La importancia de la poesía (conversatorio)

Conversatorio realizado en el marco del proyecto «Convergencias». De izquierda a derecha, Mayra Oyuela, Martín Cálix, Carlos Ordóñez, Gustavo Campos, Linda Ordóñez. Foto: latribuna.hn.

Conversatorio realizado en el marco del proyecto «Convergencias». De izquierda a derecha, Mayra Oyuela, Martín Cálix, Carlos Ordóñez, Gustavo Campos, Linda Ordóñez. Foto: latribuna.hn.

Tú no te vas, porque mi amor te tiene.
Yo no me iré, pues junto a ti me siento
más vida de tu sangre, más tu aliento,
más luz del corazón que me sostiene

Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras.
Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
Aún yéndote, mi amor, jamás te irías.

Es tuya mi canción, en ella estoy.
Y en ese viento que va y viene, voy.
Y en ese viento siempre, me verías.

«Literatura mata carita», afirma Benito Taibo en una entrevista, luego explica como este poema de Rafael Alberti le ayudó a ligar en su adolescencia. Algunos lo entendimos mucho más tarde, por estar ocupados quizá en el resultado del partido de fútbol y es que si hay algo peor que ser poeta es ser hincha del Marathón y yo le voy al verde como prueba de mi vocación por el estoicismo. La poesía tiene una facultad infranqueable, ella tiene que ver con los filamentos más finos de los seres humanos, esos, que a la vez son los responsables de unir las almas de las personas. Hay que entender que el poeta no es un ser iluminado, porque el poema no es el resultado de un momento epifánico de inspiración divina, el poema es el resultado del esfuerzo cotidiano, de la ardua lectura, el poema es el resultado del ensayo, pero sobre todo del error y es por eso que el proceso creativo siempre me ha parecido mucho más parecido al proceso artesanal ancestral. Supongamos entonces que escribir el poema se parece más a la construcción de una silla, o la pega de ladrillos necesarios para hacer una casa, supongamos que el poema es esa olla de barro que lentamente se cuece en el interior de ese horno que arde llamado «el poeta», entonces quizá nos acerquemos un poco más a la comprensión de la naturaleza misma del poesía.

El poema sirve para entender el andar caótico de las hormigas en medio de la oscuridad de la cocina, el poema sirve para saltar con los ojos abiertos a los abismos que la vida nos pone de frente, el poema si bien puede ser el insecto más raro del bosque ha demostrado que tiene una capacidad de resistencia insuperable, su propia historia lo demuestra, ha sobrevivido a pesar de los poetas, a pesar del facebook y el twitter. Podríamos decir entonces, que tras una guerra nuclear, o un ataque zombie, o una invasión alienígena, sólo sobrevivirán las cucarachas y el poema. El poema incluso, sobrevivirá aunque la H no vuelva a clasificar a otro mundial de fútbol.

Y hablando de la H, si alguien es un poeta ese alguien es Julio César «el Rambo» de León. Pero no se impacienten, piénsenlo un poco. Un día alguien se pone detrás de un balón de fútbol, a ese balón de fútbol debemos llamarlo «el lenguaje» y entonces ese alguien, el futbolista porque no puede ser de otra manera, que dadas las circunstancias tan precarias de este ejemplo le llamaremos «el poeta», entonces, este alguien se pone detrás de un balón de fútbol, unos diez pasos atrás y se escucha al fondo el silbato del arbitro y el futbolista comienza a correr dando pequeñas zancadillas y corre hasta el fondo, corre y su mirada mientras corre la tiene puesta, casi congelada, en un solo lugar, el lado derecho del arco y lo que está a punto de pasar no es la ejecución de un tiro libre a los 35 minutos del primer tiempo del Honduras vs México en el «Coloso de Santa Ursula» sino un acierto de la providencia, lo que sucede tras el impacto del pie derecho de Rambo con el balón es que éste se extiende en una bolea hacia la izquierda formando una depresión sólo explicada desde las leyes de la física moderna y pasa a instalarse en la esquina derecha de Oswaldo Sánchez, lo que sucede es el poema, es eso que en lenguaje común, la lengua de todos, se llama gol.

