NO ES DIGNO EN EL TEMPLO JINETEAR AL DIABLO…

Por Sarahí

No es digno en el templo jinetear al diablo, pecar entre sus patas, provocar su lengua…

En la acera de la universidad comimos un poco de mierda y tragamos el humo de la zona “Franca”, como la mano que no se estiró, la mano no se estiró porque la pata estaba enrollada en la silla de algún conocido, menos de nosotras, ignorantes.

Doña Idalia, mi mama, andaba una mochila llena de rosquillas, por suerte la olvidó en algún servicio sanitario agrario.

Algunos ingenieros participativos mencionan que la carrera que estudié “es pura paja, puro chagüite, que el trabajo sociocultural se construye, como quien hace cualquier cosa”.

He orinado colchones los he salpicado regla, sudor y otras sustancias que embellecen los años. El olor de la niña se impregnó en mi pelo, por eso decidí cortarlo, a veces andaba suelto queriendo atrapar gatos a media asta.

Algunos ingenieros también dicen: ¿A qué vino a la universidad a estudiar o a dar brincos como loca?

Personajas en orgías, sin falos, en faldas, con la lengua en agria cerveza, chorreadas en luces y vasos de 40 pesos. Me parece que calzón sucio aduce el silencio de parlantes vibrando con música sexuada.

-Se divierten en sodomías y Gomorras esas putas (Al día siguiente, con pañoletas me tapo la cara violada)

“Profesor me cuida a mi hija, se la recomiendo”, esa noche no cené, me perdí y no pude encontrar el comedor, a los días de haber llegado las bombas empezaron a explotar.

-muchachas se las recomiendo, es sonámbula.

Entonces me vine a la universidad porque un conocido me dijo:

ahí está y hay varias oportunidades.

Él me enseñó todas las carreras en un brochure, una me llamó la atención, pero solo de nombre, porque no tenía idea de que era, cuando ya vine aquí dije: la voy a cambiar y así fue, la cambié, agarré otra al azar, no me importó, solo pensaba: tengo que estudiar algo, tengo que buscar que hacer con mi vida, ya terminé quinto año.

Y no me agüevo me consuelo, si cuando él se crió lo hizo con agüemasa y sus hermanos iban con el mismo uniforme a la escuela, unos en la mañana y otros en la tarde y conoció su primer par de zapatos a los 16 años y eran burros como para troliar en tres vidas.

En el concurso propedéutico la persona que me matriculó pensó que la mejor opción para mí era cultura ambientalista, como toda aspirante fui obediente, hasta que empecé a dormirme en algunas clases, por supuesto era por “los parásitos”.

Me integré al grupo de teatro de la universidad en el primer semestre, la coneja me invitó.

 

Ahora indago la noche con sus galas de emociones

y digo buenas noches al mar de casas,

en esta ciudad,

aunque nunca me toquen sus olas,

porque no estoy entre su dolor,

solo en sus repulsiones de borracha de mierda.

Nubia Molina

 

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