NO TUVE QUE PEDIR PERMISO PARA MI VASECTOMÍA

Por Alberto Sánchez Argüello

La idea de hacerme la vasectomía surgió un par de años atrás. Hacia planes mentales de averiguar sobre el procedimiento y los costos, pero el miedo a ser operado y el temor irracional de quedar impotente me detenía. Finalmente, mis cuarenta y un años, la imagen de mis dos hijos creciendo como higueras y una plática con mi pareja, acabó por darme el impulso que necesitaba. Hablé con un amigo que se había hecho el procedimiento y concerté una cita con PROFAMILIA.

El asunto fue tan sencillo como una consulta previa de veinte minutos, un examen de sangre, una intervención quirúrgica de quince minutos, un poco de dolor intermitente durante un par de semanas y un espermograma que mostró cero espermatozoides algún tiempo después. Todo por un costo menor a los dos cientos dólares.

No voy a negar que tuve momentos incómodos. El dolor del que hablo se parece a ese malestar sordo que se siente en la ingle después de esa patadita que alguna vez tuvimos la mala suerte de recibir en los testículos.

Pero eso fue todo…

Un total de tres meses entre mi decisión y estar sexualmente activo sin ninguna diferencia con el tiempo en el que mi líquido seminal estaba cargado de esperma.

Me había prometido escribir sobre el asunto en mi blog de Política Mente Incorrecto. Pensaba hablar sobre la responsabilidad masculina en la planificación familiar, pero ayer, después de leer el artículo de Ivette Munguía publicado en La Prensa sobre “el permiso” que tienen que pedir las mujeres que se declaran casadas o en pareja a la hora de solicitar la esterilización en un hospital o clínica previsional, mi enfoque cambió.

Me resultó vergonzoso e indignante que ellas tuvieran que pedir tal permiso y yo no. Después de leer el artículo busque la norma y protocolo de planificación familiar del Ministerio de Salud y encontré un documento del 2008 que sospecho sigue vigente. Sin embargo, por más que busqué en la parte de métodos permanentes femeninos (Oclusión Tubárica Bilateral (OTB), esterilización quirúrgica voluntaria, corte y ligadura tubaria, tubectomía) no pude encontrar el dichoso permiso.

Lógicamente algo así no debería aparecer en un documento que afirma los compromisos del país a nivel internacional en los campos de derechos humanos y de la mujer y en el que se lee que:

“La planificación familiar muestra un carácter prioritario dentro del marco amplio de la salud sexual y reproductiva, con un enfoque de prevención del riesgo para la salud de las mujeres, los hombres, los hijos y su aplicación está determinado por el ejercicio del derecho de toda persona a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de sus hijos, con pleno respecto a su dignidad”

Y sin embargo, la Gineco-Obstetricia, Xochilt Centeno Escoto, citada en el mencionado artículo de La Prensa dice:

“En algunas instituciones médicas se solicita (la autorización de la pareja)… En los hospitales las mamás solteras tienen la opción de solicitar (la esterilización), pero generalmente se toma en consideración a la pareja y que la paciente sea mayor de edad”

Para mil novecientos ochenta y siete el veto del cónyuge (varón) en los servicios de planificación familiar era común en muchos países. Al sur de África, Etiopía, Papúa Nueva Guinea, Japón, Corea del Sur y Taiwan, entre otros lugares, requerían la autorización del conyuge para el uso de anticonceptivos y la esterilización voluntaria. En Brazil y Argentina se necesitaron décadas de lucha de grupos de mujeres feministas para lograr cambiar leyes con contenidos similares.

Y aunque existan personas que comentan de esta manera en el artículo de La Prensa:

“Claro que deben tener el consentimiento del o la cónyuge, es una decisión compartida en el caso de parejas de hecho estable o matrimonios. Que se practique una esterilización si el consentimiento de la pareja es causa de divorcio”

“El matrimonio es una institución sagrada cuyo objetivo principal es la procreación, acto en el que participa la pareja. Si esto es así, porque una mujer pide esterilización unilateralmente?, sin tomar en cuenta el matrimonio. Si una mujer no quiere seguir teniendo hijos, y su marido no lo desea, porque no mejor pide su divorcio, así al menos será menos descarada con quien su marido”

No hay justificación para necesitar tales “permisos”

Una mujer debería estar en igualdad de condiciones que un hombre para tomar decisiones sobre su cuerpo y estar en control de su propia fertilidad. Así como yo no necesite un permiso de mi conyuge, ellas tampoco lo deberían necesitar; esto no lo digo yo, lo dice la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, firmada en mil novecientos setenta y nueve -casualmente el año de la revolución- en la que se prohíbe toda distinción basada en el sexo que impida el ejercicio de los derechos de la mujer en igualdad de condiciones por el hombre.