De niño, la poesía, como a todos los niños de mi generación y de mi barrio, nos valía un bledo. No la conocíamos. Así que cuando a mi colegio llegó Roberto Sosa y vimos entrar al anciano con la boina no prestamos atención, yo, por ejemplo, estaba mucho más interesado en ver las piernas de una de mis compañeras y de Sosa ahora sólo recuerdo el murmullo de su lectura y el horrible arreglo floral que las maestras de español le regalaron al poeta, de allí mi fobia a los arreglos florales en las mesas de poesía. Ahora bien, a finales de ese año, después de la entrega de calificaciones finales, me llevo la enorme sorpresa de que estaba aplazado en todas las clases, y olvídense de matemáticas, o español, o estudios sociales, yo estaba tan aplazado que al año siguiente llevé como materia retrasada la clase de educación física. Pero la verdad sea dicha, lo que veía en esa terrible fatalidad era el final de mi carrera como futbolista profesional en el equipo de mi colegio. Aún recuerdo la sentencia de mi padre:

–Martín, de castigo vas a leer todas las vacaciones y te voy a hacer control de lectura.

Así, la cosa era castrense. No había escapatoria. ¿Cómo te escapás de tu padre cuando tu padre mide casi dos metros? Entonces mi padre bajó dos maletas enormes que tenía arriba de su ropero y yo pensé, «tranquilo loco, el viejo lo pensó mejor, y sólo te va a correr, seguro…» Pero no, nos sentamos en la sala de la casa y al abrir las maletas habían libros y claro, yo sentí el peso absoluto del castigo paternal. Mi padre comenzó por hacerme leer «Como agua para chocolate» y como casi era un adolescentes, emocionado leí la parte esa que ustedes conocen, la del soldado que cabalga y levanta a la chica que huye desnuda producto de los calores que no son calmados ni siquiera por el agua más fría y que en un acto de suprema virilidad le hace el amor mientras cabalgan, entonces entendí que la cosa podía ponerse buena. Luego leí «Presidiario», un libro testimonial, por el que sentí odio hacia Editorial Guaymuras por haberlo publicado, y mucho resentimiento hacia mi padre, ya saben, yo quería seguir leyendo sobre hombres que iban por allí levantando mujeres en sus caballos. Bien, con el tiempo, sigo sin entender por qué en la casa de mi padre siempre estuvieron encerrados los libros en esas maletas y que sólo asumiéndolos como mi castigo por ser un mal estudiante pude tener acceso a ellos. Antes de eso, el único libro que me hacían leer era la biblia.

Luego conocí a Verne y «Testamento de un excéntrico», libro que me cambió la vida, y libro que me robó la primera chica con la intenté poner en práctica lo leído. Ella, obviamente, era mucho más inteligente de lo que yo lo era.

Al llegar al bachillerato por alguna extraña razón a mi maestro de español se le ocurrió que los de I de Bachillerato necesitábamos clases de taquimecanografía, una palabra antigua como antiguos son los sonidos del sol sobre la madera vieja de las casas más antiguas. Así que convencí a mi madre de que me comprara una maquina de escribir y mi madre, con mucho esfuerzo, todo el esfuerzo que una madre soltera con tres hijos podía hacer hacia el año 2000 me compró una máquina de escribir eléctrica, su teclado era suave y con todo el afán fetichista del escritor hipster puedo afirmar que su franja verde, estaba en todo. Así que cuando al mes terminó la clase de taquimecanografía yo no sabía qué más hacer con la máquina de escribir y la guardé hasta el día en que en el colegio abrieron un concurso de cuentos y me animé a participar, escribí un cuento del que hoy seguramente me sentiría profundamente avergonzado de leerselos, pero tenía un título que hasta el día de hoy me provoca una profunda ternura, «Las mariposas de Marcela», básicamente iba de una chica que mira las noticias, todo el día, las más amarillista y desarrolló una obsesión por las noticias de la guerra en medio oriente, y un día decide suicidarse. A mí maestro obviamente no le gustó y no me dieron el premio que si mal no recuerdo era de trecientos lempiras.

Luego de eso, un amigo intentó enseñarme a tocar guitarra, y yo les juro que lo intentaba, así que me esforcé todo lo que pude y finalmente cuando me sabía los acordes mayores y menores decidimos armar nuestra banda de rock, así tipo Metallica o Pearl Jam, queríamos tener nuestra propia banda de garage. Yo para lo único que era bueno era para llevar letras a la banda que luego terminaban siendo nuestras canciones pero un día y siento yo que fue por una combinación fatal de factores, entre mi incapacidad de seguir los tiempos y la última letra entregada al grupo que hablaba de un circo y unas jirafas y unos gusanos, ya no lo recuerdo, la banda decidió correrme.

Y entonces sólo me quedó la poesía. La poesía y el Marathón. Ok… sólo la poesía.

