Trabajo, Paz y Canal Interocéanico.

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Foto Jorge Mejía Peralta

Por Amarilis Acevedo

Nicaragua ya lleva alrededor de dos años luchando contra la ley 840 a través de marchas nacionales y locales pacíficas que piden la derogación de esta ley que fue creada de forma ilegal y que violaba en ese momento la constitución política de nuestro país permitiendo la concesión de tierras nicaragüenses a la empresa interesada por un período de 116 años y aprobándose por la Asamblea Nacional en tan solo tres horas de debate y sin una debida consulta ciudadana, violando leyes, secuestrando la voz del pueblo y atentando así contra la soberanía del país, la seguridad alimentaria y la salud de las familias nicaragüenses debido a su alto impacto ambiental y pasando sobre los derechos humanos de las ciudadanas y ciudadanos de nuestro país.

Tiempo después se reformó la constitución política, validando en uno de sus artículos la concesión del canal interoceánico, supongo para que ya se dejara de usar el argumento de la ilegalidad de esta ley o para hacer legal la concesión canalera, aún así podemos decir una y mil veces que se hizo de manera ilegal y por muchas otras razones sigue siendo ilegal, eso no se puede tapar con un dedo, a parte de que no se han hecho estudios sobre viabilidad e impacto ambiental, casi todo lo concerniente al canal se ha hecho de manera secreta, es poca la información que ha sido dada al pueblo.

Trabajo y Paz. 

El 27 de Octubre se realizó otra marcha nacional contra el canal y resulta que casualmente la Juventud Sandinista, red juvenil del partido de gobierno convocó a una marcha nacional llamada: Trabajo y Paz.
La libre movilización pública ha sido un derecho inviolable para este movimiento, sin embargo ha habido represión para las personas que asisten a las marchas donde expresan su sentir en contra del canal interoceánico, hubo retenes policiales y antimotines en las carreteras del país pretendiendo impedir el paso de los campesinos y campesinas y ni hablar del grupo de motorizados que con palos, bates y armas intimidaron y agredieron a los marchistas. En esta ocasión la cantidad de agresores encapuchados fue menor, en su mayoría no tuvieron problema con mostrar sus rostros.

Todas y todos los ciudadanos tenemos derecho a pensar de manera libre y diferente y eso no debe ser motivo para que nuestros derechos se conviertan en un privilegio únicamente para quienes están a favor de todas las decisiones que toma el gobierno, los derechos no son privilegios, SON DERECHOS.

Trabajo y paz es un término que maquilla las verdaderas intensiones de la contramarcha, de la misma manera que con muchos otros términos propios de las campañas de gobierno se maquilla la realidad de Nicaragua ante los ojos del mundo.

Yo quiero trabajo y paz, pero no de la campaña de gobierno, yo quiero trabajo y paz de verdad, porque reprimir no lleva a la paz, intimidar no lleva a la paz, obligar no lleva a la paz, quiero paz de verdad, de la que cada quien tiene derecho a respirar y deber de dar.

Quiero trabajo, pero no del canal, porque no quiero que un puesto se me sea dado a través de la injusticia y pasando por encima de los campesinos y campesinas de mi país, que son ciudadanas y ciudadanos con derechos, con derechos violados y la voz secuestrada, son ellos quienes empujan a mi país.

No quiero que un chino se haga rico sacrificando vidas de mi gente, de mis hermanos y hermanas nicaragüenses, porque cuando a una la obligan a dejar su tierra, su trabajo, su gente, el lugar donde ha vivido y ha escrito su historia, le están sacrificando parte de la vida 0 la vida misma.

Quiero que mi país se desarrolle económicamente, sí, pero un desarrollo que nos beneficie a todos y a todas, un desarrollo justo que nazca desde el pueblo y se quede en el pueblo, que cada persona tenga su propio desarrollo a como quiera que sea su desarrollo y que no hagamos millonario al millonario mientras le damos nuestra vida, nuestra tierra, nuestro aire, nuestro trabajo, nuestros recursos, nuestro país y aún así de su pan solo nos caigan las migajas, Quiero trabajo y quiero paz, no quiero el canal.

Por Amarilis Acevedo