ATENTADOS EN PARIS, DE LO SIMPLE A LO COMPLEJO

Por Alberto Sánchez Argüello

A mis ocho años, el mundo era algo muy sencillo. Mis padres eran funcionarios honestos del gobierno, los nueve comandantes tomaban las mejores decisiones para el pueblo, Tomas Borge era el mejor poeta del país, La Prensa era un sucio instrumento del imperio y el imperio nos mandaba la guerra y el pájaro negro para hacer temblar nuestras casas.

Luego, con los años, algunas conversaciones y muchas lecturas, uno va descubriendo que el mundo era y es más complejo. Por eso no dejo de identificarme con los infinitos debates que le siguen al nuevo atentando en París, entre las personas que culpan al islam, las que culpan a las masas de inmigrantes sirios, las que dividen al mundo entre países bárbaros y civilizados, y así.

Todo sería tan fácil si el Estado Islámico fuese simplemente una organización orquestada por un grupo de súper villanos, salidos de la nada, capaces de seducir a jóvenes mentes de inmigrantes pobres, con el único objetivo de destruir la libertad de occidente.

Lógicamente mi niño de 1984 me vendría a decir que mierdas estoy diciendo, si hasta de negro van vestidos -todxs sabemos que el mal es negro y el bien es malo, ¿no?- es obvio que ellos son los malos y que los franceses, los norteamericanos, los ingleses, nosotros, somos los buenos.

Aquí es donde la discusión se complica. Por mi parte hace años abandoné la idea de dividir el mundo entre buenos y malos o entre izquierdas y derechas; aprendí a separar a los pueblos de sus gobiernos y a percibir el mundo como un sistema conectado por el clima, su historia y su evolución social y biológica.

¿Respaldo el terrorismo? Condeno totalmente cualquier acción de  tortura y asesinato, ya sea que provenga de civiles organizados, grupos paramilitares o el Estado. Pero me parece importante entender el origen del terrorismo y particularmente los atentados recientes para poder erradicarlo.

La falacia más grande que nos han enseñado es que todo esto es solamente un “choque de civilizaciones”, algo que debía de pasar una vez que la libertad y democracia de los países más desarrollados, fuera vista como una amenaza por el resto de países –o grupos humanos- que desean regresarnos al oscurantismo medieval a punta de balazos.

Y ojo, no dudo que exista gente que quisiera vivir en un mundo feudal, lleno de temor a Dios, con el cuerpo de la mujer y la familia sometida al mando del varón,  y grandes señores que deciden la vida y muerte de los siervos. Pero esa gente no vive necesariamente en medio oriente, las he visto opinar en redes sociales, en radio y televisión occidental, en gobiernos de derecha e izquierda, en mi propio barrio.

¿El Estado Islámico debería existir? Claro que no, pero la pregunta qué me parece más pertinente es ¿por qué existe el Estado Islámico? Y claro, tratar que la respuesta no sea choque de civilizaciones, la satánica influencia del islam, o la existencia del mal en el mundo…

Luego no faltará alguien que diga que París merece los atentados por todos sus atropellos en Argelia, Túnez y Marruecos, como si los civiles muertos fuesen responsables por las políticas coloniales francesas. Lo que si no debemos perder de vista es la conexión histórica que une a Francia con los diversos grupos que han logrado o intentado efectuar actos terroristas en su territorio, conexión que va más allá de odiar la torre Eiffel o la libertad de comer y bailar un viernes por la noche.

En el 2014 Hilary Clinton – exsecretaria de Estado de EE.UU. durante la primera Administración del presidente Obama – afirmó en una entrevista a la revista Atlantic “El fracaso a la hora de ayudar a construir una fuerza de combate creíble con los autores de las protestas contra el presidente sirio, Bashar al Assad, […] dejó un gran vacío que los yihadistas ahora han llenado” Entender que los grupos terroristas se nutren de conflictos históricos, condiciones de desigualdad socio-económica-política, una cultura patriarcal y los efectos monstruosos del complejo industrial-militar global, es vital para ir armando un rompecabezas que nos lleva más allá de las tres respuestas simplistas que expuse más arriba.

