La vieja ácida

“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.” – Francisco de Quevedo

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He decidido escribir estas palabras porque toda mi vida he sentido que la gente tiende a ponerte etiquetas y descripciones como a un frasco de jalea en donde se lee de qué está hecha, para ver si la prueban. En este caso, para saber si les interesas o simplemente para ignorarte o regar la noticia de lo pesadx que sos.

Los que me han visto alguna vez, saben que soy “petite”, que no aparento la edad que tengo y que además, no tengo esa voz chillona que todos esperan que mis cuerdas vocales produzcan.

Después de unas cuantas palabras, tiendo a caer mal o tiendo a caer bien. ¿Por qué? Porque digo lo que pienso y si me parece una total tontería, injusticia o idea errada lo que sale de la boca de la persona con la que estoy hablando, se lo hago saber y no tengo problema con eso.

Vivimos en una sociedad en donde quieren ser “open mind” pero también en donde quieren que las personas que opinan diferente se callen.  Una sociedad que cuando no opinas como todos los demás, se burlan de ti y tratan de hacerte quedar en ridículo.

Además de las ideas diferentes que no queremos aceptar ni respetar, están las expectativas que tenemos sobre las personas y que creemos que deberían cumplirse. Yo creo que no le debemos nada a nadie. Ni razones, ni explicaciones, ni excusas. ¿Por qué me visto así? ¿Por qué pienso así? ¿Por qué hablo así? ¿Por qué no soy dulce con las personas, como esperan que lo sean? o ¿Por qué no uso nenes, nenas, amor etc. para dirigirme a las personas?  Simple, porque mi vida ha tomado un rumbo diferente a la vida de los demás,  lo que me ha hecho una persona con un carácter diferente y autosuficiente como para andar copiando las ideas y costumbres de otras personas y porque todxs tenemos opción de elegir a ser lo que queramos ser.

Gente molesta y terca existe en todos lados y pareciera que está estratégicamente distribuida para que tengas que lidiar por lo menos con unos 2 a 3 al día. Ayudan a practicar tu paciencia, tolerancia y autocontrol. Y entiendo que puede llegar a ser muy agotador tener que discutir con ellas, defenderte y tratar de explicarles porque no sos lo que ellxs esperan que seas. Y lo peor de todon es tener que soportar discursos y argumentos tan pobres que intentan “transformarte” en una ovejita más.

pick-me-184-c-540x600Muchas veces es más práctico quedarte de espectador, ver el show y hacer lo que a veces me ha tocado hacer: disfrutar una cerveza y pensar “cariño, si supieras lo pendejo que te ves en este momento tratando de demostrar lo contrario.” Deja que hable y estudia si definitivamente es una persona poco flexible, que se le sube la temperatura muy rápido porque no sos igual que él/ella y si en definitiva es así, lo mejor será abortar la misión, terminar la cerveza y seguir adelante con tu vida sin esa persona, como lo estabas haciendo antes de habértela topado.

Por más molesto que sea que la gente tenga expectativas e ideas sobre ti. Todavía somos seres humanos que tienden a razonar y decidir y no una jalea que está en un estante del super esperando que se le pruebe y apruebe su calidad y dulzura. No tenemos por qué soportar gente tóxica y cerrada en nuestras vidas que nos vivan reprochando lxs “limoncitos ácidos”, lxs feminazis, lxs machorrxs y lxs amargadxs que somos.

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Malinche

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“La vida siempre nos ofrece dos posibilidades: el día y la noche, el águila o la serpiente, la construcción o la destrucción, el castigo o el perdón, pero siempre una tercera posibilidad oculta que unifica a las dos: descúbrela.” – Malinche, Laura Esquivel 

Hay una palabra que cada vez que la escucho me da un no sé qué, porque siento que ha sido mal utilizada y que muy pocos saben de dónde viene, pero que hasta el día de hoy se usa para referirse peyorativamente a personas que prefieren un “estilo de vida” diferente a su cultura o una vida influenciada por lo extranjero: los famosos malinchistas.

