La mujer Pez

La humana lánguida, la pez se ahoga, en el profundo océano que un día fue su paraíso. ¡Quién diría! la pez se ahoga, ¿Quién salvará a la pez? Carlos Rizo.

Observé toda la escena en 360 grados, caminé 10 pasos, los conté uno a uno y de repente fui la mujer más valiente sobre la faz de aquel espacio. Llegar ahí requería una fuerte dosis de valentía que venía ahorrando, no es fácil tener saldos disponibles de valentía en un país donde nos golpean, nos violan y nos matan por ser mujeres. La noche antes abracé fuerte la almohada y le pedí que terminara ella de convencerme, convencerme sobre las mil razones que tenía para tomar finalmente la decisión, le expliqué que no quería que esa noche Morfeo se apoderara de mí, porque ¡Ya lo sé! Morfeo se atreve a cuestionar mis decisiones de vez en cuando, y esta ráfaga de valentía no quería que fuese cuestionada.

Al amanecer, me duche, puse la olla habitual del café, miecaféntras aquel humo salía, lo observe en cámara lenta y pensaba ¿Cómo sería el humo de la muerte? Me regañe a mí misma “Mi misma, ¿El humo de la muerte? ¿En serio mi misma? ¿No podes ser más creativa y menos fatal?” Uffff es que una es especialista para conspirar contra una misma, nos enseñan a perder poder, a desconfiar.  Me obligué a vestirme rápido y a pensar en “chochadas” para despejar la mente. Y ahí estaba yo, habiendo tomado la decisión y habiendo llegado el momento para vivir la decisión.

El agua estaba cálida, mis compañeros-todos niños / niñas entre 6 y 10 años, fueron solidarios conmigo, me enseñaban con paciencia los ejercicios que los instructores demandaban bajo el argumento de que “son necesarios para el proceso”, cuando los concluí susurre “estos ejercicios son para torturar o para enseñar” , el pez Rizado respondió: “Son ambas”.

En fin que con 30 años quiero aprender a nadar, una habilidad hermosa, pero que reconozco me ha parecido es de valientes. Y es que sigo pensando cuanto ganaríamos las mujeres si nos dieran el chance de niñas o creamos las condiciones de adultas de ser valientes. Por ejemplo en el curso de 8 alumnos, 3 somos mujeres, si esta microscópica estadística le pusiéramos una lupa, deducimos que con relación a los hombres, las mujeres desarrollamos menos la habilidad de nadar, habilidad nada despreciable si entendemos que el planeta tierra está compuesta 70% de agua.

Nadar es de valientes, porque es re conectarnos con el hábitat primario de todo ser humano que nace, nadar es de valientes porque hacerlo de forma consiente hace que el cuerpo reviva la memoria corporal del nacimiento, un hecho que nos condenan a olvidar. La experiencia de nacer hace que seamos un ser independiente, es la primera ruptura que hacemos con la mamá, ruptura que en el caso del nacido es trauma, ruptura placentera  para la madre, ruptura finalmente necesaria para seguir viviendo.

El primer acto al nacer es respirar. Respirar nos da vida, pero es un trauma que nos da conciencia del cambio de habitad que hemos vivido, pasamos del flotar, saltar y vivir en el AQUA a vivir bajo la inminente droga llamada OXIGENO.

Natación 1Ya saben que como Ciudadana Clitoriana siempre ando buscando respuestas, por estos días he pensado ¿Cómo habrá sido mi nacimiento? ¿Cómo habrá estado emocionalmente ese día mi madre? ¿Habré sido una niña con mucha resistencia a salir del útero? ¿Por qué siendo mi primera existencia de vida, sé muy poco?

Estar en el agua, me ha traído muchas sensaciones que ni el cuerpo ni el cerebro reconocen, sensaciones que contradictoriamente me despiertan muchos miedos y me regalan espacios de profundo placer, sensaciones que en 30 años no he vivido, sensaciones que me están resultando adictivas.