Esto no tiene por qué llevarnos a un universo conspiranoico de operaciones de bandera falsa –que cada vez que hay un atentado en occidente abundan expertos declarando que es el imperio que mata ciudadanos para justificar guerras- pero si es importante, responsable y necesario de nuestra parte informarnos más, vincular las cosas, saber más de historia.

De pequeño me quisieron enseñar a amar la revolución y sus comandantes, a odiar a Reagan, a la oposición derechista burguesa del país, a la contra. Me enseñaron un mundo sin matices, con buenos y malos. Luego crecí, y crecer significó no creer a fe ciega lo que me dicen, cuestionar el pensamiento imperante, preguntar las causas de las cosas, ser política mente incorrecto. Aunque a veces ese niño de 1984 me reclame que no le gusta el mundo confuso que le obligo a ver cada día, sin respuestas exactas o blancos y negros, no puedo hacer lo contrario.

Ya no soy un niño, creo firmemente en la obligación de conocer la historia para no repetirla, y en analizar/entender los hechos para preservar la libertad y la vida, ¿es realmente tan difícil?

Alberto Sánchez Argüello

Managua Nicaragua Noviembre 2015

PD: acá algunos puntos de partida para contar con otras perspectivas:

Syrian Refugee Responds to Paris Attacks
https://www.facebook.com/ajplusenglish/videos/644155519059292/

 

Revés para CNN: Invitado destruye argumentos islamófobos

 

Judith Butler: ‘Sólo reconocemos ciertas vidas como humanas y reales’
http://www.elmundo.es/yodona/2010/06/08/actualidad/1276002169.html

A hierarchy of death
Roy Greenslade para The Guardian
http://www.theguardian.com/commentisfree/2007/apr/19/thirtytwodieinamericanuniv

Ataques en París: “La mayoría son criminales de poca monta, no tienen nada que ver con el Islam”
BBC Mundo
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151114_entrevista_akbar_extremismo_francia_ataques_estado_islamico_lf

Entrevista a Mariah Al-Abdeh, Activista Siria: ¨ISIS no se trata de Religión, sino de Violencia¨
https://vrdelafuente.wordpress.com/2015/10/12/mariah-al-abdeh/

SOBRE LOS CUIDADOS EN #EFANica 2015

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Por Alberto Sánchez Argüello

En mi niñez mi padre y madre tenían trabajos de oficina. Esto sumado a la muerte de casi todos mis abuelos y abuelas, así como familiares en el exilio, me llevó a conocer a múltiples señoras que fueron desfilando por la casa, haciendo labores domésticas mientras trataban de convencerme de que el repollo era bueno para mi salud. Al final de las tardes y los fines de semana mis padres aparecían, mi madre me sofocaba de besos y mi padre me inculcaba la lavada de manos y me recetaba un round de cosquillas de vez en cuando.

Veinte y tres años después, me llegó el turno de cuidar a mi hijo mayor. Me lo tomé como si fuera un trabajo, listo para demostrar una paciencia infinita y gran capacidad de cuidado. Lógicamente me llevó la mierda. Y es que nada te prepara para esos desvelos y levantadas tempranas. Pero si aprendí a lavar pañales, hacer pachas, preparar el baño y evitar caídas mortales, sumado a muchos besos y cosquillas.

Años después, a mis treinta y cuatro años, mi hija menor me enseñó a disfrutar más el cuidado, sentirlo menos como obligación, y más como una extensión natural de los afectos.

Por eso cuando me propusieron involucrarme en el espacio de cuidados del Encuentro Feminista autogestionado, el #EFANica 2015 , me pareció una magnífica oportunidad para extender esa práctica  más allá de mis hijxs y generar nuevas experiencias compartidas.

