? Ante estas situaciones, un tipo que se presenta como el salvador tiene una entrada a esa vida, que no va a dudar utilizar y sacarle provecho.

En las familias nos dicen desde pequeñas: “Las niñas no se deben alejar de la casa porque les puede pasar algo”, o la típica “no salgas sola porque algo te puede pasar”. De esta forma instalan en nuestros cuerpos lo que desde autodefensa feminista llamamos Terror sexual, un terror a un ente abstracto, algo que no tiene rostro ni nombre pero que sabemos que si no respetamos la norma, ese algo no puede aplastar la vida. Es un terror que inmoviliza, congela y hace que nos estanquemos.

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Pues bien, contar con textos, en este caso una novela corta que nos permita ponerle rostro a ese terror, y que deje de ser algo abstracto para convertirse en un miedo concreto, posibilita poder pensar en estrategias de defensa ante este miedo concreto. El monstruo de esta historia tiene un perfil, no es el único al que se enfrentan las niñas y adolescentes, pero es uno de los muchos, y poder leer y adentrarse en la lógica de cómo funciona este sujeto, este tipo de agresor, es vital para poder identificar peligros similares en las cotidianidades.

Ganarse la confianza de alguien que se encuentra en un estado de vulnerabilidad, de una niña; es el primer paso. Luego sigue la promesa de resolver todos los problemas, de ser el salvador. El tercer paso es haberse presentado como confidente, de una forma seductora a tal punto de atraer a la niña hacia la cueva del depredador y ahí arrinconar sin que la presa se dé cuenta, hasta que ya sea muy tarde.

Lo terrible es que se trata de una historia que se repite una y otra vez, se han conocido de casos de depredadores sexuales que llegan a abusar sexualmente a más de 200 niñas y niños en su vida. El asunto acá es que las vidas de estas niñas en concreto, tienden a ser desechables, porque lo que atrae es su indefensión, una vez que van creciendo y dejan la apariencia infantil, se termina el perverso contrato que existe en la cabeza del agresor.

Conocer de cerca el rostro de un abusador de este tipo ayuda a que el terror sexual se convierta en un miedo concreto. Nombrar los miedos permite poder crear estrategias de protección y prevención. Por eso me parece importante que esta información la puedan leer las potenciales víctimas de trata. Que logren tener los perfiles de los agresores y puedan hacer un muestreo de sus realidades e identifiquen los potenciales peligros.

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Si seguimos diciendo “te puede pasar algo” estamos enviando a las niñas y adolescentes con una capa roja en medio del bosque oscuro, llamando perfectamente la atención de aquellos que acechan. Si en cambio, les decimos: “existen en todos lados personas que te pueden hacer daño, tipos que se te pueden acercar queriendo presentarse como amigos, hombres adultos, mayores que vos, que te van a decir que te pueden ayudar y que te van a hacer sentir de una forma extraña, confusa…si te llegas a sentir así con alguien, alejate lo más que podas, corre, contale a alguien”.

Es urgente que nombremos las violencias por lo que son, que identifiquemos quienes son los potenciales agresores y socialicemos cómo y dónde ocurren las violencias. Solo así podremos liberar a las niñas, adolescentes y a nosotras mismas del terror sexual y pasar a la autodefensa feminista, para vivir y resistir en un mundo plagado de violencias e impunidad.

Algunas anotaciones

Le dije a una compañera: “Pasale este libro a tu hija de 10 años” ella me preguntó: ¿Pero crees que es un libro que pueda leer una niña como ella? Y yo: “Aun cuando tu hija se mueva en espacios privilegiados a nivel educativo, vos no podes controlar quienes forman parte de sus cotidianidades, es importante darle a las chavalas herramientas para que puedan desarrollar estrategias de autodefensa”. Pienso que no debemos subestimar la inteligencia y capacidad de sobrevivencia de niñas y adolescentes. Que lo que nos de pena no sea hablar claro sobre las violencias, que lo que nos aflija sea enviar a las niñas y adolescentes sin herramientas de autodefensa en un mundo que les ha declarado la guerra.

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