Morbo y apatía los dos componentes sociales ante los femicidios.

Por: Amarilis Acevedo.

 

Pedagogía de la crueldad.

Hoy amanecí regular, regular porque me he dado cuenta que desde hace rato vengo ignorando a esa vocecita que me dice que hay aún trabas en mi vida de las que necesito y debo responsabilizarme de una vez, reconozco en mí misma que esta vez no puedo sola.

En el 2016 junto a unas compañeras hicimos un trabajo de análisis jurídico y comunicacional del caso de Xiomara Cruz, uno de los femicidios más crueles del año pasado, en este ejercicio me di cuenta de cómo la mayoría de veces los medios de comunicación se alejan de la noticia central, para crear toda una trama impregnada por el morbo y con cero enfoque de derechos humanos, son pocos los medios de comunicación que se toman las noticias sobre femicidios, violencia, abusos sexuales con la seriedad que les merece y respetando los derechos humanos de las personas involucradas.

El 24 de agosto del presente año, en Chinandega marché junto a otras mujeres jóvenes y adultas, marché vestida de rojo por las 38 mujeres que nos hacen falta, 38 mujeres que ya no estan, 38 mujeres que han sido asesinadas por sus parejas y ex parejas, una de ellas había denunciado ya en 3 ocasiones.

Rita Segato, feminista académica latinoamericana, ha hablado en algunas ocasiones sobre la pedagogía de la crueldad adscrita a la cobertura mediática de los femicidios y presente en la sociedad.

Rita Segato plantea: “Los relatos mediáticos sobre femicidios tienden a describir con detalles morbosos la violencia, lo cual está comprobado que tiene un efecto de contagio en la sociedad, por el cual se empiezan a copiar las modalidades… con el femicidio hay un placer morboso en las descripciones de la violencia”. (Fuente: Revista RESUMEN)

Prestemos atención y critiquemos cada noticia que vemos y leemos, los últimos titulares por ejemplo poco hablan sobre la responsabilidad del agresor, la responsabilidad del Estado y pocos nombran el femicidio, en cambio, hacen un intento por generar morbo y vender la noticia, incumpliendo con su deber informativo y educativo y siendo generada de esta manera para aumentar el rating y las ventas, sí las ventas.

En el caso de Xiomara Cruz muchas de las noticias escritas la responsabilizaba como la provocadora de su propia muerte, climatizando los textos con connotaciones moralistas, a Xiomara no solo la mataron, sino también la culparon, de la misma manera hicieron con Vilma, la mujer que este año fue quemada viva y cuyo crimen intentó ser justificado a través de aseveraciones moralistas sobre su vida sexual.

De repente se nos vuelve tan normal ver titulares en los medios de comunicación, escuchar cifras, ver noticias que en lugar de estimular la crítica y educar, terminan normalizando patrones de comportamiento que se insertan hasta en la propia piel de quienes consumen esta información, la nueva normalidad se inserta en nuestro propio cuerpo, nuestras propias emociones, que luego ya no nos inmuta cada noticia atróz y entonces viene la violencia contra las mujeres con otras formas y medios de ejercerlas mucho más fuertes que antes. La violencia contra las mujeres ha sido atróz siempre, pero han sido los medios de comunicación a través de su ejercicio irresponsable que han contribuido a la normalización de ésta atrocidad.

Las películas que nos daban miedo hace tres años, hoy se van convirtiendo en comedia y se tiene que crear otras formas más crueles para dar miedo y de nuevo volvemos a normalizar ese nuevo miedo, a aprenderlo y aprehenderlo, a integrarlo a nuestra psiquis y nuestras emociones. Pasa con el cine, pasa con las noticias, pasa con los medios de comunicación y pasa con la violencia machista y la forma en cómo los hombres viven esa masculinidad queriendo mostrar poder a través de la violencia y la crueldad.

Al respecto Rita Segato nos dice en una entrevista en la revista Resúmen: “ Otro problema es que se describe al femicida como un monstruo. El problema es que los monstruos son temibles, pero poderosos. Y el poder es uno de los mandatos masculinos según el sistema patriarcal: los hombres deben ser poderosos. El mandato masculino dice que los hombres deben ejercer el poder, y a veces tienen que usar la violencia para hacerlo respetar. Entonces hasta cierto punto el monstruo de las historias de femicidio termina siendo una figura a imitar para ciertos hombres machistas.”

