Colectividad Trans: ejercicios para vivir más allá de la discriminación

Por Gabriela Montiel

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Visité las oficinas de ANIT en la ciudad de Managua y Ludwika me estuvo contando sobre el trabajo que realizan y la realidad que viven muchas compañeras trans. ANIT es una organización que se fundó en el 2008, posteriormente se sumarían al Grupo Estratégico de la Diversidad sexual; que respondió concretamente a una urgencia por contar con instancias que acompañaron a la colectividad trans ante las constantes violaciones a sus derechos humanos. Si bien existían organizaciones compuestas por homosexuales y lesbianas, las compañeras trans en estas organizaciones eran incluidas en la identidad gay, lo cual fue la pauta para organizarse en un espacio que respondiera a las necesidades concretas de las personas trans.

Desde el 2008 al 2010 ANIT fue incluida en diversos proyectos, pero es hasta el 2011 que empiezan a ser apoyadas por el FCAM, que ocupan un papel protagónico en proyectos para realizar acompañamiento ante situaciones de violencia con las compañeras trans. Han trabajado capacitaciones  en Derechos Humanos, participación política, Identidad de género y legislaciones nacionales e internacionales; con énfasis en el derecho laboral. Sobre todo porque las compañeras se enfrentan a un sistema de discriminación que empieza en los hogares y se traslada a las Escuelas, lo que les obstaculiza su formación, y en materia de oportunidades de empleo aunque se logren profesionalizar, no les permiten ocupar puestos de trabajo formal.

Se realizan acompañamientos jurídicos, se recepcionan los casos de las compañeras, que incluyen violaciones a derechos humanos en el ámbito familiar dónde son agredidas por padrastros, primos, hermanos, parejas. Cuando la denuncia no es investigada se recurre a llevarla a la Procuraduría de la Diversidad sexual. Otro tipo de denuncias es por Violencia Institucional, cuando los centros de salud no brindan la atención adecuada a las personas LGBTI. Ludwika nos comenta que existe una declaración ministerial 671-2014 que sanciona todo acto de discriminación por parte de personal médico y la usan como respaldo para evidenciar la discriminación.

¿Cómo se manifiesta la discriminación?

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Nos cuenta que en lo que va el 2016 llevan cinco casos solo del Hospital Manolo Morales, que está brindando una pésima atención, a las compañeras con VIH no se les está entregando el medicamento en tiempo y forma, no se les está llamando por el nombre de identidad. Ludwika nos comparte evidencias de lo poco que importan las vidas de las trans en un sistema de salud deficiente “Otra violación de derechos es que se les está dando medicamento vencido a las compañeras, es una mala atención”.  Las denuncias las envían a la Procuraduría de la Diversidad sexual, al secretario de salud Enrique Beteta, y este lo percibe como si ANIT y la colectividad trans estuviera haciéndoles la guerra, cuando lo que hacen las compañeras es defender su integridad. Ludwika agrega:

“A una compañera le borraron seis veces el nombre de identidad, se lo borraban, se lo borraban. Hasta que ella le tomó foto, y cuando regresó ya tenía un expediente nuevo que estaba con el nombre que ella se identifica, todo eso es parte de la lucha que hicimos por dos meses”. Es una lucha de todos los días, más allá de las efemérides, es un asunto del día a día.

ANIT realiza acompañamientos psicosociales en alianza con CENICSOL y una red de clínicas, se trabajan procesos con las compañeras ante todas las situaciones de discriminación que afectan la vida del colectivo trans, sobre esto nos comparte:

“Hemos tenido casos de compañeras que han venido a las oficinas mutiladas, que se cortan el pecho porque tienen algo que no le han contado a nadie y se les da acompañamiento. Hemos tenido casos de compañeras  que se han querido cortar aquí, y hemos tenido que intervenir…son cosas que hemos pasado aquí”. Luchar contra todo un sistema heteropatriarcal, misógino y moralista no es asunto fácil, pero es el pan de cada día de las compañeras.

Desde ANIT se trabaja por incorporar a las compañeras trans en las aulas de clases, muchas de ellas dejan de estudiar por el estigma y la discriminación en los centros educativos. Algunas logran bachillerarse, estudiar diplomados o cursos de estilismo y cocina. Existen unas cuantas que han logrado entrar a las universidades, pero es una lucha diaria.