A ver si vamos aprendiendo.

Alberto Sánchez Argüello

Managua 21 de Julio 2017

 

 

REESCRIBIR LA PROPIA VIDA

por Alberto Sánchez Argüello

Cuando están en una fiesta o en un una reunión social y les se presentan con personas nuevas ¿cómo lo hacen? ¿qué cuentan de ustedes? y luego en la medida que toman confianza ¿qué historias cuentan? ¿qué dicen esas historias sobre nosotros?

Los seres humanos nos mostramos a los demás a través de historias. Narrar es parte de nuestra naturaleza como especie. Narrábamos historias frente a fogatas en cavernas ancestrales, construyendo comunidad, explicando el universo, compartiendo experiencias de caza, heredando cultural oral.

Llegamos a nuestros centros de estudio, a las universidades a nuestras oficinas, y nos contamos historias unos a otros. Entre todos y todas vamos dando sentido a nuestro día, a nuestra semana, a nuestra humanidad.

Nuestras historias nos hacen humanos, pero también pueden aprisionarnos. Si somos demasiado fieles a nuestros relatos no nos permitimos experimentar, salirnos de esa narrativa que nos dice lo que podemos y no podemos hacer.

¿Cómo evitar quedar atrapados en nuestros propios relatos? ¿cómo reescribir nuestra narrativa?

Somos un personaje de nuestros relatos

Yo tenía once años  cuando le avisaron a mi mamá que su hermano Benjamín, se disparó intencionalmente y había muerto. Hasta ese momento de mi vida, no sabía que mi madre sufría lo que los psiquiatras de la época denominaban psicosis maníaco depresiva, hoy llamada bipolaridad. La muerte de mi tío le produjo una crisis, la primera de la que fui testigo.

Durante muchos años esos eventos estuvieron el corazón de mi narrativa personal. Mis fracasos y mis soledades se explicaban a partir de aquellos hechos.

Las personas seleccionamos una parte de nuestros recuerdos y eventos de nuestras vidas y construimos el perfil de un personaje que tiene nuestro nombre. Mi personaje era el de un niño con talento para el dibujo, mediocre en la escuela, poco dado a la socialización, flaco, muy flaco, hijo de la loca del barrio que había que buscar de casa en casa cuando estaba en crisis. Mi narrativa me daba pena. Me sentía incapaz de compartir lo que vivía. Esto me hacía sentir distinto, manchado.

Nuestros relatos son incompletos

Imaginen que tuvieran que escribir su autobiografía en diez minutos. ¿podrían? ¿qué cosas dejarían y qué cosas quitarían?

La verdad es que aunque tuviésemos un mes para escribirla siempre dejaríamos cosas por fuera. Primero, porque no todo lo que hemos vivido hace sentido o es importante. Tal vez no pondríamos la vez en que nos salió bien un huevo cocido, pero si hablaríamos de cuando conocimos el mar, nuestro primer beso, nuestro primer trabajo. Es normal podar los eventos de nuestra vida para darle sentido a nuestra narrativa. Esa es una de las razones por las que nuestro relato siempre será incompleto.

La otra razón es nuestra tendencia a reforzar nuestra narrativa, seleccionando eventos y situaciones que la confirman. En mi narrativa personal yo era un alumno sin talento y un adolescente poco atractivo. Cuando sacaba una buena nota lo atribuía a la suerte y si alguna chavala me decía algún cumplido yo decía que estaba loca o que seguramente se estaba burlando de mí.

La verdad es que hemos vivido muchas historias que pueden incluso contradecirse entre sí. Lo que hacemos es que la damos más importancia a algunas, creando poco a poco lo que se llama desde la terapia narrativa una historia dominante, dejando al margen las otras que podrían darnos otras perspectivas sobre la vida y nosotros mismos.

Pensemos por un momento ¿qué historias personales hemos dejado en un segundo plano? ¿cuántas vivencias hemos casi olvidado por contradecir lo que decimos ser?

Convertimos nuestros problemas en el centro de los relatos

Normalmente es más fácil identificar defectos y recordar nuestros traumas. Esto pasa posiblemente por la carga cultural que hemos heredado de una sociedad con múltiples traumas y patrones de abuso y violencia, donde descalificar y descalificarnos, sufrir en silencio y vindicar el sufrimiento y el sacrificio son el pan de cada día.

Tenemos una tendencia a empapar nuestras historias con problemas. No estoy hablando de no ser realistas y auto críticos, sino de explicar nuestras vidas a partir de duelos y situaciones problemáticas. Creamos nuestra zona de confort a partir de narrativas personales que explican porque no podemos salir de ahí.