¿Por qué insisto en la idea del fútbol y la poesía?

Porque de niño y luego de adolescente, encontré mucha poesía en las transmisiones de los partidos de fútbol y porque si una utilidad le encontré a la poesía fue para explicarme los apodos a los jugadores de fútbol, a los equipos o a los estadios. Nada refleja mejor la obsesión poética que el hincha de fútbol y esos gladiadores que en lugar de espadas y lanzas corren detrás de un objeto esférico, algo bastante parecido a divagar en la incertidumbre.

Sólo la poesía, que es lo más parecido a la sabiduría popular, podría hacer surgir apodos como «El azulejo Bulnes», «Pecho de águila Zelaya» o «El tile Arzú». Nada más poético que hiperbolizar con apodos las características futbolísticas como le sucedió a «El gavilán Cálix», aquel contensión monstruoso del desaparecido Petrotela y de la selección nacional, o «La montuca Castro» a quién no se le iba nadie o la velocidad y olfato goleador que tenía Nicolás Suazo en la delantera del Marathón y eso hizo que la gente le llamara «Nicogol». Nadie sabe qué es un caralampio pero se debe reconocer que hay poesía en «El caralampio Vallejo». «La sombra voladora» para referirse a esa capacidad casi sobre humana que Carlos Pavón tenía cuando se elevaba a cabecear un centro y definir con su cabeza el tan ansiado gol a favor del Real España. Alguien colocó un pase filtrado hacia adelante y aquel chico garífuna, delgado y alto corrió por el balón, corrió tanto que le apodaron «La pantera Suazo». Un apodo que a mí me parece sumamente poético es el que le fue conferido al estadio de El Progreso, «La caldera del diablo», donde los equipos sudaban en extremo la camiseta para ganarle a aquel mítico Deportes Progreseño que nos heredó a Tyson Núñez, y donde se coronó campeón el Honduras Progreso, dando a probar a los progreseños por vez primera, el sabor de la gloria que sólo los campeones poseen.

De la poesía, finalmente, se puede decir que es redentora, porque hace de alguien que no sirve para otra cosa que escribir, sea feliz, aunque sea un poco todos los días. Y por supuesto, la capacidad que la poesía tiene de hacer de los hechos comunes los hechos más extraordinarios.

Dice Javier Payeras, refiriéndose al oficio del escritor que se debe buscar siempre el momento poético y un ejemplo de eso se vio cuando James V. Hart decidió escribir para el guión de «Drácula» uno de los diálogos más hermosos y poéticos del cine: «he cruzado océanos de tiempo para encontrarte…» claro, Gary Oldman lo dice mejor.

Bitácora del 8 de marzo, Tegucigalpa

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La marcha

La convocatoria estaba para las ocho de la mañana a la altura de Casa Presidencial, a las 9:40 las únicas que estaban en el lugar eran las mujeres. Una hora y media más tarde seguían allí, esperando quizá que los hombres llegaran, quizá no, en el fondo se sabía que eso no iba a suceder. Algunos sí que estábamos, para acompañarles, para hacer nuestra la lucha de ellas, para gritar que Berta no murió, se multiplicó. Y Berta se multiplicó en el rostro de las mujeres, en sus ojos, en cada garganta que grita su nombre y pide justicia.

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Ayer era la conmemoración de la memoria de Berta Cáceres, a su obra revolucionaria, pero a la cita siguen faltando los mismos y llegan las mismas, ellas, las mujeres todas. Mientras el movimiento popular y la izquierda sigan ignorando las luchas de las mujeres no se ganarán el derecho a reinvindicar sus mártires, a pronunciar sus nombres.

Ayer, la marcha debió ser multitudinaria, ayer el país entero debió estar paralizado, ayer debió convocarse a Paro Cívico Nacional y acuerpar el 8 de marzo porque es un deber revolucionario que la izquierda y el movimiento popular en Honduras siguen eludiendo. Ayer, las calles de Tegucigalpa debieron ser un río enorme de voces exigiendo justicia, exigiendo el encarcelamiento inmediato de los asesinos del pueblo. Ayer, el deber era en las calles y no en los comunicados en las redes sociales. Ayer siguieron faltando los mismos.

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Berta es un río que da de beber a sus hijas, las herederas de su legado. Su memoria es el camino que todos y todas deberíamos defender.

