¿Qué hago con las memorias?

Por Simone

@Simonemontiel (tw)

@LaSimone Plus (fb)

kubo-and-the-two-strings

Me fui a ver la película Kubo, no era mi primera opción de ese día, aunque si sabía que la necesitaba ver. Además de ser una producción de uno de los equipos de gente más obsesionada con el arte que he conocido, como lo es el estudio Laika; sabía que la historia en sí encerraba mucho para quién la viera.

Sala casi vacía, tres personas estábamos en esa tanda de la 1 de la tarde. He de decir que no spolearé la película, hablaré de lo que provocó en mí. Enmarañada en una historia familiar, de alguien que huye y salva, que se desarraiga y se esconde, que vive y muere al mismo tiempo. Ese alguien que bien pude ser yo en algún momento de esta vida a la que le he seguido los pasos.

Un niño que cuida a una madre que lo salvó. Un acto de retribución, que intenta enmarcar un equilibrio en medio de tanto tejido desecho. Una madre que cuenta su vida y las historias de otras personas a un hijo que ha encontrado en el arte de contar historias la magia y los poderes de la palabra. Un hecho que me interpela al saber y sentir todo lo que necesito y sé que tengo que contar. Mi pasado, mis sombras, mis fantasmas, esos átomos de existencia que me han ido configurando en cada una de las reencarnaciones que he experimentado en cada tiempo vivido.

La palabra sana, nombrar las historias ayuda a tomar conciencia de los recuerdos, a no olvidarlos, a darle su lugar. Cuando en nuestras familias nos cuentan historias, de los que ya no están, de aquellos que se fueron, o historias sin finales; estamos no solo escuchando esa memoria encarnada, también estamos bebiendo de la sabiduría de nuestrxs ancestrxs. En mi caso, mi abuela es la fuente original de memorias, que guardo en mi cuerpo, con las que sueño cada tanto.

En mi caso, mientras sueño, puede que no se muevan las hojas de papel para formar figuras que toman vida; pero las partículas de los tejidos vinculados a mi existencia se reubican, mutan y respiran, cada que les nombro, cada que les veo directamente a los ojos ya sea en sueños o en pesadillas.

Las memorias no mueren, viajan…

kubo

Muchas veces creemos no saber de dónde venimos, o pensamos no recordar lo que hemos pasado; pero este cuerpo que habitamos se encarga de hacernos saber que la memoria está ahí, en todos lados. Cuando viajamos en el bus, cuando caminamos por la ciudad, cuando corremos por las avenidas. Está presente cuando damos una vuelta por el lugar de nuestra infancia, cuando nos encontramos con personas que formaron parte de nuestro pasado. Está ahí cuando vemos fotos de hace 10 años, uffff, esas fotos. Esta en la música, esa que nos salvó de rompernos y hacernos tuquitos esparcidos en todo el universo.

Mi abuela es mi referente, esa memoria que duele, que genera un hueco en el estómago, una que me recuerda a veces con fuerza lo que supongo haber olvidado. Mi abuela es esa imagen de manos arrugadas, de piel reseca, sin dientes, con mirada nerviosa y temperamento voluble, a veces sonríe, pero en general calla y se repira en ella tristeza. Su tristeza que es mi tristeza también, como nieta bebí no solo de su torrente sanguíneo y de su ADN, bebí de sus traumas y crisis, de sus dolores y rabias, de sus momentos de tranquilidad y… de su fuerza, esa que se sostiene en su carácter determinante y en sus nervios. Todo mezclado, todo hecho una masa que recubre nuestras arterias, huesos y aliento.

Contar una historia, la misma todos los días; algo que me recuerda a mi abuela, en parte a mi mamá, a mí. Las historias que he dejado a un lado, por creer que ya no las necesito, por creer superada mi historia, como si la historia y la memoria la tuviéramos que superar. Mientras más nos alejamos de nuestras memorias e historias, más nos alejamos de nuestra abuela y madre. Me lo digo a mí misma en voz alta mientras escribo este texto en un cuarto de hotel, cosa muy común en esta etapa de mi vida. La soledad te permite reencontrarte con esas necesidades primarias, y veo de frente a la que soy, esa que se sabe necesitada de contar historias. Mis ancestras me han estado mandando señales desde hace rato, necesito escucharlas y darles una respuesta.

La conexión con las ancestras se mantiene viva mediante esos hilos que tejen la memoria ancestral, la colectiva y la familiar, que al final sostienen nuestras memorias e identidades, eso que somos y no somos, lo que fuimos y aquello que llegaremos a ser. En Kubo la memoria es el hilo central de la narrativa, una historia contada de madre a hijo, una madre que transmuta para enfrentar ese pasado del que por más que huyamos miles de kilómetros, no logramos deshacernos de su existencia, todo lo contrario; más nos persigue y nos acecha.

maxresdefault

La valentía de dejar de huir

Decidir dejar de huir de la memoria ancestral/familiar no es una decisión fácil, menos un paso que se da de una sola vez. Se trata de un proceso que se adapta a cada organismo, a cada vida. Kubo se enfrenta con esa historia que lo persigue, que lo acecha, no con la armadura poderosa que decía la leyenda, sino con  su propia magia, con ese poder que ha ido descubriendo que viene de la herencia de su madre.

¿Qué me ha heredado mi abuela? ¿Qué me ha heredado mi madre? ¿Cómo dibujo o le sigo la huella a esa sabiduría contenida en las historias y memorias que me transmitieron durante todo el tiempo que viví con ellas? Es demasiado, y me toca cada día, noche y madrugada ir dialogando con esas huellas y recuerdos, con esos rastros y momentos que habitan mi tejido celular, y que me unen a esas otras vidas y caminos recorridos que me hacen tener tanto que contar.

Mi boca se abrirá y pronunciará sus historias, se los digo esta noche a mis abuelas y a mis ancestras, a mi madre, mi tía; y a todas aquellas mujeres con las que me veo conectada, que nunca las conocí pero que forman parte de mi universo. Esparciré sus miradas sobre el mundo, por mi cuerpo y poesía, los cuentos que escribo y sobre las rimas que sueño esparcir por la ciudad, a medida que camino y recorro esas historias que llevo en la espalda.

Vean la peli y me cuentan qué les provoca a ustedes.

kubo-y-las-dos-cuerdas-magicas-03

2 comentarios en “¿Qué hago con las memorias?

  1. Hola Simone, ya me habían dicho que la película es fantástica, con este relato me motiva más de verla.
    Pasamos mucho tiempo del presente pensando en el futuro, esforzándote por que tu vida sea diferente ”mejor” -diría mi madre-, pero sino aprendemos a retener en nuestra memoria cosas que nutren nuestra identidad, de dónde venimos, quiénes somos, quiénes eran ellas y ellos… el futuro se vuelve más etéreo e impreciso de lo que es. Gracias por recordarnos que la memoria se lleva en el cuerpo.

Los comentarios están cerrados.