Malinche fue una persona real, una mujer que nació en cuna de oro nahuatl, pero que por las vueltas que da la vida, fue vendida como esclava y luego entregada junto a 19 chicas más, a Hernán Cortés como regalo. Fue una mujer que además de nahuatl, sabía hablar maya-yucateca y que luego aprendió castellano. Amante de Cortés (seguramente no por elección propia) y además su intérprete y puente entre dos culturas que se encontraban por primera vez.

Recuerdo que de pequeña, cada vez que escuchaba la palabra “malinchista” me daba miedo.  Es increíble como una palabra puede parecer tan pesada. La verdad, es que no entendía a lo que se refería. Luego me enteré que así se les llamaban a todas las personas que les abrían las puertas a lo extranjero y le cerraban hasta las ventanas a lo local. Mi lógica me dice, que prácticamente la mayoría de los países latinoamericanos podríamos ser catalogados como malinchistas. Todo lo que viene de afuera, ya sean productos, materia o personas, creemos que es de mejor calidad. Pero, por supuesto que no vamos a aceptar que somos “malinchistas”, es mejor verlo en alguien más que verlo en nosotros mismos.

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Hace ya un tiempo, escribí un texto “Con permiso, aquí vengo a mejorar la raza” sobre las preferencias de muchos latinos en cuanto a los productos extranjeros, la gente extranjera y hasta el talento extranjero. Hoy, quiero escribir sobre la empatía que he desarrollado por la mujer que le dio vida al famoso término.

  1. No creo que Malinche haya sido la causante de la conquista de México. Que ayudó a Cortés, por supuesto que lo hizo. Era su traductora, su persona de confianza, su amante (no puedo asegurar que se hayan amado, pero más que solamente sexo tuvo que haber entre los dos, o por lo menos, por una de las partes)
  2. Malinche no tuvo opción. Si luego que uno de tus padres se casa, nace tu hermano, te venden como esclava y vas a parar a las manos de un invasor, creo que el instinto de sobrevivencia está más presente que si hubieras seguido siendo una princesa nahual.
  3. Veo a Malinche como una persona atrapada entre dos culturas, en donde tuvo que tomar decisiones difíciles, poner en práctica un poco de estrategia y además explotar la capacidad de sus idiomas y del habla.

Puede que tenga que leer más sobre su vida. Pero en mi opinión, ella fue solamente una víctima que decidió mantenerse con vida, y que no tuvo de otra que seguir luchando con un remolino de emociones, sentimientos y decisiones. Estoy segura, que muchas veces sintió estar entre la espada y la pared, estando del lado de conquistadores españoles y viendo como mataban a su gente. Creo, que nunca nadie le preguntó cómo se sentía. Y es que estar entre dos culturas diferentes, puede llevarte a sentirte perdida, sola y hasta con problemas de identidad. No sabes a dónde perteneces y si en donde estás parada es el lugar donde queres estar. Así como puede ser un regalo, puede ser también un peso con el que a veces tenes que dormir. Lo digo por experiencia propia.

Nací en Nicaragua, pero viví muy poco tiempo en el país. Y ahora que he regresado queriendo aprender, contribuir y vivir en él, el choque cultural (por más curioso que suene) ha sido tremendo. Me siento más extranjera en la tierra en la que nací, que cuando vivía en otro lugar. Crecer en una familia hecha de dos culturas, fue rico en todo sentido, los idiomas, las costumbres, la comida, la música etc. pero llega un momento en donde no te sentís ni uno, ni lo otro. Porque estando en Europa te ven diferente, por tu color de piel, tus idiomas y tus rasgos y, estando en Latinoamérica te ven raro por tu acento, tus influencias europeas, tus idiomas y tu forma de pensar. Y creo que muchos me han tachado de “malinchista”, una nica que se las lleva más de europea cuando se ve totalmente latina.

Lo entiendo, aunque nos gusta alardear de los modernos y abiertos que somos, lo diferente no nos gusta. Lo que no podemos entender no nos gusta y en vez de tratarnos de acercar, nos alejamos y preferimos juzgar. A mí, nadie me ha preguntado cómo me siento sabiendo que soy y no soy a la vez. Hacen preguntas que tienen respuestas que no quieren escuchar y entonces para unos soy muy latina y para otros soy extranjera.

