Sobre el acoso sexual callejero…

 

Por  Juneysi Karina Cerda

El acoso callejero es un mal que todas las mujeres lo hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas. Son acciones que se dan a diario en las calles de la ciudad, donde los hombres hacen comentarios mayormente vulgares de nuestro cuerpo o vestimenta, sin que nosotras les hallamos pidan su opinión o incluso miradas desagradablemente. El acoso callejero va desde miradas obscenas, chiflidos, piropos, palabras desagradables o frases sexuales hasta persecuciones o agarrones.

Desde que empezamos a tener uso de razón nos han doctrinado con frases como: “no vayas sola, te puede pasar algo”, “cuando salgas, te vas directo a casa”, “cuando llegues márcame”… nos aterrorizan con los millones de peligros que azotan las calles, nos crean una idea del lugar público como un territorio enemigo y peligroso principalmente para la “mujer”; pero cuando se trata de actos más “normales”; como son los piropos, las miradas lujuriosas o las palabras desagradables, nos han enseñado a guardar silencio, apartar la mirada y restarles importancia

El acoso callejero es apenas la punta del iceberg de una estructura de violencia de género, se cree que es un acto poco significativo, el cual se ha normalizado, pero estas ideas son totalmente erróneas.

“El piropo expresado por los hombres en los espacios públicos implica una invasión a la intimidad de las mujeres y es la génesis de la violencia realizada por un hombre” Olvera (2015).

¿Cuál es el costo de este tipo de violencias?

Las mujeres ya no se sienten libres de caminar por las calles sin recibir este tipo de violencias, ya no se siente la seguridad de poder usar la ropa que tú decidas porque en cualquier esquina puedes encontrarte con un depravado que puede llegar hasta el punto de tocarte o aun peor violarte. La falta de seguridad se vuelve una ansiedad temiendo ser perjudicadas físico y sexual. Incluso el acoso callejero puede reanimar emociones y recuerdos traumatizantes para sobrevivientes de violación.

Si se analiza bien los hombres no son más susceptibles que las mujeres a ser víctimas de delitos como secuestro, extorsión, robo u homicidio en el espacio público… Es difícil entender como las mujeres somos utilizadas como objeto y los hombres se sienten con el derecho de controlar nuestros cuerpos.

En el país se impuso una ley que “protege los derechos de la mujer”; la ley 779.  Pero es casi imposible poner en practica estas sanciones con estos tipos de violencia, las autoridades no les darían importancia a que una mujer diga; en la calle me dijeron un piropo, porque la cultura ha tomado esas actividades y las ha catalogado como “Normal”. Incluso los esfuerzos para aplicar esta ley no son bien dirigidos, hay muchos vacíos en ella y eso reduce la efectividad. “Se ha logrado romper el silencio de las víctimas, pero aún persisten obstáculos para el acceso a la justicia”.

¿Cómo puedo comenzar un posible cambio?

La mejor forma de crear seres humanos con diferente ideología es hacer conciencia en edades tempranas a través de la educación familiar e instituciones escolares, en relación a la importancia que tiene el respeto por nuestros semejantes; especialmente por las mujeres, que al final son las más afectadas. Es necesario educar para desarrollar la empatía, siendo ésta una habilidad necesaria para poder ponerse en el lugar del otro y comprenderlo.

De igual manera brindar apoyo a aquellas instituciones, entidades o agrupaciones que proclaman y trabajan para una igualdad de derechos. Respetar en la vía pública a todas las personas. Y, fundamentalmente, porque el acoso sexual callejero tenga su penalidad, como cualquier otro acto de violencia.

“El acoso callejero a las mujeres, es un acto de violencia que en la mayoría de los casos sigue teniendo de aliado al silencio, ese mismo silencio que es necesario quebrar para gestar el cambio”.