Yo lo tenía claro en mi adolescencia: mi problema era la vergüenza que sentía y la falta de habilidades sociales asociada. Cada vez que mis padres me motivaban a salir yo me negaba. Incluso cuando decidí asistir -más por presión social que otra cosa- a los quince años de compañeras de escuela, buscaba como salirme de las casas y caminar por las calles, haciendo tiempo hasta que mi padre regresaba por mí.

Podemos reescribir nuestro relato

Cuando estaba en tercer año de secundaria decidí ser el mejor alumno de la escuela. La rabia que sentía en mi vida se encarnó en esa idea. A mediados de ese año, nuestro profesor guía, un señor mayor, detuvo la clase y públicamente me felicitó por haber conseguido el mejor promedio a nivel de toda la escuela. Luego agregó unas palabras que se quedaron grabadas en mi memoria para toda la vida: “Alberto, entre todos ustedes, tiene la personalidad más completa que yo haya conocido” Sus palabras hicieron un primer corto circuito en mi narrativa de fracaso. No podía descalificarlo ni tomarlo como burla, así que lo justifiqué como resultado del afecto que el docente debía tener hacia mí.

Años después, cuando empecé a tener conversaciones con muchas personas, y me sentía ahogado por mis armaduras emocionales, las palabras del profesor Julián Nicaragua terminaron por germinar. Empecé a experimentar con pequeños cambios. Primero con mi ropa, luego con la comida y así, hasta ir expandiendo mi narrativa, dándome el permiso de ser un nuevo personaje, una nueva persona.

Con el tiempo, dibujar y escribir me dieron nuevas herramientas para procesar mi historia. Poco a poco superé la vergüenza y el dolor, reconociendo que tuve una carga difícil en mi niñez y que había  logrado superarlas, mostrando mi luz. Aceptando también que mi madre fue una mujer fuerte, que me amó e hizo todo lo posible por cuidarme, incluso en medio de sus crisis.

Reescribir la propia vida ha significado para mí escribir sobre hitos importantes de mi vida, las historias propias y de mi familia, organizando las narrativas, dando sentido consciente a las creencias y eventos que me han traído hasta este presente.

Pero no tenemos necesariamente que saber escribir o dibujar. Cada uno puede encontrar su manera de reescribir sus historias. Puede ser a través de conversaciones con sus seres queridos, usando la figura de un río o un árbo; pensar en maneras distintas de contar las historias personales, tomando en cuenta personas y eventos que normalmente desechamos… preguntarnos como seríamos si hubiésemos tomado otras decisiones, si tales o cuales cosas no hubiesen pasado…

Todo comienza por preguntarnos ¿cómo evitar quedar atrapados en nuestros propios relatos? ¿cómo reescribir nuestra narrativa?

Experimentemos con el personaje que hemos creado. Vivamos más allá de eso que se supone es todo lo que somos… imaginemos que más podríamos ser.

Managua Nicaragua

Febrero 2017

  • Este texto fue creado originalmente para mi participación en el espacio de reflexión colectiva RELATOS de La Vagancia.

MUJERES, LITERATURA E INEQUIDAD

Por Alberto Sánchez Argüello

Una mañana mientras estaba en la hora de recreo, el director de mi escuela me detuvo cerca de la cancha para felicitarme por haber ganado un concurso de dibujo, le  dije que yo consideraba que mi primer lugar era compartido con mi compañera de aula Cristienne Dugan. El hombre se puso serio y me preguntó cuántas mujeres artistas de renombre conocía, en aquel momento yo contaba con doce o trece años y no conocía ninguna, le dije que seguramente existían pero él lo desecho con un gesto “los hombres somos los primeros en todo, en los deportes, en las ciencias, en las artes, en la cocina, en todo” agregó y se fue dándome un espaldarazo.

Yo no me le creí. Había algo en su manera categórica de hablar que no me cuadraba, además, para mí el trazo de Cris era hermoso y estaba seguro que en los infinitos libros de arte de mi padre debía haber constancia de mujeres destacadas, grandes artistas y lo mismo para el resto de disciplinas que aquel Director aseguraba pertenecer a los hombres.

Todo esto ocurrió muchos años antes de llegar a la Universidad Centroamericana y escuchar a Ligia Arana hablar de género, muchos años antes de saber el significado del término misógino y heteropatriarcado.

El camino ha sido largo desde ese momento de breve consciencia en mi escuela hasta las pocas lecturas y muchas buenas influencias que me han permitido ver un poquito más allá de mi masculinidad aprendida.