Así fue como Carlos Romero (Hochi), Elías Úbeda y mi persona terminamos reunidos una semana antes del evento, planificando las actividades que desarrollaríamos con niños y niñas que nos serían confiados en la Universidad Centroamericana. Nuestro mayor temor identificado en aquel momento fue el tema de acompañar al baño a las niñas más pequeñas y el no contar con los juegos y dinámicas suficientes. Como parte de los pocos hombres –más Víctor Valbuena en inscripciones y Johny Jiménez que estaba previsto a cubrir la última hora del espacio- colaborando en el #EFANica teníamos muchas ganas de no cagarla.

Entramos pues con ilusión y una bolsa llena de tarjetas con nombres de juegos, al salón de recursos por sociología, junto a ocho niñas y dos niños entre cuatro y diez años. De entrada el ritmo fue alucinante, una vez que se dieron cuenta que íbamos a pasar jugando todo el día nos tuvieron “al bote y al miado”, sin tregua ni clemencia. De paso mencionar que el tema de los baños se resolvió bien porque todxs se sabían manejar solxs, así que pudimos respirar tranquilos.

Durante aquel tiempo fueron saliendo temas como conflictos entre hermanos y el bullying y aunque no concebimos el espacio para terapia o crecimiento personal, los fuimos abordando de manera suave, con algunos consejos, evitando moralismos y posturas adultistas. Pero sobre todo, nos divertimos, sin perder de vista la seguridad y la buena convivencia, compartimos la alegría del juego, asumiendo una postura de hermanos mayores que aún son capaces de reír y ser divertidos en vez de regañones.

Al final del día lxs niños volvieron a sus madres y nosotros nos fuimos con una sensación de felicidad a dar el lomazo a nuestras respectivas casas.

Ayer nos volvimos a reunir Hochi, Elías y yo, tratando de identificar aprendizajes y sensaciones de lo que fue ese día. Nos quedó claro que es necesario dar más protagonismo a lxs niñxs, escucharles más, darles la oportunidad de proponer sus propios juegos, que si bien es cierto lo hicimos –nos lanzamos un macho parado con una bolita de hule espuma que no fue jugando- fue muy poco. También identificamos la necesidad de aprovechar la hora del almuerzo y el tiempo posterior para tener charlas con lxs niñxs y abordar con un poco más de tiempo temas que quieran hablar, así como integrar al grupo y construir confianza. Nos dimos cuenta de la importancia de prepararnos más antes de abordar estos espacios, no sólo preparar juegos y dinámicas, sino también llevar claras nuestras posturas frente a temas como el bullying, los conflictos, autoestima y otros temas complejos que pueden surgir cuando lxs niñxs se sienten con la libertad y confianza para expresarlos.

Yo me quedé con la idea de que el cuidado va más allá de comer repollo y preparar biberones. Cuidar también es conversar, jugar juntxs, ver a los niñxs y niñxs como personas en etapas que nosotrxs también vivimos, con sus propios intereses y necesidades, cuidar es estar para ellos y ellas.

Así que puedo decir que quedé convidado para hacerlo otra vez 🙂

Por Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

LA REVOLUCION EN EL DIA DE LOS MUERTOS

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Faltando poco para el día de los muertos, Sofía Montenegro lanzó un tuit sobre “el cadáver insepulto de la revolución”. Me quedé pensando entonces, que tanto  aceptaba la imagen de la revolución como una especie de zombi errante.

Para 1980, Mientras Nicaragua vivía tiempos efervescentes de hombres y mujeres que creían estar haciendo realidad los ríos de leche y miel, los de mi generación éramos unos niños y niñas,  que lo más que entendíamos era que Somoza fue un gran lobo vencido por un ejército de caperucitas.

Luego fuimos cultivando el mito de eso que los adultos y adultas llamaban revolución en la forma de nueve comandantes y potentes himnos que entonábamos en el colegio cuando estábamos medio durmiéndonos ante las banderas que debían hacer sentir el orgullo de ser nicaragüenses hijos e hijas de Sandino. Esto nunca pegó en mí, en parte por la actitud sarcástica de mi madre (QEPD) –que siempre restaba toda importancia a los discursos solemnes que escuchábamos en la televisión- y en parte por asuntos que toqué en el post de MAS ALLA DE LOS GRANDES HOMBRES.