Los que sí llegaron fueron lxs estudiantes de la UNAH, esxs que siempre son gaseadxs y tratadxs como parias por la rectoría universitaria. Ayer salieron, se unieron al contingente feminista y lo fortalecieron, lo contagiaron con su alegría, esa alegría que el militar no entiende cuando la ve. Ayer, esxs estudiantes marcharon por la defensa de los derechos de las mujeres y por la exigencia al Gobierno de Juan Orlando Hernández que el caso de Berta Cáceres no quede en la impunidad, ayer, esxs hicieron pintas, casi linchan a un policía, se enfrentaron a un camión lleno de militares, pintaron la vitrina de La voz de Suyapa y seguro que Suyapa sonrió feminista, y cantaron, cantaron hasta que la garganta no pudo más.

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El altar y las velas

Para las 5pm estaba convocada el plantón a la altura del Trans 504 frente al Centro Comercial Centroamérica. Quiero creer que tras la jornada de la mañana aún se tenía esperanza de que el movimiento popular apareciera, pero al final fueron solamente las organizaciones feministas y algunos militantes de otras organizaciones, la misma dinámica que la jornada de la mañana.

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Ellas levantaron un altar para Berta y cantaron, las Matrias (colectivo de mujeres jóvenes feministas) cantaron toda la jornada y leyeron poesía. Al final del día éramos las mismas y los pocos mismos de la mañana, uno que otro llegó por ahí.

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Las ausentes antorchas

Quizá, lo que uno termina preguntándose al final del día es dónde están los indignados, dónde está ese mar de antorchas que se escandalizó por el desfalco del IHSS y la corrupción en el Gobierno, dónde están esos dirigentes y sus masas que juraron quemar Honduras antes que rendirse. Parece ser que la muerte de una mujer o muchas mujeres, no es suficiente razón para indignarse, parece que la defensa de la vida no basta para encender la antorcha y salir a la calle.

Finalmente hay un amplio sector que está en deuda con la jornada, con la memoria de Berta, con la lucha de las mujeres, con la revolución, perdón, ésa ya la hicimos en facebook, hemos ganado compañeras y compañeros.

Postal

Galeano+PortadaElHeraldo

| Galeano, la marca que ha puesto a los próceres en el pecho de todxs lxs niñxs hipsters de Honduras |

Barbarie, es el estado actual de Honduras. Esta semana ha sido sumamente dura, sin duda la muerte de Berta Cáceres nos ha dejado una marca profunda y de por vida, una marca que será difícil mirar si no asumimos nuestra responsabilidad inmediata.

Lo más angustioso de la situación son los colaterales, la pretensión, de parte de quien esté detrás de todo esto de tratar de desviar la atención del crimen de Berta, la intensión de crear una cortina de humo que nos distraiga de lo verdaderamente importante: que el Gobierno asuma su responsabilidad de los crímenes cometidos contra el pueblo, todos, que el Gobierno asuma las muertes y sea castigado por ello, que renuncien todxs. Pero eso no va a suceder si no se llevan a cabo acciones concretas, movilización permanente.

Ayer en un billar en Coayagüela sicarios vestidos con el nuevo uniforme de la Policía Nacional asesinaron a 12 personas, según cifras del Observatorio de la Violencia de la UNAH, Honduras registró un promedio en 2015 de 13 víctimas diarias, unos 60 homicidios por cada 100 mil habitantes. En pocas palabras, aquello de la «vida mejor» de Juan Orlando Hernández es una absoluta mentira.

Mientras en La Esperanza, municipio a unos 200 kilómetros de Tegucigalpa, se daba entierro o como poéticamente el pueblo lo definió, «se hizo la siembre de Berta» en la Capital se inauguraba la Convención Nacionalista (convención del Partido Nacional, el partido en el Gobierno) con grupos musicales tropicales y un grupo coreográfico de bailarinas semidesnudas.

Réquiem por Berta

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| altar hecho en las afueras de la morgue de Tegucigalpa mientras se esperaba la entrega del cuerpo de Berta Cáceres la tarde del 3 de marzo |

Hace muchos años leí que «cuando a una persona se le da un golpe en la boca del estómago se dice que se la ha sacado el aire, pero si se le da un golpe en el alma ¿qué se le saca?» Lo cierto es que nos han roto el corazón, porque no tengo otra forma de explicar lo que la noticia del asesinado de Berta Cáceres significa para un país que sigue sin explicarse a sí mismo lo que ha pasado. Y aunque tuviéramos el corazón roto no lo decíamos ayer mientras esperábamos en las afueras de la morgue a que entregaran su cuerpo, no era necesario decirnos nada, nuestro silencio era una carga muy dura porque no teníamos nada que decirnos pero sabíamos todo lo que nos estaba pasando, todo lo que la muerte de Berta comenzaba a pesarnos.

