CAPITULO II: El nacimiento de Camalufa

Era 1585, justamente un 8 de julio nació la duquesa Isabel Camalufa Zeledón, hija del duque de la región de Belmática, un pueblo tan moderno, glamuroso, llena de calles empedradas propia de las ciudades donde gobernaba la corona inglesa. Las calles de Belmática tenían faroles color negro, la luz amarilla proveniente del fuego encendido hacía de sus calles, espacios jamás olvidados,  cuando era invierno y llovía había tanta magia en los charcos que los enamorados aprovechaban para caminar y declarase su amor.

Nacer en Belmática era casi un privilegio, la ciudad tan prospera, llena de gente alegre, dados a la bohemia y lejos de la capital hacia que el tema de la guerra aunque los afectara nos fuese el tema en prioridad.

En el reinado de Isabel I Tudor con su famosa política de “Si te llaman acude, sino lo hacen, escóndete” había protegido a toda la región gracias a su pragmatismo político. Cuando en 1560 logró expulsar de Escocia a los franceses y en 1563 declaró de nuevo vigente la “Carta de Supremacía” asumió el mando de la iglesia Anglicana, gracias a lo que fue excomulgada en 1570 y se hizo intransigente con su política interna, iniciando la persecución de los sacerdotes católicos por considerarles responsables de entendimiento con España.

Belmática era un reflejo de lo mejor del reinado de Isabel, puesto que además de prospera manifestaba y por la admiración que el pueblo tenía con la Reyna mucho pusieron a sus hijas el nombre Isabel, mas no sabían los padres de Isabel Camalufa que ella nació con estrella propia.

Sí, ahí en ese pueblo escondido y próspero nació la pequeña duquesa a la que por cariño llamaban Camalufa, el nombre elegido bajo los caprichos de la duquesa por recordarle que fue concebida hasta que completo todos y cada uno de las poses del Camasutra, ante la insistencia del duque el nombre parecido pero nunca igual quedo Camalufa.

La duquesa tenía una personalidad de luz, fiesta, de humor, su fin en la vida era disfrutar todos los privilegios que su estatus le daba, recuerdo una vez cuando apenas lograba tener mis 5 años, encontré a mi mama en la biblioteca, con una bebida, había fiesta en la casa, me pareció que estaba sola, le pregunte si podría entrar para que ella no estuviese sola, me sonrió y dijo_¿Sola? Mi querida Isabel, no estoy sola, ando conmigo misma y mis pensamientos, me debato entre mil ideas que tengo en mi cabeza, la soledad es solo para quienes tienen vacíos, yo en cambio tramo ideas para comerme al mundo. Aquella frase aunque no la entendí, me pareció cómico pensar en que la posibilidad de poderse comer el mundo, salí de ahí a jugar un nuevo juego, que minuto más tarde nombre como ¿Sola o a comerse el mundo?.

Extrañamente nací con ojos negros y firmes, pestañas largas y encorvadas hacia arriba, cabello rizado como armados a propósito, con el labio superior de la boca formando un cuasi corazón y una nariz que a diferencia del resto desencajaba en la perfección de mi rostro, ese era el detalle que mi madre me repetía “me hacía ver mortal”, pero solo de vez en cuando.

Mi madre fue la responsable inmediata de la educación de sus tres hijas, se encargaba de escoger los libros que leíamos, de dar las instrucciones a la institutriz. De manera que todo lo aprendido tenía las intenciones de mi madre.

Cuando cumplí 14 años me presentaron al que debí ser mi futuro esposo, el príncipe Carlos, en la primera oportunidad que estuvimos a solos, le basto al príncipe para saber que yo no era mujer para ser su esposa porque según él, yo tenía el don de hombre: pensar. Y para un príncipe sería una vergüenza que escuchen tanta lucidez de la boca de una princesa. Cuando me contaron que fui rechazada por estas razones, mi madre y yo reímos a carcajada, sospechábamos que el príncipe tan famoso me tenía miedo, cuando quede en la habitación a solas sonreí y sentí una alegría profunda me dije “ más  tiempo para comerme al mundo”