La loca de la terminal.

Por: Amarilis Acevedo.

Ayer pasé toda la tarde con asco, en la noche tuve un fuerte dolor de cabeza y seguía con asco, hoy he llorado y llorado y tengo ganas de seguir llorando, pasa que la violencia me ha pegado demasiado fuerte y siento que me rebalsa, que me duele demasiado. Ayer viajé a Managua ha sido el viaje más pesado, pasé desde presenciar los asquerosos besos que un tipo como de 28 le daba a una niña de aproximadamente 14 años, al regresar hoy por la mañana me veo obligada a escuchar canciones como: Estos celos, la suerte del vaquero y la Martina, apologías de la cultura de la violación y el femicidio.

Ayer mientras venía por León me doy cuenta que una pareja viene en la última fila, detrás de mí, lo más normal del mundo, como cuando yo viajaba a clases a León con mi novio y nos besuqueábamos de vez en cuando, munutos después me alerta una voz infantil, vuelvo hacia atrás y me doy cuenta que la “pareja” es un tipejo de unos 28 años, con una adolescente de aproximadamente 14 años, vestía de uniforme, su mirada era tan infantil como su voz, mientras ella hablaba sobre sus compañeros de clases, él alardeante le contaba que se había salido de trabajar porque se peleó con un tipo.

Quiero reaccionar, pero siento miedo, sin duda alguna es un hombre violento y un abusador, empiezo a escribirle a mis amigas, si ellas estuvieran aquí me sentiría acuerpada, reaccionariamos y nos defenderíamos la una a la otra si algo resultase en una situación peor, pero me siento sola en un espacio donde se respira violencia por acción y por omisión, quiero pensar que las personas que vienen frente a la “pareja” en esa posición que da vértigo por ir de espaldas al camino por recorrer y de frente al resto de los pasajeros, obligada para quienes llegan tarde y encuentran un microbus viejito, no reaccionaron porque el asco que sentían era demasiado grande. ¡Vamos, sé realista! me digo a mí misma y me siento más sola todavía, sola con mi asco, con mi impotencia, con mi indignación y con mi miedo.

Saco mi teléfono nuevamente y le escribo a una amiga periodista, le pido ayuda, empiezo a ridículamente tomarme muchas selfies acomodándome el pelo de diferentes formas y tratando de sonreír, para disimular y por supuesto para poder capturar al tipo, al fin medio lo logré, se las envío a mi amiga, le digo que puede llegar con cámaras para poner en evidencia al abusador y luego denunciemos, me contesta que ha hablado con el jefe de prensa y todas las cámaras se las han llevado a cubrir una actividad, le digo que llame a la policía y  que esperen el microbus en el Isrel, le empiezan a pedir datos que no tengo a mano, le pido al joven que viene adelante que por favor le pregunte disimuladamente al chofer qué placa es el microbus. El chofer contesta gritando, le doy el dato a mi amiga: “Microbus azul, todo destartalado, placa M1138, entra a la terminal aproximadamente en media hora. Justo en ese momento se me descarga el teléfono. Solo queda esperar.

En Managua llovía fuertemente, el tipo pide parada en Las Piedrecitas, me acerco nuevamente al joven de adelante, le cuento la situación y le pido que por favor no le dé pasada al abusador, él seguramente tenía cosas más importantes que hacer que preocuparse por una adolescente abusada, pidió su parada mucho antes, se bajó y ¡bye! Al final no fué necesario hacer resistencia a la bajada del hombre, debido a que el chofer no se detuvo ni en las piedrecitas, ni en el siete sur, ni en los juzgados, un aire de esperanza me alberga, pienso que existe la mínima posibilidad de que la policía se haya movido a la terminal y hayan avisado al chofer que está prohibido darle bajada a la gente, hasta que lleguen al Israel, por una situación especial.