Todo aquello de la identidad que como hondureños y hondureñas debíamos tener claro del civismo éste jamás fue capaz de explicarlo, sin embargo Berta lo tenía claro y nos lo explicaba al hablarnos de una identidad ancestral y maternal, ésa que piensa en los ríos y el bosque como un ser vivo sensible al mínimo cambio que como especie le producimos. De esta cosmovisión se desprende su manifiesto de vida, la de aquella mujer a la que les resultaba incómodo escuchar y ver porque se convirtió en la guerrera más feroz en la defensa del medio ambiente, la defensa de los territorios, la identidad ancestral y los Derechos Humanos y los derechos de las mujeres.

Berta Cáceres muere en un país en donde cada 16 horas muere una mujer, en donde la institucionalidad está en su punto más frágil de los últimos años, en donde los informes internacionales nos ubican como un lugar en donde la violación a los Derechos Humanos es una situación que se ha agudizado, en donde las trasnacionales han avanzado significativamente en materia de expropiación de territorios que deberían estar protegidos por el Estado. Su muerte se convierte en el golpe más fuerte que la derecha más recalcitrante había dado desde el 29 de junio de 2009.

Que fuera asesinada en el día internacional de la naturaleza es un mensaje bastante claro, un mensaje que debe entenderse como lo que es, la franca lucha de clases que comienza a tomar otros colores. El mensaje de un «ustedes llegan hasta aquí porque nosotros somos los administradores de este feudo». Es doloroso darse cuenta que con su muerte se potencia su voz y provoca cuestionamientos personales y colectivos, aquellas preguntas que no nos atrevimos a hacernos antes de ayer, hoy son las preguntas que tenemos que afrontar sabiendo que es su cuerpo el que yace en el ataúd blanco que salió de la morgue la tarde de ayer. Jamás estuvimos a la altura de las circunstancias, jamás supimos qué hacer porque no fuimos capaces de verlo venir. Es asqueroso que la dirigencia de Libre pretenda sacar ventaja de esta situación, ese partido en donde se le quitó la palabra porque resultaba también incómodo para esta dirigencia timorata escuchar la voz de una revolucionaria a la que nunca fueron capaces de entender.

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La muerte de Berta mueve los filamentos más profundo de una sociedad que ahora se ve claramente confrontada con la orfandad y con la incapacidad que plantea una resolución de este caso en el marco de la débil institucionalidad hondureña, incapaz de dar una respuesta real a la mínima problemática. La muerte de Berta plantea si bien la necesidad de realizar acciones concretas a una escala nacional también deja en evidencia que el movimiento popular hondureño en este momento preciso no tiene la articulación que se necesita para realizar una acción que haga temblar realmente a las altas cúpulas de las autoridades del país. Todo lo incendiario de la redes sociales no significa nada en el sentido que eso no responde a acciones reales en las calles, que es donde la muerte de Berta nos deja ahora. Hay que irse olvidando de las urnas, porque un Gobierno popular no va ser posible en el marco de las elecciones, aquí la encrucijada para Libre porque las elecciones son un punto muy lejano de la necesidades inmediatas y esa opción se vuelve cada vez más irrisoria.

Lo que va a pasar en las próximas semanas es impredecible, Honduras comienza a convertirse de nuevo en una bomba de tiempo porque no habíamos estado en esta situación desde el Golpe de Estado de 2009.

Hoy estaría de cumpleaños y hubiese celebrado el 45 de ellos, mañana es su entierro.

De cómo morir no es morir

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Nadie quiere escribir acerca de los asesinatos, al manos nadie en sus cabales.

