Recuerdos rotos.

escalera

Por: Amarilis Acevedo.

Cerré todas las puertas de mi casa vieja, adentro a oscuras, con la luz imprudente que atravesaba los viejos vidrios rotos de las ventanas rechinantes. 

Me vi ahí, viendo alrededor, echando la mirada al techo alto y deteniéndome en medio de mi casa (de la vieja casa) frente a la escalera que tantas veces recorrí, subiendo y bajando una y otra vez, unas riendo, otras llorando.

Yo estaba ahí, viendo todo tomar color, tomando vida, como una linea del tiempo que de blanco y negro pasa a vintage y luego a colores brillantes, a perfumes.

Cerré los ojos, abrí los brazos, suspiré y percibí todas las sensaciones de mi cuerpo que como una vieja cinta pasaban por mi y se proyectaban en mi. 
De repente dejé de sentir, de oler, de ver, respiré profundo y sintiéndome ya lista abrí despacio, despacito los ojos otra vez, frente a mi estaban cada uno de mis espíritus, como esperándome, como acompañándome, ellos son así, me despedí uno a uno y agradecí, vi como se difuminaban en el polvo, en las paredes, en los muebles, en la escalera, fue un adiós de amor.

Estaba ahí, sola y sonriendo, miré una vez más la vieja casa, ya no me preocupaban sus telarañas, agradecí y me fui, esta vez sin llaves en mano, como nunca hice cada vez que intenté partir.

Por: Amarilis Acevedo.