Los procesos que desarrollan son la estrategia que han encontrado para empoderarse como colectivo trans:

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“Desarrollamos talleres de autoestima, reflexionamos sobre la discriminación, identidad de Género, Incidencia Política; que la hacemos con Alcaldes, Diputados, Concejales. En este momento tenemos una propuesta de ordenanza municipal de No Discriminación a la población LGBTI en el municipio de Masaya, la mayoría aprobó y solo falta la firma de la Presidencia; ya tenemos cuatro años en este proceso. Llevamos procesos de empoderamiento político como población LGBTI. Realizamos atención médica y desarrollamos Grupo de Autoayuda con las personas que viven con VIH”.

El no poder obtener empleo formal, es una de las principales problemáticas de las personas trans, y se debe principalmente a la discriminación: “Si soy cajera y quiero trabajar en un banco, no me brindan esa oportunidad. Porque nos obligan a cambiar nuestra apariencia y actuar como un hombre para poder trabajar en un banco”. Y Ludwika nos comparte su experiencia:

“Yo estuve trabajando en un call center, hace ocho años, y yo tuve que cortarme el cabello y vestirme de varón por la gran necesidad que tenía. Todo eso lo pasé, pero luego dije- Voy a ser quién soy y me salí- y desde ese entonces no he tenido un trabajo. Nos quedan los trabajamos informales”.

Las compañeras son trabajadoras domésticas, trabajadoras sexuales, vendedoras en las calles de ropa, perfume y prensadores. Las compañeras se las andan rebuscando todos los días, algunas hacen trabajos de limpieza en los gimnasios. Cabe señalar que son trabajos mal remunerados, sin seguro social.

Las visitas que realizan

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Ludwika nos cuenta que realizan visitas al sistema penitenciario. Se maneja que 50 compañeras trans están privadas de libertad, pero se sabe que es un subregistro. Muchas de las compañeras están por venta de estupefacientes, por la escasa oferta laboral para las trans, algunas trabajan de muleras y se las llevan a la Modelo. Nos cuenta que las ubican en la galería 3 que es sólo para personas trans y gays, pero a algunas las castigan enviándolas a compartir celdas con hombres. Cuando analizamos el porqué del castigo se evidencia el papel disciplinario del sistema penitenciario en los cuerpos trans:

“castigan a las compañeras por el comportamiento alterado que demuestran cuando les cortan el cabello y las tratan como hombres, se ponen rebeldes y las mandan a otras celdas. Ese es un problema que tenemos, que a algunas compañeras les cortan el cabello y las tratan como hombre, una compañera se intentó matar cuando le cortaron el cabello ahí en la celda, ella se cortó las venas y la tuvieron que llevar a Emergencias”. ¿Cómo se reacciona tranquilamente cuando te quiebran tu identidad? ¿Cómo mantener la calma cuando desestructuran tu agencia?

Las compañeras realizan visitas a las trabajadoras sexuales, con el propósito de prevenir ITS y VIH: “estas las realizamos una vez al mes, porque tratamos de llevarles un refrigerio y los materiales preventivos del VIH e ITS. Recorremos desde el sector Malecón, pasando por Plaza Inter, subimos Metrocentro, vamos por la carretera Masaya, Bello Horizonte, la 35 Avenida. Trabajamos con las compañeras trans y mujeres así nacidas”. Le preguntamos a Ludwika qué han encontrado en las visitas y nos compartió:

 “Demandas sobre la policía, que las golpean y se las llevan por estar paradas ahí. Esta violencia es de siempre, la vez pasada nos llevaron detenidas mientras hacíamos la visita, decían que era por escándalo en la vía pública, y no era cierto”.