En mi escuela varias personas vivieron la revolución con pasión y participaron con gusto en los cortes de café y algunos que tenían la edad necesaria para ir a alfabetizar se fueron a las montañas. A un par los recordamos luego con una placa y varias lágrimas.

Ya cerca de los noventa, la burla e indiferencia de mi madre, se convirtió en rabia hacia los nueve y toda la parafernalia del partido. Ya hablaban de mandarme lejos, antes que el Servicio Militar Patriótico me llevara. Luego la UNO ganó las elecciones y el país se dio una vuelta sobre sí mismo como un calcetín.

Siguió eso que llaman años neoliberales, con el desmontaje de todas las políticas y proyectos sociales y el aumento progresivo de la corrupción –que también se vivió en los ochenta- teniendo su máxima expresión con nuestro infame Arnoldo…aunque parece que nuestro gobierno actual busca superarlo.

¿Y de la revolución que quedó?

Por muchos años yo siempre respondía que un ejército obediente a las autoridades civiles y una policía honesta y apolítica. Después de los sucesos como Ocupainss, Nueva Guinea, Las Jaguitas, Mina El Limón o la última marcha nacional campesina contra el canal, esta respuesta ya no la puedo sostener.

¿Y para las nuevas generaciones quedó algo de la revolución?

Meses atrás, mirando La Ciudad vacía en la sala de teatro Justo Rufino Garay, entendí perfectamente al personaje del joven que corre y corre para llegar a algún lugar: su futuro tal vez; a la vez que le dice a los dos personajes que representan la memoria de la revolución y de la Managua antes del terremoto, que ellos viven en el pasado, que eso no le sirve a él.

La ciudad vacía es la obra que veo representarse a diario en redes sociales: cada vez que una generación mayor le reclama a la juventud nicaragüense por su falta de beligerancia, apatía y les restriegan sus luchas, sus muertes. Se cruzan palabras, se cruzan reclamos y nadie se entiende.

Ahora los grupos de poder reescriben la revolución, siguiendo lo dicho por Karl Marx: “La Historia Se Repite Dos Veces, La Primera Como Tragedia, La Segunda Como Farsa”

¿Entonces la revolución ha muerto?

Para mucha gente joven posiblemente ni existió.

Llegará un tiempo en que podremos mirar hacia atrás y apreciar la revolución, agradecer a las personas que lucharon y murieron, sanar las heridas, ser sobrios en analizarla y aprender de ella. Pero ahora mismo -concordando con Sofía- la revolución es un cadáver que necesita ser enterrado, honrado con flores y silencios, para cerrar un ciclo que permita construirnos un futuro.

 

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEMORIA DE UN DIA DE MARCHAS

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Por Alberto Sánchez Argüello

El día comenzó como cualquier otro, con una sensación de embotamiento y la agenda mental desplegada con el primer toque a mis redes. Al terminar el zapping digital, me tocó implementar el protocolo preescolar con los tres avisos de rigor, uso de videos en YouTube y banano incluido, hasta lograr llevar a mi hija a su escuela.

Más tarde pasé por la UCA, dónde escuché –sin querer por supuesto- la siguiente conversación telefónica de una joven recepcionista:

-Hablé con él, me dijo que está bien. Yo le dije que vienen camiones con campesinos de verdad (tono de asco) él me dijo que tenía varios policías al lado, como si lo fueran a proteger…

En mi mente imaginé camiones llenos de humanoides primitivos con palos y piedras, algo tan hirsuto y salvaje como los protagonistas que abren la odisea del espacio 2001 de Kubrik. Traté de exorcizar la imagen con una compilación de ensayos sobre las obras de Marshal Macluhan, y me introduje a los conceptos de performance y espacio acústico, antes de irme con K a desayunar.