“El poder tiene que expresarse por medio de la espectacularidad de la crueldad sobre el cuerpo y el territorio, modo de expresión del control sobre las personas en una fase de dueñidad, de señorío. Nos están entrenando para ser menos empáticas y empáticos, para que nos vinculemos menos, para que el sufrimiento del cuerpo que tengo al lado no vibre en mí, que se anule la solidaridad que es consecuencia de la empatía, nos están entrenando para tolerar el presente. ” (Fuente: Diagonal)

El año pasado el femicidio de la joven Xiomara Cruz fue uno de los más recordados entre otras razones por su crueldad, en este año han sido 38 femicidios y de los cuales se tiene como referencia de esa crueldad desmedida dos, una mujer que fue quemada viva y otra a quien sepultaron su cuerpo sin su cabeza. ¿Seguirá mutando la crueldad? ¿Seguiremos normalizando? ¿En el 2018 cuántas más serán?.

Los femicidios no son parte de las prioridades sociales.

La lucha de las feministas históricamente no ha sido a través de la violencia, cuando marchamos en Chinandega, bastó pararnos en frente del Ministerio Público y demandar con voz potente justicia, para que nos cerraran las puertas, así nos cierran las puertas a las mujeres en la policía, en el ministerio de la familia y así nos cerraron la Comisaría de la Mujer.

En Managua, Dolly Mora además de gritar, como parte de su protesta, agarró una bandera y con tinta roja escribió “Nos están matando”, vi la foto y la puse de portada en mi perfil de facebook.

Un compañero de clases de la primaria comentó:

“Falta de respeto a la bandera, las ofendidas son las mujeres, la bandera nada tiene que ver, para protestar no hay necesidad de manchar la bandera, basta con llevar la bandera limpia, azul y blanco.”

En otro espacio virtual recibí un comentario similar. La foto sigue deambulando y generando polémica.

Ante esta actitud yo me he quedado atónita, porque si empezamos diciendo que por los femicidios las ofendidas somos las mujeres, desde ahí estamos mal y hay mucho por reflexionar. ¿Por ser hombre no te ofende que maten con saña y crueldad a una mujer por el hecho de ser mujer? Hago la pregunta aquí no a manera de indirecta, a él ya le expresé lo que pienso, hago la pregunta en general, por si  a caso,  vos que estás leyendo te acercás a ese pensar.

Mi respuesta a esta misma pregunta es: Las ofendidas no solamente somos las mujeres, somos toda la sociedad, esa bandera manchada es la mejor representación de un Estado manchado con la sangre de las mujeres y de un Gobierno que guarda silencio ante estos crímenes de odio, esa bandera manchada representa la realidad de cómo estamos. Las mujeres somos seres humanos, ciudadanas nicaragüenses, a nosotras nos faltan el respeto con el silencio y con la impunidad, con cada niña y niño abusado por medios sexuales, eso a mí me indigna mucho más que un símbolo inerte.

¿Cómo es posible que nos indigne más una bandera manchada que los femicidios? Ojalá que así y más nos indignen las 38 mujeres que nos hacen falta, que las mató la violencia machista y el Estado. A nosotras este romanticismo patriótico no nos ha servido para nada y retomo la pregunta de Moisés: ¿Qué es la bandera si el Estado de Nicaragua se ha convertido en un obstáculo para que las mujeres puedan obtener justicia? ¿No se mancha acaso de otras maneras, qué de particular tiene ésta?

Nos están matando.

Con estos niveles de violencia ninguna de nosotras está a salvo, es una realidad dolorosa, en este país las mujeres estamos en una lucha día a día  para sobrevivir. Por las noches de camino a casa vamos pensando ¡Ojalá que no me pase nada! Y ¿Cómo confiar en los hombres que amamos profundamente si a nuestras compañeras, amigas, conocidas han sido esos hombres quienes las agredido también? ¿Cómo confío en vos que te amo tanto, que te conozco íntimamente de años, que con vos duermo y me despierto de vez en cuando .. que mañana no vas a intentar hacerme daño? ¿Cómo confiar? ¿Con quiénes compartir?

Abrirse a la confianza es una decisión propia, la confianza nace de una y si la otra persona abusa, es única y exclusivamente su responsabilidad, pero hoy me replanteo esa decisión y honestamente no sé qué pensar.

Como me dijo Fiorella: La violencia nos pasa por el cuerpo, nos mata los espacios, a nosotras. Es necesario tomar un respiro, llorar, sacar la rabia, fortalecernos en sororidad y luego seguir.

Por: Amarilis Acevedo.