De cuerpos, dolores y días

Hoy domingo, en contra de mis buenas costumbres de dormir hasta medio y recuperar la energía que me roba el insomnio toda la semana, me quedé esperando una entrevista, que estaba pactada desde el viernes y al final nunca llegó. No pude evitar que me ocupara la risa cuando leí en el muro de Francesca Gargallo, hermana del alma, escritora, que al contrario de lo que me pasó a mí, la levantó un francés precisando una entrevista no concertada, que tampoco se llevó a cabo. Las dos compartimos insomnio, eso sí. Coincidencias feministas opuestas, puede ser.

Y mientras pienso, siento el dolor que me inunda a mares, otra vez el lado izquierdo del cuerpo. Este cuerpo, mi primera frontera, que me dice que ya no puede más. Es un dolor extraño, agudo, inmovilizador. Sé que es tristeza y agobio, pero más allá de mí, se que es el cansancio y agobio de mi cuerpo colectivo, ese que resulta de creerse que cada quien es la matria. Repaso las noticias de la semana: entrada de los Cobras a la Universidad, captura de estudiantes (la mayoría mujeres) encadenadas de pies y manos por su legítimo derecho a la protesta estudiantil en una instancia que alguna vez fue autónoma, mientras los que robaron al Seguro social o los que construyeron una ruta de un transmetro en la capitalque jamás funcionó y que está siendo demolido siguen tranquilos, indemnes y disfrutando del dinero que alguna vez les ofrecimos libremente a través de nuestros impuestos y aportaciones.

Para más dolor, siguen las capturas y criminalización de los compañeros/as del Aguán bajo la sombra de un Código Penal cada vez más represivo, un escenario que se sucede desde hace años, mientras esperamos el traslado de las medidas cautelares a la comunidad, mientras corremos para que no dejen preso al compañero que tiene medidas de la Corte Interamericana de Justicia (CIDH). Nos enteramos además, que a las empresas contratadas por el Tribunal Supremo Electoral para las elecciones se les encuentran irregularidades de todo tipo como dio a conocer la semana pasada el Consejo Nacional Anti corrupción (CNA).

Mi cuerpo se niega a moverse y empieza a olvidar cosas. Un cuerpo y una mente que no logran enfocarse, que atienden diversos frentes. El reflejo de un desconcierto colectivo que nos impide que como pueblo vayamos a las calles y pongamos un hasta aquí, un ya basta, déjense de joder y agobiarnos por todas partes. Un grito de asfixia es lo que tenemos en estas honduras, sobrevivimos en medio de la nada, esperando que un día las cosas van a mejorar , cuando presentimos que no será así. Una noticia más, que hay que confirmar: Dictan auto de prisión contra Fausto Cálix, dirigente estudiantil y otra que me remueve: la semana pasada robaron en Antigua, Guatemala la hermosa casa librería de Ana Cofiño, como si robarnos la vida y los recursos no fuese suficiente, ahora hay que destruir la cultura, los libros, la memoria (Cualquier parecido con Farenheit 451 no es mera coincidencia).

Necesito tomar aire de este cuerpo dolido, que no puede descansar, que anda disperso y desconectado. Busco en mi conciencia y la impotencia sigue allí acurrucada, pensando en como nos hemos acostumbrado a la barbarie, más en este pueblo, donde todo lo trivializamos con humor, ¿por qué no hablo amor?, dirán algunos y yo contestaría: porque con lo que está ocurriendo sería que para toda Honduras estuviera parada, en las calles gritando, en plena insurrección popular. Pero no lo hacemos, porque preferimos reírnos del dolor, aunque estemos destrozados/as por dentro. Porque tenemos la esperanza de que no todo puede ser tan malo, pero si lo es. Démonos cuenta que estamos viviendo uno de los nefastos momentos de la historia y que ciertamente se puede poner peor. Preparémonos para el combate, cualquiera que este sea (al estilo de Clementina Suárez, no sea que me vayan a acusar de terrorista o de incitación al odio).

Sobrevivimos y sobrevivo que no es poco. Pero no dejo de pensar hasta cuando podrá este pueblo noble aguantar, cuando y donde esta mujer dormida mandará todo al diablo para liberarse de sus agresores, hasta cuando pondrá cara de aquí no pasa y seguirá sonriendo. ¿Hasta cuando?. No hay mal que dure cien años dice un dicho, ni cuerpo que viva tanto agrega una madre cubana. Mientras lidio con la presencia de este cuerpo que me ahoga en el dolor, pero que también me hace la misma pregunta ¿hasta cuando?.

Jessica Isla

Domingo 18 de junio en la ciudad de la impotencia.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *