NICARAGUA, GENERACIÓN MILLENIAL Y YO

Por Alberto Sánchez Argüello

Ahora que nos encontramos con un intercambio de opiniones en redes sociales, sobre la nueva generación de los milennials nicaragüenses y su relación/interés con las formas tradicionales de hacer política, recuerdo mi propio recorrido y escepticismo ante la política nicaragüense. Yo que he tenido largas conversaciones con más de algún y alguna millenial y a los que he visto movilizarse en los últimos 7 u 8 años, desde Movimiento No, Puente, Nicaragua 2.0, hasta Ocupainss  , me pregunto: ¿Qué sabemos de esta generación?

Según el reportaje de Alvaro Navarro Nicaragua y la generación “yo” sobre el estudio “Masculinidad hegemónica en los jóvenes posrevolución” –pronto a ser publicado- los hallazgos parecen no ser tan distantes a los del estudio “Jóvenes y cultura política en Nicaragua” de Sofía Montenegro y Elvira Cuadra -CINCO 2001-

“lo único que les ofrece una visión de su papel como sujetos y del futuro de la sociedad, en términos sociomorales es una ideología conservadora representada por un conjunto de valores que tienen su espacio de reproducción dentro de la familia y de las prácticas religiosas. Ambos espacios constituyen las “zonas de refugio” que los proveen de protección y suavizan su descontento social.”

A esto se suma –según el estudio reciente- un escaso deseo de participar en la vida política del país y más bien se muestran propensos a cultivar su vida profesional.

Sobre estos hallazgos vamos viendo distintas posturas, una es culpar y echar en cara a las juventudes actuales su falta de compromiso social y político, su apatía y desinterés hacia el país y la sociedad y se usa como ejemplo la militancia y el sacrificio de los y las jóvenes que lucharon en la guerra de los setentas y los ochentas –esta caricatura de Molina es un buen ejemplo

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Peñalba en su momento le hizo su comentario en su blog

Otras posturas llaman a investigar y cuestionar la manera en que los partidos políticos han involucrado a los y las jóvenes, la falta de relevo, la falta de diálogo, un poco el enfoque de Eduardo Enríquez en su artículo Milénicos y su falta de interés en política publicado en La Prensa.

¿Y si existiese una tercer perspectiva? Ernesto Rogelio Valle, en su artículo Confidencial strikes back menciona

“Nos tildan de “individualistas” porque valoramos la educación como una forma de salir adelante y aportar al país (eso es acción política, pero no la que quieren reconocer como tal ahora). Nos llaman pasivos, porqué nuestros padres nos han recomendado hasta el cansancio, que no vale la pena solo concebir la idea de comprometerse a un proyecto armado en contra de un gobierno”

¿Podemos hablar de otras formas de hacer política? ¿Podemos hablar de otras formas de incidir en la sociedad, en la cultura, en el cambio social?

Frank Hooker tiene algo que decir sobre esto en su artículo Nota aclaratoria: Las juventudes no estamos alejadas de la política de su blog Pláticas diversas:

“Una chavala hace política cuando decide no ser madre. Un chavalo hace política cuando cuestiona sus privilegios. Un chavalo y una chavala hacen política cuando publican en su estado de facebook, twitter o cualquier red social, el torpe actuar de funcionarias/os públicos o cuando escribe una entrada en un blog, cuando hace video o fotografías sobre algo que no les gusta del sistema político, o algo que los hace sonreír. La juventud hace política cuando sale a la calle a gritar ¡No más corrupción! ¡Salvemos a Bosawás! ¡No a las reformas a la constitución! ¡No a la construcción del gran canal! ¡Educación de calidad y empleos dignos para la juventud! ¡Tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo! ¡No más discriminación por orientación sexual e identidad de género! ¡No quiero tu piropo, quiero tu respeto! ¡Tenían derecho a la vida! ¡Ni una más, ni una asesinada más! Esto es hacer política, esto es participación comunitaria, esto es movilización social ¿Estoy equivocado?”

Gabriela Montiel en su tesis de maestría “Trayectorias de vida: ejercicios situados de política encarnada” recientemente acreditada con el Premio de Investigación “Roberto Guibernau” del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) aborda precisamente esas preguntas y sus respuestas se abordan desde casos concretos de mujeres jóvenes, artistas nicaragüenses, que han optado de manera consciente por desarrollar sus críticas, sus ideas y discursos alternativos desde el cuerpo y el arte, aportando a nuevas maneras de hacer política, distinta a la manifestación, la marcha o los procesos políticos partidarios. Otros y otras jóvenes estarían de acuerdo con la idea que esto es tan importante como los procesos institucionalizados, reconocidos como “válidos” y “significativos” por generaciones anteriores.

Una caricatura de mi colega generacional Pedro Molina (ambos somos generación X) responde de una cierta manera a estas nuevas formas y proyectos de vida:

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por acá la respuesta de @Say_Buat a la historieta anterior:

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Por acá la respuesta de Molina en el Confidencial

¿Con todos los casos de corrupción y fraudes del sistema qué afinidad puede sentir la nueva generación con las formas tradicionales de hacer política? Esto sin mencionar que sus familiares en más de un caso les han advertido de la traiciones del pasado, de no volver a la lucha armada ni poner el cuerpo ante el monstruo estatal que hemos vuelto a cultivar; sumado a la política de violencia y represión quirúrgica ejecutada sistemáticamente desde el gobierno.

Me parece que existen posturas que funcionan como intentos de tutelaje de la juventud, ya sea en el marco de un discurso moralista que fustiga su falta de participación ciudadana –en su enfoque clásico/tradicional- o bien desde un discurso condescendiente que responsabiliza a los partidos de no saber involucrarlos en una agenda/proyecto de nación; en ambos enfoques no se plantea la posibilidad de que estas nuevas generaciones tengan otras propuestas, distintas maneras de proyectarse en la vida y de visibilizar su propia capacidad de incidir en la realidad, y que seguramente no serán de dimensiones épicas ni de gran envergadura, puede ser algo tan sencillo como apoyar a una pequeña comunidad a tener viviendas dignas o estar mejor organizadas, a educar a un grupo de niños y niñas en una escuela de bajos recursos, aprender a proteger el cuerpo y enseñar a otras a protegerlo en una ciudad que viola y mata a las mujeres, hacer un teatro que cuestione las ideas preconcebidas sobre la sexualidad y la identidad, vivir el cuerpo sin etiquetas…

En un país en el que una dictadura sangrienta calló bajo la acción y sacrificio colectivo de un pueblo, que  fue traicionado por un grupo de jóvenes con mentes guerrilleras que no sabían gobernar, para luego ser derrotados en elecciones que nos llevaron a un desarme total de los cambios progresistas que se habían ensayado, llevando al país a una serie de componendas de poder mientras todo se privatizaba y se avanzaba a pasos agigantados hacia uno de los gobiernos más corruptos de nuestra historia que serviría para sentar las bases para el retorno de los que administraron los ochenta, con los mismos vicios y violencia, no es de extrañarse que las nuevas generaciones quieran ver más allá.

¿Somos capaces nosotrxs de ver más allá?

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Alberto Sánchez Argüello

Managua Nicaragua 5 de Junio 2016

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