EQUIDAD LITERARIA EN HONDURAS

Por Jessica Isla

La semana pasada tuve una crisis de patriarcado. Defino así a la tristeza que te cae cuando a pesar de saber que no tienes los mismos privilegios de género que tus compañeros varones, ni las mismas oportunidades, insistes en tenerlas y luchas por ellas, la mayoría de las veces con alegría y esperanza. Pero hay veces que se te acaba y las horas no se alargan lo suficiente como para llenar la brecha. Es cuando sientes que la situación de injusticia te alcanza, te abraza y simplemente, en vez de echarte a llorar, te haces a un lado y dejas pasar los días mecida por un suave sentimiento de añoranza, de otros tiempos, futuros quizás.

Eso pasa cuando te enteras que algún premio internacional convocado en tu país, los pre-jurados y los jurados finales fueron exclusivamente hombres y no quedo ni como semi-finalista ninguna obra proveniente de escritoras. Cuando te enteras que los jurados no están allí por mérito pues ni siquiera escriben relatos o poesía, si no porque son amigos del amigo de parrandas del convocante, cuando al preguntar por esta exclusión te responden: ¡es que no había literatas disponibles! Y te quedas allí preguntándote si tienes alguna cualidad de invisibilidad.

Cuando sabes que no tendrás ninguna columna en ningún medio oficial, porque eres irredenta y completamente culpable de denunciar la mayoría de las trampas patriarcales que te quieren hacer creer. Cuando dices a voz en cuello que estás harta de que en la Academia de la Lengua de tu país, existan pocas mujeres (menos de un 20%)  y las que están, se declaran ausentes y tienen como media sesenta o más años. Cuando interpelas a tus amigos, que dicen ser feministas y luego van a convocar al escritor misógino para que les escriba una columna en su revista. Esas son las contradicciones que más duelen, las cercanas.

Y si, porque tengo una cualidad insoportable y es la incomodidad. ¡Qué le vamos a hacer! Porque no eres la más denigrada, ni la más ausente de las voces, porque sería bueno sentarse a descansar en una silla y hacer como hacen muchas compañeras, la vista gorda. Solo que soy miope y no descanso.

Sobrevivo gracias a los compañeros y compañeras que afianzan nuestras voces, al amigo cercano que no se deja convencer por las falsas ilusiones del canon o la respetabilidad, por los que cuestionan mi militancia política. En fin gracias a los que atreven conmigo, a pesar de ser literariamente incorrecta.

Mujer escribiendo 1934

Jessica Isla

Tegucigalpa Honduras Agosto 2016

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