LAS QUE QUEDAMOS

berta

Obra de Maeztro urbano

Por Jessica Isla

A las hermanas feministas, al movimiento social del mundo

Berta Cáceres era una de nosotras. Una defensora de la madre tierra y el corazón de los ríos, una hermana y amiga. Era parte de nuestro cuerpo. Poco se dice que se definía como feminista y anti-patriarcal y que fue ella una de las que más luchó por definir al Frente Nacional de Resistencia como anti-racista y anti-patriarcal. Dio la batalla donde algunas de nosotras la creíamos perdida.

Todavía estamos asimilando la idea de que ya no esté con nosotras. Cuando nos enteramos de su asesinato unas nos enojamos, algunas más denunciamos, escribimos, lloramos, redactamos comunicados y pronunciamientos. Luego empezamos a coordinar acciones, fuimos a esperar su cuerpo a la morgue, organizamos la protesta y seguimos estableciendo redes para articular salidas y llegadas, cuidados, acomodamientos, tal y como lo hacemos siempre. Como lo hacía Berta, seguimos organizando la vida aún en la muerte.

Berta estaría hoy de cumpleaños, hija de una mujer que fue de las primeras que se atrevió a desafiar al sistema, convirtiéndose en la primera alcaldesa de la ciudad de La Esperanza, Intibucá. Doña Berta también fue durante muchos años, partera, sanadora, cuidadora al igual que su hija, de las mujeres, la tierra, las montañas, los ríos. De esta manera, podemos decir que con Bertita, como la llamábamos quienes la conocíamos de hace rato, solo nos encontramos en un punto del camino, compartiendo luchas y esperanzas.

Alma Karla Sandoval, escritora mexicana en su poema dedicado a las Feministas en resistencia en el 2009 expresa: “Y si vinieran por nosotras/ con sus armas largas/sus uniformes de crimen/ sus puños de patriarcas psicópatas, iríamos porque entonces/si vinieran por nosotras/ es porque habríamos vencido”. En el año en lo que escribió, creímos que íbamos a vencer, que derrotaríamos al sistema que había dado el Golpe de Estado, que no habrían concesiones más concesiones mineras, ni de ríos, que podríamos al menos, vivir como lo habíamos hecho en nuestros territorios.

Ni en nuestras más feroces pesadillas nos imaginamos, por ejemplo, que se instauraría un sistema de terror, que se celebraría con bombos y platillos la creación de una policía militar, que seríamos más perseguidas, más acosadas, más asesinadas y que todo se justificaría con la presencia del crimen organizado o la justificación de “crímenes pasionales”, como se quiere hacer ahora con el asesinato de Berta Cáceres.

Ayer ciertamente, vinieron por Berta, tanto como el año pasado vinieron por Margarita Murillo y antes de ellas, otras más.

Por eso este texto va dedicado a las hermanas feministas y al movimiento social del mundo, para que hagan suya nuestra lucha. Para las que vienen y las que quisieran estar con nosotras, las que sienten el dolor y las que no, las que se identifican con la causa.

Por que en el fondo, somos las que quedamos. Estas que salimos ayer con la muerte detrás y preocupadas por aquellos a quienes amamos, estas que regresaron a sus comunidades esperando que todo estuviera bien, estas que dejamos mensajes de última hora, estas que nos soportamos para decir que estamos aquí, en estas horas. Por si no llegamos, por si el tiempo se nos escurre entre los dedos, porque con el asesinato de Berta la ilusión de una mínima seguridad para las defensoras, para las feministas, se desvanece por completo.

Así que seguimos sabiendo a ciencia cierta, que mañana le puede tocar el turno a otra de nosotras. Estamos seguras de eso, el tiempo nos lo ha dicho. Y nos rebelamos contra este destino, porque nos queremos vivas, queremos ver a nuestra gente sonreír, pelear, amar. Porque somos tercas y obstinadas nos negamos a escuchar las voces que nos dicen que salgamos de este pedacito de tierra que hemos elegido amar.

Somos, como diría mi abuela, las que nos quedamos y lo hacemos en este tiempo y de este modo. Porque si nos vamos, queremos salir con la confianza que podemos volver o que nos vamos en completa libertad, sin amenazas, ni muerte. Aquí esta nuestra seguridad andante. Aquí construimos nuestras resistencias y rebeldías. Aquí luchamos junto a otras compañeras de América y el mundo. Aquí denunciamos al Estado, a las hidroeléctricas y concesionarias, a los patriarcas con uniforme o sin él, que amenazan con comerse nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros territorios.

Es por eso que hoy hacemos la llamada a las feministas de todas partes, al movimiento social del mundo para que exijamos a la par de justicia, las condiciones mínimas para quedarnos y seguir luchando. Porque hemos sido y seremos Margarita, Bertha, Nelly, Betty, muchas más. Somos ustedes, un gran cuerpo colectivo que está siendo paulatinamente cazado, mutilado, destruido y queremos que griten de dolor e indignación con nosotras.

Porque ya vinieron por nosotras y no sentimos que estamos venciendo.

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Jessica Isla
Xibalbá, 4 de marzo de 2016