La maternidad – de las otras

Primera entrega; el deseo

Philipe Toledano

Para casi la mayoría del planeta existe un imaginario sobre la maternidad que la exalta, es un imaginario dual, en donde los cuerpos de las mujeres se ven implicados de forma radical. Dual porque se percibe como el amor más puro y al mismo tiempo se le asigna un rol / función de obligatorio cumplimiento. Amor sin libertad.

Muchas feministas que han profundizado sobre la maternidad, nos han dejado la duda sobre los deseos en que se funda la idea de ser madres, sospechan de que sea un deseo auténtico o libertario, incluso ponen en jaque la idea de la maternidad como un acto natural. Muchas feministas han tenido y siguen teniendo diálogos oportunos –diría yo- sobre otras formas de ser madres, unas maneras en donde tanto la mujer en su construcción social se respete pero también se respete el SER y el HACER de la criatura que finalmente nace.

Casi todo el mundo tiene una regla, un comentario y una forma de juzgar la maternidad de las otras, solemos mirar y señalar los procedimientos, las decisiones, los rituales y los errores que comenten. Esta forma de juzgar a la otra en su rol maternal depende mucho de las normas construidas por las sociedades, nos damos cuenta por ejemplo que la sociedad francesa hace mucho ha permitido o quizás tolerado que la mujer diga NO a la función reproductora, este permison  la  llamare tolerancia porque dudo mucho de que sea un acto de conciencia, creo más bien que es un acto reivindicativo que las mujeres han sabido ganar. También nos encontramos con sociedades profundamente patriarcales como la nicaragüense donde la maternidad es un mandato obligado en tanto y en cuanto confluyen la intencionalidad dada por el fundamentalismo religioso y las políticas de estado que volvieron ilegal el acto de abortar, incluso cuando de abusos sexuales se trata.

Como decía al inicio, casi todo el mundo tiene un comentario, una regla o un juicio sobre la maternidad de las OTRAS, las otras como una falsa otredad, las otras como las extrañas que no logran reflejarse en el espejo roto de nuestro baño. Porque sí, creo que las otras somos las nosotras negadas, aquellas que han sido suprimidas en sus deseos.

Me he hecho preguntas vinculadas a la maternidad y hoy vengo a dialogarlas con ustedes ¿Existe el deseo de ser madres? ¿Las mujeres abortan como una forma de resistencia ante la imposición/obligatoriedad? ¿Es el embarazo un evento biológico nada más? ¿Puedo vivir la maternidad como una (de) construcción social?

Estas reflexiones tendrán 4 entregas, la primera vinculada al llamado “Deseo de Maternidad” que se supone vivimos las mujeres.

-El deseo-

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Algunas mujeres afirman tener el deseo de la maternidad desde que son niñas, este deseo fundamentalmente deberíamos reflexionarlo desde la posible domesticación que se nos hace cuando de niñas vemos a otras mujeres siendo cuidadoras, nos trasladan al ámbito de la ayuda de la cuidadora, nuestro cuerpo se moldea para “chinear”, limpiar y cocinar, reafirmando en la figura de la “muñeca” el “destino” de procrear y cuidar –no la especie humana- sino al hijo de quien nos salvará.

La idea de embarazarse se vive de múltiples formas, recuerdo una amiga llamada Kamila que cuando inició la universidad, experimentó un deseo incontenible de ser madre, sin embargo Kamila no tenía novio, su empleo era precario y apenas estaba en primer año de la carrera de psicología. Kamila solía expresar públicamente que su máximo deseo era “tener un hijo”, ¿Dónde se fundaba el deseo de tener? ¿Por qué Kamila solía usar el verbo tener para argumentar el deseo? Por aquellos días Kamila experimentaba las ganas de sentirse libre de todo lo que antes representaba las normas de la familia y de la escuela, libre como acto de ruptura con la supuesta disfuncionalidad que su familia tenía, su forma de emanciparse era procreando un hijo y ganando su lugar de autoridad en la familia, de paso mostrar que aun en las peores circunstancias Kamila podría ser mejor que su propia madre en la función maternal.

Hay otras maneras de vivir el deseo, Kamalufa por ejemplo vivía un romance con el novio de toda su vida, creía que lo amaba y quería constituir muy temprano con él una familia, la familia de Kamalufa había tenido paternidades ausentes o distorsionadas, y miraba en su novio la oportunidad de procrear con alguien por amor y criar juntos al hijo. El noviazgo culminó justo después de las primeras relaciones sexuales que ambos tuvieron, Kamalufa se dio cuenta que aquello era un castillo de naipe, que el hijo no aseguraba una familia nuclear estructurada, esta reflexión le llegó cuando reconoció que hay múltiples formas de estar ausente.

Hay quienes no experimentan tal deseo, ya sea porque el embarazo llegó sin preverse o porque reconocen que la idea de convertirse en cuidadora de un ser totalmente dependiente las aterra, porque visualizan al feto convertido en niño como una dictadura de la que no se lograrán escapar.

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En fin que el llamado deseo de la maternidad tiene múltiples aristas, desde la domesticación infantil que nos imponen los juegos con muñecas, las obligadas tareas de cuidos que nos asignan de adolescentes, las románticas ideas de la familia “principezca” o los vínculos tortuosos que sostenemos con nuestras madres. En estos casos, el deseo tiene un motor patriarcal, una necesidad de encajar en el sistema de los hombres; tener el hijo de, crear una familia con, competir con nuestra propia madre, o embarazarse como prueba irrefutable de la feminidad.

Pero también doy un lugar importante a ese deseo que se pregunta, al deseo cuestionador de los roles patriarcales que sobre las mujeres que elegimos ser madres se nos impone- porque sí, yo también viví mi deseo de maternidad, fueron varios deseos, varias veces y quizás mis deseos de maternidad no tiene una sola respuesta, quizás quise ser mejor madre que mi madre , quizás soñé con una familia “heteronornada que compra dulces los domingos”, quizás también amé a ese hombre o quizás logré hacerme algunas de las preguntas. ¿Dónde se funda mi deseo? ¿A quién responde? ¿A quién satisface?

Reconocer que tenemos el deseo de ser madres es fácil, los dispositivos de control de la sociedad temprano que tarde te lo recordaran, lo difícil es ser honestas con una misma y buscar los fundamentos de ese deseo, aún más difícil es nombrar los fundamentos.

No te asustes, el deseo puede irse, el deseo puede retornar, de lo que estoy segura es que vos sos distinta en cada etapa y por tanto atrévete a confiar en vos, total el deseo no es natural, es aprendido, se puede desaprender y asumirlo desde nuevas definiciones.

Margaret Sanger

 

Acerca de María José Díaz Reyes

Nací rebelde. Vivo en proceso de (de) construcción. Nací cerca del mar pero lejos de la luz. La poesía es el reencuentro entre todas mis yo. Las Yo negadas, las ocultas y las yo que se construyen. Feminista y Trabajadora Social.
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Una respuesta a La maternidad – de las otras

  1. Excelente reflexión sobre la maternidad. Muchos aspectos influyen en las mujeres a la hora de convertirse en madres. En lo personal no creo en ese llamado de la maternidad. No puede llamarte la maternidad si estas ocupada en otras cosas. En mi caso nunca me llamó, he asumido que me convertí en madre porque quería mi familia feliz con ese hombre que había elegido y creía sería un buen padre, ese padre que nunca tuve. La maternidad en un inicio me fue asqueada, pero hoy siento que la he aceptado, y la vivo con alegría. Pero no para todas es igual. La maternidad es una experiencia muy intima, muy personal.

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