Activismo Trendy*: Una trampa más del Sistema

*Trendy: Algo que es moderno e influenciado por las modas o ideas más recientes

El otro día mientras trataba de decidir sobre qué iba escribir, alguien que se nombra a si mismx como defensorx de derechos humanos y activista me dijo “Y por qué no escribís del medio ambiente, eso te va a dar un montón de seguidorxs en las redes, porque es un tema que ahora está “IN” en el mundo de lxs activistas” y en ese momento, en lugar de perder mi tiempo diciéndole un par de cosas a esa persona, decidí mi tema: “El activismo Trendy”

Y es que en países como El Salvador, en el que existen brechas de desigualdad social abismales, donde hay gente que vive con menos de $1 diario pero el Vice- Presidente del país (que es de izquierda) anda por ahí inaugurando Country Clubs; sin mencionar el bombardeo publicitario que es una constante en los medios de comunicación masivos, que nos generan cada vez más “necesidades de consumo” que no existen, y donde nos dicen cómo hacerlo todo, desde comer hasta vivir, nadie está a salvo del monstruo del capitalismo. Ni siquiera lxs activistas.

Las redes sociales han tenido un papel importante en las luchas por los derechos humanos de estos tiempos, ahora gracias a ellas podemos saber con más rapidez lo que sucede en cualquier parte del mundo, nos permite coordinar con otras personas en otros espacios, nos permite hacer masivas nuestras denuncias; pero también sirven para presumir “Lo maravillosxs activistas y defensorxs de derechos que somos” ¿Y la lucha? Me refiero a la lucha en la calle, esa que va acompañada de la acción, esa, la que se nos olvida. ¿O para qué es que estamos luchando? ¿Para tener la foto de perfil más bonita de nosotrxs en una marcha? ¿O luchamos por tener la foto pintando calles?

Yo no digo que este mal tener la foto, al final son cosas que recordamos, y la lucha también nos hace felices (al final en estos dolorosos tiempos, nuestra mejor arma es la alegría). Lo que me molesta es que se nos olvide por qué realmente estamos luchando, y que dejemos de hacerlo.

Y eso de que de pronto la empresa privada tenga interés en nuestras luchas o que las “apoye” a través de publicidad, es la peor mentira del mundo.

Soy activista feminista, lesbiana, atea y otras de esas etiquetas “progre” del montón; y no, NO ME GUSTA y me ofende la campaña publicitaria de cierta compañía telefónica salvadoreña, aquella que habla tan bonito de la libertad, el amor y la tolerancia.

¿Por qué?

Porque además de no tener ningún parecido a la realidad del país (comenzando por lxs modelos del comercial) no es nada más que publicidad, porque solo fue lanzada para atraer clientes, no pretende cambiar nada, no se compromete a nada. Y no me vengan a decir que por estar en los medios y ser una campaña masiva va a “sensibilizar” a la población (a una población tan acostumbrada a la insensibilidad y la indiferencia) porque saben que es mentira. No es nada más que una campaña que salió a partir de un estudio de mercado, donde se centraron en un determinado tipo de cliente, donde sabían que iban a ser populares porque muchxs la amarían y que también serían populares porque muchxs la odiarían.

Mucho ojo con este sistema tramposo, que hará todo lo posible para truncar nuestros sueños y acabar con nuestras ideas, todxs sabemos que nuestra lucha viene de la inconformidad, de que un día nos cansamos de ser tratadxs como basura y decidimos salir a tomar lo que es nuestro y no parar hasta obtenerlo, que la lucha tiene fundamento. La defensa de los derechos humanos, la lucha por lo que es justo, no es nada nuevo, no apareció de la nada, NO ES UNA MODA.

Porque desde la comodidad de nuestros hogares privilegiados (porque podemos pagar Internet) no vamos a cambiar nada.

No necesitamos estar conectadxs para cambiar las cosas, necesitamos HACER.

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Malencarada

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Mi mamá tenía 17 años y me estaba pariendo mientras las feministas luchaban para que dejaran de expulsar a las adolescentes embarazadas de las escuelas. A ella la habían expulsado. Desde que nací, la vida me enseñó a luchar.

Me criaron mi abuela, mis tías, mi madre, mi tío bisabuelo, un perico, un tortugo, y una cóquer, todas en un apartamento para dos personas en la ciudad de San Salvador. En la casa siempre había gente, amigas, amigos de la familia que llegaban cuando se les daba la gana, todo se compartía; así aprendí que en la vida todo es para todxs.

Aprendí que el arte es transformador y que se puede vivir de ello. Mi mamá tocaba en La Batucada y yo hacía malabares en las comparsas. Siempre de un lado a otro aquel gran grupo de personas, algunxs también con sus hijxs, que decidieron irse a hacer arte para la gente en todos los rincones del paisito; pero no era cualquier cosa, era arte comunitario, arte callejero, arte sin valor alguno para muchas personas en ese momento, pero lo que yo vi y lo que viví me hizo comprender que el arte que se hace con la gente y para la gente es el que vale la pena, que da otras posibilidades para moverse en esta vida. Ahí también aprendí que la solidaridad existe. Y decidí ser artista.

A los 13 años me nombré feminista, y lesbiana a los 14; desde entonces no he dejado de cuestionar la vida.

Ahora a mis 21 viviendo en el país más chiquito y más violento de Centroamérica, un país sin ley general de agua, con escasez de recursos, militarizado, sin memoria, un país donde se condena a las mujeres a 30 años de prisión por abortos espontáneos, donde se mata a las niñas por cortar flores; me veo en la necesidad de escribir, escribir desde el feminismo sobre todo lo que veo. Porque tengo demasiado que decir y yo no aprendí a quedarme callada.

Soy mal encarada porque no soy ajena a lo que pasa en este mundo, en esta región, en este paisito tan herido y explotado, ando malhumorada porque día a día desaparecen a las mujeres sin razón alguna, porque me molesta que nos vean como objetos, porque nos usan como botines de guerra, porque vivimos una guerra no declarada, porque no hay recursos, porque estamos en emergencia por falta de agua pero hay gaseosas de sobra, porque las niñas no tienen acceso suficiente a la educación, porque no podemos abortar si nos violan o estamos enfermas, porque los que tienen el poder y el dinero se aprovechan de nosotras, porque hace 7 años asesinaron a Elda Ramos, mi amiga, fue un femicidio y aún no se ha hecho justicia.

Y quien no se mal encare por todo esto, tiene un serio problema.