Que la fuerza me acompañe

Cuantas veces nos hemos visto en la necesidad de pedir fuerzas para salir de algún problema, de alguna situación. Hay quienes piden fuerza a dios (la mimula no es error), otras nos consolamos con la fuerza que nos da la familia, los amigos.

-Recuerdo que con cada chat que le enviaban a él, injuriándome, calumniándome, acusándome, con cada chat que recibía, yo sentía que moría, moría lentamente y pedía fuerzas para soportar tantas mentiras. 

Adner en alusión al acoso psicológico mediante el celular, al que sobrevivió.

Pedir fuerza ante lo desconsolado suele ser una práctica enseñada para co depender de algo y no sentirnos tan desprotegidos en una humanidad que aún no tiene certezas sobre las razones de la vida y la muerte. Puede ser que pedir fuerzas sea también un acto mamífero de sentirnos acompañados, en manada, instintivamente queremos que otros, otras sean co participes de nuestras desgracias.

-Les pido por favor que oren por mi hija, su salud está en riesgo, necesito toda la buena fuerza que me puedan enviar.

Anuncio publicado en Facebook.

De pronto me imagine lo hermoso que podría ser que muchas personas manden fuerzas a este padre preocupado, imaginé por un segundo que nos reuniríamos para dialogar y atraer energía bonita, el encanto se me fue cuando la fuerza enviada fue por el mismo medio que se solicitó, fuerza feibuciana.

De ahí que me puse a pensar en las veces en que la FUERZA ha sido el motor para avanzar, porque pongamos límite a la reflexión, nadie pide fuerzas cuando va a fiestas, cuando está bien, cuando las alegrías le acompañan, o caso han visto esta solicitud: “Este lugar es maravilloso, mándenme fuerzas para ser feliz” o “este es el día más bello de mi vida, envíenme todas sus fuerzas para que siga siendo así” ¿Verdad que no?

Cuando fui a ver la última película de Star War hubo un dialogo que invoco la fuerza, no la llamó, no la pidió, solo la uso. Rey y Finn intentan correrse del ataque, él toma la mano de Rey, ella lo ve y le dice:

– yo puedo correr sola, sin que me agarres la mano.

Rey a Finn mientras ambos huyen / Star Wars

rey y finn

Y fue quizás el dialogo más corto y potente que vi. La fuerza que no invocamos en otros, sino en nosotras mismas, mismos.

Vean, encontrar la fuerza en sí mismos es una tarea cotidiana, donde se pone en jaque todos los aprendizajes de la vida, porque es en muchos sentidos dejar lo cómodo de vivir como las victimas de algo, de algún sistema, de alguna situación. No es que sea fácil pero seamos honestas ¿Cuántas veces realmente la fuerza de otros, otras nos ha salvado de lo que no nos gusta? En cambio tener actitud para enfrentar al Lobo ha resultado en que este “personaje” no nos resulta tan feroz y en el peor de los casos, si nos come, nos mata, nos viola, nos embaraza, la fuerza interna nos deja con la certeza de que ese lobo puede ser castigado por sus fechorías.

Esta reflexión sobre la fuerza me ha recordado a un diálogo de EMMA de Jane Austen:Emma

-¡ Ha, claro ¡ exclamo Emma-, siempre es incomprensible para un hombre que una mujer encuentre su propia fuerza y reúse alguna vez una oferta de matrimonio. Un hombre siempre se imagina que una mujer siempre está preparada para cualquiera que la pida.

Emma Woodhouse en dialogo con el señor Knightley

 

Y si es cierto que en general a hombres y mujeres se nos enseña a buscar la fuerza de forma exógena, lo particular pero peligroso es que las mujeres somos formadas para pedir ayuda por aquella estúpida idea instalada de que somos débiles, una debilidad que se presume inicie en lo biológico y termina en la inferioridad del cerebro.

-Ayúdame a mover esto que esta pesado (finalmente lo mueve él solo).

Hace poco Alejo jugaba béisbol con los niños y niñas del barrio, la única niña presente insistía que ella debía batear primero porque las niñas van primero que los niños. Alejo explico sus razones para decirle que en el juego esa idea no valía porque las niñas no eran débiles, la niña no aceptada esta explicación, Alejo frustrado me miró y me dijo:

-Por favor explícale vos que las niñas no son débiles ante los niños y por eso ella debe esperar el turno que le tocó.

En ese contexto la niña no tenía fuerza interna, esperaba que otros (en este caso niños todos) se la dieran, y así vamos volviéndonos adultas, esperando que OTROS tomen decisiones por nosotras.

¿Dónde queda la fuerza propia? Aquella necesaria para tomar las decisiones del día a día, las decisiones de vida, las cruciales.

La fuerza para decidir besar o no al chico que nos pidió un beso, la fuerza para decir NO sin explicar y sin culpa por no querer tener relaciones sexuales o alcoholizarnos, la fuerza para reconocer a las otras sin que las veamos como competencias, la fuerza para decir que no queremos ser madres ante el aplastante monopolio de la maternidad patriarcal, la fuerza para decir que si queremos serlo sin sucumbir ante la presión de otras colegas feministas, la fuerza para reconocer que la comida basura nos jode el cuerpo, la fuerza para reconocer que merecemos dinero para gastarlo de la forma en que nos da la gana, la fuerza para desnudarnos o no, para orgasmarnos o no, y la fuerza para existir sin la afirmación de los otros, o las otras.

Para mi sigue siendo un desafío, bastante complejo y difícil porque me implica elQue la fuerza te acompañe cuerpo en la salud, la economía, el amor, la maternidad, el placer, porque implica mi cuerpo trazado por los dispositivos de control; los materiales y los simbólicos.

Bueno solo espero que en los siguientes bailes, la fuerza me acompañe.

Acerca de María José Díaz Reyes

Nací rebelde. Vivo en proceso de (de) construcción. Nací cerca del mar pero lejos de la luz. La poesía es el reencuentro entre todas mis yo. Las Yo negadas, las ocultas y las yo que se construyen. Feminista y Trabajadora Social.
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