Las giras: posibilidades de ampliar nuestros universos

Por Simone

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Fotos/Simone

Ya llevo más de un año en el que conscientemente busco y me gestiono experiencias para salir constantemente de mi zona de confort, y parte de esa brújula es moverse hacia otros espacios, lugares e interacciones. Estos días han sido intensamente bellos, he vivido experiencias muy gratificantes y sobre todo que me han permitido ampliar mies percepciones sensoriales en miles de niveles. En esta entrada les voy a hablar de una de ellas, se trata de una gira que armamos en grupo para subir el volcán Telica. Si, de entrada suena genial.

El asunto fue así, yo en mis ya habituales invitaciones a encontrarme con distintas personas, un domingo invité a que fuéramos al Temazcal de carretera Sur, que dicho sea de paso, se los recomiendo un montón. Pues bien, tres personas le dieron like a mi estado en FB y les escribí proponiéndoles que nos viéramos en una hora para irnos juntxs; a todo esto, de las tres personas solo con un había salido antes. Al final no se armó la gira, me fui al temazcal y lo disfruté montón pero de ese menaje surgió una propuesta de sumarme a una gira que se estaba armando al Telica.

El grupo de la gira

Me sumaron al grupo de whatsapp y ahí empezó el proceso de compartir, porque fue irnos leyendo, poner energías en planificar una gira que prometía estar tuani. Y así fue. Nos encontramos el sábado por la mañana, nos movimos a León en intermortal, que en este caso iba lentísimo, lo que nos dio tiempo de hablar y conocernos un poco, íbamos armando el relajo en el bus (pero nada como el alucín del viaje del regreso). Hablé por primera vez con todas las personas de grupo en ese viaje hacia León, y de entrada esa es una experiencia positiva, abrirse a otras interacciones más allá de los espacios conocidos. Fui conociendo a M, A, S, F y luego conocería a G, la guía.

Pues bien. Llegamos a León hicimos compras, compartimos cervezas fuera del súper y pasamos por el Comedor Rosita que queda a la par del mercado, ahí conocimos a Katherine, quien me contó que el comedor ya llevaba su rato, más de 10 años, y a Diana que migró de Managua a León y allá vive sola, mientras trabaja y estudia, toda una guerrera a mi ver. Deliciosa la comida. Ya luego entramos al mercado y esperamos a la guía para la gira, con quien luego nos fuimos hacia la Quimera.

La subida y la llegada

Empezamos por ponernos protector solar, a todo esto, eran las 2 pm cuando empezamos a ascender, así que fue casi como “Subamos el Telica en el horario más turqueado”; y ahí íbamos. La primera parte del camino era arenoso, así que requería un esfuerzo particular en cada paso porque los zapatos se hundían y pues el peso hace que físicamente necesite ponerse una intención física concreta para mantener un paso constante y hacerlo con cuidado, porque lo menos que una quiere es lesionarse, y menos en “lo más fino” como decimos.

La experiencia de subir un volcán te permite conocer a las personas del grupo de una forma bien particular, nos conocemos en los distintos ritmos, en el cómo andamos físicamente, en hacer descansos y beber sorbos de agua, en pasarnos chicle para que la garganta no se seque mientras ascendemos. Y a vos como persona, te ayuda a tomar conciencia de cómo andas, descubrís tips para mantener una respiración regular, tomas conciencia de lo que salir a correr 5 veces a la semana hace en tu cuerpo. Palpas tus piernas y sentís la tensión de los músculos, te concentras en saber dónde poner cada pie, porque cada paso importa y el nivel de concentración marca la diferencia entre lesionarse o seguir intactxs.

