La vida es roja y huele a sangre.

Por: Amarilis Acevedo.

 

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Dibujado y pintado con sangre menstrual. www.artemenstrual.com

Recuerdo las conversaciones de los lunes con mis amigas en la fila de sexto grado antes de entrar a la sección. Nos contábamos las cosas que habíamos hecho el fin de semana, si llevábamos la tarea, hablábamos sobre la sutana, sobre mengano y sobre nosotras. A veces cuando las pláticas se volvían más interesantes se retomaban a la hora de receso y platicábamos sobre nuestras experiencias propias. En mi grupo de amigas estaba la mayor del aula y yo era la menor, en medio de estas conversaciones interesantes unas escuchábamos atentamente, otras hacíamos preguntas, pero por lo general cuando eran cosas que aún no entendíamos porque no las habíamos experimentado, nuestras opiniones se basaban en lo mismo que nos decían nuestras mamás, tías, primas, etc.

Hoy me referiré especialmente a una de esas inquietantes pláticas: Mi amiga Sandra, la más grandota de la sección y del grupo caminaba con los brazos cruzados, le daba mucha pena que le notaran que ya tenía los pechos bastante crecidos en comparación a las otras, un día llegó bien triste y nos contó que le había bajado la regla, nos dijo que era horrible, que le daba asco y que le daban ganas de pasar todo el día bañándose para no sentirse sucia.

En esos mismos tiempos teníamos una pulpería en mi casa y recuerdo que algunas muchachas y señoras del barrio que llegaban a comprar sus toallas sanitarias, si la venta estaba llena, esperaban muy pacientemente que los demás clientes se fueran y cuando por fin se quedaban solas le decían a mi papá: “Que me despache su esposa”, para después por fin pedir su producto como secreto en confesionario y sin faltar la bolsita negra.

Recuerdo que una de mis primas mes a mes se quejaba de sus terribles dolores menstruales y nos contaba sobre su flujo y de su menstruación ella hacía conversación, cosa que para las mujeres adultas de la casa resultaba repugnante y desagradable tener este tipo de conversaciones cuando habían hombres y personas que no eran de la familia presentes. Era una conversación que no debía ser.

Artista: Isa Sans
Artista: Isa Sanz

Cuando a mí por fin me llegó mi día ya cursaba tercer año de secundaria y al verme el calzón manchado y el centro rojo resaltando en medio del papel higiénico blanco con el que me sequé después de una deliciosa orinada sonreí, estaba feliz. Desperté a mi mami para contarle que ya me había bajado la regla y por lo tanto ya era grande, adolescente. Supongo que mi reacción se debía a las múltiples conversaciones con mi papá y mi mamá sobre en ese momento mis futuros cambios, describiendo mi primera menstruación como el paso de la niñez a la adolescencia. La felicidad no me duró mucho a pesar de que nunca sufrí de dolores menstruales, ya me había acostumbrado con el tiempo que mes a mes me bajaba la regla y me di cuenta que los cambios de “una etapa a otra” realmente no eran de gran relevancia, lo que sí me incomodaba eran las múltiples sugerencias para no hablar del tema con mis compañeras y compañeros de clases, ni con los hombres de mi familia. No entendía el motivo del silencio, ni tampoco entendía la petición de que no mantuviera el paquete de toallas sanitarias en el baño, a eso último jamás en la vida hice caso, soy perezosa y me evitaba en esos días la gran fatiga de estar yendo y viniendo al cuarto cada vez que necesitaba cambiarme de toalla, mi paquete siempre estaba ahí,  en “exhibición” en la tapadera del tanque del inodoro.

Con el pasar del tiempo volví a escuchar otra vez de mujeres de diferentes edades, relatando la misma o parecida experiencia que la de la Sandra: “Que se sentían sucias cuando menstruaban” o al menos cuando menstruaron por primera vez.  En todas las situaciones anteriormente mencionadas estaba presente la perversidad del silencio, de la vergüenza y del rechazo a la naturaleza femenina.

