No puede ser tan sencillo…

Por Simone

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@Simonemontiel (Tw)

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Me lo vengo diciendo desde hace meses. No puede ser tan sencillo, algo que se pinta tan sencillo encierra una trampa, y quiero aclarar desde donde estoy hablando porque sé que suena y se lee confuso. Me refiero a tres ficciones de nuestra existencia humana que asumimos desde unas fórmulas que parecieran tan sencillas que rayan en lo absurdo, y aun sabiendo su nivel de absurdo, la gente intenta seguir creyendo en ellas. El amor eterno, el consumo sin consecuencias y la representación política.

En realidad esta tercera es la central y quiero usar las otras dos ficciones para ejemplificar con paralelismos. Somos una región que ha pasado por diversas temporalidades y desde las estructuras de poder se ha desarrollado una exquisita capacidad de mutarse hacia dentro, de tal forma que hoy por hoy términos como dictadura se enfrentan a umbrales de dolor tan altos, que escuchamos decir a la gente (hombres) cosas como “si estuviéramos en una dictadura, ya los andarían lanzando en la cuesta el plomo”. Así de consciente y concreto es nuestro umbral del dolor. Es como cuando aprendemos a vivir endeudadxs, y llega el momento de salir de la deuda con el banco, la gente busca inmediatamente como endeudarse de nuevo, con alguna otra mercancía que el Mercado le dice que necesita. O en el caso del amor eterno como centro de nuestra existencia, la gente no sabe estar sola, pasa de una relación centrada en otra persona, a buscar de nuevo con quien engancharse en una dinámica que llene ese vacío  de una ruptura, en lugar de sentir conscientemente que se aprendió con esa relación, y que puede/necesita/urge cambiar en sus patrones afectivos.

Algo muy similar pasa en la política formal y en sus devenires, como sociedades hemos pasado de un clavo a otro sin sentarnos a platicar y revisar cómo eso nos ha trastocado los sentidos, preguntarnos si esas vivencias nos han alimentado poderes colectivos o nos han enseñado a “dejar nuestros presentes en manos de otras voluntades”. Porque vean, esa es la premisa central de la ficción de la representación política, el pueblo (SUJETO HOMOGÉNEO) en este argumento confía en un sistema (creado por hombres) que la historia nos ha demostrado no es neutral que se llama Política Formal; un juego que tiene definidos actores y rituales y define categorías como Democracia.

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Se supone entonces que en este argumento, el derecho al voto, producto de históricas luchas sociales en contextos coloniales (racistas, sexistas), asegura junto a otras palabras que han justificado el movimiento de un montón de plata vía Cooperación Internacional (gobernanza, auditoría social, participación ciudadana), que quienes se “eligen” salvaguarden el poder del pueblo. Digo, el pueblo cede su poder de representarse a sí mismo, para que un puñado de gente, que hace promesas y recibe salarios exorbitantes, salvaguarde sus demandas/deseos/voluntad. Y entonces, se espera que estos gobernantes cumplan la voluntad del pueblo, porque como lo plantea la cultura populista de nuestros países: el pueblo es quién manda, o el pueblo es presidente: ¿Les suena conocido?

Que fácil sería poder ser un/x ciudadanx/persona y decir: “bueno ya hasta aquí termina mi parte, digo, ya voté, pago mis impuestos, leo las noticias y ahora a estos solo les toca cumplir lo que el país necesita, y ya…tarararara”. ¿En serio? Digo, no les parece mínimamente sospechoso confiar en un sistema y en procesos que para empezar fueron construidos desde su lógica inicial, por grupos mediana y altamente privilegiados. Grupos hegemónicos que además no solo planificaron como se hace la política, sino quienes la pueden hacer, a través de qué mecanismos, y lo más interesante quiénes están validadxs para hablar por ese sujeto homogéneo pueblo;  clase política que como hemos visto no son las perlas más brillantes de la creación.

