De heroismos y justicia

“Tengo 73 años. No fui a la escuela pero he aprendido mucho de la vida. No sé cuánto tiempo voy a vivir, pero voy a aprovechar los años que me quedan para a ayudar a mi comunidad a salir de la violencia y a que no agarren las drogas” Roy Miguel/Mískitu de la comunidad de Saupuka, Waspam

“Estoy aprendiendo a ser promotora comunitaria, llegué hasta primer año de secundaria. Hoy dimos un curso a los maestros y me tocó decirle a una profesora que pasara a exponer, yo pensé que no me iba a hacer caso porque ellos saben más que nosotros. Pero me gustó que me hizo caso. Me sentí alegre”   Marisela Labonte. 48 años/Mískita de la comunidad Saupuka, Waspam

Voy a ser directa: La gente nica está llena de heroísmos. Asistí al VII foro de mujeres indígenas del Wangki. Participaron alrededor de 500 personas, la mayoría eran mujeres entre niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y ancianas. Pero más allá de sus condiciones biológicas quiero referirme a sus capacidades humanas.

Encontré parteras, la mayoría ancianas que han visto pasar por sus manos a miles de almas convertidas en cuerpecitos.

Las parteras del Wangki pueden decirle:

  • A un médico: los diferentes tipos de partos y cómo enfrentarlos
  • A una policía: los cuidos que se debe tener para evitar confusiones entre dos partos
  • Al alcalde del pueblo: cuántos partos, niñas y niños nacieron en el último mes
  • A los whitas: si su mamá sufrió o fue un parto más

Parteras

Sin embargo no tienen condiciones económicas ni laborales que les permitan pensionarse al pasar de los años, no hay salario y dependen de la tasa de natalidad mientras encuentran recursos para irse río arriba a buscar un parto más.

Vi jóvenes que luchan por construir su propia historia, soportando la cruz de las comparaciones generacionales. Les cuentan lo sano que era el pueblo en el pasado y que la juventud actual está en decadencia. Jóvenes que quieren crecer sin ese yugo que les condena a quedar varados entre la nostalgia de sus ancestros y sus deseos contemporáneos.

Me dolió verlos conformarse a vivir cotidianamente el alcoholismo y la violencia

Mi profesor anda borracho por las calles, me ha pedido un peso cuando lo veo tirado en la esquina. Ha llegado tomado a darnos clases. Pero es buen profesor”

 

“Todos sabemos que a nuestra profesora le pega su marido, pero no decimos nada”

Pero también conocí a Sandra. Lleva 30 años enseñando las primeras letras a su gente. Ve con nostalgia a las generaciones que han absorbido sus años mozos, su energía de mujer. Por sus manos ha pasado el profe de física, el alcalde, la señora de la tienda y el pastor de la iglesia.

Conocí al profesor René que a sus 16 años soñaba con ser abogado pero tuvo que enlistarse armado por su país, al concluir estudió dos años de medicina pero terminó dando clases de biología en el colegio del pueblo. A sus 50 años se atrevió a iniciar en la Facultad de Ciencias Jurídicas, como siempre lo soñó.

Ahora tomo uDSC04829n avión y viajo 380 kilómetros lejos de Waspam, veo desde el aire las casitas de tambo, los militares a orillas del Río Coco, la pobreza y violencia que la gente recuerda, pero respiro profundo y me digo: Por las venas de Nicaragua corre sangre de heroínas pero ellas merecen que le hagamos justicia.

No se trata de sentir orgullo a costa del sufrimiento cotidiano de nuestra gente sino de garantizar el derecho de los pueblos indígenas a tener una vida digna sin seguir siendo víctimas de la exclusión histórica que vive el Caribe.

 

3 pensamientos en “De heroismos y justicia

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  2. Esa es la triste historia de casi todos los pueblos costeros de América Central, y de muchas otras partes del mundo. Coincido contigo, Kenia, en que lo mínimo que merecen estas personas es reconocerles su papel heroico en la construcción de sus familias y comunidades, así como en visibilizar su papel en la sociedad. Gracias por compartir sus historias, historias que nos acercan como seres humanos.

  3. Es una crónica muy bonita y bien estructurada Kenia, me gusta mucho la contraposición de historias y la manera sensible, desde el punto de vista social, con que planteas el esfuerzo que las parteras y maestros de la comunidad Saupuka de Waspam hacen para sobrevivir.

    También coincido con vos en que no solo se trata de sentirnos orgullosxs de ellxs y de su tesón ante la vida, de su manera de nadar contracorriente, sino de hacer algo para que su situación cambie garantizando sus derechos.

    Lo único es que considero que a lo mejor hubieses incluido algunas propuestas de qué hacer, obviamente desde tu punto de vista de ciudadana, pero en general es un texto muy bonito y humano. Siempre es un gusto leerte.

    Abrazos

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