Definitivamente estamos siendo construidas bajo un modelo patriarcal que nos impide ver la conexión única del cuerpo de la mujer con toda la naturaleza reproductora y fuente de vida. El ciclo menstrual no es más que un ciclo creativo. (1) Biológicamente está hecho para dar vida, es por esto es que el cuerpo de la mujer, luna a luna va acumulando energía que será sustentada para poder nutrir y cobijar  lo que se está creando, si esta energía creativa es fecundada, ya sea por una hija-idea o un espermatozoide, puede dar paso a grandes cosas para luego diluirse en la llegada de la menstruación que permite el comienzo de un nuevo ciclo. El ciclo vida/muerte/vida, el cuenco se vacía para dar paso a lo nuevo. Más allá de la reproducción, también podemos gestar ideas y proyectos que serán alimentados por nuestra energía menstrual.

Entonces, ¿Por qué encontramos repugnante a algo que forma parte de nuestra naturaleza humana y que en nuestro cuerpo realmente es fuente de vida?

Foto Joey Prince
Foto Joey Prince

Algunas culturas antiguas que han respetado el cuerpo de la mujer y han encontrado en ella su conexión especial y directa con la naturaleza. La vida y la madre tierra, nos cuentan lo beneficiosa que era la sangre menstrual para los cultivos. Esta idea durante mucho tiempo de nuestra historia fue un mito, hoy más que nunca es una verdad, ya que está comprobado por recientes estudios científicos que la sangre menstrual  contiene tres de los macronutrientes primarios de las plantas: nitrógeno, fósforo y potasio, además de células madre. Por lo tanto es un excelente fertilizante natural, una planta que recibe sangre menstrual  crecerá mucho más hermosa y saludable y en el caso de ser frutal, sus frutos serán más jugosos.

Es pues la sangre menstrual un flujo de vida que produce vida y que se conecta con la vida, con la naturaleza y la tierra. Tomando en cuenta esto, considero que no hay nada de sucio, asqueroso o repugnante en nuestra sangre menstrual, todo lo contrario, es de esta manera como las mujeres nos conectamos directamente con la naturaleza y poseemos en nuestra fuente de vida poderes temidos por una sociedad patriarcal que no nos respeta y que perversamente convierte estos poderes naturales y humanos en mitos y tabúes maléficos para inferiorizarnos y repudiarnos, y peor aún, para hacer que nosotras mismas nos repudiemos.

Entre mito y verdad hay inmundicia y divinidad, un juego peligroso que nos expropia de nuestro propio cuerpo (valga la redundancia, pero es necesaria),  rodeándola de tabúes para que éste tenga sus significados no en su naturaleza creadora y fuente de vida, sino en lo sucio, lo vergonzoso, lo inmundo que claramente está ligado a la visión patriarcal de la “inferioridad” del cuerpo femenino.

Los mitos del cuerpo de la mujer casi siempre advierten peligros, sospecho que para aislarla y en cierta manera hasta culpabilizarnos de ciertas desgracias a causa de esa “inferioridad” o para hacer notorias sus “desdichas sin huida” si no pues recordemos a nuestras abuelas cuando nos decían: “si andás con la regla no mirés el atol porque se corta”, “al niño le dio pujo, porque lo quedó viendo la fulana y andaba con la regla” y un montón de cosas más. Apuesto que vos te sabés alguno.

En la biblia en Levítio 15: 19 – 30, encontramos 11 versículos bíblicos donde se habla específicamente de la menstruación como un período de inmundicia e impureza de la mujer, tanto para ella misma, para su cuerpo, como para todo objeto que toque, incluso cualquier persona que toque el objeto que ella ha tocado, lugar donde se siente, visite, las ropas que vista y hasta personas que tengan cualquier tipo de contacto directo con ella. De tal grado es esta inmundicia que se demanda que la mujer sea apartada durante siete días. (Te estoy hablando del antiguo testamento, o sea que esta perversidad no es de ahorita). Si bien es cierto en las diferentes religiones cristianas ya no se aísla a la mujer de esa manera, sigue existiendo en los imaginarios de la menstruación la inmundicia y vergüenza como propio de la “inferioridad” otorgada a la mujer.