El microbús se detiene al fin, no hay policías, no hay patrulla, nuevamente me sumergí en la decepción de mi inocencia, nuevamente fui ilusa, si la policía fuera tan eficiente no estuviéramos como estamos, solo en Matagalpa entre el 2010 y el 2012 fueron registrados 587 partos de niñas, según los datos del Observatorio de Derechos Humanos de la Niñéz y de la Adolescencia de la Codeni, con base en el Minsa, sin embargo, la cantidad de casos en esos tres años habría sido casi igualada tan solo durante el primer semestre de 2015, únicamente en El Tuma-La Dalia, donde “el Minsa aportó el dato de que habían ocurrido 519 embarazos en niñas menores de 14 años (CEA mujer). Es importante mencionar que no habían 519 casos de procesos judiciales en contra de quienes embarazaron a estas niñas, (1),  es una situación que se ha visto como parte de la cotidianidad de las familias nicaragüenses, en las que nadie interviene, aunque el código de la niñez y la adolescencia cita en su artículo no. 7:

“Es deber de la familia, la comunidad, la escuela, el Estado y la sociedad en general asegurar, con absoluta prioridad, el cumplimiento de los derechos y garantías de las niñas, niños y adolescentes referentes a la vida, la convivencia familiar y comunitaria, identidad, nacionalidad, salud, alimentación, vivienda, educación, medio ambiente, deporte, recreación, profesionalización, cultura, dignidad, respeto y libertad.”

Me bajé del micro bus e interpelé al hombre: “Vos no vas para ningún lado, porque vas preso, yo te voy a denunciar, sabes perfectamente que lo que estás haciendo se llama violación, esta es una niña, es mucho menor que vos y lo que hacés es ilegal”. Él intentó correrse, grité “Ese hombre es un violador, por favor ayuden” los demás choferes que estaban en descanso en los microbuses estacionados lo agarraron y lo rodearon, les expliqué que este hombre era un violador, que venía besando a esta niña en la boca, en las piernas y la venia tocando, tengo fotos les dije.

La adolescente se puso nerviosa al ver al tipo rodeado por otros hombres, empezó a gritar: “Es mentira, no es cierto, suéltenlo, ella no es nada mío”, mientras él me decía que yo estaba loca. Los hombres al escuchar a la adolescente decidieron dejarlo ir, él salió corriendo con ella de la mano, mientras yo lo seguí gritando “Violador, violador, violador”, tras un giro durante su huída lo perdí de vista, me sentí frustrada, impotente. ¿Por qué nadie hacía nada? ¿Qué les pasa? Ese tipo debe estar preso, después de rondar el lugar un par de veces decidí tomar un taxi.

Escuchar los gritos de la adolescentes me hizo recordar que el año pasado desde el colectivo acompañamos una denuncia de abuso sexual contra Orlando Pineda, docente de la escuelita Rosa María Martínez, que está a una cuadra de mi casa, a Orlando lo conozco desde niña, íbamos a la misma iglesia, el caso no prosperó, habían testigos, la niña lo defendía, pedía a gritos que lo soltaran mientras la gente lo golpeaba afuera de cyber con el pene de fuera. Orlando quien vivía en ese entonces con una adolescente de 16 años que era compañera de clases de mi sobrina y tía de la niña a quien abusaba sexualmente llevándola al cyber a ver pornografía y tocarla mientras él se masturbaba, lo vieron, lo golpearon y la dueña del cyber decidió denunciarlo. Hoy Orlando Pineda, abusador sexual, docente y psicólogo, sigue dando clases.

Los abusadores sexuales enganchan a sus víctimas de muchas maneras, a través de la manipulación emocional, violencia psicológica, amenazas, chantajes o cualquier otra acción de control hacia las niñas, niños y adolescentes.

Cuando llegué al destino final de mi viaje, mis amigas me contaron que fueron a buscarme a la terminal, se preocuparon por mí porque no atendía el teléfono, incluso fueron a la estación de policía pensando que era muy probable que yo reaccionara y haya resultado agredida, ¡Como es la violencia, imaginate vos!.

Enseñaron mi foto a un chofer preguntando por mí y él les dijo:”Sí, ella venía en este microbús, pero esa muchacha tiene problemas” apuntando constantemente a su sien, les contó lo sucedido, a lo que ellas preguntaron: “Y mire ¿Cómo cuántos años tenía la chavala?” como 14 contestó el chofer con toda la tranquilidad del mundo y afirmando mi locura.

Fue bueno ver a mis amigas, abrazarlas y platicar con ellas, me sentí tan acompañada.