Igual que a Malinche, me ha pasado que las circunstancias de la vida me han llevado por mi propio camino y me he visto influenciada por diferentes culturas, lo que no me hace ser más una cosa y dejar de ser la otra.

Ahora que entiendo lo que podría haber sentido esa Malinche amante, madre, hija, esclava y simplemente mujer atrapada entre dos culturas y sigo insistiendo, en que a veces no deberíamos de utilizar palabras de las cuales no conocemos su historia y que solo repetimos porque a través de las generaciones se ha venido reproduciendo una y otra vez.

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¿Quién mató a Sofía?

“El miedo de Elvira. El miedo de Hortencia. El miedo de las mujeres que compartían la costumbre de hablar en voz baja. El miedo en sus voces…” – Dulce Chacón (La voz dormida, 2002) 
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Conocí a Sofía cuando yo tenía 17 y ella tenía 15. No íbamos a la misma secundaria, pero compartíamos algo en común: un chico. Su nombre no es importante.

Sofía vivía en un pueblo grande, no lo suficiente grande para considerarse una ciudad, pero tampoco ya no era solamente un pueblo, era un pueblo grande. Yo vivía en una ciudad de 5 millones de habitantes y por casualidad de la vida conocimos al mismo chico. Él tenía mi edad y yo creía estar enamorada de él, hacíamos planes juntos y casi que hablábamos todos los días. Cuando yo me gradué del colegio, se le ocurrió la grandiosa idea de proponerme mudarme con él y yo le dije que no, que quería ir a la universidad y además mis padres se iban a volver locos. En mi cabeza yo ya tenía hecha la idea de tener una carrera antes que todo lo demás. Como conmigo las cosas no funcionaron, supongo que decidió intentarlo con Sofía.

Con ella las cosas funcionaron mejor, se casaron y tuviera una hija. Tengo que aceptar que cuando me enteré que estaban juntos, me sentí como toda chica de mi edad, mal. Por supuesto que me enojé y lloré un tiempo. La última vez que lo vi me comentó que las cosas no iban bien con Sofía y que sentía que había hecho malas elecciones, que ella era mala madre y un tanto infantil. Me dijo que le gustaba como yo me tomaba la vida, que me veía contenta y que sonreía mucho. Sí, de cierta forma estaba coqueteando conmigo, pero para mí la historia con él ya había acabado. Nunca más lo volví a ver y muy pocas veces me habló una que otra vez por las redes sociales o por mensajes de texto.

Años después volví a ver a Sofía. En una foto que publicaron en todos los periódicos del país y junto a esa foto, unas cuantas palabras  que relataban que había sido encontrada muerta junto a un río de un terreno baldío y que el principal sospechoso era su “futuro y ex esposo”. Mi corazón quiso salirse del pecho y tuve la sensación de querer vomitar. Después de dar unas cuantas vueltas por la sala, tomé el celular y llamé a mi mejor amiga. Mientras le contaba lo que acababa de leer, me puse a llorar y le dije: Me siento egoísta ¿Te imaginas si hubiera sido yo? Creo que tengo miedo. Trató de tranquilizarme y me dijo que lo bloqueara de todos los lados posibles.

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Sofía siguió aparenciéndose en todos lados. En cada una de las demás Sofías que habían sido encontradas muertas, en bolsas de plástico, desmembradas, violadas y golpeadas. En cada estadística nueva que salía en los famosos estudios sobre feminicidio. La historia de Sofía seguía repitiéndose en todos los países del mundo, desarrollados y en vías de desarrollo. Seguía estando ahí, en los ojos de las víctimas y en la sangre que quedaba en las manos de sus asesinos.

 

Y hace unos días Sofía regresó a mi vida. Por curiosidad decidí buscar noticias sobre el desarrollo del caso y en efecto, a él le han dado 36 años de prisión porque fue encontrado culpable de haberle quitado los sueños, los planes, las ilusiones y la vida a Sofía. Por haberle arrebatado el primer día de colegio de su hija, los primeros cinco cumpleaños, los primeros tropiezos en la vida y hasta la complicidad del primer beso, le habían arrebatado todas las primeras veces de todo de su hija, su hija que ahora quedaba huérfana y que llevará una carga emocional y psicológica el resto de su vida.

