El baile del Clan

He asistido a la fiesta más hermosa de los últimos tiempos, la de los quince años de la hija de una muy querida amiga. Siempre intento escapar de las fiestas de quince años y de hecho asisto tan poco, principalmente porque siento pena por la escena de la niña presentada como mujer ante la <sociedad>, una escena que suele llenarme de tristeza, pero esta no fue así, estuvo llena de simbolismos que me hacen creer que hay  otras miradas que van calando en las familias, miradas alternativas al orden patriarcal de poseer los cuerpos de las mujeres.

El salón estaba lleno de detalles hechos artesanalmente, un detalle no menor en un mundo donde todo se compra con la marca <hecho en china>, a todas luces había colaboración manual en el arreglo, me sorprendió que no había color <rosa pastel>, el rosa era un color más dentro de los colores; rojo, azul, fucsia, verde, blanco, etc. No viví la sobresaturación del rosa. ¿Por qué esto tendría algo de extraordinario? El sistema social más reciente de la humanidad considera el rosa como el color asignado para identificar a las mujeres, esta distinción no es de tipo ancestral ni mucho menos biológica se trata de la diferenciación, no sabemos en qué momento el color rosa se fue convirtiendo en sinónimo de fragilidad y por ende asignado al sexo biológicamente de mujer. Sobre el techo guindaban unas hermosas mariposas, me imaginaba a la joven quinceañera queriendo volar, las mariposas tenían algo particular, las alas eran claramente fuertes, sobresalían en forma de vuelo alzado y desde abajo se miraba un conjunto de vuelos organizados.

La quinceañera estaba ahí sonriendo, bailando, tomándose fotos, selfies, yendo de una mesa a otra, quienes estábamos ahí estábamos embobados por su aspecto de felicidad, era imposible no asumir esta felicidad. Lo curioso de esta mirada es que ella, la cumpleañera era el centro de toda la fiesta, la gente estaba ahí porque la quería tanto. En otras fiestas he visto como el alcohol y el sonido fuerte del reggaetón, ocupan un espacio importante.

La madre, no estaba presentando a su hija. Eso me quedo claro, estaba dándole gracias al Dios en el que ambas creen, la oportunidad hermosa de haberse encontrado y los quince años era la fiesta para celebrar que Adriana estaba viva, feliz y creciendo. De pronto la madre habló, dio gracias a quienes estábamos ahí, pidió que le diéramos las mejores energías de vida a la cumpleañera y aquí lo más hermoso, inicio el baile…

El baile, empezó con la mamá y la cumpleañera, antes la madre habría pedido que las amigas, las tías y demás invitados bailaran si así lo decidieran. Y así transcurrieron tres canciones, y las abuelas bailaron con la joven, las tías bailaron con la joven, las amigas de la mama bailaron, las amigas también. Y aquello fue un baile hermosamente entre mujeres. Por eso decía que entre la suma de los detalles, esta fiesta fue hermosa porque no había las pretensiones de la niña convertida en mujer, de la joven mujer presentada en sociedad o como me dijo una vez un tío <en estas fiestas suele pasar que presentan a la niña ante los hombres, para decirles (simbólicamente) que ya está lista>. Esta fiesta no se trataba de <hacer para los demás> sino de <ser para ellas mismas>.

Nieta y abuela

El Clan, con el baile pude darme cuenta que quienes estábamos ahí éramos mujeres y no es casualidad, mi amiga ha trabajado mucho para reconocer su propio clan de mujeres, para reconocer cuán importante es que como mujeres reconozcamos que no somos carne expuesta al servicio de los hombres, no nacimos para parir pero puede ser una elección, que viajar por el mundo es posible y necesario, que la vida no debe girar alrededor de la maternidad, los cuidados, que las mujeres del Clan han estado ahí, el <clan de corazón y el bilógico>, que entre mujeres la solidaridad, ternura y amor hace posible hacer realidades distintas entre mujeres, un camino al que solo ha podido llegar porque se ha perdido varias veces.

Estoy feliz, creo que la sociedad cambia y es capaz de re significar los rituales, en donde no tengamos que cosificarnos, donde la felicidad le gane el alcohol, donde el baile tenga más importancia que el ruido y en donde las mujeres auto gestionemos espacios festivos que no giren alrededor de los hombres.

Amo las fiestas donde dan postres, donde la música no es ruido, donde las personas conversan, donde ríen, amo las fiestas donde la gente es feliz y debo decir ahora, amo las fiestas donde hay un baile del clan.

Acerca de María José Díaz Reyes

Nací rebelde. Vivo en proceso de (de) construcción. Nací cerca del mar pero lejos de la luz. La poesía es el reencuentro entre todas mis yo. Las Yo negadas, las ocultas y las yo que se construyen.
Feminista y Trabajadora Social.

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