Pero no siempre estoy consciente. La más de las veces me muevo en mi entorno sin estar muy alerta con todo lo que “no cuadra”. Y es muy fácil pasear dormido por la vida sin detectar las inequidades de género, sobre todo cuando el discurso ha cambiado, mutando en algo menos evidentemente misógino, con la bandera del humanismo y el “combate a los extremos del machismo y el feminismo” –cuanto mal ha hecho a Latinoamérica Arjona- con la igualdad de derechos. Algo así como la intervención de un joven en el conversatorio de Poética Violeta con Simone Montiel, en el festival de literatura de la Universidad Centroamericana un par de semanas atrás. Un joven que no entendía la necesidad de contar con espacios de creación de mujeres para mujeres, un joven que aseguraba que en estos tiempos hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades en literatura, que la única limitante es que la gente se deja llevar por los grandes nombres de autores o autoras, pero que los hombres y mujeres tienen el mismo trato y las mismas posibilidades… ¿será?

En abril de este año la dominicana Rita Indiana era la única mujer finalista al premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. La autora afirmaba en aquel momento “Soy una anomalía para la literatura de América Latina. Acá parece que para ser escritor se debe ser hombre, blanco y heterosexual” –el premio finalmente lo ganó el chileno Carlos Franz-  Aquella afirmación de Indiana coincide con una tendencia histórica en las artes y la literatura en particular, en la que a las mujeres se les ha relegado a un lugar secundario, limitando su función a la vida familiar, al cuidado de los hijos y demás tareas domésticas, poniendo en duda su autonomía o, incluso, su inteligencia. A partir del siglo XIX diversas mujeres empiezan a desafiar estos cánones y a luchar por formar parte del hasta entonces mundo literario masculino con autoras como Jane Austen, Mary Shelley o Virginia Woolf, entre otras. ¿Pero qué tanto se ha logrado cambiar las cosas? ¿Podemos hablar de que ya hemos arribado a un mundo de perfecta equidad? ¿El catálogo de obras publicadas por el Centro Nicaragüense de escritores refleja esa equidad?

Un estudio desarrollado por Julieanne Lamond, de la Universidad Nacional de Australia, y Melinda Harvey, de la Universidad de Monash, en el que han revisado los patrones de las principales publicaciones australianas en periodo que abarca desde 1985 hasta 2013 concluye que los autores masculinos tenían más posibilidades que las mujeres de que sus libros aparecieran reseñados en medios de crítica literaria. En concreto, dos tercios de las reseñas revisadas estaban dedicadas a libros escritos por hombres, a pesar de que precisamente dos tercios de los escritores publicados en Australia son mujeres, algo que ha venido ocurriendo en los últimos treinta años. Esta tendencia no se limita a la aparición de reseñas en los medios especializados sino que abarca otros ámbitos, como los premios literarios o la inclusión en planes de estudio. Según el organismo internacional VIDA, encargado de velar por la presencia de la mujer en la literatura, estos resultados son el reflejo de una tendencia a nivel mundial.

En Nicaragua no contamos con demasiados medios de este tipo, pero no vendría mal revisar que tan equilibrada está la producción de reseñas distribuidas entre la revista Hilo Azul, Carátula y los diarios de circulación nacional que ocupan algún espacio para estos fines. Sobre estos últimos me la atención una reseña de Jorge Eduardo Arellano publicada en La Prensa dedicada a 99 palabras de mujer, antología de microrelatos publicada por la Asociación Nicaragüense de Escritoras este año. Una parte de la reseña dice “Por eso, y por su intrínseco valor, considero un acierto la ejecución y aparición de este librito saludable, donde se dan cita la imaginación, el humor y la ironía, afirmándose la mujeridad, o las situaciones que deprimen y enaltecen a la mujer” ¿Librito? ¿Afirmación de la mujeridad? ¿Situaciones que deprimen y enaltecen a la mujer? Si la antología hubiese estado compuesta por obras de autores ¿será que Arellano hubiese escrito “afirmándose la masculinidad, o las situaciones que deprimen y enaltecen al hombre”?

Según Helena Ramos –hablando en el programa radial cuerpos sin-vergüenzas -, los géneros literarios donde más incursionan las mujeres en Nicaragua son la dramaturgia, los ensayos académicos, la narrativa y poesía. “no nos toman en serio como creadoras, no lo reconocen”  también afirma que “ahora hay más posibilidad de encontrar un linaje literario femenino”. Acá podríamos señalar que finalmente este año, en la cuarta edición del Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve, el primer lugar fue alcanzado por una mujer, la panameña Berly Denisse Núñez.

A más de algún colega le he escuchado decir “no tiene nada que ver que seas hombre o seas mujer, lo que importa es como escribis” y es una afirmación con la que me encantaría estar de acuerdo sino fuese por la existencia de condiciones sociales y culturales disimiles para unos y para otras.