Llegamos sin percatarnos al palo de mango y luego avanzamos un poco más hacia un punto de descanso, el penúltimo; ahí estuvimos un rato, comimos banano, mandarina, gomitas y nos percatamos que nos haría falta agua para el regreso, lecciones que solo el viaje te las da (en una gira así, 2 galones por persona). Entonces empezamos la recta final y en palabras de la guía, la más intensa. Me programé para dar lo mejor de mí, y mientras iba marcando mentalmente 1,2 1, 2 mi cuerpo y mis piernas se iban movilizando en el trayecto que poco a poco se empinaba a cada paso. Me pasa que me gusta ir adelante y al mismo tiempo no me gusta atrasar a nadie entonces me exijo ir a un ritmo sostenido de 1,2-1,2 y mientras esperaba ver a lxs demás tomaba algunas fotos, pero el proceso físico fue y es el más importante para mí, lo que una va sintiendo; y eso no lo puedo captar yo en una fotografía, al menos no de lo que en mí ocurre cuando me engancho con una actividad física.

Luego subimos por unas gradas de piedra, y llegamos, ahí al lado del cráter, no al ladito, en el perímetro cercano del cráter, y fue bello llegar. Sentir la satisfacción alcanzada luego de casi 4 horas. Ufff, lo primero que hice fue aprovechar la poca luz que quedaba para tomar algunas fotos, y luego empezar a distribuirnos entre todxs las tareas. Nos tocaba prender el fuego, la guía la partió en ese arte y aprendí varias cosas sobre eso. Otros empezaron a armar la tienda para acampar, que nos llevó más de una hora porque estaba intensa la cosa, pero cuando ya le agarramos se logró la meta. Ya luego nos dispusimos a quemar 😉 y a ver que comíamos.

A la mayoría del grupo les entró sueño y se fueron a dormir temprano. F y yo nos fuimos a sentar y admirar el bello cielo estrellado, que por momentos se cerraba, y empezaba a brisar, pero luego cuando volvíamos a quemar se despejaba de nuevo. Nosotrxs jurábamos que había una relación directa entre quemar y que dejara de brisar y el cielo se despejara. Luego llegó el cansancio físico y me fui a dormir.

El descenso

Nos levantamos a las 5 am para poder presenciar el bello amanecer, y subimos para acercarnos al cráter. Me enamoré de ese cráter, del viento, de las luces del amanecer, de esos rayos de luz pegando en mi cara, de sentir tan cerca esa fuerza del volcán y sobre todo de sentir tanta tranquilidad al punto de querer quedarme ahí unos dos días más, lo cual ya está en mi lista de cosas por hacer a mediano plazo.

Luego recogimos todo y nos alistamos para bajar, sabiendo que aunque íbamos más rápido porque era en bajada, no teníamos suficiente agua y teníamos que echarle ganas. Además las bajadas son a mi parecer más complejas que las subidas, por el asunto de la gravedad y el ejercicio de freno que recae en los dedos de los pies y en las rodillas, entonces para disfrutar esa bajada yo me comí una galleta 😉 y me tomé mi tiempo para además, concentrarme en bajar sin hacerme daño, que en las bajadas es algo que puede ocurrir muy fácil. Disfruté ese camino de regreso.

La antesala del regreso y el regreso a Managua

Luego llegamos a una casa en la que nos regalaron agua, y donde compramos helados de fruta deliciosos. Les caímos como que se iba a acabar el mundo. Luego regresamos a León, la pasamos tuani en un bar casi al frente del Comedor Rosita, nos pasamos cagando de la risa, haciendo recuento de los daños, la S y M tenían morados las uñas de los dedos gordos de los pies. Y emprendimos el viaje de regreso a Managua, yo con ganas de haberme quedado dos noches más en el Telica y con una fantasía de dormir esa noche en Puerto Viejo-Costa Rica. Las intensidades de ese viaje de regreso en el bus, al menos una buena parte caben en una bolsa y dos vasos de plástico. Las risas son invaluables y la jodedera aún continúa.

La gira fue genial para mí, en este momento en el que me muevo todo el tiempo de forma consciente de mi zona de confort, tengo el teléfono de la guía y si se animan podemos armar giras al Telica y a otros volcanes, por lo pronto yo sé que a ese cráter regreso pronto.

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