El peso de la masculinidad

Cuando el médico nos indicó que lo que se gestaba en mí, tendría un pene, no imagine los difíciles retos a lo que me enfrentaría. En realidad nunca desee niña o niño, ese debate a la luz del deseo que teníamos por el embarazo, nunca se dio.

Con el papa de Alejo no solo soñamos con este niño, sino también hemos estado ahí en cada centímetro de su vida. Ambos hemos leído todo lo posible para comprender las etapas emocionales de su corta vida, incluso-no me da pena decirlo-cada uno por separado ha hecho su propia terapia para tratar de liberar de nuestros enrollos sistémicos al niño Alejo. La figura paterna que ha tenido ha sido sin duda, la de un hombre muy sensible, amoroso que con lucidez pelea internamente por renunciar lucidamente a sus propios privilegios masculinos. La figura materna (yo), ha sido desde siempre feminista, he nombrado siempre las cosas por su nombre, pero por sobre todo he renunciado a los privilegios de “posesión” que tienen las madres sobre sus hijos, Alejo es Alejo, una persona con la que comparto la vida, el andar, en nuestros vínculos paternos y maternos, lo amoroso ha tenido un espacio potente.

En fin que con 7 años, Alejo ha dicho en una auto definición que es muy feliz. Su vida cotidiana transcurre entre su escuela (que queda a 100 metros de la casa), su familia, sus amigos del barrio, su tablet, su cachorro Gugu, sus libros y su bici. Alejo escribe poemas, ha escrito dos libros auto biográficos, fundo un club de poesía y literatura y ganó un concurso internacional de video, también a veces le da por asumir la identidad de youtubers.

Ayer, llegó muy triste a casa, uno de sus amigos del barrio le grito que era “marica, débil, que no le gustaba pelear y que solo en bici quería andar”, incluso me conto que lo agredió físicamente y le toco defenderse. Ante esa escena, me sentí mal. Me dije a mi misma ¿Qué hago? ¿Qué digo?. Mientras tenia este debate interno en mi cabeza, el papa de Alejo se le acercó y le explico que “al llamarlo “Marica”, el otro niño estaba creyendo que los hombres que no pelean, que huyen de la violencia, son mujeres, le explico que la sociedad en esa forma de decir “Marica” hace ver a las mujeres como débiles, porque muchos hombres usan la fuerza contra otros hombres y otras mujeres para controlarlos y poseerlos, pero principalmente que asociar como malo lo “Marica” es decir que un hombre es menos al parecerse a las mujeres”. El niño está equivocado porque en su familia no le han enseñado a respetar a las mujeres, no le enseñan lo fuerte que son las mujeres, porque le enseñan que lo violento resuelve, que los golpes arreglan las situaciones y porque seguramente quisiera tener una bici y volar como vos”, finalmente le dijo ¿Vos que ves en mí? ¿Un hombre amoroso o un hombre que es violento?

Escuchar aquello alivió a Alejo, empezó a argumentar los muchos videos que ha visto donde las mujeres son fuertes, incluso menciono que su mama (yo) era fuerte e inteligente, miré como se transformaba el rostro triste y se colocaba en un suspirar confortante, miré  a Alejo contando que cuando se sienta mal mejor se va retirar.

¿Y yo? Yo me sentí aliviada de ver que justamente fue su padre el que le dijo que ser hombre y no ser violento es lo correcto, que no solo está bien sino que así debería ser siempre, en todo el mundo. Aliviada porque justamente la figura masculina más importante para Alejo, le dio el permiso para no avergonzarse ante su decisión de no ser violento. Me sentí aliviada de no ser yo quien explicara ante mi hijo que se construye como “varón” “hombre” “masculino” (por el momento), que las mujeres no estamos en otra “categoría inferior” frente a los hombres.

Ha sido un reto ser feminista y madre de Alejo, porque en la cotidianidad y bajo el acompañamiento amoroso de su padre y el mío, hemos tenido que defender “los zapatos rosados que usó un tiempo”, “el cinturón de frozen que llevaba a la escuela”, su fascinación por little pony y sus poemas, todo eso en medio de lidiar con su obsesión por spider man, dragon ball z y sus máscaras de terror.

Alejo es solo Alejo, tiene 7 años, me ha dicho que no cree en el trabajo, que ama a Japón,  se sabe las letras y pasos de Michael Jaskson, pero aun no descubre las historias de terror de Neverland. No se cómo será Alejo cuando sea adulto, justamente no lo sé porque no es mi vida, será el mismo el que vaya construyendo su camino y sus verdades. A la luz de todo esto, me estoy preguntando ¿Qué varones adultos estamos construyendo cuando estos son niños?

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