Mi recorrido y tránsito en la marcha del 28 de Junio

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Por Gabriela Montiel/Simone

Antes de saber qué significaba la diversidad sexual como categoría y discurso, y luego de haberme ido de la casa de mis padres para poder ser; me encontré con un grupo de personas que me arroparon y me permitieron conocerme y reconocerme sin prejuicios ni castigos. Hablo de esa primera comunidad con la que me aprendí deseosa de libertad,  sentir y ser. Esa comunidad con la que me encontraba todos los días en la pasarela de la UCA, con quienes aprendí a dar afecto.

Me recuerdo en esa complicidad de sabernos fluctuantes, en nuestros deseos y sexualidades, en nuestra propia personalidad. Y me veo besándonos, él con él, él con ella, ella con ella; y así nos construíamos nuestra propia atmósfera en un universo más grande y no tan receptivo como ese espacio que nos autogestionábamos. Eso permitió que mis libertades pudieran florecer.

Tiempo después cuando me vinculé con la lectura, el feminismo y espacios de reflexión; entendí el poder de lo que teníamos en ese entonces. Esa grandeza de contar con espacios en los cuales nos potenciamos, y desde la libertad vamos fluyendo con nuestras búsquedas. Diversidad sexual más allá de estar contenida en cada una de las identidades que la componen; es una apuesta política de vida por respetar la libre autogestión de cada persona de su propio camino, sea cual sea. El asunto, es que esta autogestión en distintos contextos de este mundo resulta incómoda y amenazadora en un sistema plagado por normativas, control y represión.

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Asumirse lesbiana, homosexual, bisexual, trans…queer; contiene una serie de procesos de vida que cada cuerpo digiere a cómo puede, cuando esa corporalidad cuenta con colectividades que arropan ese proceso, el camino tiene menos obstáculos. En este tejido de experiencia, ninguna identidad debería estar por encima de otra, la apuesta es la libertad y la posibilidad de asumirnos desde lo que queremos y necesitamos ser. En esa búsqueda entran en juego otras piezas del rompecabezas social: familia, instituciones, Estado, Mercado, cultura; y en cada una de esas interacciones se manifiestan tensiones y conflictos que amenazan la libertad de cada individualidad y colectividad.

Como pertenecemos a una matriz social que es Patriarcal, sexista, racista, clasista, colonial y violenta; la discriminación y las agresiones ocurren siempre pero lo hacen de manera diferenciada y selectiva. Reconocer esta realidad interseccional es reconocer dónde está cada quien, lo cual es sano para el diálogo social. Asumirse y nombrarse es un ejercicio político de mucha potencia en un sistema que nos nombra desde que nacemos e implanta un destino a estos cuerpos, aún más, es un signo de resistencia en sociedades que buscan disciplinar estos cuerpos que somos porque a ojos del Estado y Gobierno somos cuerpos por controlar, corregir y castigar.

En medio de toda esta realidad, sentirse orgullosx por ser Lesbiana, Trans, Bisexual, Homosexual significa un impulso positivo ante una sociedad heteronormativa que implanta un modelo de ser y estar en el mundo, de vivir relaciones de afecto/deseo/amor; y que establece marcos reducidos de hacer familias, en lugar de comunidades.

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La potencia del ejercicio de asumirse realmente se dispara cuando este ejercicio se colectiviza, se comparte, se enuncia en manada. Se multiplica su poder cuando esas colectividades son en sí mismas espacios para repensarlo todo. Ahí es cuando la enunciación de Eso que soy se transforma en poder colectivo que hace temblar el sistema.

En las colectividades feministas con la que he ido encontrándome en esta última etapa de mi vida, encontramos ese poder de la manada para sanar, de sabernos acompañadas siempre y de poder reapropiarnos de estas corporalidades atravesadas por la violencia. En las colectividades de la diversidad sexual se construyen mecanismos que les permitan alimentar sus luchas en una cotidianidad que condena el ser diferente, el no cumplir con el mandato heterosexual y todo lo que implica a nivel político, económico, afectivo, social, cultural.

La Marcha

Fui a la marcha por una necesidad de encontrarme con otras y otros que conozco desde hace tiempo, pero también con personas que nunca había visto. Lo primero de lo que tomé conciencia fue que no se me activó el miedo con los policías que estaban cerca del punto de concentración de la marcha para dar vía. No estaban ahí para impedir la marcha a como si lo han estado haciendo por dos años con la del 8 de marzo. No había antimotines y me pregunto: ¿Y es que acaso el movimiento de la diversidad sexual no representa una amenaza para el Gobierno del FSLN y para este Estado nicaragüense, a como si lo representa el movimiento feminista o ambientalista? Y sino es una amenaza ¿Por qué no lo es? Y entonces, ¿Qué representa el movimiento de la diversidad sexual de Nicaragua para el Estado y para el Gobierno? Preguntas que no quiero contestar por mi cuenta.

