Morbo y apatía los dos componentes sociales ante los femicidios.

Por: Amarilis Acevedo.

 

Pedagogía de la crueldad.

Hoy amanecí regular, regular porque me he dado cuenta que desde hace rato vengo ignorando a esa vocecita que me dice que hay aún trabas en mi vida de las que necesito y debo responsabilizarme de una vez, reconozco en mí misma que esta vez no puedo sola.

En el 2016 junto a unas compañeras hicimos un trabajo de análisis jurídico y comunicacional del caso de Xiomara Cruz, uno de los femicidios más crueles del año pasado, en este ejercicio me di cuenta de cómo la mayoría de veces los medios de comunicación se alejan de la noticia central, para crear toda una trama impregnada por el morbo y con cero enfoque de derechos humanos, son pocos los medios de comunicación que se toman las noticias sobre femicidios, violencia, abusos sexuales con la seriedad que les merece y respetando los derechos humanos de las personas involucradas.

El 24 de agosto del presente año, en Chinandega marché junto a otras mujeres jóvenes y adultas, marché vestida de rojo por las 38 mujeres que nos hacen falta, 38 mujeres que ya no estan, 38 mujeres que han sido asesinadas por sus parejas y ex parejas, una de ellas había denunciado ya en 3 ocasiones.

Rita Segato, feminista académica latinoamericana, ha hablado en algunas ocasiones sobre la pedagogía de la crueldad adscrita a la cobertura mediática de los femicidios y presente en la sociedad.

Rita Segato plantea: “Los relatos mediáticos sobre femicidios tienden a describir con detalles morbosos la violencia, lo cual está comprobado que tiene un efecto de contagio en la sociedad, por el cual se empiezan a copiar las modalidades… con el femicidio hay un placer morboso en las descripciones de la violencia”. (Fuente: Revista RESUMEN)

Prestemos atención y critiquemos cada noticia que vemos y leemos, los últimos titulares por ejemplo poco hablan sobre la responsabilidad del agresor, la responsabilidad del Estado y pocos nombran el femicidio, en cambio, hacen un intento por generar morbo y vender la noticia, incumpliendo con su deber informativo y educativo y siendo generada de esta manera para aumentar el rating y las ventas, sí las ventas.

En el caso de Xiomara Cruz muchas de las noticias escritas la responsabilizaba como la provocadora de su propia muerte, climatizando los textos con connotaciones moralistas, a Xiomara no solo la mataron, sino también la culparon, de la misma manera hicieron con Vilma, la mujer que este año fue quemada viva y cuyo crimen intentó ser justificado a través de aseveraciones moralistas sobre su vida sexual.

De repente se nos vuelve tan normal ver titulares en los medios de comunicación, escuchar cifras, ver noticias que en lugar de estimular la crítica y educar, terminan normalizando patrones de comportamiento que se insertan hasta en la propia piel de quienes consumen esta información, la nueva normalidad se inserta en nuestro propio cuerpo, nuestras propias emociones, que luego ya no nos inmuta cada noticia atróz y entonces viene la violencia contra las mujeres con otras formas y medios de ejercerlas mucho más fuertes que antes. La violencia contra las mujeres ha sido atróz siempre, pero han sido los medios de comunicación a través de su ejercicio irresponsable que han contribuido a la normalización de ésta atrocidad.

Las películas que nos daban miedo hace tres años, hoy se van convirtiendo en comedia y se tiene que crear otras formas más crueles para dar miedo y de nuevo volvemos a normalizar ese nuevo miedo, a aprenderlo y aprehenderlo, a integrarlo a nuestra psiquis y nuestras emociones. Pasa con el cine, pasa con las noticias, pasa con los medios de comunicación y pasa con la violencia machista y la forma en cómo los hombres viven esa masculinidad queriendo mostrar poder a través de la violencia y la crueldad.

Al respecto Rita Segato nos dice en una entrevista en la revista Resúmen: “ Otro problema es que se describe al femicida como un monstruo. El problema es que los monstruos son temibles, pero poderosos. Y el poder es uno de los mandatos masculinos según el sistema patriarcal: los hombres deben ser poderosos. El mandato masculino dice que los hombres deben ejercer el poder, y a veces tienen que usar la violencia para hacerlo respetar. Entonces hasta cierto punto el monstruo de las historias de femicidio termina siendo una figura a imitar para ciertos hombres machistas.”

“El poder tiene que expresarse por medio de la espectacularidad de la crueldad sobre el cuerpo y el territorio, modo de expresión del control sobre las personas en una fase de dueñidad, de señorío. Nos están entrenando para ser menos empáticas y empáticos, para que nos vinculemos menos, para que el sufrimiento del cuerpo que tengo al lado no vibre en mí, que se anule la solidaridad que es consecuencia de la empatía, nos están entrenando para tolerar el presente. ” (Fuente: Diagonal)

El año pasado el femicidio de la joven Xiomara Cruz fue uno de los más recordados entre otras razones por su crueldad, en este año han sido 38 femicidios y de los cuales se tiene como referencia de esa crueldad desmedida dos, una mujer que fue quemada viva y otra a quien sepultaron su cuerpo sin su cabeza. ¿Seguirá mutando la crueldad? ¿Seguiremos normalizando? ¿En el 2018 cuántas más serán?.

Los femicidios no son parte de las prioridades sociales.

La lucha de las feministas históricamente no ha sido a través de la violencia, cuando marchamos en Chinandega, bastó pararnos en frente del Ministerio Público y demandar con voz potente justicia, para que nos cerraran las puertas, así nos cierran las puertas a las mujeres en la policía, en el ministerio de la familia y así nos cerraron la Comisaría de la Mujer.

En Managua, Dolly Mora además de gritar, como parte de su protesta, agarró una bandera y con tinta roja escribió “Nos están matando”, vi la foto y la puse de portada en mi perfil de facebook.

Un compañero de clases de la primaria comentó:

“Falta de respeto a la bandera, las ofendidas son las mujeres, la bandera nada tiene que ver, para protestar no hay necesidad de manchar la bandera, basta con llevar la bandera limpia, azul y blanco.”

En otro espacio virtual recibí un comentario similar. La foto sigue deambulando y generando polémica.

Ante esta actitud yo me he quedado atónita, porque si empezamos diciendo que por los femicidios las ofendidas somos las mujeres, desde ahí estamos mal y hay mucho por reflexionar. ¿Por ser hombre no te ofende que maten con saña y crueldad a una mujer por el hecho de ser mujer? Hago la pregunta aquí no a manera de indirecta, a él ya le expresé lo que pienso, hago la pregunta en general, por si  a caso,  vos que estás leyendo te acercás a ese pensar.

Mi respuesta a esta misma pregunta es: Las ofendidas no solamente somos las mujeres, somos toda la sociedad, esa bandera manchada es la mejor representación de un Estado manchado con la sangre de las mujeres y de un Gobierno que guarda silencio ante estos crímenes de odio, esa bandera manchada representa la realidad de cómo estamos. Las mujeres somos seres humanos, ciudadanas nicaragüenses, a nosotras nos faltan el respeto con el silencio y con la impunidad, con cada niña y niño abusado por medios sexuales, eso a mí me indigna mucho más que un símbolo inerte.

¿Cómo es posible que nos indigne más una bandera manchada que los femicidios? Ojalá que así y más nos indignen las 38 mujeres que nos hacen falta, que las mató la violencia machista y el Estado. A nosotras este romanticismo patriótico no nos ha servido para nada y retomo la pregunta de Moisés: ¿Qué es la bandera si el Estado de Nicaragua se ha convertido en un obstáculo para que las mujeres puedan obtener justicia? ¿No se mancha acaso de otras maneras, qué de particular tiene ésta?