Puede ser que ya no vivamos en el siglo XIX pero las ideas, los prejuicios y los valores sociales persisten y cada vez que decimos que todo está bien, que ya alcanzamos la equidad, estamos negando esa realidad.

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Por Alberto Sánchez Argüello

Managua 2016

LAS DISCULPAS DE MONROY

por Alberto Sánchez Argüello

En la página web de la banda Monroy y Sumernage se lee “Nicaragua, 2007, Josué Monroy reúne a 4 amigos de fiesta para formar MONROY Y SURMENAGE. Desde entonces, con rock alterno original y conciertos explosivos, han crecido exponencialmente alcanzando Costa Rica y México” Yo no conozco mucho a esta banda, me parece haber oído alguna vez alguna canción, y por lo que veo gusta a una buena parte de mi círculo de amistades y conocidos.

El 23 de mayo de este año, la página de Facebook “Parroquia irreverente” posteó el siguiente meme/screenshot de la cuenta personal de Josué Monroy:

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El post no recibió tanta atención en su momento, pero ayer fue “redescubierto” por diversos usuarios y usuarias de redes sociales que lo han estado compartiendo y comentando todo el día.

Confieso que entre la pésima redacción y el uso de figuras sumamente extrañas (maíz con gusanos) tuve un momento de duda sobre la veracidad del asunto, hasta que verifiqué directamente en la cuenta de Monroy una disculpa pública:

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Las conversaciones que he estado siguiendo se mueven entre la crítica a Monroy por misógino machista, los que lo defienden excusándolo por su dolor, estar borracho cuando lo posteó, o ser un humano que comete errores como cualquiera.

¿Cuál fue el error de Monroy? ¿Haber publicado en Facebook algo que debía ser privado? ¿Haber posteado algo estando borracho? ¿Haber dejado ver sus pensamientos acerca de su ex y de paso mostrarnos su misoginia machista de una manera brutal? Yo diría todas las anteriores sin duda.

Monroy dice que fue “caballo” que aprendió su “lección”, que no lo tomen de ejemplo y que la vida continua. Cierra sus disculpas diciendo “me sirve de práctica para controlar mi ego”. Y eso es precisamente lo que nos pasa a la gran mayoría de nosotros los hombres en este país, de todas las clases sociales, de todos los estratos económicos, de todas las etnias, sabores y colores: nuestros egos no nos dejan escuchar, ver ni entender que cargamos el machismo en nuestra cotidianidad, el mismo machismo que satura las posturas defensivas de admiradores y amigos de Monroy que ante las críticas de mujeres en su muro las llaman feminazis.

La conducta de Monroy no es extraordinaria -ojalá lo fuese- lo que sí es extraordinario es su posición en nuestra sociedad, como artista, como líder de una banda, como figura pública.

Así que me pregunto ¿Por qué se disculpa Monroy? ¿Por haber publicado en Facebook algo que debía ser privado? ¿Por haber posteado algo estando borracho? ¿Por haber dejado ver sus pensamientos acerca de su ex y de paso mostrarnos su misoginia machista de una manera brutal? Probablemente todas las anteriores…

De paso sería bueno ir desmitificando ese asunto de que borrachos no sabemos lo que hacemos ¿esa fue la misma defensa de Farington Reyes recuerdan? El licor desinhibe, permite bajar las defensas y expresar sin pudor lo que sentimos y pensamos, pero esas emociones y pensamientos no venían con la botella, estaban dentro de nosotros.

Monroy se disculpa por no haber guardado la compostura, el decoro social, la prudencia. La disculpa no va sobre el pensamiento misógino, sobre el machismo brutal. Las disculpas de Monroy, como dirían mis amigas feministas, son propias de un hijo sano del patriarcado.

Probablemente una de las cosas más difíciles sea identificar la violencia y llamarla por su nombre cuando ocurre cerca de nosotros, nosotras, en nuestras relaciones, en las personas que admiramos, que queremos, en nuestros gustos, en nuestras bandas…

Vuelvo a las conversaciones que ha generado este asunto, me encuentro a personas que una vez más tildan de intolerantes a la feministas, de doble moral -las acusan de no actuar igual si fuese una mujer la que tratase así a su ex- que todo es farándula, ganas de hacer escándalo, pura moda de Facebook… Pero ellas son las que se han tomado el trabajo de recordarnos la violencia que se esconde debajo de nuestras comodidades, son las que dan la cara ante las injusticias y los femicidios que cubren de sangre el país cada año.

A ver si empezamos a disculparnos menos y a cambiar más.

