Diarios de viaje: Catalina agarra viaje

Por Simone

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Catalina agarró la mochila más grande que tenía, guardó cuatro mudadas, dos trajes de baño por si salía viaje al mar en el camino y todos sus ahorros, que no era mucho pero se trataba de su tesoro. Aprovechó la luz que ocurre entre la madrugada y el amanecer, y en los claroscuros se fugó. Se detuvo unos segundos a observar la puerta de esa casa que la había albergado desde que tenía memoria, hizo un dibujo en la tierra de la entrada con una rama pequeña que se encontraba puesta justo al lado de su pie derecho. Dibujó una hoja. Amaba las hojas de los árboles, sobre todo aquellas que caen, esas para ella eran las más bellas y especiales.

Se acomodó la mochila, se ató el cordón del zapato derecho. Tomó un sorbo de avena que se había preparado para el camino, y empezó a caminar. Cada cierto tiempo sacaba el dedo pulgar para alivianar su camino, pero lo hacía más por adentrarse a la experiencia de la sorpresa, ver quién le daba ride y cuáles eran las posibilidades con esa persona. Fuera quien fuera. Al final, por eso se había ido de esa casa, le aburría demasiado ser la misma todo el tiempo. Irse para ser una diferente cada día. Una buena razón para fugarme, pensó; mientras se subía al carro gris que se había detenido en la carretera.

Que  me vaya bien, dijo para sí misma.

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