Nos están matando.

Con estos niveles de violencia ninguna de nosotras está a salvo, es una realidad dolorosa, en este país las mujeres estamos en una lucha día a día  para sobrevivir. Por las noches de camino a casa vamos pensando ¡Ojalá que no me pase nada! Y ¿Cómo confiar en los hombres que amamos profundamente si a nuestras compañeras, amigas, conocidas han sido esos hombres quienes las agredido también? ¿Cómo confío en vos que te amo tanto, que te conozco íntimamente de años, que con vos duermo y me despierto de vez en cuando .. que mañana no vas a intentar hacerme daño? ¿Cómo confiar? ¿Con quiénes compartir?

Abrirse a la confianza es una decisión propia, la confianza nace de una y si la otra persona abusa, es única y exclusivamente su responsabilidad, pero hoy me replanteo esa decisión y honestamente no sé qué pensar.

Como me dijo Fiorella: La violencia nos pasa por el cuerpo, nos mata los espacios, a nosotras. Es necesario tomar un respiro, llorar, sacar la rabia, fortalecernos en sororidad y luego seguir.

Por: Amarilis Acevedo.

La historia detrás de la sonrisa.

Ella es una mujer fuerte, inteligente y con un corazón enorme, le gusta el deporte, es trabajadora y estudia Trabajo Social, es de ese tipo de amiga que si te embriagas te cuida, que si necesitas ayuda no dudará ni un solo segundo pensando en hacerlo, que ríe a carcajadas, que ama intensamente, que sueña bonito. Cuando le pregunté: Yumita ¿Por qué has decidido este título?, me respondió: Porque siempre estoy sonriendo a pesar de todo. A continuación sus palabras:

Por: Yumita.

Pareciera que fuese ayer lo que les voy a contar, pasó solamente cuando yo tenía entre 6 a 7 años, esto lo puedo recordar desde hace como 3 años atrás, gracias a una amiga feminista, y digo feminista, porque tengo que resaltar que sin el feminismo mi historia sería otra.

Esto comenzó más o menos para finales de noviembre e inicios de diciembre. Una mañana mi vida cambiaría. Recuerdo que mi mama se levantó muy de mañana como lo hacía todos los días para ir  trabajar, con la diferencia que ese día, el motivo de levantarse tan temprano no fue el trabajo, estaba muy feliz porque iba a  sacar un equipo de sonido para nuestra casa, en la que vivíamos con mis hermanos mayores.

Antes de que mi mama se dirigiera rumbo a León a comprar dicho electrodoméstico, ella me dejó acostada en su cama, luego siguió su rumbo trazados por sus planes particulares de ese día. En un momento en el que me encontraba dormida, siento que alguien se acerca, en un principio pensé que era ella que había regresado, ¡Pero no! Ahí comenzó el sufrimiento que me iría a seguir para siempre, quien se acercó fue mi hermano, ¡Bueno, si a eso se le puede llamar hermano!, comenzó a tocarme y a besarme, yo decía en mi mente: “Es mi hermano, los hermanos no hacen eso” y se lo dije en ese mismo instante, pero él me respondió que era normal, que era un secreto entre los dos y que no podía contarle a nadie, yo tan inocente que era, creí en sus palabras.

¡Era mi hermano! ¿Qué daño me podía hacer mi hermano verdad?.

Pasaron los días y él seguía haciendo lo mismo una y otra vez, la primera vez que lo hablé fue en el patio de mi casa debajo de un palito de guayaba, donde me encontraba con una amiga, a la que le conté lo que me había pasado y no sé si fue parte de la misma inocencia de niñas o la nula educación sexual recibida de ambas, la que generó su reacción, ella solo se rió y me respondió: ¿Te gustó?. Yo le dije “Él es mi hermano, no lo sé”, después de eso, nunca más hablé de lo sucedido y sería hasta después de 12 años que una amiga feminista me hiciera recordar algo que tenía guardado para mí y que por dentro me estaba matando, esto que no me dejaba dormir por las noches, que no podía descansar, ese recuerdo que guardaba en silencio que era mi tormento, que no me dejaba vivir y ser libre de una sola vez.

Dicen que uno tiene que perdonar para estar libre, yo no perdono ni a mi mama, papa y a este perro maldito que se hace llamar hombre, hermano, padre e hijo, él es un parásito más de esta sociedad machista en la que vivimos en la que el cuerpo de una mujer se vuelve propiedad de las iglesias, el Estado y de sus parejas.  Yo no perdono y no puedo perdonar, después de mucho tiempo le dije a mi madre lo que me había sucedido y su primera reacción, que era de esperarse fue llorar y sentirse culpable por lo ocurrido, pero ahí murió todo, nunca más se habló del tema, él sigue visitando la casa y yo soportando su presencia y todavía más doloroso es que desde lejos no me deje dormir en paz.

Las violaciones y abusos sexuales han sido siempre secretos de familia, yo creo que éstos secretos deberían dejar de serlo y comenzar a denunciarlos, hablar del tema y llamarlo por su nombre: “VIOLACIONES Y ABUSOS SEXUALES”, enfrentarlo es la mejor opción, dejarlo en evidencia y decirte no callaré más este acto tan repugnante, porque violar a una persona sin importar su sufrimiento, creer que tenés la potestad y el derecho de hacerlo, es un acto repugnante.

Por: Yumita.

La loca de la terminal.

Por: Amarilis Acevedo.

Ayer pasé toda la tarde con asco, en la noche tuve un fuerte dolor de cabeza y seguía con asco, hoy he llorado y llorado y tengo ganas de seguir llorando, pasa que la violencia me ha pegado demasiado fuerte y siento que me rebalsa, que me duele demasiado. Ayer viajé a Managua ha sido el viaje más pesado, pasé desde presenciar los asquerosos besos que un tipo como de 28 le daba a una niña de aproximadamente 14 años, al regresar hoy por la mañana me veo obligada a escuchar canciones como: Estos celos, la suerte del vaquero y la Martina, apologías de la cultura de la violación y el femicidio.

Ayer mientras venía por León me doy cuenta que una pareja viene en la última fila, detrás de mí, lo más normal del mundo, como cuando yo viajaba a clases a León con mi novio y nos besuqueábamos de vez en cuando, munutos después me alerta una voz infantil, vuelvo hacia atrás y me doy cuenta que la “pareja” es un tipejo de unos 28 años, con una adolescente de aproximadamente 14 años, vestía de uniforme, su mirada era tan infantil como su voz, mientras ella hablaba sobre sus compañeros de clases, él alardeante le contaba que se había salido de trabajar porque se peleó con un tipo.

Quiero reaccionar, pero siento miedo, sin duda alguna es un hombre violento y un abusador, empiezo a escribirle a mis amigas, si ellas estuvieran aquí me sentiría acuerpada, reaccionariamos y nos defenderíamos la una a la otra si algo resultase en una situación peor, pero me siento sola en un espacio donde se respira violencia por acción y por omisión, quiero pensar que las personas que vienen frente a la “pareja” en esa posición que da vértigo por ir de espaldas al camino por recorrer y de frente al resto de los pasajeros, obligada para quienes llegan tarde y encuentran un microbus viejito, no reaccionaron porque el asco que sentían era demasiado grande. ¡Vamos, sé realista! me digo a mí misma y me siento más sola todavía, sola con mi asco, con mi impotencia, con mi indignación y con mi miedo.

