LAS LUCHAS QUE HEMOS IDO TEJIENDO

(Maud Watts, personaje principal de Las Sufragistas)

Por Simone

Cuando era niña y luego adolescente deseaba que alguien me dijera que mi vida podía ser diferente, que mi mundo podía cambiar y que mis posibilidades de ser libre eran viables. Mientras fui avanzando en mis caminos, fui intuyendo que no era tan loco querer vivir respetando mis tiempos y sueños. Digerir estos sueños como viables solo fue posible desarmando el rompecabezas que era mi vida para poder armar otro, y no lo he hecho sola. Eso es importante decirlo. Nunca una mujer, una persona teje sus luchas por vivir en libertad sin ese alimento de otras vidas, de personas que te dicen de forma directa o indirecta, “Seguí luchando, no te rindas”.

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Fui a ver la película Las Sufragistas (Reino Unido, 2015), dirigida por Sarah Gavron, es una propuesta cinematográfica que le apuesta a narrar en estos tiempos actuales, la lucha de las mujeres británicas por el derecho al voto de las mujeres. Algo que no se evidencia en la película es que para 1912 existían dos líneas organizadas para luchar por el derecho al voto de las mujeres; primero estaban las sufragistas quienes le apostaban por estrategias políticas mesuradas y por avanzar poco a poco en sus reivindicaciones y siempre por métodos legales. Por otro lado, estaban les suffragettes; que deciden romper con la delicadeza que dominaba el movimiento sufragista británico de la época.

Les suffragettes, por el contrario, le apostaron a la acción directa como estrategia política, que se caracteriza por métodos de choque, hacían manifestaciones, cantaban, organizaban protestas y a como si se evidencia en la película, incluso en condición de presas políticas, llevaban a cabo huelgas de hambre. No es de extrañarse que de esta línea del movimiento sufragista fueran la mayoría de las presas por motivos políticos en esta época.

Y pienso, que fuerte y poderoso ha sido cuando las mujeres en las distintas épocas de la historia de cada parte de este mundo, se han rebelado ante las normas patriarcales e injustas. Y claro que las mujeres mientras avanzan en sus actos de lucha, se encuentran con los ataques de guardianes de ese orden social desigual.  Que irritante es pensar en los distintos mecanismos que tiene la estructura para controlarnos a nosotras las mujeres, y a ejercer ese control mediante hombres educados, estudiados, pero también mediante los hombres con los que convivimos y nos encontramos en la cotidianidad.

(Imagen de método utilizado para obligar a comer a las sufragistas cuando hacían huelga de hambre estando en prisión)

Estos hombres que defienden el orden de la estructura social que normaliza la desigualdad entre hombres y mujeres, entre las personas; bien  puede tratarse de un ministro que decide si las mujeres evidencian razones de peso para otorgarles el voto, o el esposo de Maud que le quita los chelines que ella ganas por día en la fábrica en la que lava y plancha; y que además la exilia de la casa y le recuerda que por ley él es quien decide por el hijo en común. O los compañeros de trabajo de la fábrica, que están pendientes observando a las mujeres, que se burlan de Sonny el esposo de Maud, cuando ella empieza a participar de las reuniones y marchas junto a otras mujeres que militaban en la lucha.

Y también los vecinos, hombres y mujeres, que estaban atentos a cuando Maud era detenida, que le gritaban que era una vergüenza, que estaban pendientes, monitoreando la vida de esta y otras mujeres, que decidieron en sus vidas luchar y creer que podían lograrlo, que podían lograr algún cambio.

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En mi caso implicó todo un recorrido darme cuenta de que era posible tener una vida diferente. Aprender que tenía una fuerza increíble dentro y que podía hacer temblar el mundo con ella. Fue todo un proceso destrabar mi voz, aprender a plantear lo que quería y necesitaba con seguridad y mirando a los ojos. Reencontrar mi voz, mis voces y mis fuerzas para poder tejer libertad, ha sido toda una lucha. Y pienso que hay muchas mujeres que están en un momento de sus vidas en el que aún no ven como posible liberar sus voces y fuerzas.