Procesos hormonales y Ley de Identidad

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Ludwika nos cuenta que muchas compañeras se inyectan aceites minerales, se inyectan hormonas pero sin seguimiento; y que esto ha provocado en algunas úlceras y llagas. Nos cuenta:

“A una compañera la iban a operar porque se le hicieron bolsas de pus en el pecho, la tuvieron que drenar y le quedó una gran cicatriz. A otra compañera que se inyectó aceite mineral, le tuvieron que amputar los pechos. Y otra compañera que pasa vendiendo pan, los dos pechos se le endurecieron, parecen dos piedras y eso en un futuro puede provocar cáncer y una posible amputación…Otras compañeras que se han hecho implantes de silicona, esos son procesos médicos, pero implica un seguimiento, porque si no pueden tener serios problemas”. ¿Cómo hace el cuerpo para esperar que el sistema reconozca su necesidad de transmutar? En las corporalidades ubicadas al margen de los discursos de derechos humanos, el riesgo es una constante.

En cuanto al borrador de Ley de Identidad se trata de una política para el cambio de nombre y reconocimiento de la identidad trans, Ludwika nos cuenta que ya se lleva ocho años revisando esta propuesta, que se había logrado un borrador que luego se desestimó, y que no han tenido noticias de algún avance. Lo que nos comenta es que ellas como ANIT no están participando directamente de este debate.

Crónica de una violencia

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En semanas anteriores a una compañera trans la policía la violentó en su casa, y se la llevaron secuestrada hacia una estación de policía porque les dio la gana, porque ese órgano represivo puede matar si se lo propone. Ludwika nos comparte esta experiencia:

“Estaba en su casa, acostada y la policía llegó a las 4 y 40 de la mañana, a hacer cateo y a buscar un tipo. Agarraron a todos los hombres y a ella la agarraron porque tenía el apellido de quién buscaban porque es su primo, y la policía la retuvo mientras el primo se entregaba. A ella se la llevaron, la arrastraron y la golpearon. Eso fue a las 5 de la mañana, me vinieron a buscar, y a las 8 am que vine a la oficina la familia me contó. Cuando llegamos nos dicen- No, no están ni los de Auxilio Judicial y ni ella está aquí presa. Hasta las dos de la tarde vengan, que a esa hora están los de auxilio Judicial.

Llamé a la Samira Montiel de la Procuraduría de la Diversidad. Regresamos con la delegada, y a ella le dijeron- Que no era quien para llegar a mandar a la comisaría. Le dijimos a la delegada que a ella la llegaron a sacar de su cama que por hacer escándalo decían. Los policías dijeron que ellos la iban a soltar, pero como llegamos en grupo, no la iban a soltar. Solicitamos que se hiciera una valoración de medicina legal, él (el policía) dijo que no. Y agregó que si íbamos a medicina legal, él iba  a poner a una de sus oficiales para que pusiera una denuncia en contra de ella. Nos quería intimidar pero no tuvimos miedo, y solicitamos la valoración.

La compañera quedó golpeada injustamente, todo ese trámite fue un día entero Cuando nos fuimos de la policía, ellos soltaron a la compañera descalza y en short. No quería dar su brazo a torcer, ante la delegada de la Procuraduría y ante nosotras”.

Cuerpos que para el sistema son basura, no son cuerpos con los que se dialogue como sujetxs de derechos, sino como “algo desechable”, que se tira a la calle luego de haberlo golpeado y denigrado. En lo que va del 2016 han recepcionado 9 denuncias. Desde el 2011 llevan 50 denuncias registradas por distintos tipos de violencia, entre los agresores sobresalen agentes de la policía y personal médico del sistema de salud. Semanas antes de la entrevista, nos comentaba Ludwika, una compañera trans fue violada por un grupo de cinco agresores, la compañera decidió no avanzar en la denuncia. Ante un sistema de justicia violento con las víctimas de violencia machista y cómplices de homolesbotransfobia, denunciar no es una garantía de justicia.

A seguir luchando

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La lucha es cotidiana. Por ir más allá del miedo, y de la violencia que se materializa en cualquier momento en los cuerpos trans. Ante este panorama las compañeras han logrado gestionarse un espacio seguro y de refugio, como lo es la propia organización. Dónde se reúnen y se escuchan, dónde llegan a ver que comen cuando sus familias les niegan los alimentos, por ser ellas. Ese espacio que contiene en sus paredes memorias trans, fotos de las compañeras que ya no están físicamente, pero como dice Ludwika, es importante que no las olvidemos. Las compañeras trans luchan a diario, 24 horas al día; no es una moda, se trata de su sobrevivencia en un mundo hostil con la libertad y la diversidad.