Una hora más tarde entre queso y frijoles, K me dijo que fuéramos a la marcha contra el proyecto del canal interoceánico, para ver si escribíamos algo después. Así que, en un arranque de espontaneidad tomamos un taxi que nos llevó frente a La Prensa donde se esperaba que llegaran los camiones atestados de “campesinos de verdad”.

Poco antes de llegar vimos a un unos treinta policías ubicados unas cuantas cuadras previas al plantón ciudadano, todos miraban en esa dirección, en actitud de espera.

El plantón estaba apostado en los dos lados de la carretera norte, con varios altavoces arrojando música y uno que otro lema dedicado al canal, la soberanía y el gobernante de turno. El ambiente agarró más color cuando Gaby Baca tomó el micrófono y puso a la gente a bailar con sus rolas.

En algún momento, se aglomeraron como hormigas los reporteros y reporteras para cubrir un grupito que quemaba una bandera del FSLN, de fondo otro grupo hacia el llamado a no ser violentos y evitar imitar los métodos del gobierno y su partido.

Más luego, me encontré con D y ella me decía que mucha gente no participaba por miedo y que le parecía alegre ver a tanta gente reunida. D me decía que a ella no le daban miedo el grupo de policías que nos miraba desde varias cuadras antes, pero si le temía a un grupo enorme de motorizados que estaban aparcados a una distancia un poco mayor.

Poco después el mismo grupito iba a quemar otra bandera del frente –arrebatada a un sujeto que pasó en la tina de una camioneta- y un sujeto barbado se les acercó para impedirlo, diciendo que antes se tomaran fotos sujetándola junto a las pancartas anti-canal, para que así “vieran los medios que también había sandinistas en contra del proyecto” No le hicieron caso y D y yo optamos por alejarnos de ellos. Al rato pasó una camioneta con un señor con camiseta del gobierno, él saludó a la gente, la gente se sonrío.

Estuvimos ahí poco más de una hora. La gente decía que los camiones ya venían por San Benito, que habían logrado pasar varios tranques policiales que querían evitar que llegaran hasta Managua. La gente celebraba la fuerza de los campesinos y varios camiones saludaban con sus bocinas ensordecedoras.

Ya luego tocó regresar y nos venimos con pena de no ver los camiones. Al regreso me fui fijando que todos los semáforos estaban apagados: los de carretera norte, el del puente el Edén, y así. El taxista parecía leer mis pensamientos cuando me dijo que esto era una estrategia del gobierno –al menos no soy el único conspiranoico pensé- Las rotondas de Cristo Rey y Metrocentro estaban llenas de simpatizantes del gobierno, con sus camisas blancas, banderas, sillas plásticas, algunos toldos y hieleras, algún hombre tomando lista en un cuaderno, ningún policía. La gasolinera Petronic de Metrocentro estaba repleta de jóvenes reunidos alrededor de una mujer mayor, algunos de los jóvenes con sus camisas como pasamontañas. Pensé en lo performativo de todo aquello: grupos de personas construyendo imágenes que nos hablan de una realidad a ser retratada en los medios oficialistas como la evidencia innegable del apoyo popular al canal, al gobierno, al partido.

Algunas horas después me enteré de la entrada de los camiones a la capital, el bloqueo de los antimotines a la marcha hacia la asamblea y el ataque en bello horizonte por parte de motorizados a los campesinos.

Cerrando el día llevé a mi hija a un parque y me subí a un columpio. Traté de perderme viéndola jugar, liberar mi mente de todo el ruido de las marchas, las contramarchas y el clamor campesino. Pero no pude. Es lo que pasa cuando –al menos por un día- uno se mete bajo la piel de lo cotidiano, para tener una breve mirada a las capas superpuestas de este país, a las mentiras que nos contamos, a las verdades incomodas que silenciamos.

Al volver a casa me puse a escribir, a ver si mi memoria no me falla, a ver si aporto en algo a la memoria.