Saco mi teléfono nuevamente y le escribo a una amiga periodista, le pido ayuda, empiezo a ridículamente tomarme muchas selfies acomodándome el pelo de diferentes formas y tratando de sonreír, para disimular y por supuesto para poder capturar al tipo, al fin medio lo logré, se las envío a mi amiga, le digo que puede llegar con cámaras para poner en evidencia al abusador y luego denunciemos, me contesta que ha hablado con el jefe de prensa y todas las cámaras se las han llevado a cubrir una actividad, le digo que llame a la policía y  que esperen el microbus en el Isrel, le empiezan a pedir datos que no tengo a mano, le pido al joven que viene adelante que por favor le pregunte disimuladamente al chofer qué placa es el microbus. El chofer contesta gritando, le doy el dato a mi amiga: “Microbus azul, todo destartalado, placa M1138, entra a la terminal aproximadamente en media hora. Justo en ese momento se me descarga el teléfono. Solo queda esperar.

En Managua llovía fuertemente, el tipo pide parada en Las Piedrecitas, me acerco nuevamente al joven de adelante, le cuento la situación y le pido que por favor no le dé pasada al abusador, él seguramente tenía cosas más importantes que hacer que preocuparse por una adolescente abusada, pidió su parada mucho antes, se bajó y ¡bye! Al final no fué necesario hacer resistencia a la bajada del hombre, debido a que el chofer no se detuvo ni en las piedrecitas, ni en el siete sur, ni en los juzgados, un aire de esperanza me alberga, pienso que existe la mínima posibilidad de que la policía se haya movido a la terminal y hayan avisado al chofer que está prohibido darle bajada a la gente, hasta que lleguen al Israel, por una situación especial.

El microbús se detiene al fin, no hay policías, no hay patrulla, nuevamente me sumergí en la decepción de mi inocencia, nuevamente fui ilusa, si la policía fuera tan eficiente no estuviéramos como estamos, solo en Matagalpa entre el 2010 y el 2012 fueron registrados 587 partos de niñas, según los datos del Observatorio de Derechos Humanos de la Niñéz y de la Adolescencia de la Codeni, con base en el Minsa, sin embargo, la cantidad de casos en esos tres años habría sido casi igualada tan solo durante el primer semestre de 2015, únicamente en El Tuma-La Dalia, donde “el Minsa aportó el dato de que habían ocurrido 519 embarazos en niñas menores de 14 años (CEA mujer). Es importante mencionar que no habían 519 casos de procesos judiciales en contra de quienes embarazaron a estas niñas, (1),  es una situación que se ha visto como parte de la cotidianidad de las familias nicaragüenses, en las que nadie interviene, aunque el código de la niñez y la adolescencia cita en su artículo no. 7:

“Es deber de la familia, la comunidad, la escuela, el Estado y la sociedad en general asegurar, con absoluta prioridad, el cumplimiento de los derechos y garantías de las niñas, niños y adolescentes referentes a la vida, la convivencia familiar y comunitaria, identidad, nacionalidad, salud, alimentación, vivienda, educación, medio ambiente, deporte, recreación, profesionalización, cultura, dignidad, respeto y libertad.”

Me bajé del micro bus e interpelé al hombre: “Vos no vas para ningún lado, porque vas preso, yo te voy a denunciar, sabes perfectamente que lo que estás haciendo se llama violación, esta es una niña, es mucho menor que vos y lo que hacés es ilegal”. Él intentó correrse, grité “Ese hombre es un violador, por favor ayuden” los demás choferes que estaban en descanso en los microbuses estacionados lo agarraron y lo rodearon, les expliqué que este hombre era un violador, que venía besando a esta niña en la boca, en las piernas y la venia tocando, tengo fotos les dije.

La adolescente se puso nerviosa al ver al tipo rodeado por otros hombres, empezó a gritar: “Es mentira, no es cierto, suéltenlo, ella no es nada mío”, mientras él me decía que yo estaba loca. Los hombres al escuchar a la adolescente decidieron dejarlo ir, él salió corriendo con ella de la mano, mientras yo lo seguí gritando “Violador, violador, violador”, tras un giro durante su huída lo perdí de vista, me sentí frustrada, impotente. ¿Por qué nadie hacía nada? ¿Qué les pasa? Ese tipo debe estar preso, después de rondar el lugar un par de veces decidí tomar un taxi.

Escuchar los gritos de la adolescentes me hizo recordar que el año pasado desde el colectivo acompañamos una denuncia de abuso sexual contra Orlando Pineda, docente de la escuelita Rosa María Martínez, que está a una cuadra de mi casa, a Orlando lo conozco desde niña, íbamos a la misma iglesia, el caso no prosperó, habían testigos, la niña lo defendía, pedía a gritos que lo soltaran mientras la gente lo golpeaba afuera de cyber con el pene de fuera. Orlando quien vivía en ese entonces con una adolescente de 16 años que era compañera de clases de mi sobrina y tía de la niña a quien abusaba sexualmente llevándola al cyber a ver pornografía y tocarla mientras él se masturbaba, lo vieron, lo golpearon y la dueña del cyber decidió denunciarlo. Hoy Orlando Pineda, abusador sexual, docente y psicólogo, sigue dando clases.

Los abusadores sexuales enganchan a sus víctimas de muchas maneras, a través de la manipulación emocional, violencia psicológica, amenazas, chantajes o cualquier otra acción de control hacia las niñas, niños y adolescentes.

Cuando llegué al destino final de mi viaje, mis amigas me contaron que fueron a buscarme a la terminal, se preocuparon por mí porque no atendía el teléfono, incluso fueron a la estación de policía pensando que era muy probable que yo reaccionara y haya resultado agredida, ¡Como es la violencia, imaginate vos!.

Enseñaron mi foto a un chofer preguntando por mí y él les dijo:”Sí, ella venía en este microbús, pero esa muchacha tiene problemas” apuntando constantemente a su sien, les contó lo sucedido, a lo que ellas preguntaron: “Y mire ¿Cómo cuántos años tenía la chavala?” como 14 contestó el chofer con toda la tranquilidad del mundo y afirmando mi locura.

Fue bueno ver a mis amigas, abrazarlas y platicar con ellas, me sentí tan acompañada.

Hoy en la mañana justo cuando pensaba en que estoy harta del machismo, de las violaciones, de los abusadores de poder, me entran mensajes de un número que no tengo registrado, una compa me cuenta que en la madrugada la violó alguien a quien ella ha considerado como su hermano, la acompañé vía chat.

¡Púchica! los abusadores están ahí a la par, convivimos con los monstruos a diario, una cosa es saberlo desde el discurso y otra muy distinta tenerlo tan presente.