Y es aquí donde surge la urgencia por crear comunidades que políticamente construyan redes de acompañamientos y condiciones colectivas de libertad, autonomía y seguridad. Puede ser que la excusa sea una lucha con un objetivo concreto como el derecho al voto, o la despenalización del aborto terapéutico, o del aborto en general. Pero más allá de los objetivos específicos, a como se ve en la película, y a como he podido experimentar en mis trayectorias, lo real y profundamente poderoso es que las mujeres se junten para sacudirse los miedos, para reír a carcajadas sin reparos, para enseñarse mutuamente a defender de la violencia que habita cada esquina.

Es poderoso encontrarnos porque nos ayuda a volver a confiar, en nosotras mismas y en otras; eso es una amenaza para el sistema a como está diseñado. El acompañarnos partiendo de ese reconocimiento mutuo que tejemos con otra(s), que no se tiene que nombrar necesariamente; es la semilla de nuestras resistencias. Los caminos recorridos de otras nos acompañan y nos ayudan a tomar impulso, y así ir descubriendo nuestras propias encrucijadas y revoluciones.

Sin embargo, hay dos temas que a mí me tienen dándole vuelta a muchas premisas de lo que es la lucha colectiva y cotidiana: por un lado toda la narrativa del sacrificio y la de “dar la vida por algo”. Primero porque en la lucha al sistema le conviene que muramos o que dejemos de vivir, le conviene que caigamos en la trampa de “lo que importa es la lucha, hay que hacer sacrificios…”. Yo quiero vivir y construir con otras (personas) nuevas posibilidades de mundo, en nuestros escenarios, en nuestras cotidianidades.

Sin embargo hay momentos en que este mundo se torna mucho más inviable para la vida; y las mujeres han desarrollado mecanismos de resistencia colectiva para no morir, para seguir vivas y juntas, acompañándonos. Ya sea que compartamos diario, o por momentos, que nos contemos nuestras vidas o solo nos reconozcamos de lejos; ahí estamos muchas en este mundo, cada una desde su propio camino, que nos lleva a vincularnos con otros caminos.

Así como les suffragettes, habían las que tiraban piedras y rompían los vidrios de las tiendas, o las que explotaban los buzones de correo y cortaban comunicaciones, o las que le apuntaban más alto y hacían explotar la casa de un ministro; cada una de nosotras diseña sus propias estrategias de lucha en el día a día. Poniendo el cuerpo, las palabras, la voz, fugándonos entre nombrar y no nombrarnos en esa lucha. También nos encontramos tejiendo apuestas colectivas que nos conflictuan y nos fortalecen. Ahí estamos, lo importante es que no dejemos de encontrarnos para confabular contra este sistema injusto, que poco ha cambiado en el fondo, aunque en la forma ahora adopta muchas máscaras políticamente correctas.

Ya sea que nos nombremos o no, lo importante es que nos reconozcamos en nuestras luchas, en esos procesos que nos permiten ir destrabando los miedos aprendidos, que nos posibilitan ir poco a poco sacando esas voces que el sistema pretende silenciar y olvidar. Pero sobre todo, lo vital que es que nos logremos reconocer y trascendamos de nuestras burbujas individuales y familiares, hacia la colectividad, hacia esas comunidades en resistencias que podemos ser, y que podemos crear. Las resistencias multicolor se logran en la diversidad de vidas que se encuentran y tejen posibilidades.

Abrazos de manada.

Hay una escena en la que el detective le dice a Maud:  “Tendremos que detenerlas” y Maud le contesta “Vamos a ganar” (tarde o temprano). A como decimos “Llegará ese día en que caminaremos sin tener que estar ideando estrategias de sobreviviencia, urbana, rural y cotidiana…llegará ese día”



Publicado originalmente por Gabriela Montiel H. (Kame) en Gabriela Kame (Gabriel) el 11/30/2015 07:06:00 p. m.