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NO TUVE QUE PEDIR PERMISO PARA MI VASECTOMÍA

Por Alberto Sánchez Argüello

La idea de hacerme la vasectomía surgió un par de años atrás. Hacia planes mentales de averiguar sobre el procedimiento y los costos, pero el miedo a ser operado y el temor irracional de quedar impotente me detenía. Finalmente, mis cuarenta y un años, la imagen de mis dos hijos creciendo como higueras y una plática con mi pareja, acabó por darme el impulso que necesitaba. Hablé con un amigo que se había hecho el procedimiento y concerté una cita con PROFAMILIA.

El asunto fue tan sencillo como una consulta previa de veinte minutos, un examen de sangre, una intervención quirúrgica de quince minutos, un poco de dolor intermitente durante un par de semanas y un espermograma que mostró cero espermatozoides algún tiempo después. Todo por un costo menor a los dos cientos dólares.

No voy a negar que tuve momentos incómodos. El dolor del que hablo se parece a ese malestar sordo que se siente en la ingle después de esa patadita que alguna vez tuvimos la mala suerte de recibir en los testículos.

Pero eso fue todo…

Un total de tres meses entre mi decisión y estar sexualmente activo sin ninguna diferencia con el tiempo en el que mi líquido seminal estaba cargado de esperma.

Me había prometido escribir sobre el asunto en mi blog de Política Mente Incorrecto. Pensaba hablar sobre la responsabilidad masculina en la planificación familiar, pero ayer, después de leer el artículo de Ivette Munguía publicado en La Prensa sobre “el permiso” que tienen que pedir las mujeres que se declaran casadas o en pareja a la hora de solicitar la esterilización en un hospital o clínica previsional, mi enfoque cambió.

Me resultó vergonzoso e indignante que ellas tuvieran que pedir tal permiso y yo no. Después de leer el artículo busque la norma y protocolo de planificación familiar del Ministerio de Salud y encontré un documento del 2008 que sospecho sigue vigente. Sin embargo, por más que busqué en la parte de métodos permanentes femeninos (Oclusión Tubárica Bilateral (OTB), esterilización quirúrgica voluntaria, corte y ligadura tubaria, tubectomía) no pude encontrar el dichoso permiso.

Lógicamente algo así no debería aparecer en un documento que afirma los compromisos del país a nivel internacional en los campos de derechos humanos y de la mujer y en el que se lee que:

“La planificación familiar muestra un carácter prioritario dentro del marco amplio de la salud sexual y reproductiva, con un enfoque de prevención del riesgo para la salud de las mujeres, los hombres, los hijos y su aplicación está determinado por el ejercicio del derecho de toda persona a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de sus hijos, con pleno respecto a su dignidad”

Y sin embargo, la Gineco-Obstetricia, Xochilt Centeno Escoto, citada en el mencionado artículo de La Prensa dice:

“En algunas instituciones médicas se solicita (la autorización de la pareja)… En los hospitales las mamás solteras tienen la opción de solicitar (la esterilización), pero generalmente se toma en consideración a la pareja y que la paciente sea mayor de edad”

Para mil novecientos ochenta y siete el veto del cónyuge (varón) en los servicios de planificación familiar era común en muchos países. Al sur de África, Etiopía, Papúa Nueva Guinea, Japón, Corea del Sur y Taiwan, entre otros lugares, requerían la autorización del conyuge para el uso de anticonceptivos y la esterilización voluntaria. En Brazil y Argentina se necesitaron décadas de lucha de grupos de mujeres feministas para lograr cambiar leyes con contenidos similares.

Y aunque existan personas que comentan de esta manera en el artículo de La Prensa:

“Claro que deben tener el consentimiento del o la cónyuge, es una decisión compartida en el caso de parejas de hecho estable o matrimonios. Que se practique una esterilización si el consentimiento de la pareja es causa de divorcio”

“El matrimonio es una institución sagrada cuyo objetivo principal es la procreación, acto en el que participa la pareja. Si esto es así, porque una mujer pide esterilización unilateralmente?, sin tomar en cuenta el matrimonio. Si una mujer no quiere seguir teniendo hijos, y su marido no lo desea, porque no mejor pide su divorcio, así al menos será menos descarada con quien su marido”

No hay justificación para necesitar tales “permisos”

Una mujer debería estar en igualdad de condiciones que un hombre para tomar decisiones sobre su cuerpo y estar en control de su propia fertilidad. Así como yo no necesite un permiso de mi conyuge, ellas tampoco lo deberían necesitar; esto no lo digo yo, lo dice la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, firmada en mil novecientos setenta y nueve -casualmente el año de la revolución- en la que se prohíbe toda distinción basada en el sexo que impida el ejercicio de los derechos de la mujer en igualdad de condiciones por el hombre.

A ver si vamos aprendiendo.

Alberto Sánchez Argüello

Managua 21 de Julio 2017

 

 

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