La venganza de Managua

Managua es esa que fue dada como decisión “salomónica” para que los timbucos y los calandracas dejaran su guerra civil.

Para que ninguna de las presumidas ciudades coloniales de León y Granada tuviera la dicha de ostentarse capital.

En aquella pequeña aldeita cerca del Lago, donde los pescadores echados al sol veían plenos y descansos el horizonte.

Pero se acabaron esos días. Llegó “el progreso” y la llamaron Capital. Confundida sin entender por qué no fueron escogidas ninguna de aquellas dos ciudades, llenas de indígenas luchando ajochadas por imperios y monarquías.

Los pescadores se convitirtieron en jornaleros de 8 horas diarias; ya su faena había perdido el encanto. Conseguir un pargo ya no significaba una ilusión de rica cena  sino suspiro de alivio para cumplir al patrón las exigencias del mercado.  El ruido del día a día hacía del paisaje una locura colectiva, el cantar de las aves se opacó por el retumbar de los camiones, la vida se volvió un pasar rutinario de las horas. La aldea estaba pavimentada y el sol ya no tocaba la tierra. La aldeíta era un caos.

El Xolotlán era su preciado tesoro. Las aldeanas corrían y contaban sus amoríos y rebeldías, niñas y niños perseguían gaviotas y las parejas enamoradas llegaban a despedir el día con un beso al ocaso.

Cuando Managua fue llamada capital su Lago fue condenado a ser una cloaca.  Los peces ya no se alimentaban de algas sino de las entrañas de las almas en guerra que habitaban aquella ciudad.

Le contaminaron sus lagunas, llenaron de cemento sus jardines, años después hasta  árboles de latas le recetaron.  Saturaron de humo su aire,mataron sus animales y su noche la convirtieron en el castigo divino.

Pero Managua estaba dispuesta a  vengarse por haber sido escogida como el castigo y dejó que se asentaran. Dejó que la presumieran con grandes edificios, los desfiles de moda, carnavales, lujos, transnacionales y hogar para foraces chupa sangre y riquezas del pueblo.

Dejó pasar el tiempo, que se creyeran felices y sintieran que habían ganado; hasta que un día respiró profundo, movió cada vena, cada nervio, cada arteria. Presionó el botón en caso de emergencia, movió su falda, pensó en sus aguas y los soldados que sufrieron con la milicia de tiscapa, en el chipote.

Tembló, tembló fuerte y desató toda su furia en nombre de sus pescadores que murieron en nombre del progreso. Les recordó sobre quien están asentados los sueños.

Otro día se alió con el cielo y con el Lago. Inundó las calles, dañó edificios y habitó cada camino de su aldea.  Dio cabida al sol y erosionó la piel del pueblo.

De vez en cuando sube la temperatura, calienta hasta 39°c. Ríe maléfica al ver la desesperación de la gente, el mal caracter y la gente casi llorando. Si ese día tiene buen humor deja caer alguna gota de agua para jugar con la esperanza de calmar la presión.

Y lo peor de todo es que la gente y sus generaciones que la colonizaron están condenados a seguirla habitando.

Así pasan los años y cada vez que ellos crean tener su victoria Managua les recordará que su venganza no ha terminado.

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Managua 24 de julio 2016, aniversario del nombramiento de Managua como ciudad por ley legislativa emitida por la Asamblea Nacional Constituyente del Estado de Nicaragua (ubicada en ese momento en Masaya por la guerra civil 1823-1857)

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