Ando mal emocionalmente, todo esto me ha pegado en el cuerpo terrible, ¡Tan seguido!, las recientes denuncias de mis amigas por casos de violación, otros cuatro más que leí el fin de semana en Niú, recordé las historias de mujeres de mi familia que sufrieron abusos sexuales o intentos, tías, primas, mi abuela y la lista sigue, las noticias, la transcripción de un testimonio recientemente sobre la violación que sufrió una de mis amigas cuando apenas era una niña, lo de ayer en el microbús, los mensajes de hoy en la mañana y eso no es todo, justo cuando pienso que son las experiencias más cercanas que he tenido, recuerdo que cuando estaba en tercer año de secundaria una de mis amigas me contó lo mal que se sentía por que un médico la había revisado, ella tenía 15 y su “novio” 24, el novio le dijo que no se preocupara que solo le metería la puntita, ella le dijo que no quería y él continuó, la mayor preocupación de mi amiga y la mayor decepción de su abuelita es que ella ya no era virgen, en quinto año de secundaria dos chavalas de mi edad se vivían peleando por “Tavo” el profesor de educación física, Tavo “jalaba” con ellas, las veía en el cyber y en las esquinas más solitarias del barrio, todo mundo sabía que Tavo estaba haciendo eso y no era la primera vez, de hecho era una práctica suya, nadie dijo nada nunca, “Tavo era hombre y las locas eran ellas”, nunca nadie dijo que eso se llamaba abuso sexual. Tavo sigue dando clases de educación física en el colegio Dr. Tomás Ruíz Romero de Chinandega.

Creo que cada persona que ha vivido un abuso sexual reacciona de manera distinta y puede denunciar de la forma en la que  se sienta más cómoda, creo que es responsabilidad de todas y todos denunciar y acompañar sea cual sea la forma en que ha decidido hacerlo la persona afectada, creo en la denuncia social y creo que si las energías dan para hacer denuncia legal hay que hacerlo, para crear antecedentes, para que, en el mejor de los casos se haga justicia, para ponerle rostro, nombre y apellido a los abusadores sexuales, para alertar a las mujeres que están cercanas a ellos, para demandar al Estado su responsabilidad, para que la sociedad los vea y los reconozca como lo que son: “Abusadores sexuales”.

Tal vez me expuse en mi intento de nombrar al abusador del microbús, pero no me arrepiento, volvería a hacerlo, siento que hicimos lo que pudimos, no me hubiera quedado tranquila como una simple espectadora, pensando que algún día esta situación va a cambiar con lo poco que hacemos a través de las redes sociales, con los talleres y demás, al menos a él ya alguien lo nombró de frente como lo que es, un violador y espero que ella pueda estar acompañada por gente que la quiera mucho y que algún día esto le haga clic.

Lloraré todo lo que tenga llorar. Por mientras, soy la loca de la terminar por nombrar a gritos la violencia sexual hacia una adolescente de aproximadamente 14 años y lo seguiré haciendo, abrazándome con mis amigas, con mis compañeras de lucha.

Gracias Jaquelin, Enma, Cristel, Karla y María. Nos abrazo.

Por: Amarilis Acevedo.

¿Quién maltrató a quién?

Por: Enma Gutiérrez.

Fotografía tomada de 100% noticias.

Ayer lo más viral del día fue un video de una madre ADOLESCENTE golpeando a su bebé, cosa que indignó mucho a las redes sociales, pero pienso en todas las madres adolescentes y la presión que tienen que soportar y todos los sentimientos que se deben acumular de miedo, angustia, impotencia, dolor, baja autoestima, etc. al ser conscientes de que tienen que cargar con la responsabilidad de un hijo o hija solas durante el resto de sus vidas, porque la paternidad responsable en esta sociedad hipócrita es escasa.

No hay ayuda ni del ESTADO ni de solidaridad humana de nuestra sociedad. Analizando el contexto de vida de esta adolescente de 17 años, ella trabaja de empleada doméstica donde le dan posada con su bebé, ¿cuánto podrá ser su ingreso mensual? sabiendo que en Nicaragua a las empleadas domésticas les pagan una nada y muchas veces ni inscritas en el #INSSOTENIBLE están. Y uso el término Empleada Doméstica no “Asistente del hogar” a propósito, porque se cambió el nombre pero no las condiciones de vida de las mujeres que asumen trabajos domésticos mal pagados.

El maltrato físico no debe ser permitido bajo ninguna circunstancia, pero antes del maltrato físico de la madre a su bebé está el maltrato que como sociedad hemos cometido con esta adolescente de 17 años que es madre bajo circunstancias de carencias emocionales y materiales, antes como sociedad nosotros/as le hemos maltratado a ella y a miles de niñas que se han convertido en madres por el sistema cultural perverso que hemos construido, donde las mujeres desde muy jóvenes tienen que asumir hijos e hijas por toda una vida a costa de sus propias vidas, mientras los padres irresponsables ¡BIEN GRACIAS! huyendo de la responsabilidad.

Es un círculo que hay que terminar cuanto antes. Si a una mujer adulta con la mayor parte de formación que esta sociedad permite se le hace un mundo de desgaste ser madre y necesita ayuda, cuanto y más una niña de 17 años.

Una niña no puede ser madre. #NiñasNoMadres

Por: Enma Gutiérrez.

Si es ella, soy yo.

Por: Amarilis Acevedo.

Salgo de la oficina de administración con mi brazo doblado hacia mi pecho y dos carpetas en el medio, la de manila dentro de la plástica con toda la documentación debidamente ordenada de la actividad que recién acaba de pasar, me devuelvo y miro el reloj, son ya casi  las cuatro de la tarde, a estas alturas el último bus expreso que sale de Matagalpa a Chinandega ya lleva su camino bien avanzado –pienso-.

Termino el pasillo y los compas están platicando en el patio fresco, o bueno, fresco para nosotros con el cuerpo no tan acostumbrado al clima del pacífico. Doblo hacia el auditorio y las maletas estaban listas. ¡Qué alivio!

La Xime se despide moribunda por su calentura, la Vale está acostada en el piso. ¿Y bueno, qué hacemos? Irnos implicaría transbordar y muy posiblemente que nos agarre la noche, sin la certeza entera de llegar a nuestro destino, con nuestras mochilas de ropa y la maleta de materiales a tuto que no pesa más que nuestro cansancio, quizá en mi caso por la poca experiencia o la desvelada de anoche mientras platicábamos en el cuarto..

La posibilidad de quedarnos y dormir suena más tentadora. El chele nos dice que en 10 minutos su hermano pasa por él, e irán a visitar Telares, luego se irá para Managua. Nos invita,  nos quedamos viendo las tres y la decisión ya está tomada.

Pasados los diez minutos, mientras termino el último trago de café en el patio todos reunidos, suena el pito en la calle, ese es el aviso que debemos coger nuestras maletas y movernos al microbús que nos espera afuera.

Llegamos. Estamos en el kilómetro 135 de la carretera Matagalpa – Jinotega, en la comunidad Molino Norte. lo primero que hago es sacar la cámara del microbús y empezar a tomar fotos de todo, ya quisiera encontrarme en paisajes así más seguido, es un lugar de desconexión y conexión, pues no hay internet, ni cable, pero hay más que eso, ¡Un respiro de vida!.

Tras pasar un pasillito al aire libre entre veraneras y otras flores entramos a un lugar grande y bonito, con ventanas de madera y vidrio, es un telar del grupo de mujeres de la Fundación María Cavalleri, que elaboran diversos artículos de manera artesanal, así se ayudan económicamente y mantienen vivo el legado ancestral de tejer, en cada pieza hay colores, historia e identidad.

El recorrido ha terminado entre risas, juego, compras y un poco de drama, llegamos al hotel, abrimos la puerta y todo el peso de las mochilas se deja caer, mientras nosotras tres, dejamos caer el de nuestros cuerpos tumbándonos en la cama. Empezamos a reflexionar de cosas muy interesantes como: ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? ¿Dónde habrá puesto la marrana? Y… ¿A qué hora nos levantaremos para llegar mañana a Chinandega?