Por Alberto Sánchez Argüello

 

MAS ALLÁ DE LO GRANDES HOMBRES

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Por Alberto Sánchez Argüello

Hace días que ando con la espinita de escribir algo sobre esto del día de la raza y se me fue la fecha. Pero estando en esas me vino a la mente todo ese tema de las identidades nacionales y los héroes que nos meten en la escuela y de repente ZAZ, que me doy cuenta porque siempre me sentí distante de Rubén Darío como persona y figura de referencia en la historia de mi país.

Para cuando nos dieron a leer la dramática vida de Rubén Darío de Edelberto Torres –una lectura súper recomendada- mi padre bebía demasiado, uno de los factores que eventualmente condujo al divorcio de mis padres. Yo había jurado jamás beber y odiaba cualquier cosa que tuviese que ver con el licor –posición que sería matizada con los años- así que al adentrarme en la vida del vate con su vida bohemia y andanzas alcohólicas, que hasta eran objeto de admiración por más de algún adulto y maestro, yo desarrollé una antipatía natural.

Me parecía inconcebible admirar a alguien así y peor convertirlo de alguna forma en un modelo a seguir a niñxs  adolescentes. Claro que me cuidé mucho en no hablar de mi postura, por un lado porque en aquellos años era un tipo bastante insociable y en la medida que fui creciendo, por evitar el odio social que trae consigo declararse crítico de Darío.

Ahora pienso que aquella asociación que hice entre los hábitos de Darío y los de mi padre, me llevó a desconfiar de cualquier héroe o figura histórica que me quisieran enseñar, actitud que me vacunó contra el intento de construcción de ciudadanía amante de la patria y obediente a los nueve comandantes de aquellos años ochenta.

Sandino me pareció fascinante, pero más interesante me pareció el cuento de Manolo Cuadra que describe a un campesino que logra astutamente esquivar a un avión en las montañas. Quiero decir que desde los diez o doce años sospeché de la figura de grandes hombres que eran ensalzados por mis mayores y prefería saber mas de los de a pie, los que vienen detrás.

Ya después uno sale del colegio y lee por su propia cuenta, y uno se da cuenta de que las historias nacionales siempre serán versiones de la realidad, cuando mucho buenas versiones, pero nunca el panorama completo. Uno se da cuenta que abundan los grandes hombres, pero por alguna razón las grandes mujeres escasean…

Ahora que mis hijos van creciendo quisiera que a él y a ella también les nazca la semilla de la duda, que antes de construir una identidad nacional se construyan una identidad personal y que no se dejen llevar por modelos de grandes hombres, sean estos de derechas o izquierdas, religiosos o ateos y que por supuesto tampoco me pongan a mí en un pedestal, porque yo lloro, sangro y cago como cualquiera.

Un mundo de personas que fallan, sienten y aprenden, eso quisiera yo para mi hijo y mi hija, y para mí también.

Por Alberto Sánchez Argüello

LA DISCRIMINACIÓN COMO ILUSIÓN ÓPTICA

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imagen tomada de internet

Alberto Sánchez Argüello

“Ya me cansa ver a las mujeres quejarse y quejarse… están convencidas de que el coco existe… Nunca en toda mi vida he sido discriminada por ser mujer ni personal ni profesionalmente, nunca ningún jefe me pidió pagarle menos a una mujer o no contratarla para determinada labor por ser mujer, ni en este país ni en otros. Nunca he tenido que exigir mis derechos. Ya es hora de dejar de creer que alguien más nos pone límites. No sé a quién le interesa mantenernos convencidas de que tenemos menos oportunidades. Ya párenle porfa!”

Este estado de Facebook que me encontré hoy, me ha dejado pensando.