Hoy han asesinado a Berta Cáceres, y con ella algo en el bosque muere. Mientras esto pasaba en La Esperanza en el departamento de Intibucá cerca de la 1:00am, un poco más tarde en San Pedro Sula una niña hipster se tomaba una selfie en ropa interior y la publicaba desde su cuenta en facebook con el título «1:44 Am». A esa hora yo estaba dormido, profundamente dormido. De la noticia me di cuenta desde mi smartphone en mi cuenta de Gmail, luego tuitié que «asesinaron a Berta Cáceres y es que en Honduras ya días asesinan la esperanza, la vida.», una periodista del periódico universitario lo marcó como favorito y retuiteó, hace unos instantes en facebook alguien escribió que «sólo queda darse un buen baño con agua fría y Salir a Construir El país!». Un perfil con el nombre UNAH Estudiantes convocaba a través de un evento en facebook a la «Protesta por el asesinato político de Berta Cáceres» y alguien más llamaba a la morgue de Tegucigalpa, en el grupo de la potra alguien escribía para recordar que hoy en la noche hay cita para jugar fútbol como todos los jueves desde hace algunos meses. Un amigo argentino periodista para TeleSUR quedó de avisarme si hay alguna actividad concreta a la que haya que asistir. Temprano, mientras yo seguía dormido porque anoche salimos con Jess y unos amigos a un bar, el Ministro de Seguridad Julián Pacheco Tinoco en conferencia de prensa decía que «Bertha Cáceres no había notificado el cambio de domicilio y que ella renunció a los agentes que le darían seguridad en el marco de las medidas cautelares que la CIDH otorgó a la coordinadora del Copinh por las amenazas en su contra.» Informaba esto la cuenta oficial de Radio Progreso a las 8:17am. A las 7:58am Gilda Silvestrucci para TeleSUR en tuiter infomaba que la Policía Nacional no tenían pistas de los asesinos de Berta Cáceres. A las 7:42am el poeta Fabricio Estrada escribía un emotivo estado de facebook: «Y yo le digo al taxista: mataron a Bertita. El señor me pregunta quién era, yo le digo Bertha Cáceres era un bosque, un bosque de liquidámbar, luego una señora me repite quién era Bertha Cáceres. Un río, le respondo. La mano del hijo pesa tanto camino a la escuela. Escribo en una pared: quién era Bertha Cáceres? Bertita era lucha, era lucha, era nuestra braza india, un nombre, era Honduras.»

Nadie quiere escribir sobre el asesinato de la esperanza, pero hay quienes marcan la escena del crimen con sus lenguas.

«Este país ya no recuerda la última vez que fue feliz», eso lo escribí a las 8:37am, a las 8:13am el músico José Yeco publicaba una foto de Berta y mucha gente le daba compartir, 68 veces hasta el momento de escribir esta línea, a las 11:05 alguien compartía el vídeo de youtube donde Berta daba su discurso de aceptación del Goldman Prize, a las 11:00am el Centro de Derechos de la Mujer publicaba en su página web el posicionamiento político del movimiento feminista de Honduras, hace un instante facebook me recuerda que hoy tengo dos eventos, uno de ellos es el «Happy Hour + Networking». Me conmuevo. Lloro y paso a otra cosa.

Nadie quiere escribir de cómo morir en Honduras no significa nada, pero igual lo hacemos y queremos tener esperanza de un mejor presente.

Berta Caceres stands at the Gualcarque River in the Rio Blanco region of western Honduras where she, COPINH (the Council of Popular and Indigenous Organizations of Honduras) and the people of Rio Blanco have maintained a two year struggle to halt construction on the Agua Zarca Hydroelectric project, that poses grave threats to local environment, river and indigenous Lenca people from the region.

Berta Caceres stands at the Gualcarque River in the Rio Blanco region of western Honduras where she, COPINH (the Council of Popular and Indigenous Organizations of Honduras) and the people of Rio Blanco have maintained a two year struggle to halt construction on the Agua Zarca Hydroelectric project, that poses grave threats to local environment, river and indigenous Lenca people from the region.

Domino (cuatro)

Rosa Luxemburgo

Róża Luksemburg

Como quien escribe un poema, nena, como quien carga un arma con la que nunca se va a disparar porque le da asco imaginar sus sesos esparcidos por todos lados, como quien lee una novela gráfica y piensa en los poemas de Ginsberg, como quien reza para olvidar, como quien se masturba para recordar, como quien piensa que todo se ha ido al carajo y decide saltar de un puente para interrumpir el tráfico al mediodía, como si a la ciudad eso le importara, como si toda la patria no fuera indomable, como si vos, nena, no fueras la cosmonauta más hermosa, como si eso te importara, como si estuvieras enamorada de mí, como si el tiempo entonces ya no importara, como si mi vejez pareciera prometedora, como si las sábanas nos abrazaran, como si un desierto dejara de crecer en mi corazón, como si mis ojos fueran luciérnagas, como si viajar sirviera, como si la noche fuera un volcán, como si R. Luxemburgo fuera una estrella fugaz, como si dios hiciera un afterparty, como si nos fuera a invitar.