El Grito.

 

Por: Fiore Stella Bran

Estos días hablaba con algunas compañeras de lucha de cómo nos afecta la violencia en nuestro entorno, el espacio público: no es mi cuerpo el que ha sido mancillado esta vez, pero la violencia del entorno me afecta: afecta mi estado físico, mi estado psíquico, mi forma de ejercer mi ciudadanía… Por si fuera poco, de paso recuerdo que según el Instituto de Medicina Legal, en Nicaragua ocurren dos delitos sexuales por hora… pienso en nombres, rostros, en tantas historias que he escuchado, en las mujeres de mi familia, en mi propia historia de cómo pasé de víctima a una orgullosa sobreviviente, y siento rabia.

Y me da más rabia pensar que a estas alturas a la dictadura que nos rige se le ocurra decir que este país sigue siendo el más seguro de Centroamérica, y que de paso, traten de invisibilizar la violencia hacia los cuerpos de las mujeres con pronunciamientos que maquillan datos, en los que se habla de equidad de género y otros tantos derechos de la mujer que son inexistentes en la vida cotidiana de las nicaragüenses.

Dejando aparte esa retórica de la Nicaragua que es un país de las maravillas, que ya ni las Alicias se las creen; reflexiono hoy sobre cómo esas violencias que se ejercen sobre otros cuerpos afectan el mío, cómo me provocan rabia, miedo o la necesidad de pegar un grito.

Estos días comentaba con varias amigas cómo vamos sintiendo los efectos de esas violencias en nuestros propios cuerpos: una de ellas de sus problemas renales al pensar en el femicidio de Vilma, otra en cómo las pesadillas le vuelven cada vez que oye hablar de abuso sexual pero que no ha podido tomarse el tiempo de detenerse a sentir por su horario de trabajo; otra de cómo siente atisbos de recuerdos de los abusos de su padre, que no se atreve a explorar por miedo a derrumbarse, porque tiene que rendir, porque de por sí ya está enferma del colon, y que si sigue buscando explicaciones se pondrá peor… o la amiga que me llamó desde una comunidad lejana en Chontales para contarme cómo a duras penas logró escaparse de un abusador sexual, pero ahora trata de no recordar porque en la iglesia le dijeron que tiene que perdonar, pero ya no puede más con sus dolores de cabeza mientras escribe su tesis. Otra me comentaba de su tristeza sin razón ante tanta noticia de mierda, yo hoy comento sobre mi rabia y mis ganas de gritar:

Ayer, día internacional de la Mujer, una violación múltiple a una adolescente embarazada en una comunidad de El Viejo, Chinandega. En un predio baldío a plena luz del día, uno de los tres acusados de violación era un conductor de caponera. Cabe mencionar que la adolescente de 15 años está embarazada de un hombre de 26 años, que según dicen, es su pareja (¿será su pareja de forma totalmente voluntaria y consciente?, pero eso lo dejo para otro momento)…

Al leer la noticia sentí ese escalofrío al que siguen las ganas de dar un grito de guerra, y el miedo, el terrible miedo: pensar que yo he estado en esa comunidad, que debo viajar ahí y caminar sola por esas calles a veces para ir a trabajar, pensar que yo también he estado en esa parada de caponeras negociando con ellos el precio para llevarme a determinado destino, entregando mi seguridad en sus manos por unos cuantos minutos a cambio de unos cuantos pesos.

Yo también he estado por en las calles de El Viejo sintiéndome un poco más segura de lo que suelo sentirme en mis luchas cotidianas en la vía pública en Managua, y ahora ocurre esto, que me pudo haber pasado a mí pero le pasó a ella; que como le pasó a ella también me afecta, me mata de a poco, me consume por dentro como un fuego, y extrañamente siento fuerzas: se viene un grito, el grito de muchas como las que nos unimos ayer en el plantón- marcha, el grito de lucha por nosotras, por nuestros derechos a ser, a decir, a decidir, a circular libres por la calle.

Es un grito de nuestras entrañas compartidas de hermanas, y por eso el dolor de las otras también me afecta. Y por ese dolor, y por mis aún mayores ganas de vivir y de gozar, aun con tanta mierda, hoy me siento con fuerzas para unirme al ¡Ni una menos, Vivas Nos Queremos!

  • Para denuncias de Violencia por razones de Género en Chinandega, pueden recurrir a APADEIM, una Asociación de Mujeres que ha logrado mucho, por medio de su red de denuncia vía telefónica, para visibilizar distintos tipos de violencia en los municipios de Chinandega.

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Por: Fiore Stella Bran

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