Llega un mensaje de texto a mi teléfono, es el chele, dice que mañana el primer bus a Chinandega sale a las 5:00 am, el segundo a las 2:00 pm, ¡Que pereza levantarse temprano! y tampoco podemos esperar tanto, transbordaremos, pero antes de mediodía, el plan ya está hecho y el de la noche también, tan solo dormiremos.

Tocan la puerta y tras wasapear un rato, llega uno de nuestros compas de Matagalpa, el chavalo quiere salir, nosotras queremos dormir, pero después de retomar la propuesta, con cero resistencia nos levantamos; un par de cervecitas y una bailadita nos haría bien, nadie se cambió de ropa, nadie se maquilló, nadie se peinó, nadie se echó desodorante, solo jalamos la puerta y nos jalamos nosotras.

Llegamos y veo cómo es el movimiento del bar esa noche: me gusta por su estructura interna de madera y porque ir ahí es recordar la última comida de pizza italiana y la rica bailada que nos dimos aquella noche en honor de la despedida de la Ora, quien voló hace poco al otro lado del charco. Hay más movimiento esta noche, la pista está más llena.

Nos llama la atención una chavala de unos 16 años, cuyos movimientos de baile son evidentemente forzados y su cara deja ver la incomodidad de sus tacones grandes y difíciles de dominar, es eso o es el tipo con el que baila lo que la incomoda,  un maje como de unos 36 años, a quien nunca le vimos la cara por completo, porque la gorra que andaba puesta le cubría la mitad, la chica andaba con su amiga de tal vez 18 años, quien se veía más cómoda y con otro tipo grande, empezamos a ver y cuestionar los cuatro lo que estaba pasando, nos creamos hipótesis y en ese momento creamos también un plan para investigar, ¿Eran realmente menores de edad?, ¿La que se veía más pequeña necesitaba ayuda?, ¿Quiénes eran los tipos?.

Las chavalas bajaron a bailar y la Vale y yo también bajamos, poniendo en ejecución el plan recientemente creado por los cuatro. Mientras nos movíamos tratábamos de acercarnos a ellas hasta que … ¡Ups! En un giro que me hizo la Vale tropezamos, nos disculpamos, hicimos rueda y empezamos a platicar, intercambiamos de pareja y poco a poco me fui llevando a la chica mayor al otro lado de la pista, mientras la Vale se quedaba bailando con la que se vía menor, tratando de investigar algo.

Mi atención entera está en la chica que baila conmigo  y en hacerle preguntas sin que se note el interés de saber lo que pasa (lo que me es un poco difícil, porque suelo ser directa y evidente en casi todo), pero en este momento no la podía encabar, tras giros de baile, intento ver qué pasa con la Vale y la otra chica, siguen bailando, ¡Bien!, pero ella voltea a cada rato a ver a su amiga que baila conmigo, ¿Y los tipos? Se han volteado y nos miran, ¡Jesús, que nervios!.  De repente, alguien llega e interrumpe nuestra cumbia, es la chica menor, diciéndole a la amiga que se vayan a sentar. Las dejo, me despido amablemente con sonrisas, abrazos y diciéndoles que estamos en la mesa de al lado por si necesitan algo.

La Vale y yo empezamos a bailar juntas para no levantar tanta sospecha y después de un rato nos fuimos a sentar junto con la Vel y el compa. La situación es esta: ambas dijeron que tenían 20 años y eran de San Ramón, los tipos andaban en su carro y las irían a dejar a sus casas, eran beisbolistas que llegaron de Managua a San Ramón a jugar…  Algo no suena bien, los equipos generalmente viajan en un microbús, y… ¿De Managua a San Ramón por un partido de beis? No sé.

La Vale nos contó que le preguntó a la menor si sentía cómoda, si estaba bien, la invitó a nuestra mesa y tras la negativa le dió la dirección del hotel donde nosotras nos estábamos quedando, le dijo que ante cualquier cosa llegara y nosotras podríamos ayudarle.

¿Paranoia? ¿Alteración de la realidad? ¿Verdad?.  Puess… en un país con tantos abusos sexuales, violencia y femicidios, cualquier cosa puede pasar. Además, todo se nos hacía demasiado extraño. Vi a esa chavala y pensé en mi sobrina que recién acaba de cumplir los quince años, en mi adolescencia, en mis primeras fiestas, que no se parecían en nada a esta situación, en la indefensión e inseguridad de la mayoría de chavalas adolescentes, quedarnos de brazos cruzados no era una opción para nosotros cuatro que coincidimos en sospechas.

Las vimos irse con los tipos, sin nada más, hicimos lo que pudimos.

Horas después la Vale se levanta y empieza a bailar cerca de su silla, un tipo la queda viendo de lejos, me percato y lo quedo viendo también, llega y la invita a bailar, ella dice que ¡No!, pasan los minutos, vuelve a llegar, ella le vuelva a decir que ¡No!, esta vez el tipo no se va, insiste, se queda de pié a la par de mi silla, me levanto y le digo: ¡Andate por favor, que ella no quiera bailar con vos, andate ya!, insiste, reaccionamos los cuatro. La Vale le hace señas al mesero, quien llama a seguridad, mientras el muchacho de seguridad llega, él se va de nuestra mesa y de lejos junto con su amigo me amenazan con el dedo, la Vale y yo nos dirigimos hacia el jóven de seguridad para contarle lo que ha pasado incluyendo la amenaza mientras éste hablaba con ellos en un intento de calmar las cosas, se ha tenido que meter hasta el dueño del lugar para que por fin pudieran irse.

Dos episodios violentos en una sola noche, que suceden cotidianamente a la luz y silencio de todos, no es la primera vez que le ha tocado a una de mis amigas o a mí misma, estar en una situación donde nuestra seguridad se siente vulnerada, tras la insistencia de un tipo que no entiende el ¡No! Rotundo y bien decidido de una mujer. El tipo violento que cree que su rol es elegir con quién bailar y esperar que la orden sea aceptada a toda a costa, incluso con amenazas, “sutiles” o directas.

A ellas, a nosotras nos suelen culpar de la violencia que recibimos, por mil motivos sin sentido, mientras también se culpa a quienes se suelen nombrar como “las chavalitas locas” que salen con tipos mayores, eximiendo de toda responsabilidad a los hombres violentos y abusadores involucrados en este tipo de situaciones, a la sociedad, la comunidad, las familias, los dueños de las discos y bares, el personal de seguridad, el bar tender, el mesero, las y los clientes, y sí el Estado mismo, todos y todas que también violentan no haciendo, ni diciendo nada.

Meterse en este tipo de situaciones que sólo son un ejemplo de la gama de situaciones violentas que ocurren en los bares, discos y otros sitios, como la calle o aceptar que un tipo, se lleve a un hotel, un motel, al baño, a su casa, al carro, etc, a una chava borracha o a la que le han metido pastillas en su bebida y no nombrarlo como violación, verlo y no hacer nada, absolutamente nada, es ser parte de quienes violentan.

Reaccionar, denunciar, hablar, gestionar o hacer algo no es “meterse en la vida privada” de nadie, es rechazar un sistema que viola y mata a las mujeres y que se sostiene gracias a la aceptación derivada del silencio de todos y todas. Mientras haya silencio, hay complicidad y mientras haya silencio y complicidad se seguirá sosteniendo ese sistema machista que se asienta en nuestra inseguridad, que nos viola y nos mata.

Si es ella, soy yo, si a una le pasa, nos pasa a todas.

Por: Amarilis Acevedo.

Catarsis.

Este 08 de marzo me ha dolido en puta.