 

Alberto Sánchez Argüello

Managua 16 Junio 2016

NICARAGUA, GENERACIÓN MILLENIAL Y YO

Por Alberto Sánchez Argüello

Ahora que nos encontramos con un intercambio de opiniones en redes sociales, sobre la nueva generación de los milennials nicaragüenses y su relación/interés con las formas tradicionales de hacer política, recuerdo mi propio recorrido y escepticismo ante la política nicaragüense. Yo que he tenido largas conversaciones con más de algún y alguna millenial y a los que he visto movilizarse en los últimos 7 u 8 años, desde Movimiento No, Puente, Nicaragua 2.0, hasta Ocupainss  , me pregunto: ¿Qué sabemos de esta generación?

Según el reportaje de Alvaro Navarro Nicaragua y la generación “yo” sobre el estudio “Masculinidad hegemónica en los jóvenes posrevolución” –pronto a ser publicado- los hallazgos parecen no ser tan distantes a los del estudio “Jóvenes y cultura política en Nicaragua” de Sofía Montenegro y Elvira Cuadra -CINCO 2001-

“lo único que les ofrece una visión de su papel como sujetos y del futuro de la sociedad, en términos sociomorales es una ideología conservadora representada por un conjunto de valores que tienen su espacio de reproducción dentro de la familia y de las prácticas religiosas. Ambos espacios constituyen las “zonas de refugio” que los proveen de protección y suavizan su descontento social.”

A esto se suma –según el estudio reciente- un escaso deseo de participar en la vida política del país y más bien se muestran propensos a cultivar su vida profesional.

Sobre estos hallazgos vamos viendo distintas posturas, una es culpar y echar en cara a las juventudes actuales su falta de compromiso social y político, su apatía y desinterés hacia el país y la sociedad y se usa como ejemplo la militancia y el sacrificio de los y las jóvenes que lucharon en la guerra de los setentas y los ochentas –esta caricatura de Molina es un buen ejemplo

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Peñalba en su momento le hizo su comentario en su blog

Otras posturas llaman a investigar y cuestionar la manera en que los partidos políticos han involucrado a los y las jóvenes, la falta de relevo, la falta de diálogo, un poco el enfoque de Eduardo Enríquez en su artículo Milénicos y su falta de interés en política publicado en La Prensa.

¿Y si existiese una tercer perspectiva? Ernesto Rogelio Valle, en su artículo Confidencial strikes back menciona

“Nos tildan de “individualistas” porque valoramos la educación como una forma de salir adelante y aportar al país (eso es acción política, pero no la que quieren reconocer como tal ahora). Nos llaman pasivos, porqué nuestros padres nos han recomendado hasta el cansancio, que no vale la pena solo concebir la idea de comprometerse a un proyecto armado en contra de un gobierno”

¿Podemos hablar de otras formas de hacer política? ¿Podemos hablar de otras formas de incidir en la sociedad, en la cultura, en el cambio social?

Frank Hooker tiene algo que decir sobre esto en su artículo Nota aclaratoria: Las juventudes no estamos alejadas de la política de su blog Pláticas diversas:

“Una chavala hace política cuando decide no ser madre. Un chavalo hace política cuando cuestiona sus privilegios. Un chavalo y una chavala hacen política cuando publican en su estado de facebook, twitter o cualquier red social, el torpe actuar de funcionarias/os públicos o cuando escribe una entrada en un blog, cuando hace video o fotografías sobre algo que no les gusta del sistema político, o algo que los hace sonreír. La juventud hace política cuando sale a la calle a gritar ¡No más corrupción! ¡Salvemos a Bosawás! ¡No a las reformas a la constitución! ¡No a la construcción del gran canal! ¡Educación de calidad y empleos dignos para la juventud! ¡Tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo! ¡No más discriminación por orientación sexual e identidad de género! ¡No quiero tu piropo, quiero tu respeto! ¡Tenían derecho a la vida! ¡Ni una más, ni una asesinada más! Esto es hacer política, esto es participación comunitaria, esto es movilización social ¿Estoy equivocado?”

Gabriela Montiel en su tesis de maestría “Trayectorias de vida: ejercicios situados de política encarnada” recientemente acreditada con el Premio de Investigación “Roberto Guibernau” del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) aborda precisamente esas preguntas y sus respuestas se abordan desde casos concretos de mujeres jóvenes, artistas nicaragüenses, que han optado de manera consciente por desarrollar sus críticas, sus ideas y discursos alternativos desde el cuerpo y el arte, aportando a nuevas maneras de hacer política, distinta a la manifestación, la marcha o los procesos políticos partidarios. Otros y otras jóvenes estarían de acuerdo con la idea que esto es tan importante como los procesos institucionalizados, reconocidos como “válidos” y “significativos” por generaciones anteriores.