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Me encontré con muchxs, abracé y me abrazaron, sonreí y me sonrieron. Me sentí parte de. La marcha arrancó, y mientras identificaba la voz de Elvis El Divine; me junté con esa manada con la que me ido encontrando y reencontrando, más allá de esas burbujas cotidianas que el sistema nos quiere imponer. Regio fue escuchar: ¿Dónde está el contingente de lesbianas?, ante lo cual nos reímos. Mientras avanzábamos se nos iban dibujando risas y carcajadas, desestresando los cuerpos; sobre todo porque los tres días anteriores habíamos estado enfocadas en darle seguimiento a las detenciones ilegales en la comunidad La Fonseca. Pero también pensaba en las compañeras y compañeros de la zona franca en celdas, con el peso del Capitalismo Neoliberal sobre sus cuerpos, burlándose de su integridad, en complicidad con un gobierno “de izquierda”.

No es fácil reír cuando abundan las razones para no hacerlo. No es sencillo darte el permiso de disfrutar y bailar, cuando el mundo se está cayendo. Pero es importante hacerlo. Y mientras eso se iba formando en mi cabeza, Bertha nos decía “Porque si no bailamos no es nuestra revolución”. Porque si no logramos transmutar la rabia y el dolor, el miedo y la indignación en acción colectiva, en autodefensa feminista y en alegría; esta lucha nos desbarata y no alimenta. Y lo que queremos es respirar mejor en un mundo que nos asfixia. Las colectividades temporales o a largo plazo juegan un papel fundamental, sobre todo cuando tienen en su centro lo personal es político, el autocuido y la autodefensa.

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Avanzamos en el trayecto y nos reíamos a más no poder con las ocurrencias de El Divine: “Pueblo Homosexual úneteee”, “Si Sandino viviera cochón fuera…o Si Sandino viviera con nosotras estuviera” y la que hizo que me partiera de risa “Pueblo Heterosexual convierteteee”. Gozamos, nos permitimos hacerlo, pero no dejaba de pensar en lo tuani que sería nuestro mundo si todas las marchas pudieran disfrutarse así, sin antimotines, sin el miedo a que te arrastren y te secuestren, sin las cámaras de la policía grabándote. Cuando la violencia es el idioma, la alegría cuesta. Pienso entonces en como las prácticas políticas de los movimientos sociales dialogan en un país, sin necesariamente sentarse a dialogar. Pienso en la necesidad de que las luchas se conozcan entre sí, y lo más importante, se reconozcan entre sí, como un flujo continuo, y no como agendas diferenciadas que es como lo han hecho ver el Estado, Mercado y la Cooperación Internacional.

Si se lucha por ser libres en todos los espectros de la diversidad identitaria y sexual, es importante ver el vínculo con la resistencia colectiva ante el machismo que mata, ante el sexismo que pisotea “lo femenino” incluyendo a los cuerpos trans que performean feminidades. Es decir, ese vínculo es una potencia para las luchas, por eso las compañeras de la batucada además de marchar por la diversidad sexual, también coreaban: “No queremos machos, que nos asesinen” y “No que no, sí que sí, ya volvimos a salir”. Porque las violencias sobre los cuerpos de las mujeres es la base para la discriminación y violencias permitidas hacia las colectividades de la diversidad sexual. Se trata de ver el vínculo entre estas consignas de las compañeras y “Ser loca y ser cochón es Revolución”; para luego escuchar de fondo “¡Esas lesbianas nicaragüenses!” en la voz de Cristina.

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La marcha funcionó como un ritual para agarrar impulso, energizar los cuerpos y seguir adelante. Vernos sonreír en las fotos y los videos no es un signo de frivolidad, sino de resistencia, sabemos que estamos con el agua hasta el cuello, que más allá del 28 de Junio a las compañeras trans la policía las violenta y se “las lleva” cuando quiere, que sus corporalidades son intervenidas en las cárceles dónde les cortan el pelo, o que los centros de salud les dan medicamento vencido. Que en las escuelas y familias los compañeros homosexuales y las compas lesbianas siguen siendo agredidas por ser diferentes. Sabemos eso, pero también sabemos que “Somos un cachimbo y seremos más” y que esto es político, que la clave está en no olvidarnos de esto, en no ser masa de consumidores y votantes, sino colectividades autónomas y cuestionadoras de los órdenes impuestos: de género, sexualidad, de tipo económico, político y cultural. Nos metemos con todo o nos dispersamos en el camino.

El baile político

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Esa bailadera que armamos en la rotonda de metrocentro, debería ser todas las semanas. Deberíamos sacar nuestras fiestas de las esferas privadas de las discos gays, de los concursos validados por el sistema y de los espacios de privilegios que algunas tenemos. Hacer público lo personal, es politizar la cotidianidad. Es algo de todos los días. Y con las fotos y el video les comparto un poco de mi mirada desde dentro de la marcha. A seguir resistiendo y haciendo revolución de estos nuestros cuerpos.

Link del video:

Toma de recursos: Simone