Hace cierto tiempo dejé de ver noticias, a mi parecer los medios de comunicación tradicionales con cobertura a nivel nacional no están haciendo mucho para contribuir al desarrollo y bienestar del país, tal parece que más bien han conspirado para ser parte de los factores que sostienen todo un sistema de injusticias duras.

Por una lado tenemos a los “canales oficialistas” a quienes yo he decidido no nombrarles así, porque otorgarles ese adjetivo sería poner en sus manos un poder que al menos sobre mí no tienen, ellos pretenden hacernos creer que vivimos en el país de las maravillas, por otro lado están aquellos como canal 10 que consideran que lo más relevante de las noticias es sacar la lista de muertos de la noche anterior, en su mayoría por accidentes de tránsito, enfocando crudamente la sangre de las víctimas y partes del cuerpo abierta por las heridas ocasionadas, sin ser capaces de brindar información científica con el fin de sensibilizar sobre educación vial, accidentes de tránsito, etc.

Y por otro lado tenemos un canal televisivo que dedica la mayor parte de su programación a hablar sobre las mil maravillas de la empresa privada y lo “buena gente” que son con la responsabilidad social empresarial, ese tipo de contenido me parece tan asqueroso como el anterior, tomando en cuenta que según el Banco Mundial (¡vaya referencia!), hasta el 2016 Nicaragua estaba entre los tres países más pobres del mundo (lo sigue estando), país en el cual la riqueza está distribuida en una mínima parte de la población, mientras la otra sufre las consecuencias de ésto, nadie habla sobre los estragos de las grandes empresas privadas en temas de medio ambiente, derechos humanos, derechos laborales, etc.

Fotografía de Eddy Melendez Lacayo. Tomada de fb. “Marcha feminista, 08/03 Managua”

Por ejemplo: ¿Por qué esta gente tiene tanta tierra para sus siembras de caña, de palma africana, maní y ajonjolí, mientras un grupo de mujeres campesinas han estado luchando por años para la compra de tierras con equidad de género para la agricultura a través de la ley 717? Ley que no ha sido aplicada por falta de fondos. ¡SOSPECHOSO! Éstas mujeres aún no han recibido respuestas, pese al apoyo, a los esfuerzos realizados, a los estudios hechos, a sus demandas, pese a ser nicaragüenses, pese a ser muchas.

Inicio hablando sobre ésto, porque al referirnos sobre la situación de las mujeres en el país, no todo se reduce a violencia física y abusos sexuales, son muchas las luchas invisibilizadas que están o deberían estar conectadas con otras y son muchos los agentes responsables de que existan este tipo de situaciones.

Mientras la noche del 08 de marzo un grupo de mujeres y hombres jóvenes nos reuníamos en el parque central de Chinandega para honrar la lucha de nuestras ancestras, de Berta Cáceres, recordar a Vilma, la mujer que recientemente quemaron en una hoguera y las otras 9 mujeres muertas víctimas de la violencia machista, tras leer sus nombres y gritar en conjunto “Ni una menos”, justo en esos momentos, tres tipos estaban violando a una adolescente en el municipio de El Viejo, chavala que ya estaba viviendo en una situación de abuso sexual. Al día siguiente me doy cuenta de las 37 niñas quemadas en Guatemala, víctimas de un Estado que las repudia y una sociedad que les dió la espalda.

Me da rabia, me indigna ver este tipo de situaciones injustas en el país, en la tierra que nos parió y nos ha dado de comer a cómo ha podido, mientras ella misma está siendo saqueada y violada, así como nos violan a nosotras.

Me indigna que funcionarias y funcionarios de la alcaldía de Chinandega se hayan prestado para la función de circo sin sentido de andar por las calles de Chinandega con mariachis y abrazando a cuanta mujer se encontraban sin pedirle permiso para tomarse la foto, me indigna que en un día de conmemoración de luchas, el comercio lo banalice sacando sus especiales descuentos en ropa femenina, maquillajes y calzado, nos siguen objetificando, nos siguen tratando de engañar con miserias, siguen poniéndonos mamparas para que no nos demos cuenta.

Me indigna que se “celebre” a la mujer con rosas, bailes folklóricos y competencia de reguetón en una tarima municipal, me indigna que los medios de comunicación sigan sacando los mismos titulares machistas y misóginos, con notas que culpabilizan a las víctimas y dejan en impunidad a los agresores de la violencia machista y al Estado por sus una y mil negligencias ante los abusos sexuales, femicidios, acoso, desigualdad de salario, pobreza, tenencia de tierras y aquí paro con un etc, porque la lista es larga.

 Me indigna porque me parece una burla cruel. Al final ¿Qué es ser mujer en este país?

El Grito.

 

Por: Fiore Stella Bran

Estos días hablaba con algunas compañeras de lucha de cómo nos afecta la violencia en nuestro entorno, el espacio público: no es mi cuerpo el que ha sido mancillado esta vez, pero la violencia del entorno me afecta: afecta mi estado físico, mi estado psíquico, mi forma de ejercer mi ciudadanía… Por si fuera poco, de paso recuerdo que según el Instituto de Medicina Legal, en Nicaragua ocurren dos delitos sexuales por hora… pienso en nombres, rostros, en tantas historias que he escuchado, en las mujeres de mi familia, en mi propia historia de cómo pasé de víctima a una orgullosa sobreviviente, y siento rabia.

Y me da más rabia pensar que a estas alturas a la dictadura que nos rige se le ocurra decir que este país sigue siendo el más seguro de Centroamérica, y que de paso, traten de invisibilizar la violencia hacia los cuerpos de las mujeres con pronunciamientos que maquillan datos, en los que se habla de equidad de género y otros tantos derechos de la mujer que son inexistentes en la vida cotidiana de las nicaragüenses.

Dejando aparte esa retórica de la Nicaragua que es un país de las maravillas, que ya ni las Alicias se las creen; reflexiono hoy sobre cómo esas violencias que se ejercen sobre otros cuerpos afectan el mío, cómo me provocan rabia, miedo o la necesidad de pegar un grito.

Estos días comentaba con varias amigas cómo vamos sintiendo los efectos de esas violencias en nuestros propios cuerpos: una de ellas de sus problemas renales al pensar en el femicidio de Vilma, otra en cómo las pesadillas le vuelven cada vez que oye hablar de abuso sexual pero que no ha podido tomarse el tiempo de detenerse a sentir por su horario de trabajo; otra de cómo siente atisbos de recuerdos de los abusos de su padre, que no se atreve a explorar por miedo a derrumbarse, porque tiene que rendir, porque de por sí ya está enferma del colon, y que si sigue buscando explicaciones se pondrá peor… o la amiga que me llamó desde una comunidad lejana en Chontales para contarme cómo a duras penas logró escaparse de un abusador sexual, pero ahora trata de no recordar porque en la iglesia le dijeron que tiene que perdonar, pero ya no puede más con sus dolores de cabeza mientras escribe su tesis. Otra me comentaba de su tristeza sin razón ante tanta noticia de mierda, yo hoy comento sobre mi rabia y mis ganas de gritar:

Ayer, día internacional de la Mujer, una violación múltiple a una adolescente embarazada en una comunidad de El Viejo, Chinandega. En un predio baldío a plena luz del día, uno de los tres acusados de violación era un conductor de caponera. Cabe mencionar que la adolescente de 15 años está embarazada de un hombre de 26 años, que según dicen, es su pareja (¿será su pareja de forma totalmente voluntaria y consciente?, pero eso lo dejo para otro momento)…

Al leer la noticia sentí ese escalofrío al que siguen las ganas de dar un grito de guerra, y el miedo, el terrible miedo: pensar que yo he estado en esa comunidad, que debo viajar ahí y caminar sola por esas calles a veces para ir a trabajar, pensar que yo también he estado en esa parada de caponeras negociando con ellos el precio para llevarme a determinado destino, entregando mi seguridad en sus manos por unos cuantos minutos a cambio de unos cuantos pesos.