Una caricatura de mi colega generacional Pedro Molina (ambos somos generación X) responde de una cierta manera a estas nuevas formas y proyectos de vida:

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por acá la respuesta de @Say_Buat a la historieta anterior:

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Por acá la respuesta de Molina en el Confidencial

¿Con todos los casos de corrupción y fraudes del sistema qué afinidad puede sentir la nueva generación con las formas tradicionales de hacer política? Esto sin mencionar que sus familiares en más de un caso les han advertido de la traiciones del pasado, de no volver a la lucha armada ni poner el cuerpo ante el monstruo estatal que hemos vuelto a cultivar; sumado a la política de violencia y represión quirúrgica ejecutada sistemáticamente desde el gobierno.

Me parece que existen posturas que funcionan como intentos de tutelaje de la juventud, ya sea en el marco de un discurso moralista que fustiga su falta de participación ciudadana –en su enfoque clásico/tradicional- o bien desde un discurso condescendiente que responsabiliza a los partidos de no saber involucrarlos en una agenda/proyecto de nación; en ambos enfoques no se plantea la posibilidad de que estas nuevas generaciones tengan otras propuestas, distintas maneras de proyectarse en la vida y de visibilizar su propia capacidad de incidir en la realidad, y que seguramente no serán de dimensiones épicas ni de gran envergadura, puede ser algo tan sencillo como apoyar a una pequeña comunidad a tener viviendas dignas o estar mejor organizadas, a educar a un grupo de niños y niñas en una escuela de bajos recursos, aprender a proteger el cuerpo y enseñar a otras a protegerlo en una ciudad que viola y mata a las mujeres, hacer un teatro que cuestione las ideas preconcebidas sobre la sexualidad y la identidad, vivir el cuerpo sin etiquetas…

En un país en el que una dictadura sangrienta calló bajo la acción y sacrificio colectivo de un pueblo, que  fue traicionado por un grupo de jóvenes con mentes guerrilleras que no sabían gobernar, para luego ser derrotados en elecciones que nos llevaron a un desarme total de los cambios progresistas que se habían ensayado, llevando al país a una serie de componendas de poder mientras todo se privatizaba y se avanzaba a pasos agigantados hacia uno de los gobiernos más corruptos de nuestra historia que serviría para sentar las bases para el retorno de los que administraron los ochenta, con los mismos vicios y violencia, no es de extrañarse que las nuevas generaciones quieran ver más allá.

¿Somos capaces nosotrxs de ver más allá?

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Alberto Sánchez Argüello

Managua Nicaragua 5 de Junio 2016

DE LOBOS DIGITALES Y CAPERUCITAS EMPODERADAS

Por Alberto Sánchez Argüello

Era un mediodía de martes en Managua y por más que intenté vencer mi impuntualidad, llegué tarde al encuentro. Cinco niños y seis niñas ya estaban en un salón, diciendo lo que les gustaba y lo que no les gustaba de las redes sociales a una grabadora que la directora de su escuela pasaba ante ellos. Un niño bajito de unos once años dijo que el había escuchado que en Facebook había un asesino, que mandaba fotos de sus víctimas hechas pedazos, que ya rondaban las quinientas. Otro decía que en internet gente extraña te puede matar o violar, un niño con cierto nerviosismo agregó que en el mundo online hay cosas que no son adecuadas para ciertas personas.

Las niñas parecían que no iban a decir nada, hasta que una de ellas contó que abrió su primera cuenta de Facebook a los siete años y que al poco tiempo un hombre mayor empezó a acosarla digitalmente, pidiéndole su número de teléfono, hasta que lo terminó bloqueando; otra niña contó una experiencia similar.

Estaba en el grupo focal de seguimiento al trabajo de investigación que mencioné en REDES SOCIALES Y LA GENERACIÓN Z; no habían pasado ni veinte minutos y dos niñas habían compartido experiencias de acoso, cinco meses antes que Abixael Mogollón escribiese sobre cierto grupo de WhastApp en VICTIMAS AL DESNUDO y  seis meses antes de que estallase la noticia de un presunto violador serial en la ciudad León, que usaba perfiles falsos de Facebook como gancho para sus víctimas.

En el 2009, la CEPAL calculaba que el 56 por ciento de niños y niñas nicaragüenses entre los 6 y los 12 años, tenían acceso a teléfonos móviles, el 4 por ciento a computadoras y sólo un 1 por ciento a internet. Para el año 2013 se registraba un poco más del diez por ciento de la población del país conectada, para el 2015 se hablaba de un 15%; Sin embargo, se habla de subregistros en estos datos y me viene a la mente el par de adolescentes que iban a mi lado el año pasado, en una panga de laguna de perlas a Bluefields, conectados a su Tablet y Smartphone respectivamente.