La sensación de nauseas regresaron y junto con ellas el miedo que sentí esa noche al enterarme que una persona a quien conocí poco y que por un momento en mi vida, le tuve un poco de celos, estaba muerta. ¿Por qué miedo? Porque tal vez esa vez me libré de ser yo Sofía, pero no borra la idea negativa de mi cabeza, que por burlas del destino, me toque toparme con alguien igual a él. Tengo miedo de querer a alguien y que ese alguien me deje moretes en la piel, como él se los dejaba a ella.

Y es que pareciera que todas nacemos y venimos a sufrir las heridas de Sofía. Algunas huimos, nos salvados y lo superamos, pensamos estar seguras y de pronto puede ser que en cualquier esquina pueda aparecer él y hacer con nuestro cuerpo y mente lo que se ronque en gana. No lo estoy invocando, es solamente el miedo que invade mi cuerpo saber que ella ya no está y que le han quitado el derecho a vivir y morir de forma digna. Es el miedo de ser una cifra más en las estadísticas conformadas por todas las Sofías que mueren en manos de alguien, a quien le confían tanto la vida que, se las paran arrebatando con un disparo.

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Servicio al cliente 0 = clientes -1

Atención al cliente

A muchos nos encantaría tener nuestro propio negocio, ser el jefe y llevarlo como, según nosotros, nadie más podría. La mayoría hemos soñado alguna vez con ser hombres y mujeres de negocios, tener fortuna y hasta demostrarnos a nosotros mismos que lo hemos logrado con ayuda o sin ayuda, pero que lo hemos logrado.

Al momento de pensar en un café, un restaurante o un banco, nos imaginamos la inversión que tenemos que hacer, las energías que tenemos que invertir y todo lo que tenemos que crear para que sea diferente a lo que ya hay. Está bien que pensemos en lo que nosotros deseamos, creemos e imaginamos de “nuestro negocio”, lo que parece que anda mal a veces es nuestro servicio al cliente. El cliente es lo que le dará de comer a nuestro negocio, el que lo va a hacer crecer, desarrollarse y el que puede hacer que caiga y sea un fracaso.

He oído muchas opiniones de varios lugares y hasta de países, en donde la comida es genial, las bebidas son increíbles, el paisaje es de un cuento y luego viene el gran PERO. Pero la atención fue un desastre, la gente no estaba preparada, te daban muchas excusas, confundieron las cuentas, me quisieron cobrar de más solo por ser extranjero, me trataron como si estuviera haciendo un favor cuando yo estaba pagando por un servicio, entre otras.

Por supuesto que todos nos podemos confundir en algo, no somos máquinas. Pero si con todo el problema que se puede presentar, además tratas a tu cliente como si no lo necesitas, estas jodido. Y eso es con lo que muchas veces me he topado en nuestro país. Hoy acabo de ir a un banco en donde no solamente parecía que hacían el mínimo esfuerzo para darme solución, hasta el guardia de la puerta me hizo malas caras, se burló de mí, porque por supuesto no estaba nada contenta y estaba ya subiendo la voz, y el cajero entre los labios me dijo a mí a mi compañera “hijas de la gran puta.” Por el simple hecho de hablar con su supervisora por un documento, que por mal preparados, no conocían.

Clientes felices

Nunca he sido fan del esfuerzo mínimo, de las injusticias y de la gente que cree que por estar detrás de un mostrador me está haciendo un favor. No me fui del banco sin antes regresar a la oficina de la Gerente de Sucursal, que por cierto solucionó el mal entendido hasta que yo tomé el teléfono y empecé a llamar a mi oficina para comentar lo sucedido y pedir un poco de asesoría. Al final, sí había una solución, pero lo que molesta (y con ganas) es que no te la dan sino hasta que te sentas enfrente y empezas a sacar tus razones y argumentos, y si es necesario hasta tus contactos.