Yo también he estado por en las calles de El Viejo sintiéndome un poco más segura de lo que suelo sentirme en mis luchas cotidianas en la vía pública en Managua, y ahora ocurre esto, que me pudo haber pasado a mí pero le pasó a ella; que como le pasó a ella también me afecta, me mata de a poco, me consume por dentro como un fuego, y extrañamente siento fuerzas: se viene un grito, el grito de muchas como las que nos unimos ayer en el plantón- marcha, el grito de lucha por nosotras, por nuestros derechos a ser, a decir, a decidir, a circular libres por la calle.

Es un grito de nuestras entrañas compartidas de hermanas, y por eso el dolor de las otras también me afecta. Y por ese dolor, y por mis aún mayores ganas de vivir y de gozar, aun con tanta mierda, hoy me siento con fuerzas para unirme al ¡Ni una menos, Vivas Nos Queremos!

  • Para denuncias de Violencia por razones de Género en Chinandega, pueden recurrir a APADEIM, una Asociación de Mujeres que ha logrado mucho, por medio de su red de denuncia vía telefónica, para visibilizar distintos tipos de violencia en los municipios de Chinandega.

Contacto

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Por: Fiore Stella Bran

Notas al amanecer en un país de mierda.

Por: Fiore Stella Bran

Anoche dormí tranquila finalmente, tras haber tratado de digerir la rabia y otra vez sentir la alegría en mi vientre de saberme completa y yo misma. El dolor de anoche de recordar pedazos de tristezas, alegrías, rabias, para la mañana se había transformado en el canto de los pájaros y la luz del sol que pretendía entrar por las hendijas de mi ventana.

Para relajarme pronto, algo de yoga, una oración a la naturaleza y a la vida, y yo estaba lista para iniciar la rutina extenuante de 2 horas en bus, 8 de trabajo, 2 de clases; para un total de 12 de martirio, de rutina que cansa y extenúa y que se ve interrumpida por esas pequeñas rupturas que de los mesías cotidianos que intervienen en ella: la puesta de sol, las risas con los amigos, cerrar los ojos y estirarme tras horas de trabajo en la computadora.

Pero hoy sería diferente, hoy tenía otra energía, estaba más conectada con esa niña interior. Y salí segura, a la calle, con el pantalón de tela floja que vuela al viento, con el pelo suelto, segura… aunque me acosaran por la calle, segura y erguida. Observé con firmeza y seriedad a los hombres que me vieron como un objeto de pies a cabeza, noté cómo mi rostro de niña alegre se transformaba de pronto en el de la mujer seria que tiene que comportarse como una militar para sobrevivir a la calle y las agresiones en ella.

Luego, el bus… El busero y su música de reggaetón a todo volumen, no quiso hacer parada en un lugar indicado  y un hombre comenzó a golpear la puerta casi hasta quebrarla, el busero siguió sin parar como para demostrar quién tenía el poder ahí, el hombre continuó con su respuesta también violenta, y una mujer gritó “¡Cabrón!”.

Entonces mi cuerpo relajado otra vez se sintió tenso, recordé que había entrado en la dinámica de la ciudad de mierda, donde la gente se comunica por medio de la violencia, que es el lenguaje del miedo, del miedo al encuentro, a lo diferente; de la violencia que se deriva del temor a ser vulnerable, a que me encuentren, porque no quiero que me hieran, me dañen, me abandonen….

Y la mujer siguió, una vez que el busero había parado 3 estaciones después de las requeridas por el hombre que golpeaba: “¡Puta, aquí en Managua nadie habla, ni verga… Los pueden pasar aplastando y no dicen nada!”.

Momentos antes yo había vivido ese drama, también cotidiano, de tener que ponerme una doble coraza: la mochila delante para que no me roben mientras viajo, los codos fuertes, atrás, listos para empujar a cualquier hombre que quisiera restregar su pene contra mi cuerpo, y había pasado: otra vez había tenido que “adelgazarme, sumirme” para que uno de ellos pasara sin tocar mi trasero con su pene y había tenido que usar mis codos y mis pies como corazas, marcando mi perímetro, afirmando mi lugar como una de ellos.

….

Y la mujer, que era gorda y tostada, vestida como una mercadera, pintada como una gitana, que iba con una chavala a lo máximo de mi edad, embarazada, avergonzada de oír a la madre gritar… La chavala se sentó porque un hombre obrero le cedió el asiento.

La mujer contó entonces la anécdota de cómo se comunican en su tierra:

“¡Esta gente hijueputa que no dice nada! Si vieran cómo es en Río Blanco” – le decía al hombre que le cedió el asiento a la hija- “ahí una vez yo iba en un interlocal, y el hijueputa busero iba montando gente en cada parada, pero una mujer que iba con un chavalito le dijo que si la dejaba en una vuelta, y él no se quería parar por pura mierda, entonces un campesino le puso una pistola en la cabeza y le dijo: aquí la bajás, sino te vuelo los sesos… Y el hijueputa se tuvo que parar, pa que vea… Que aquí la gente es bien dunda”.

“Les digo yo a unos de aquí, váyanse a Río Blanco, que allá si van a ver… Allá nosotros tenemos una finca, unas tierras, y pasan de pronto 60 hombres armados que le andan robando a los campesinos, vaya a ver si la policía llega allá. Que se vayan los ladrones y marihuaneros de aquí, que ahí si van a aprender, se la lanzan de la gran cosa y ni verga saben”…

El hombre solo asintió.

Y yo me sentí nuevamente tensa, el breve encuentro de anoche conmigo y de hoy con el amanecer de la vida, su efecto tranquilizador se había pasado. Volví a entrar en la dinámica de la ciudad de mierda donde cada quien se salva a como pueda, donde el lenguaje de la violencia reina, donde se evita el contacto visual para evitar el encuentro. Y cada cual llevará su coraza puesta, la que ha podido crearse, hasta que llegue a su parada destino, y luego, la recompondrá para llevarla el resto del día o de la vida…

Por: Fiore Stella Bran

Hembras y manada.

amigas

La voz fuerte y las manos sueltas,
como quien se levanta después de un placentero descanso en un renacer diario,
extendiendo los brazos, haciendo honor a la valentía de estar viva
y reconociendo las fuerzas que la acompañan,
que vienen del mar, de sus olas y sus profundidades jamás conocidas
y jamás habitadas por nadie,
solo por esos seres espirituales que con amor acompañan a la mujer en su nado ensimismado
donde se reconoce como propia
y en su vuelo heroico,
donde junto a su manada se reconoce como la dueña del mundo,
de SU MUNDO.

REFLEXIONES PARA NICARAGUA

Por: Diálogo Generacional.

¿Con qué sueñan los y las jóvenes en Nicaragua?

Octubre del 2016.

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Corría el año 1838, cuando cientos de hombres y mujeres nicaragüenses habían creado un contexto habilitante para independizarnos de la colonia española. A 178 años de ese hecho vemos que la Independencia y la Democracia ha sido un proceso no solo difícil sino muy doloroso, que han costado muchas vidas.  Y aún sigue vigente el desafío de construir una sociedad nicaragüense donde cada uno de sus habitantes se le respete su existencia.