Y volvamos a la tercer línea que inicia el párrafo anterior, ¿Quiénes definen lo que un país necesita? Y justo ahí entra la jugada de la representación social. Esta gente “preparada” para representar al pueblo sabe realmente lo que el pueblo necesita y entonces lo tutela. Y listo, sin más complicaciones, claro y entonces luego la gente se asusta cuando hay represión. Digo, que no es lógico en nuestras sociedad que quien te tutela, de quién dependes, tenga permiso para hacer con tu vida lo que le plazca: padres, madres, Mercado, bancos, parejas incluso. Estamos hasta donde no es de dinámicas perversas porque se quiere seguir creyendo en cuentos de hadas.

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¿Qué pasa cuando asumís que tu pareja sexo/afectiva o esa contraparte, sabe lo que queres y necesitas, porque así es el asunto del amor? Pura mierda, nadie debe estar interpretando lo que la otra persona necesita, y nadie más que una necesita gestionarse sus propios placeres, disfrutes, deseos, afectos; porque si se sigue creyendo que eso es responsabilidad de otras personas y no directamente tuya, agarrate bien de la silla que la corriente te va a arrastrar. Lo mismo pasa con la ficción absurda del consumo sin consecuencias, y pongo acá solo dos ejemplos: los préstamos de banco y las tarjetas de crédito.

Por más que sean procesos que dicen “si lo planificas bien no tiene por qué destruirte la vida” te la destruye. La gente cree que el sistema económico a como es, se interesa en su bienestar, pero un sistema económico como el que tenemos juega con un objetivo central acumular riquezas y ya sabemos que no para todxs por igual. Por lo tanto pensar que la comodidad de andar dinero en plástico para pagar cualquier pendejada no va a tener costos más allá de lo obvio, que es pagar mensualmente esa tarjeta, es en el menor de los casos malditamente ingenuo.

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En el caso de los préstamos para pagar carros o casas, que además forman parte del paquete de proyecto de vida de un buen consumidor que nos insertan en la cabeza durante toda nuestra existencia, fácilmente te volves esclavx de cual sea tu trabajo, entre 5-15 años, no podes irte aun cuando te estén acosando sexualmente, violentando en cuanto a derechos laborales, o te estés enfermando a tal punto que el 50% de tu salario se va en medicina y consultas. Si esas no son evidencias suficientes de que la ficción de “no consecuencias” es una farsa, tendré que revisar mi definición sobre la palabra evidencia y argumentación.

Y las tres ficciones van de la mano, y siguen cumpliendo con su objetivo, y no se puede hablar de cuestionar una sin cuestionar las otras tres, porque se sostienen. Digo, pasar embelesadxs en la ficción del amor romántico para siempre, y en las ciudadanías basadas en el consumo “sin consecuencias” nos absorben la vida y la conciencia, como para estar presentes en lo que se necesita que sea una cotidianidad política, en donde las cosas que hacemos y asumimos como normales tendrían que estar en el centro de nuestras reflexiones colectivas, más allá de la estructura rígida y burocrática de un Estado. Esto conlleva tiempo, en algunos casos existen colectividades en pequeño, gente que se junta por intereses y necesidades comunes a ver cómo le dan vuelta y resignifican varias de estas ficciones, y ya no digamos las ficciones sobre la sexualidad, el deseo, nuestra relación con el Todo.

Yo solo dejo por acá en este texto de 1300 y un poco más de palabras, la sospecha que tengo clara en el cuerpo, de No debería ser tan sencillo que mi voluntad esté representada por un puñado de personas que ni conozco, no solo por lo lejanos que están de mi realidad, sino porque además es imposible que alguien hable por otrx, que alguien represente la voluntad de otrx, la historia nos ha lanzado a la cara y al cuerpo lo insostenible de esa ficción. Quiero seguir, pero necesito moverme y ver que más me arroja este cuerpo, que a veces no encuentra sentido en este mundo, pero que siente mucha potencia de transformación.

Abrazos.

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