Soy Trabajadora Social, ¿Cuál es tu súper poder?

La primera vez que impartí un taller fue frente a 20 adolescentes y durante casi dos horas, mediante dinámicas, información y explicaciones a modo de “ejemplo”  enseñaba cómo poner un condón, lo hice en el salón de sexto grado de una escuela primaria del barrio donde nací, yo tenía 12 años y jamás había visto un hombre desnudo. Pero de eso se trataba aquella metodología, de adolescentes hablando con otros adolescentes, para frenar la ola de embarazos entre adolescentes. Es quizás este mi primer acercamiento al Trabajo Social.

Milite desde los 8 años en un movimiento social y hasta la fecha sigo en esas andanzas, a los 8 años llegaron a la escuela promotores y dos años después era parte del grupo. Es importante para este momento decir que “organizarme me salvo la vida”, nací y crecí en un barrio donde cada sueño explota tempranamente y a muchos, muchas solo le queda como recuerdo aquellos pedazos que a veces nunca logran volver a armar. Así que, mi vínculo con aquel movimiento social me permitió soñarme distinta de aquel prototipo de niña para la cual ya estaba “destinada”.

Mi secundaria se divido en dos colegios, el primero donde todos los niños y niñas del barrio terminábamos, viví tres años intensos,  el común denominador era el sexo, el alcohol,  drogas, acoso sexual, huidas, el barco quemado, incluso casi un año me enamore de un “chico problema”, para alguien que ya empezaba a soñar con la vida, aquello termino en depresión total, pase de 118libras de peso a 90 y entre gestión y gestión, conseguí una media beca y ocasionalmente trabajos que me permitieron, ingresar a un colegio mucho más pequeño que me dio oxígeno para seguir tomando impulso en la vida.

Ante tanta injusticia de la que venía, tanto machismo que de forma recurrente intentó quitarme fuerza, tanta carencia de todo lo material, la opción de vida fue enfrentarme a eso, porque muy temprano aprendí que golpear a niños, niñas y mujeres se basaba en una relación de poder desigual, que estos cuerpos importábamos menos y que la misma relación pasaba con esa figura del Estado, que se presentaba ante la sociedad como un padre que golpeaba a través de las carencias materiales, las carencias éticas y por tanto solo era un reflejo de la cultura dominante del abuso que Vivian las familias. Las familias han sido históricamente núcleo donde se reproducen las mayores y peores desigualdades, ahí se albergan aquellos imaginarios que sostienen ese poder corrupto, manipulador y violento que demuestra el Estado.

Desarrollé así, la vocación por lo que he llamado “Militancia por Nicaragua”, y he dedicado mi vida entera a gestar grupos, acciones, ideas que demuestren que otras formas de vínculos son posibles. He encontrado en mi camino muchísima gente cuya apuesta ética es la misma, porque creo que querer cambios de la realidad que golpea es un asunto ético. Por eso soy Trabajadora Social, porque esta es ante todo una opción profesional llena de posturas éticas, desde donde una se puede posicionar para demandar y demostrar que la realidad es una matrix que nos inventan para controlarnos, para separarnos y para hacernos creer que el poder oprime.

El Trabajo Social como profesión en Nicaragua  surge como una respuesta ante la llegada del gobierno de derecha, todos aquellos promotores tenían la oportunidad de convertirse en profesionales y así poder entrar al mercado de trabajo. Y así fue que muchos de militancia de izquierda terminaron como Licenciados en Trabajo Social, y así es como muchos jóvenes les seguimos. ¡Que ganas de cambiar lo que estaba mal, que ganas de hacerlo mejor, que ganas de poder colaborar con los problemas de la sociedad!

El mundo está lleno de mujeres sabias, la joven señora Mary Richmond planteó la necesidad de institucionalizar todo lo empírico del Trabajo Social y hacer rupturas con lo asistencialista, su idea era que no era suficiente las buenas intenciones y el sentido común, eso no ayudaba eficazmente, tanta razón tuvo desde siempre. Ella ha sido la primera que nos pensó, que nos escribió y que nos politizó.

Y esa es la gran ausencia que tiene la academia en Nicaragua, ha dejado de politizar una profesión que tenía por razón de ser “cambios”, el Trabajo Social por naturaleza, por esencia no puede ser imparcial, esta absurda idea hace que retrocedamos al estado inicial de “asistencia social” atendemos al herido sin comprender quien es el opresor, no hay cambios, solo ayuda. La modernidad del Trabajo Social en América Latina, le debe mucho a la Educación Popular y esta última a todas luces aportó en su época y hasta la actualidad a nombrar a los opresores.

Politizar el Trabajo Social pasa por analizar las estructuras de poder y eso nos lleva a cuestionar nuestras propias matrices donde se forman nuestros imaginarios que generan conductas cotidianas. Politizar el Trabajo Social pasa por reconocer al poder y las formas de resistencia, pasa por hablar de las estructuras sociales que nos habitan en Nicaragua, por las relaciones de desiguales que se generan en esa construcción perversa del género, pasa por dejar de hablar de género como una comprensión general y dialogar con los movimientos sociales quienes son finalmente los que sostienen acciones de rupturas frente al sistema patriarcal, capitalista y depredador, pasa por reflexionar y cuestionar porque están matando a las mujeres, porque las niñas y niños están siendo abusados sexualmente, ¿Quién tala el bosque? ¿Quién viola y mata a las mujeres de la Costa Caribe? ¿Quién esta robando el agua de las comunidades? ¿Quiénes y porque existe una pandemia de insuficiencia renal crónica en Chichigalpa? ¿Quién y por qué se quiere quitar tierra a los campesinos y campesinas? Entre otras cientos de preguntas que deberíamos estarnos haciendo las y los Trabajadores Sociales resalta ¿Por qué decidí ser Trabajador Social y no administrador de Empresa?

Desde esta profesión a veces burlada, muchas veces olvidada, infinitamente reconocida por los grupos sociales que acompañamos, me posiciono para decir que la carencia de la universidad solo puede ser enfrentada con la vocación y con la convicción de que las personas podemos transformar la realidad, de ahí que debemos hacer nuestra primera ruptura: cuestionar ¿quiénes construyen la realidad?.

Soy Trabajadora Social, tengo el poder para hacer y ser ¿Cuál es tu súper poder?.

Imagen tomada de internet

 

Acerca de María José Díaz Reyes

Nací rebelde. Vivo en proceso de (de) construcción. Nací cerca del mar pero lejos de la luz. La poesía es el reencuentro entre todas mis yo. Las Yo negadas, las ocultas y las yo que se construyen.
Feminista y Trabajadora Social.

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