Hoy en la mañana justo cuando pensaba en que estoy harta del machismo, de las violaciones, de los abusadores de poder, me entran mensajes de un número que no tengo registrado, una compa me cuenta que en la madrugada la violó alguien a quien ella ha considerado como su hermano, la acompañé vía chat.

¡Púchica! los abusadores están ahí a la par, convivimos con los monstruos a diario, una cosa es saberlo desde el discurso y otra muy distinta tenerlo tan presente.

Ando mal emocionalmente, todo esto me ha pegado en el cuerpo terrible, ¡Tan seguido!, las recientes denuncias de mis amigas por casos de violación, otros cuatro más que leí el fin de semana en Niú, recordé las historias de mujeres de mi familia que sufrieron abusos sexuales o intentos, tías, primas, mi abuela y la lista sigue, las noticias, la transcripción de un testimonio recientemente sobre la violación que sufrió una de mis amigas cuando apenas era una niña, lo de ayer en el microbús, los mensajes de hoy en la mañana y eso no es todo, justo cuando pienso que son las experiencias más cercanas que he tenido, recuerdo que cuando estaba en tercer año de secundaria una de mis amigas me contó lo mal que se sentía por que un médico la había revisado, ella tenía 15 y su “novio” 24, el novio le dijo que no se preocupara que solo le metería la puntita, ella le dijo que no quería y él continuó, la mayor preocupación de mi amiga y la mayor decepción de su abuelita es que ella ya no era virgen, en quinto año de secundaria dos chavalas de mi edad se vivían peleando por “Tavo” el profesor de educación física, Tavo “jalaba” con ellas, las veía en el cyber y en las esquinas más solitarias del barrio, todo mundo sabía que Tavo estaba haciendo eso y no era la primera vez, de hecho era una práctica suya, nadie dijo nada nunca, “Tavo era hombre y las locas eran ellas”, nunca nadie dijo que eso se llamaba abuso sexual. Tavo sigue dando clases de educación física en el colegio Dr. Tomás Ruíz Romero de Chinandega.

Creo que cada persona que ha vivido un abuso sexual reacciona de manera distinta y puede denunciar de la forma en la que  se sienta más cómoda, creo que es responsabilidad de todas y todos denunciar y acompañar sea cual sea la forma en que ha decidido hacerlo la persona afectada, creo en la denuncia social y creo que si las energías dan para hacer denuncia legal hay que hacerlo, para crear antecedentes, para que, en el mejor de los casos se haga justicia, para ponerle rostro, nombre y apellido a los abusadores sexuales, para alertar a las mujeres que están cercanas a ellos, para demandar al Estado su responsabilidad, para que la sociedad los vea y los reconozca como lo que son: “Abusadores sexuales”.

Tal vez me expuse en mi intento de nombrar al abusador del microbús, pero no me arrepiento, volvería a hacerlo, siento que hicimos lo que pudimos, no me hubiera quedado tranquila como una simple espectadora, pensando que algún día esta situación va a cambiar con lo poco que hacemos a través de las redes sociales, con los talleres y demás, al menos a él ya alguien lo nombró de frente como lo que es, un violador y espero que ella pueda estar acompañada por gente que la quiera mucho y que algún día esto le haga clic.

Lloraré todo lo que tenga llorar. Por mientras, soy la loca de la terminar por nombrar a gritos la violencia sexual hacia una adolescente de aproximadamente 14 años y lo seguiré haciendo, abrazándome con mis amigas, con mis compañeras de lucha.

Gracias Jaquelin, Enma, Cristel, Karla y María. Nos abrazo.

Por: Amarilis Acevedo.

3 comentarios en “La loca de la terminal.

    1. Como no sufrir ante tal situacion?
      Como no sufrir al ver tanta injusticia y ser incapaz de hacer algo porque por mas que trates te ven mas bien como loca?
      Como no sufrir ante la importencia?

    2. Como no sufrir con tanto abuso, es muy lindo pensar ahí déjala es su problema. Pero somos las mujeres la que sufrimos el abuso sexual y lamentablemente a muchos les afecta por que a quien abusan es un familiar, su hija, su hermana, su madre o su esposa…… No queremos llegar a ese punto y tenemos que evitarlo hablando y analizando las situaciones.

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