En esta experiencia tres hombres y una mujer me acompañan, uno es un pez Rizado que tiene la sonrisa más dulce que he visto, sabe peinar y es como un niño pez saltarín, su nadar es acompañado de cantos olímpicos. El otro es un Tritón, su reinado está en el Océano Pacifico Occidental, hijo pródigo de Poseidón quien rompió las reglas para hacernos creer que es humano. El tercero que me acompaña es un Piyiyin que no hace otra cosa que derretirme con su sabiduría, nada como recordando amorosamente su primer hábitat, nada como lo sabe hacer desde que vida decidimos que fuera. La mujer que me acompaña da pasos de gigante, se arriesga y se reta a ella misma, la admiro en silencio, la miro cual mujer potente es, no sabe pronunciar palabras necias, ella- Tanare- la que promete diseñar su propio mundo.

Crónica de mis miedos

Día 1: Ahí estaba yo, con mi traje de natación, ejercitándome como jamás lo he hecho. Acompañada de 6 niños y 2 niñas, que solidariamente no se reían de mi torpeza. La escalera fue el espacio queme asignaron.

Día 2: Practiqué mi respiración y comprendí que quien nada sabe exhalar, siempre pensé que aguantar la respiración dentro del agua era la técnica de los olímpicos. Aun no sé nadar, aun no logro sensorialmente reconectarme con el agua, la respeto muchísimo para tomarme esto a la ligera. Florecen los miedos de la mujer pez, temo ser solo humana, temo no revivir la potencia perdida de mi aleta dañada. La memoria es cruel, me ata al olvido de lo que debería recordar. La pez muere mientras la humana sobrevive

Día 3: Observé toda la escena en 360 grados, caminé 10 pasos, los conté uno a uno y de repente fui la mujer más valiente sobre la faz de aquel espacio, me lancé como la principiante que soy, nadé por 18 amorosos segundos, quizás ese fue el mismo tiempo que necesite para pasar del AQUA a los brazos de mi madre.

El Pez Rizo, el hijo de Poseidón y el Piyiyin, se rieron con ternura, Tanare no me paró bola, ella sigue siendo la niña que construye su propio mundo, no se detiene por pequeñeces.

Acerca de María José Díaz Reyes

Nací rebelde. Vivo en proceso de (de) construcción. Nací cerca del mar pero lejos de la luz. La poesía es el reencuentro entre todas mis yo. Las Yo negadas, las ocultas y las yo que se construyen. Feminista y Trabajadora Social.
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2 respuestas a La mujer Pez

  1. Me gustó mucho María José. La magnitud de lo cotidiano, tan diferentemente percibido como seres humanos habemos. Te felicito por tu hazaña en la piscina. Cómo serán en 30 años los recuerdos de Tanare, Piyiyin y los demás de esos días? Cómo te recordarán a vos? 😀

  2. Amarilis dijo:

    Mi relación con el agua ha sido de amor y de miedo, leer tu post me conectó a mis miedos, yo tuve un encuentro traumático con el agua hace mucho tiempo, estaba en la piscina de niñxs y mi mamá estaba en la de adultxs, yo veía que el agua le llegaba a los pechos, en mi inocencia de niña me fuí y bajando el segundo escalón ya estaba haciendo un gran esfuerzo por intentar sacar la cabeza y respirar, deseaba que alguien pudiera verme, “si no hubiera pasado mi prima” … A los 16 estaba con amigo en Las Peñitas, de repente sentimos que ya no había fondo, no sabíamos nadar, nuestrxs amigos que estaban lejos pensaron que estábamos jugando. Siempre he sentido delicioso estar en el agua, relajante, divino, fue en Suchitoto que una persona muy valiente y paciente me “obligó” en un par de noches a quitarme mis miedos y disfrutarla. Hoy aunque no sé nadar, la disfruto mucho más.

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