Seguramente entre tanta infamia histórica, hay un poco de explicación del por qué el líquido que vemos en los comerciales de toallas sanitarias en televisión es azul y no rojo, sospecho que para la sociedad patriarcal en la que vivimos sería un poco “repugnante y hasta obsceno” verlo en rojo… yo no sé vos, pero sinceramente creo que ni Pitufina menstrúa en azúl.  :p

luna-rojaDiosa, mito, desdicha y mujer… Todo menos ella misma, es vista como diosa porque es capaz de reproducir más seres humanos, pero bajo esta misma deidad se crea su propia esclavitud, renuncia a su naturaleza para establecerse en ella su desdicha, debiendo obedecer a los órdenes sociales establecidos para la mujer construida al servicio de los otros, que reconoce en los otros su sentido de vida y no en sí misma. Tan diosas y tan divinas para mantenernos lejos del mundo terrestre (política, derechos, arte, decisiones, etc.) tan poco humanas para que nuestro cuerpo quede fuera de toda conciencia y raciocinio propio sobre sí mismas y sobre el mundo y es en esa negación de la humanidad donde se pierde gran parte de la libertad. Ya lo decía Simone de Beauvoir: “Las épocas que consideran a la mujer como lo otro son las épocas que más agriamente se niegan a integrarla en la sociedad a título de ser humano, hoy en día solo perdiendo su aura mística se convierte en otra semejante” Se ha aprovechado mucho de ese equívoco, se acepta de buen grado la exaltación de la mujer tanto que Otro, de manera que se constituya su disimilitud como absoluta, irreducible, y se le rehúse el acceso al meister humano” Luego agrega: “Todos los ídolos inventados por el hombre, por terroríficos que los haya forjado, están de hecho bajo su dependencia, y por ello le será posible destruirlos”.

¿Poder o maldición? … Lo cierto es que mientras la mujer se afirme como ser humano  y su cuerpo entero como parte de esa humanidad, muere sobre ella la divinidad y la inmundicia que de manera análoga acompañan su ser.

La forma o la concepción con la que recibamos nuestro ciclo menstrual influye muchísimo en la forma de afectación y visión sobre nuestra propia naturaleza. Tu sangre, mi sangre, nuestra sangre menstrual no es ni impura, ni sucia, ni corta nada, todo lo contrario, es energía creadora y pertenece a un proyecto de vida.

Los tabúes sociales solo sirven para dar más poder a la sociedad sobre nosotras mismas, que el poder y la armonía amorosa que pudiéramos tener con nosotras, con nuestro cuerpo,  no podemos vivir en contra de nosotras mismas y de nuestra naturaleza. A todas nos compete la grandiosa tarea de desmitificar nuestro cuerpo a medida que nos vayamos conociendo y reconciliándonos con él.

Con la reconciliación con su cuerpo hembra, la mujer podrá encontrar en ella su verdadera naturaleza humana y la fuerza creadora que a ella le pertenece. La sangre menstrual encarna la esencia del cuerpo hembra y la labor de los mitos que sobre ella existen es precisamente desencarnar y apresar a la hembra e insertar nefastamente a la mujer creada por y para la sociedad, dos seres distintos en un mismo cuerpo: naturaleza y sociedad. Considero que hasta la actualidad ninguna mujer ha podido mantener fuera de sí a la hembra, ni siquiera rindiéndose completamente ante la construcción social del ser mujer, puesto que el cuerpo nos recuerda constantemente de diversas maneras que es hembra y de la hembra no puede una desligarse, ella no tiene opción, ella es y punto y entre más se pretende ignorarla, más llama a su verdad.

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ClarissaPinkola nos recuerda: “No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer de manera que se adapte a una forma más aceptable según la definición de la cultura que la ignora, y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento … A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás … La mujer moderna es un torbellino de actividad, se ve obligada a serlo todo para todos. Ya es hora de que se restablezca la antigua sabiduría”.

Por: Amarilis Acevedo.

 

 

(1).  Fase de la menstruación y sus energías asociadas.

 

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