Talvez no sepamos cuanta gente está conectada, pero si sabemos que la conexión inicia cada vez más temprano. Para los niños y niñas de aquel martes, Facebook era un lugar viejo, que habían conocido a los siete o nueve años de edad, un sitio que sus padres les revisaban continuamente, mirando sus muros, pidiendo su contraseña, checando sus mensajes, al punto de empujarles a crear otros perfiles o incluso migrar hacia Flipagram, We Heartit, Snapchat y cualquier otro espacio desconocido para los adultos.

A sus once, doce y trece años, estos niños y niñas ya habían experimentado el hacking, el ciberbullying y el grooming, sin embargo habían continuado con la construcción de sus identidades digitales, usando Ask, WhatsApp, Skype, Vine, YouTube o Telegram. Para ellos y ellas el plano digital es parte de su espacio relacional, tanto como las salidas con sus amistades o las charlas telefónicas.

El 6 de febrero de 2004 UNICEF celebró el Día Internacional para una Internet Segura. En esa ocasión, la oficina nacional de España presentó un decálogo con los derechos y deberes de niños y niñas relacionados con las TIC:

  1. Derecho al acceso a la información sin discriminación por sexo, edad, recursos económicos, nacionalidad, etnia o lugar de residencia. Este derecho se aplicará en especial a los niños y niñas discapacitados.
  2. Derecho a la libre expresión y asociación. A buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo por medio de la red. Estos derechos solo se restringirán para garantizar la protección de los niños y niñas frente a informaciones perjudiciales para su bienestar, desarrollo e integridad; y para garantizar el cumplimiento de las leyes, la seguridad, los derechos y la reputación de otras personas.
  3. Derecho de los niños y niñas a ser consultados y a dar su opinión cuando se apliquen leyes o normas a Internet que les afecten.
  4. Derecho a la protección contra la explotación, el comercio ilegal, los abusos y la violencia de todo tipo.
  5. Derecho al desarrollo personal y a la educación, y a todas las oportunidades que las nuevas tecnologías puedan aportar para mejorar su formación.
  6. Derecho a la intimidad de las comunicaciones por medios electrónicos. Derecho a no proporcionar datos personales por Internet, a preservar su identidad y su imagen de posibles usos ilícitos.
  7. Derecho al esparcimiento, al ocio, a la diversión y al juego, mediante Internet y otras tecnologías. Derecho a que los juegos y las propuestas de ocio no contengan violencia gratuita, ni mensajes racistas, sexistas o denigrantes y que respeten los derechos y la imagen de los niños y niñas y otras personas.
  8. Los padres y madres tendrán el derecho y la responsabilidad de orientar y acordar con sus hijos e hijas un uso responsable.
  9. Los gobiernos de los países desarrollados deben comprometerse a cooperar con otros países para facilitar el acceso de estos y sus ciudadanos, y en especial de los niños y niñas, a Internet y otras tecnologías para promover su desarrollo y evitar la creación de una nueva barrera entre los países ricos y los países pobres.
  10. Derecho a beneficiarse y a utilizar en su favor las nuevas tecnologías para avanzar hacia un mundo más saludable, pacífico, solidario, justo y respetuoso con el medioambiente, en el que se respeten los derechos de todos los niños y niñas.

Según la UNICEF el objetivo es dar paso a una visión donde se privilegie el acceso y el desarrollo de capacidades digitales y estrategias de autocuidado que convierta a niños y niñas en usuarios empoderados. El desafío está entonces en desarrollar capacidades digitales y estrategias de seguridad en línea.

Les preguntamos a los niños y las niñas que les quisieran decir a sus padres en este tema de las redes sociales y la seguridad. Les dirían que estaba bien que revisaran sus nuevas amistades y contactos, pero que no revisaran sus chats, que respetaran su espacio personal, que confiaran en ellos y ellas.

Podríamos hablar de resolver todo usando el parental control, monitorear 7-24 las redes, dispositivos y cuentas, pero la herramienta más poderosa -aparte del uso adecuado de herramientas y medidas de seguridad- seguirá siendo la más anticuada de las interacciones humanas: el diálogo.

PD: les dejo un post de Marta García Terán y del Blog de Tu Madre, que en esta misma semana han tocado estos temas y el video de la entrevista que tuve con Lucia Pineda Ubau en 100% noticias.

Violencia es violencia, también en redes sociales en ProComuNicando de Marta García Terán

EL VIOLADOR PUEDE SER DIGITAL Y/O ANÁLOGO en el blog de Tu Madre, escrito por Maryórit Guevara