MISS TEEN NICARAGUA 2015 ¿CRÍTICA O CIBERBULLYING?

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La semana pasada Luis Castrillón proponía la siguiente pregunta desde su post “lanzamientos virtuales en tiempos de la Aldea Global” en la revista digital etcétera: ¿Habrá pensado Marshall McLuhan en el surgimiento de fenómenos de histeria colectiva o linchamiento popular masificados a través del ecosistema de medios infocomunicacionales?

Esta enrevesada pregunta de Castrillón nos lleva de inmediato a pensar en el caso de Tim Hunt, premio nobel de medicina, que después de afirmar en una conferencia que “Tres cosas ocurren cuando uno comparte el laboratorio con ellas –mujeres-: se enamoran de uno, uno se enamora de ellas y cuando se las critica, ellas lloran” desencadenó una ola de crítica y humor con el hashtag #DistractinglySexy con fotos de científicas de todo el planeta parodiando su comentario. Finalmente, a inicios de junio de este año, el nobel pidió disculpas y  renunció a su cargo de profesor en la facultad de ciencias de la Universidad de Londres.

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Ese mismo poder de las redes sociales fue utilizado en el 2014 con la hincha de Bélgica , Axelle Despiegelaere de 17 años, “descubierta” por L’Oréal  durante los partidos de los ‘Diablos Rojos’ en el Mundial de Brasil. Después que se hizo público el contrato de campañas publicitarias con la empresa de cosméticos, no pasó demasiado tiempo para que usuarios de redes sociales encontraran una foto publicada en su página de Facebook del 1 de julio en la que aparecía junto a un órice -muerto- de El Cabo, un antílope sudafricano. Resultó ser que Axelle tenía un gusto por la caza y aquello derivó en un escándalo que dio por el traste con el contrato.

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Ustedes y yo podríamos estar de acuerdo –o no- en que esta gente merecía estas reacciones colectivas: un científico –hombre- haciendo mofa de las mujeres desde su posición privilegiada, sin reflexión de por medio y sin asesoría. Una adolescente –blanca- que  mata animales por diversión y comparte un souvenir de manera pública en su red social. Pero más allá del acuerdo o desacuerdo que podamos tener, la pregunta de Castrillón sigue en el aire: cuando McLuhan acuñó su concepto de aldea global ¿imaginó la posibilidad de fuentes ovejunas electrónicas?

Las redes sociales nos han dotado de un enorme poder y -como bien lo sabe spiderman- un gran poder supone una gran responsabilidad. Estamos hablando del poder de magnificar nuestras voces, de multiplicar nuestra influencia, de globalizar nuestra indignación. Obviamente no todxs podemos hacerlo, existe una brecha importante entre un(a) usuarix y un(a) influencer, pero aun así la piedra virtual que cada uno tiene en su mano puede aportar a construir o destruir vidas y reputaciones.

Eso nos lleva a pensarnos como ciudadanxs digitales, responsables por la identidad que estamos construyendo en línea, a través de los contenidos que generamos y las opiniones que emitimos. Yo por ejemplo me posiciono favorablemente ante el humor y la crítica. La considero un arma necesaria, ante el poder, la corrupción, la violencia, sin tregua, sin concesiones.

Bajo ese enfoque es fácil posicionarse ante los comentarios xenófobos de Donald Trump –emitidos como parte de una estrategia política de conseguir votos entre obreros y clase media norteamericana que teme por la pérdida de empleos y beneficios- y unirme a la voz colectiva que clama contra su poder corporativo de hombre blanco anglosajón. No sé si lo ético es lincharlo virtualmente, pero estoy claro que pocas lágrimas caerían al suelo de las redes sociales ante un evento así.

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Pero ¿qué pasa cuando me encuentro ante comentarios y burlas sobre una adolescente que respondió mal una pregunta en un certamen de belleza nacional? Ya sea por nervios o desconocimiento. ¿Me sumo al escarnio? ¿Contribuyo a aumentar el flujo de contenido que la denigra en la red con descalificativos como bruta o ignorante? De Trump sé que es mayor de edad, lleno de privilegios y que sus declaraciones fueron una apuesta –estúpida, pero apuesta al final- a ganar puntos con cierto grupo poblacional, el hombre sabía lo que estaba haciendo, lo mismo con Hunt. Con Despiegelaere el asunto es un poco más complejo, porque nos lleva a temas de branding personal y branding corporativo (L´Oreal no quería que su imagen estuviese asociada a una adolescente cazadora de animales) y a otros temas como el cuido de la reputación y huella digital –algo que en general no preocupa demasiado a lxs adolescentes-

Estos tiempos nos traen nuevos dilemas éticos, que probablemente McLuhan no imaginó y si lo hizo poco importa ya. Un dispositivo electrónico y una conexión nos dan el poder mediático para hacer y deshacer, por eso es tan importante preguntarnos si estamos debatiendo o simplemente troleando, si estamos aportando una crítica o haciendo cirberbullying.

¿Nos lo estamos preguntando?

PD: Después de leer este post, Yaser Morazán, parte de la comunidad de bloguerxs de Política Mente Incorrecto con “El pelo en la sopa” me pasó esta tremenda charla de Monica Lewinsky sobre el ciberbullying, la dejo por acá y de verdad que vale usar 22 minutos para verla.

 

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Publicado por

Alberto Sánchez Argüello

Especialista en gestión de proyectos sociales. Amplia experiencia en el fortalecimiento del liderazgo personal, colectivo e institucional. Desarrollador de metodologías de capacitación para el desarrollo organizacional. Asesor metodológico deorganizaciones en América Central. Escritor de minificción y literatura infantil y juvenil. Fundador de Política Mente Incorrecto y Parafernalia ediciones digitales. Ponente TedX.

3 comentarios sobre “MISS TEEN NICARAGUA 2015 ¿CRÍTICA O CIBERBULLYING?”

  1. Buen tema para reflexionar…Y para complementar te invito a que veas/vean el testimonio que dio Monica Lewinsky en TED…A partir de escuchar, sentir y empatizar con su experiencia sobre el acoso mediático, la pienso dos veces antes de descargar mi furia y doble moral con las demás personas en las redes sociales: https://www.youtube.com/watch?v=H_8y0WLm78U

  2. Buen punto, Alberto. Creo que son los padres quienes exponen al escarnio publico a los adolescentes, hay una miopía generalizada con respecto a los concursos de “belleza” que lo único que persiguen es la utilización de las personas (hombres y mujeres) como objeto de utilidad. Me divierte que todas las “Missis” jamás se sintieron ofendidas, ni utilizadas por Trump como muñecas de exhibición para multiplicar sus millones y si por un comentario que lo que busca es continuar su show.

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