Es de muy mal gusto escuchar que en Nicaragua vamos detrás del bolsillo de las personas, sin importar que se lleven un mal gusto por la forma en cómo fueron tratados. Y dirán los que me conocen poco, que soy una persona complicada. Pero no señores, solamente exijo por lo que estoy pagando. Como cliente obviamente también debemos respetar al trabajador o trabajadora y siempre va a haber más de alguno que se sienta como una patada en el trasero, pero si nos importa que nuestro negocio prospere debemos invertir en preparar a nuestro personal, sino vamos a ser uno de esos negocios de pasillos en donde jamás volvemos a ver a nuestro cliente otra vez y poco a poco, nos quedamos sin ninguno porque la noticia del mal servicio corre bastante rápido en un mundo globalizado como en el que vivimos. No invertir en preparar a tus trabajadores en cómo tratar a tu cliente, puede llevarte a perder tu negocio.

La próxima vez que estés en un lugar en donde estás dejando tu dinero y tu tiempo, pregúntate si ha valido la pena, tanto como para regresar o si lo recomendarías a alguien más.  Yo por mi cuenta, evitaré volver a poner pie en ese banco o por lo menos en esa sucursal de gente acomodada que cree tener un puesto eterno por arte de magia, olvidándose que cada vez que se trata mal a alguien se están restando clientes automáticamente.

Por Mar Pilz

Managua Agosto 2016

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LA TETA AL AIRE

Por Mar Pilz

Hay que poner claras las cosas sobre la mesa y hablar (en este caso escribir) sin pelos en la lengua.

No entiendo el alboroto que arman por una teta al aire de una mujer alimentando en público a su bebé, cuando a diario vemos tetas al aire en revista, periódicos, anuncios de internet y en televisión.

La reacción negativa, desagradable y en desaprobación de una persona que ve a una madre alimentando a su hijo, me parece de lo más hipócrita que alguien puede hacer. ¿Acaso ellos salieron del vientre de su madre con dientes y  comiendo una hamburguesa con papas, una carne asada con tajadas o si son vegetarianos, una súper torta de soya con su aderezo favorito?

Por favor gente, si vamos a ponernos con ideítas de moral y respeto en espacios públicos, por lo que menos deberían de hacer escándalo es por ver la boca de un niño pegado al pecho de su madre. ¿Por qué no hacen escándalo cuando nos estampan publicidad de nalgas y pechos en la cara mientras vas manejando o vas caminando por la calle? ¿Por qué no hacen escándalo porque el estante de revistas del supermercado queda a la altura de nuestros hijos y lo primero que enseñan es una mujer en bikini o semidesnuda en la portada?

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Y es que si la imagen de la mujer no es usada para alimentar el placer y morbo de la sociedad, entonces hay que taparla. Tápenle la teta a esa mujer indecente que está en una banca del parque dándole de comer al crío que no dejaba de gritar por el hambre. Mándenla a un baño para que las personas sensibles de la vista y la cabeza llena de falsos prejuicios e ideas acerca de algo tan natural, no se vayan a molestar.

¿A usted le gustaría comer en el baño joven, señor, señora y señorita? Porque la próxima vez que se ofenda por ver mujeres con la teta al aire por el bebé que carga en brazos, le recomiendo que se compre su cafecito y su pastelito y se vaya a sentar en un inodoro a disfrutarlo mientras escucha la sinfonía de las cadenas del servicio, disfruta de la vista de las personas que van a perfumar de flores el espacio en donde a muchas mujeres les ha tocado sentarse a darle leche a su hijo o hija.

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No sea ridículo, no ponga en evidencia su poca educación y doble moral. Seguimos siendo mamíferos que deben alimentar a sus crías con leche materna y la mejor forma sigue siendo que venga directamente de esa teta a la que usted le hace tanto “el feo”. Usted también tuvo una vez en la boca y a su madre también le tocó sacarla del sostén para que pudiera comer, ella también le tocó tener la teta al aire. 

Por Mar Pilz

Managua Agosto 2016

 

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