Allá por el año 2012, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó el estudio “Nuevo siglo, viejas disparidades” que comparaba encuestas de hogares representativas en 18 países de América Latina y el Caribe. Hugo Ñopo especialista en educación del BID y autor del estudio afirmaba en aquel momento “La participación de las mujeres en el mundo del trabajo ha avanzado en las últimas décadas, pero la brecha salarial entre géneros continúa. El proceso para cerrar estas diferencias ha sido muy lento ya que los estereotipos y las percepciones erradas de los roles de hombres y mujeres han distorsionado las interacciones, no solo en los lugares de trabajo sino también en los hogares. Estos estereotipos, que aparecen tan temprano como en la primera infancia, funcionan como elementos desalentadores para las mujeres, limitando sus posibilidades de acceso a carreras con mejores futuros en el mercado laboral”

A partir de las conclusiones del estudio “Sin república y sin ciudadanía: participación política de las mujeres en Nicaragua en el contexto jurídico y político 2014” del Centro de Estudios Constitucionales, Sofía Montenegro –coordinadora de la investigación- afirmó que: “La participación política de la mujer -en Nicaragua- (…) es una presencia designada, clientelar y partidista”

Bien. Ahora imaginemos que nunca hemos leído estudios e informes del BID, el Banco Mundial, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) Oxfam y tantas otras instituciones; y que nunca hemos oído de hablar de Simone de Beauvoir, Marcela Lagarde, Juidth Butler y el resto de filósofas, políticas y artistas que han pensado y producido pensamiento que trata de develar las supuestas inequidades de ese sistema que han dado por llamar patriarcado.

Sin investigaciones ni teóricas feministas que vengan a explicarme la realidad me toca partir de mi propio criterio y realidad. Al leer el estado de Facebook partiendo desde mi experiencia personal podría estar de acuerdo: yo tampoco he sido discriminado por ser mujer, en ninguno de mis ámbitos de vida; claro que no lo he sido… porque no soy mujer, no nací mujer, y no he decidido presentarme ante el mundo como mujer. Mi experiencia personal como hombre me impide darme cuenta de lo que significa vivir en este mundo bajo una piel de mujer ¿Qué puedo hacer entonces para constatar que esto de la discriminación por género es o no una ilusión óptica?

Me tocará ampliar la mirada y observar la vida de las mujeres cercanas a la mía. Podría comenzar por la vida de mi madre y la vida de mi hija, ¿suena lógico no?

Mi madre trabajó desde los 16 años, en todos los trabajos que tuvo, siendo una mujer en extremo inteligente y emprendedora, siempre ganó menos y tuvo que trabajar más horas que sus colegas hombres en puestos similares. Eso claro que puede ser una mera casualidad. Pero también sufrió de acoso callejero y acoso laboral, fenómenos que mi padre –y prácticamente la totalidad de hombres que he conocido- no sufrió. Mi madre tampoco se quejó nunca de discriminación, ni siquiera una vez.

Del lado de mi hija puedo decir que este año, en que entró a su segundo grado de preescolar, me la encontré llorando un día por un tema de juguetes. Me dijo que había querido jugar con unos juguetes que estaban en una caja de cartón determinada. Cuando pregunté por ellos me dijeron –las docentes- que esos eran para niños, que había otra caja de juguetes para niñas. ¿Y qué juguetes habían en ambas cajas? En la de niños carritos, camiones, muñecos plásticos de súper héroes y Transformers y en la de niñas tacitas, bloques de madera y peluches. Nos fuimos a hablar con la directora y al día siguiente todos y todas podían jugar con cualquier juguete –mi hija ama los carritos y los Transformers-

¿Observar a estas mujeres me permite determinar que si existen evidencias de discriminación por género?

No puedo hacer una demostración científica ya que la estadística no está de mi lado, pero si puedo percibir ciertas actitudes y patrones sociales que han existido y existen en nuestra realidad, que hacen una diferencia entre hombres y mujeres, una diferencia que no es positiva.

Esto me hace pensar en que le diré a mi hija en lo que vaya creciendo. ¿Le diré que eso de la discriminación por género es una excusa, una queja sin fundamento, que lo que único que importa es su propia capacidad de superarse en la vida? ¿O le diré que la discriminación por género es una dolorosa realidad en nuestro país y en el mundo entero y que ella debe informarse, capacitarse y ser fuerte para no dejarse vencer y para transformar la sociedad con mi ayuda y del resto de hombres y mujeres que creemos en la equidad de género?

¿Qué le diré?

Alberto Sánchez Argüello