EL CUERPO COMO CAMPO DE LUCHA

Luchamos, sí, porque no se nos niegue ningún derecho, pero luchamos, sobre todo, para acabar con la división de papeles en función del sexo.

  1. Uria, E, Pineda, 1985.

 

Por Tyrone Aragón

Si a través de la dialéctica dinámica propuesta por Kierkegaard intentamos comprender las actuales formas de protesta de los grupos feministas, acabaríamos concluyendo que además de existir un notable nexo entre los ideales primigenios, estos mismos se renuevan gracias al contexto en el que se desarrollan. Este contexto, que es muy importante y debería ocuparnos,  modela las nuevas luchas y perfila las nuevas formas. Por tanto, el creer que las extremas formas de hacer eco en la sociedad nuestra están extrapoladas y no pertenecen a un feminismo antiguo, denota una carencia en la cosmovisión.

La historia nos revela que el feminismo como  colectivo empieza a dejar rastros a finales  del siglo XIII, y a mediados del siglo XIX ya existe una organización de ideas consolidadas y firmes, lo que produce los primeros lineamientos de la lucha. Nos encajamos en periodos duros del desarrollo evolutivo humanístico. Acabamos de salir del Oscurantismo, donde muchas mujeres fueron asesinadas por una ola de ignorancia que promueve la Iglesia Católica, que acusa de brujería las artes alquímicas y liberales. Prohibiéndoles rotundamente la participación en cuestiones intelectuales debido a que esto las elevaría a un puesto no destinado según la sociedad religiosa que ellos trataban de formar. Rebeldía, hereje, no adopción de ideales religiosos, eran causas de muerte segura. El Renacentismo e Ilustración traen la oportunidad de rescatar la evolución y desarrollo de las artes humanas. Así, empiezan a destacarse los primeros conceptos de feminismo. En 1971, Olimpia de Gouges, quien fue asesinada en la guillotina por el gobierno de Robespierre, dijo ´´… derechos naturales de la mujer están limitados por la tiranía del hombre, situación que debe ser reformadasegún las leyes de la naturaleza y la razón.´´ Así mismo en 1972, Mary Wollstonecraft declara en La Vindicación de los derechos de la mujer que las exigencias son igualdad de derechos políticos, civiles, laborales, educativos y derecho al divorcio como libre decisión de las partes. De estos textos podemos extraer la esencia de una primera lucha. Concordamos en que era una dialéctica, intelectual, que pretendía sacar a la mujer de los terrenos subalternos de la ciencia y sociedad. Pronto se dan cuenta que a través de la libertad que les otorgaba el Iluminismo no se había avanzado mucho y deciden un nuevo golpe al que denominan como derecho al sufragio, y desde el cual se iniciaría el cumplimiento de todas las otras demandas.

Como ejemplo de que las luchas antiguas y actuales pertenecen a un feed back continuo, estos y otros primeros lineamientos forman parte de un texto llamado La unión obrera, allá por 1842, publicado por Flora Tristán y que sirve de estudio para la historia del feminismo latinoamericano.

La reciente imagen en la Catedral de San Pedro, Matagalpa, que demuestra a cinco mujeres semidesnudas, con sus cuerpos cubiertos por pintura, y sosteniendo cada una carteles que forman la oración Mi cuerpo es mío, fue objeto del escarnio nacido de la más profunda y pastosa ignorancia que impera en nuestra sociedad nicaragüense. Acusándolas con todos los peyorativos existentes y desautomatizados, y peor aun aludiendo que no eran verdaderas feministas porque las verdaderas habían sido mujeres de ciencia y política. ¡Hasta allí bajamos al inodoro!

Al parecer la disyuntiva más grande recae sobre el cuerpo y sobre los niños. Pero esto también se sana a través de la historia. El cuerpo es política. Y ha sido usado como subversiva forma expresión. Civilizaciones como Roma y Grecia en los periodos de la Ilustración ocuparon también Arquitectura y Pintura para hacer eco de los cuerpos desnudos. Sobresale aquí  Degas, celebérrimo pintor de desnudos. O sino Miguel Ángel, pintando y esculpiendo figuras masculinas y femeninas eróticas. Sensualizando la moral judeocristiana de la época. Elevando y normalizando el culto a la esencia misma de nuestros cuerpos.

Si la lucha es sobre la autonomía del cuerpo, es lógico que sea el cuerpo el método de protesta.  Los niños no pintan ningún papel vulnerablemás que el de dejar en claro que no solo tenemos ignorancia, sino hipocresía latente. Puesto que nuestros niños consumen la basura televisiva, tienen smartphones que los conectan de inmediato a páginas pornográficas y estos hábitos son indiscriminados.  Además es una lástima que estemos tan atrasados, el bodypaint en otros países es un arte carísimo, y los museos naturales están llenos de anatomía en su máxima expresión.

Podemos leernos todos libros de teoría feminista y nos daremos cuenta que cada movimiento responde al contexto social en el que se encaja cronológicamente.

Cada quien aprenderá a vivir su feminismo desde la historia. No existen lineamientos ineluctables, ni verdades absolutas. Nuestras luchas son dinámicas, constantes, y requieren de objetos que desgarren el velo social que nos atamos todos los días.

Por Tyrone Aragón

El meme que encabeza este post fue tomada del muro de Oralia González Sobalvarro