REDES SOCIALES Y LA GENERACIÓN Z

Por Alberto Sánchez Argüello

Yo nací en la cola de la generación X. Mi generación veneraba la televisión. Era nuestro principal foco de entretenimiento, y en mi caso puedo afirmar que efectivamente fui generación MTV. También conocimos el Atari y posteriormente el Nintendo y el Sega, así que nuestras pantallas se turnaron entre muñequitos, videos musicales y videojuegos. Cuando no estábamos pegados a la TV, procurábamos practicar aquello de no hablar con extraños, tener cuidado en lugares nuevos, cuidarme al estar solo y nunca salir sin avisar.

Para cuando hizo su aparición internet con Yahoo, Geocities, el buzón de email y los salones de chateo, mi generación ya había alcanzado la mayoría de edad. Yo convencí a mi padre de gastarse una pequeña fortuna en una PC “clonada” en una tienda que quedaba frente a lo que hoy es el María Bonita y la instalé en mi cuarto. Entrar a internet era toda una experiencia auditiva con el sonido de digestión que hacía el modem telefónico. Mi padre podía sentir como se le iba el dinero por cada byte que pasaba navegando a través de la línea del teléfono domiciliar. Navegaba con Netscape, revisaba mi cuenta en Hotmail –de las primeras- y transitaba por salones de chat públicos, usando mi nombre real. Siempre me pareció ridícula la idea de usar nickname. Tampoco era muy consciente de lo que significaba la seguridad digital –pocos lo estaban en aquel entonces- Y así fuimos aprendiendo a lidiar con aquel ecosistema, que se fue poblando con Google, MySpace, Hi5, YouTube, Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr y demás.

Para los millennials el internet ha existido desde siempre. Pero para la generación Z desde sus cunas les esperan las tabletas para jugar, los celulares de sus padres, sus consolas de videojuego. Las pantallas se han multiplicado y la conectividad también.

La experiencia de esta generación de conectarse a internet como niños, niñas o adolescentes, es muy distinta a la nuestra de haberla conocido a partir de los 18 y 19 años. Internet no fue para nosotros un espacio relevante para la conformación de nuestra identidad y autoestima, tampoco trasladamos nuestro mundo socio afectivo hacia las redes sociales, viviendo esas conexiones como una extensión indiferenciada de nuestra intimidad. Tenemos entonces una generación de niños y niñas y adolescentes que están viviendo y experimentando la conexión de una manera mucho más intensa y menos segura que nosotros.

Lo primero que toca entender es que usuarios y usuarios de internet del siglo XXI lo pueden hacer desde cualquier sitio y en cualquier momento. Tenemos una conectividad prácticamente ilimitada.

3 GRAFICO USO DE INTERNET

Movido por el interés y curiosidad de conocer más sobre la realidad de niños/as y adolescentes en Nicaragua están viviendo al respecto, he trabajado en colaboración con una escuela de Managua, aplicando una encuesta sobre uso de redes sociales a una muestra de niños y niñas de primaria y secundaria. En esta encuesta, la casa apareció como el sitio más común de conexión, seguido por la casa de un(a) familiar y la casa de un amigo(a). En cuanto a dispositivos utilizados, los más frecuentes fueron los celulares y las computadoras portátiles. Ahora imaginemos a todos estos niños, niñas y adolescentes, conectados desde sus habitaciones, por las tardes, por las noches, en días de semana o fines de semana, perfectamente a salvo, entre cuatro paredes, cercanos a sus padres o familiares, que a su vez los dan por seguros. Están dentro de sus casas, ¿qué les podría pasar?

Probablemente nada, pero esa sensación de seguridad puede hacer vulnerable a esta nueva generación. Navegar desde sus cuartos reduce la percepción de riesgo, que de por si es baja en el caso de adolescentes que aún no desarrollan totalmente su lóbulo frontal, responsable de proyectarse en el futuro y valorar las consecuencias de los propios actos.

7 GRAFICA EDAD AL ABRIR REDES

La misma encuesta muestra que una mayoría abrió su cuenta en una red social (las redes favoritas son Facebook e Instagram) entre los 6 y los 11 años, lo que significa mentir para poder acceder a estos espacios. Una mayoría contó con el permiso de sus padres y algunos estuvieron acompañados por ellos mientras creaban la cuenta. Sin embargo, un 18.5% lo hicieron por su lado, sin permiso o conocimiento de sus mayores.

11 GRAFICO RAZONES PARA BLOQUEAR

Sobre el manejo seguro de sus cuentas, un 21.4% reconoció usar alguna vez la geolocalización en sus publicaciones. Un 22% ha compartido su password con alguna amistad. Algunos de los encuestados reportaron haber tenido intrusos en sus cuentas y haber bloqueado a alguien que les hacía sentirse con miedo o amenazado(a).

15 GRAFICA DESCONOCIDOS

Y probablemente lo más llamativo de la encuesta fue que dos encuestados(as) admitieron haber acordado verse personalmente con alguien que conocieron a través de sus redes sociales y uno(a) que reconoció haberse encontrado con esa persona, sin avisar a nadie que lo haría.

Esta encuesta fue aplicada a una muestra de 29 niños, niñas y adolescentes entre los 10 y los 12 años y medio. Aunque no podemos hacer una extrapolación universal no deja de ser llamativo encontrar estas conductas inseguras en una población de clase media con recursos y educación de calidad.

Los consejos que de niños nos daban a mi generación, son insuficientes para estos niños, niñas y adolescentes, con su doble identidad analógica y digital, que viven y experimentan con igual intensidad y frecuencia. Demonizar las redes y supervisar sus actividades en línea bajo modalidad policial puede no ser la mejor solución. Es necesario entender que las redes sociales son parte inherente de los procesos de socialización y construcción de identidad de la generación Z, algo que no podemos tomar a la ligera. Necesitamos construir lazos de confianza, darles acompañamiento, buenos consejos sobre el manejo seguro de sus redes sociales, sobre el cuido de su reputación digital, sobre la construcción sana de su identidad digital, previniendo el ciberbullying, el grooming, la trata de personas y otros riesgos online.

Conversemos sobre las redes sociales sin satanizarlas,  construyamos una cultura de seguridad junto a esta nueva generación.

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