En el año 2013 un grupo de jóvenes activistas, de distintos colectivos, de varios municipios de Nicaragua, junto a la psicóloga Martha Cabrera nos reunimos en el norte de Nicaragua, para reflexionar sobre los discursos e imaginarios de poder político que tenemos. Las  reflexiones realizadas  proporcionaron pistas valiosas y campanadas de alerta para seguir analizando  los discursos y prácticas de  quienes  estamos liderando procesos educativos y por tanto políticos en Nicaragua.

La reciente historia de Revolución Popular Sandinista y la guerra de los años 80, han marcado y siguen marcando el convivir  de muchas familias nicaragüenses. Es una historia sobre la que se habla poco-aunque pareciera lo contrario, porque hacerlo significa revivir el dolor de los vivos por la pérdida de los amigos y amigas muertos, de quienes difieren actualmente del FSLN, del dolor de los Miskitu, de los abusos cometidos en nombre de la Revolución y de la Libertad, de los secuestros, de la escasez, de la agresión  del gobierno de Estados Unidos, pero principalmente de los sueños rotos o como dicen de la utopía en ruinas.

En Diálogo generacional hemos descubierto cómo la visión que las y los jóvenes tenemos sobre el país, en gran medida está bañada de ese “silencio, ” de esa historia no contada, no procesada y eso hace  que esta generación viva solo con  una parte de la mirada de nuestro  vivir histórico. Es decir, vivimos la vida desde el presente únicamente, sin que  encontremos un sentido histórico a  muchas de las cosas, actos, eventos.  Por esa razón pensamos que es urgente y  necesario  tomar  en serio y responsablemente la Memoria y las memorias como una tarea y una herencia para quienes ahora somos y serán jóvenes.

Otro aspecto que hemos identificado es que: Los grupos juveniles estamos intentando solventar los vacíos que deja el estado, las motivaciones para movilizarnos esta determinada por lo urgente que sucede en el país, por el constante dinamismo del contexto, nos movilizamos hoy por una causa verdaderamente justa pero que cambia a otra el día de mañana. Esta forma de realizar nuestro activismo es un reflejo  del paradigma de asumir el Poder Político como fuerza, es decir de asumir que lo tiene la clase dominante en contra de la ciudadanía, esto no ha contribuido a constituir agendas para “enfrentar” al sistema, esto no proporciona energía y alegría para construir lo nuevo desde nuestras propias agendas.

Nosotros, nosotras queremos expresar a la población nicaragüense nuestra mirada sobre ¿Cómo vemos el presente / futuro del país? PRIMERA REFLEXIÓN: Jóvenes organizados cuentan con más capacidades que les  posibilitan  imaginarse sus  vidas  y un habitar  como ciudadanos democráticos con conciencia social,  ética y  con responsabilidad en la colaboración y creación consciente   de un convivir generador de bien-estar y equidad social.”

Las y los jóvenes que participamos en Diálogo Generacional reconocemos que los espacios articulados a donde pertenecemos, nos han permitido canalizar energías por las agendas sociales y esto ha sido muy gratificante,  Y vemos que, a diferencia  de miles y miles de jóvenes nicaragüenses que no tienen espacios  para debatir  y reflexionar  sobre su vivir porque la escuela y la academia  están fallando  mucho.  Nosotros hemos tenido  oportunidades, sin embargo estamos conscientes que aún  queda mucho camino que recorrer, muchos libros que leer, muchos   debates que realizar sobre  liderazgo, de los modelos reproductores,  la historia,  la política, la cultura, etc.

Sabemos que la mayoría de  la juventud  nicaragüense emplea sus energías para sobrevivir y resolver  las necesidades básicas de alimentación, salud,  algunos viven inmersas/os en fuerte  situaciones de violencia que les cuesta reconocer, por estas y otras razones  no les quedan  fuerzas  para luchar y reivindicar los sueños que naturalmente tienen.  Estamos  hablando  de violencias simbólicas, estructurales de  parte del Estado y  la Sociedad,   que causan situaciones de   abandonos en la atención en salud, en educación de calidad, en  falta de oportunidades frente a los desafíos de la época, abandono de la construcción de capacidades para  que la pobreza y  la violencia que han sido socialmente construidas  pueden ser socialmente transformadas. Es esta juventud quien  es  nombrada  por un enfoque de las ciencias sociales  con  la categoría social de los Ni-Ni: Ni estudian, ni trabajan,  categoría que invisibiliza los factores sistémicos-sistémicos que causan este fenómeno y lo explica como   responsabilidad individual de esta generación, lo anterior nos obliga a criticar a unas ciencias sociales  que ha dejado a  nuestra generación  huérfana  de un pensamiento crítico que aporte a la construcción de caminos nuevos.

SEGUNDA REFLEXIÓN: El sistema patriarcal,  capitalista, antropocéntrico  ha mutado y reforzado sus formas de dominación, haciendo que muchos espacios de resistencia recreen y sostengan relaciones basadas en la expropiación del cuerpo, la naturaleza y los sueños. Un sistema que se sostiene mediante la domesticación del sistema educativo formal.

La crisis económica y la ambiental son quizás las que más fácilmente reconocemos, pero tenemos una crisis que nos atrapó, avanzan  como un espiral y no nos deja ver la precariedad de las vidas, nos referimos a la crisis acumulada de la Educación. Una crisis que en Diálogo Generacional venimos abordando, la decadencia de una educación que mercantiliza el conocimiento, que crea empleados del capital,  despojándonos como generación de la posibilidad de estudiar otras alternativas  para el desarrollo local de Nicaragua, entendiendo el desarrollo local como la potenciación de los recursos humanos y naturales para construir comunidades sostenibles y felices.

Por tanto consideramos que es urgente debatir la intencionalidad política y pedagógica del sistema educativo,  la educación debe ser el vehículo para crear pensamiento reflexivo, para lo cual debemos trascender el discurso vacío de “gratuidad” pero de muy mala calidad,  tristemente este vehículo está siendo utilizado para domesticar y hacernos sentir como “normal” todas las carencias, la ingobernabilidad, la violencia machista y formando a los futuros obreros u operarios.

TERCERA REFLEXIÓN: Lucidez,  ética y resistencia para leer y vivir el caos.

En Diálogo Generacional estamos convencidos de la necesidad de aprender a reconocer la complejidad de la realidad y soltar las explicaciones simplistas y superficiales y construir explicaciones y soluciones a los desafíos que tenemos   como nación.  También asumimos que como el capitalismo ha mutado en sus formas de colonizarnos, debemos hacer el esfuerzo por crear formas disidentes para interpretar la realidad, junto a metodologías innovadoras que trabajen el cuerpo-ética para crear alternativas que respondan a la colectividad de la generación, iniciando por la responsabilidad ética que cada uno tiene en la individualidad.

Las formas disidentes de leer la realidad pasan por el reconocimiento de que el sistema tiene nombre: Patriarcal, Capitalista, Colonialista, Antropocéntrico como lo vienen planteando la academia y movimientos sociales del Sur.

Vamos como activistas jóvenes a seguir construyendo opciones éticas en este nuestro país, vamos a seguir reflexionando sobre las salidas, las rutas y queremos invitarles a   a sumarse a dialogar, bajo la primicia que de que el Otro es en realidad una auténtica Otra/ Otro.

Finalmente, estamos convencidos de que cuando algo nuevo surja es que el viejo modelo caerá.

Diálogo Generacional.

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Por: Diálogo Generacional.