Días de Bertha

Ayer visité al médico por un persistente dolor, del lado izquierdo del cuerpo, el que me empezó cuando el Golpe de Estado y siguió hasta convertirse en crónico. Varias veces me despierto en las noches, angustiada, sin poder respirar, como si me estuvieran metiendo un punzón en el pecho. Cuando eso pasa trato de quedarme quieta, respirar y recordarme a mí misma, que aunque lo parezca, no me estoy muriendo.

Mi sanador coincidió conmigo en trabajar esa tristeza que llevo cargando desde hace algún tiempo y que no sale. –Y si tiene que llorar, aunque no sepa porque, hágalo, recomendó. Y justo entonces apareció como un puntito luminoso el recuerdo de Bertha, las veces que pude verla y conversar, las veces que nos encontramos en un camino cuando vivía en La Esperanza o cuando la conocí cargando a su hijo recién nacido en el espacio cultural de San Pedro Sula que construimos con nuestros sueños: Casa Chamana. Su espíritu libre, su voz de río, su risa de pájara pinta. El café de la tarde acompañado con montuca o tamalito de elote. Su amistad a prueba de fuego con Melissa. Su voz en las asambleas. Las noticias compartidas, los estudios y caminos de los hijos e hijas.

Ahora sus ojos me devuelven la mirada desde calles, puentes y postales. Medio dibujada, medio imaginada. A veces completa. No tengo todavía el valor de escucharla en grabaciones, porque se que la tristeza aparecería en toda su inmensidad amenazando con tragarme viva. Veo a sus hijas exigiendo justicia alrededor del mundo, a Salvadorcito parado acompañando el rostro de su madre, su lucha.

Recuerdo que son seis meses sin justicia, seis meses de impunidad, seis meses de lucha. Medio año pues, en un país donde todo se ha movido y a la vez, no se mueve nada. Recuerdo la bala, el cañón, la espera de su cuerpo en la morgue, mientras esperábamos entender lo que no tiene explicación alguna.

Y como dice Bertita su hija, ella no se fue, se quedó con nosotras de maneras que no logramos precisar. Se quedó en el camino de la amiga que extraño y no veo, en las compas del sur que tienen la palabra viva, en las voces que he sido incapaz de conectar, en los lugares que no he visitado, en las risas de las mujeres que acompaño.

Sé que Bertha es espíritu ahora, fuerza de lucha, pero no me conformo. Detrás de mi tristeza se que la rabia sigue intacta, porque no solo la asesinaron a ella. Una parte de nosotras, las que la amábamos murió con ella, sin poder hasta la fecha reponerse. Fue revivir el Golpe, todos los golpes.

Son días donde hacemos malabares con el color de nuestros pensamientos, con esos dolores que andamos en las costillas, donde caminamos con los miedos compartidos y la esperanza de que, tal vez no nos alcance la vida, pero que un día estas Honduras dolidas amanezcan con un atisbo de justicia.

Han sido días de decepciones y trabajos, días de rabia. Días de sembrar y ver a los ojos al hijo, de escuchar a la hija que está lejos, de caminar bajo el cuidado del compañero de vida, de tambalearse, de refugiarse en las amigas.

Días que no saben a mañana, si no a la continuidad de una profunda espera.

En fin, días de sol y amor profundo. Días de Bertha.

Por Jessica Isla

Tegucigalpa Septiembre 2016

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2 respuestas a Días de Bertha

  1. Doris Angelica Rodriguez dijo:

    Hay Dios diría mi madre que ya descansa como duele las cosas que pasan en nuestra tierra no sé si algún día nos sacudamos esos temores y nos levantemos pidiendo justicia que nos gritan nuestros ancestros que dieron todo por formarnos en rectitud y honestidad pero fue tan grande esos valores que nos agobian y no podemos avanzar y hay momentos donde sentimos que hasta la sangre se nos paraliza pero de puro desánimo porque no miramos una luz al final del túnel donde despertemos y seamos capaces de pedir justicia con dignidad y verla cumplida efectivamente porque como dice el comentario también a nosotras nos han aputado una parte porque admirábamos su lucha 😂😂😂😂😂😂justicia justicia justicia

  2. Gracias por esta evocación de nuestra querida Bertha. Querida amiga, el autocuidado es una obligación, particularmente en estos días obscuros que nos ha tocado vivir.

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