LAS REDES SOCIALES COMO TRINCHERAS IDEOLÓGICAS

 

“En Facebook jamás puede suceder que alguien

se sienta rechazado o excluido. Siempre, veinticuatro

horas al día, los siete días de la semana, habrá alguien

dispuesto a recibir un mensaje o a responderlo”

Zygmunt Bauman

 

Yo vivo en el vecindario de Facebook desde el 2009. Estamos hablando de siete años de ver modificaciones de interfaz, llamados a salirse de esta red social, y predicciones sobre su inminente final.

En todo ese tiempo rara vez he eliminado a alguien de mis contactos, sin embargo entiendo que esa no es la norma. A cada rato veo a gente posteando que van a hacer “limpieza” o que acaban de eliminar a X por tales o cuales razones, o que advierten a los que hagan esto o aquello, que serán eliminados y así –me imagino sus muros llenos de guillotinas-

Evidentemente cada quien tiene derecho a administrar sus contactos como le dé la gana, ese no es el tema. Mi duda es sobre la práctica más o menos generalizada de hacerlo público y que tanto nos estamos cerrando ante la posibilidad de tener contactos que nos permitan vislumbrar otras perspectivas.

Richard Sennett escribió entre  1974 y 1976 El declive del hombre público; y en él habla de la paradoja del aislamiento y la visibilidad. Según Sennett:

“Los medios de comunicación han incrementado enormemente el acopio de conocimiento que los grupos sociales tienen entre sí, pero hacen innecesario el contacto verdadero”.

En este caso se hacía referencia a la televisión, radio y prensa; pero Internet no hace sino profundizar lo que Sennett ya vislumbraba en los años 70: que la sociedad se fragmentaba en pequeñas comunidades cerradas que no tenían verdadero contacto entre sí.

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Es muy humano rodearnos de personas similares a nosotros, es parte de nuestra forma de socializar: el construir un nosotros a partir de un ellos. La identidad personal y colectiva depende de la existencia de la alteridad, somos lo que somos porque no somos los otros. Esa identidad se construye en forma de narrativa, nos contamos una historia sobre nosotros mismos que excluye características y valores que atribuimos a los que no son de nuestros grupos de afinidad.

En Facebook se construyen las mismas afinidades de nuestros mundos analógicos y las personas terminamos agrupadas en tribus digitales que coinciden en mayor o menor medida en los mismos pensamientos sobre política y religión –por poner ejemplos- ¿Y entonces cuál es la novedad?

Antes de las redes sociales tardábamos un poco más en descartar a alguien de nuestro espacio social. Nos tocaba entablar conversaciones que podían atravesar debates complejos. Ahora, al menor signo de diferencia podemos eliminar el contacto y evitar todo riesgo de discusión y cuestionamiento. Podemos incluso explorar el perfil de una solicitud de amistad para determinar de antemano si es de “los nuestros”. Con Facebook nos estamos acostumbrando a agruparnos sólo con nuestros afines, potenciando nuestros preconceptos y narrativas personales y colectivas.

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Para  Zygmunt Bauman la clave del éxito de Facebook es el temor a la soledad: nadie quiere entablar verdaderas conversaciones porque esto implica el riesgo a equivocarse o peor, sufrir el ostracismo por disentir. No es nada raro entonces que sea cada vez más común etiquetar de troll a una persona muy crítica o que cuestiona con acidez nuestras ideas o contenidos –para mí el verdadero troll es aquel que busca activamente destruir y atacar de manera ofensiva, a las personas en los espacios digitales. La diferencia, aunque sutil, existe.

En El declive del hombre público, Sennett habla de la celebración del gueto. Afirma que esta celebración se produce cuando «se transforma el territorio local en algo moralmente sagrado». En los guetos se busca la protección frente al extraño, la seguridad de estar entre los semejantes. Este tipo de gueto tiene importantes consecuencias:

“El amor al gueto, particularmente al gueto de clase media, niega a la persona la oportunidad de enriquecer sus percepciones, su experiencia, y de aprender la más valiosa de todas las lecciones humanas, la capacidad de cuestionar las condiciones establecidas de su vida”.

La sociabilidad digital se cultiva en un entorno en el que tenemos control absoluto del discurso, y esto nos lleva, generalmente, a hablar más con nosotros mismos que a enfrentarnos a un escenario dispar y conflictivo.

Natalie Fenton, activista y profesora de Comunicación en Goldsmiths, University of London, afirma que internet crea guetos políticos entre quienes ya están bien informados. Esto sucede en parte porque los algoritmos de Facebook nos conocen un poco mejor, y van segmentando el contenido. En la media que nuestro grupo de contactos se expande, los algoritmos seleccionan por nosotrxs los tópicos que se supone nos pueden agradar o interesar, y para hacerlo parte del registro de nuestras decisiones anteriores (aquellos estados o contenidos con los que interactuamos de alguna forma). Por ende, contenidos novedosos, lejanos a nuestros intereses previos o fuera de nuestra zona de confort, rara vez aparecerán en nuestras pantallas.

Puede ser que Facebook no sea el mejor lugar para debatir y que muchas conversaciones se prolonguen estérilmente hasta el punto de que alguien termine mencionando al holocausto, pero es importante leer opiniones contrarias a las nuestras, analizar otros argumentos y contrastar nuestras ideas.

Tocará recordar en la próxima limpieza de contactos, que para alguien en este vasto universo de unos y ceros, usted también es un troll…

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Alberto Sánchez Argüello

Managua Marzo 2016

imágenes: internet

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