La historia detrás de la sonrisa.

Ella es una mujer fuerte, inteligente y con un corazón enorme, le gusta el deporte, es trabajadora y estudia Trabajo Social, es de ese tipo de amiga que si te embriagas te cuida, que si necesitas ayuda no dudará ni un solo segundo pensando en hacerlo, que ríe a carcajadas, que ama intensamente, que sueña bonito. Cuando le pregunté: Yumita ¿Por qué has decidido este título?, me respondió: Porque siempre estoy sonriendo a pesar de todo. A continuación sus palabras:

Por: Yumita.

Pareciera que fuese ayer lo que les voy a contar, pasó solamente cuando yo tenía entre 6 a 7 años, esto lo puedo recordar desde hace como 3 años atrás, gracias a una amiga feminista, y digo feminista, porque tengo que resaltar que sin el feminismo mi historia sería otra.

Esto comenzó más o menos para finales de noviembre e inicios de diciembre. Una mañana mi vida cambiaría. Recuerdo que mi mama se levantó muy de mañana como lo hacía todos los días para ir  trabajar, con la diferencia que ese día, el motivo de levantarse tan temprano no fue el trabajo, estaba muy feliz porque iba a  sacar un equipo de sonido para nuestra casa, en la que vivíamos con mis hermanos mayores.

Antes de que mi mama se dirigiera rumbo a León a comprar dicho electrodoméstico, ella me dejó acostada en su cama, luego siguió su rumbo trazados por sus planes particulares de ese día. En un momento en el que me encontraba dormida, siento que alguien se acerca, en un principio pensé que era ella que había regresado, ¡Pero no! Ahí comenzó el sufrimiento que me iría a seguir para siempre, quien se acercó fue mi hermano, ¡Bueno, si a eso se le puede llamar hermano!, comenzó a tocarme y a besarme, yo decía en mi mente: “Es mi hermano, los hermanos no hacen eso” y se lo dije en ese mismo instante, pero él me respondió que era normal, que era un secreto entre los dos y que no podía contarle a nadie, yo tan inocente que era, creí en sus palabras.

¡Era mi hermano! ¿Qué daño me podía hacer mi hermano verdad?.

Pasaron los días y él seguía haciendo lo mismo una y otra vez, la primera vez que lo hablé fue en el patio de mi casa debajo de un palito de guayaba, donde me encontraba con una amiga, a la que le conté lo que me había pasado y no sé si fue parte de la misma inocencia de niñas o la nula educación sexual recibida de ambas, la que generó su reacción, ella solo se rió y me respondió: ¿Te gustó?. Yo le dije “Él es mi hermano, no lo sé”, después de eso, nunca más hablé de lo sucedido y sería hasta después de 12 años que una amiga feminista me hiciera recordar algo que tenía guardado para mí y que por dentro me estaba matando, esto que no me dejaba dormir por las noches, que no podía descansar, ese recuerdo que guardaba en silencio que era mi tormento, que no me dejaba vivir y ser libre de una sola vez.

Dicen que uno tiene que perdonar para estar libre, yo no perdono ni a mi mama, papa y a este perro maldito que se hace llamar hombre, hermano, padre e hijo, él es un parásito más de esta sociedad machista en la que vivimos en la que el cuerpo de una mujer se vuelve propiedad de las iglesias, el Estado y de sus parejas.  Yo no perdono y no puedo perdonar, después de mucho tiempo le dije a mi madre lo que me había sucedido y su primera reacción, que era de esperarse fue llorar y sentirse culpable por lo ocurrido, pero ahí murió todo, nunca más se habló del tema, él sigue visitando la casa y yo soportando su presencia y todavía más doloroso es que desde lejos no me deje dormir en paz.

Las violaciones y abusos sexuales han sido siempre secretos de familia, yo creo que éstos secretos deberían dejar de serlo y comenzar a denunciarlos, hablar del tema y llamarlo por su nombre: “VIOLACIONES Y ABUSOS SEXUALES”, enfrentarlo es la mejor opción, dejarlo en evidencia y decirte no callaré más este acto tan repugnante, porque violar a una persona sin importar su sufrimiento, creer que tenés la potestad y el derecho de hacerlo, es un acto repugnante.

Por: Yumita.

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