¿Qué hago con las memorias?

Por Simone

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Me fui a ver la película Kubo, no era mi primera opción de ese día, aunque si sabía que la necesitaba ver. Además de ser una producción de uno de los equipos de gente más obsesionada con el arte que he conocido, como lo es el estudio Laika; sabía que la historia en sí encerraba mucho para quién la viera.

Sala casi vacía, tres personas estábamos en esa tanda de la 1 de la tarde. He de decir que no spolearé la película, hablaré de lo que provocó en mí. Enmarañada en una historia familiar, de alguien que huye y salva, que se desarraiga y se esconde, que vive y muere al mismo tiempo. Ese alguien que bien pude ser yo en algún momento de esta vida a la que le he seguido los pasos.

Un niño que cuida a una madre que lo salvó. Un acto de retribución, que intenta enmarcar un equilibrio en medio de tanto tejido desecho. Una madre que cuenta su vida y las historias de otras personas a un hijo que ha encontrado en el arte de contar historias la magia y los poderes de la palabra. Un hecho que me interpela al saber y sentir todo lo que necesito y sé que tengo que contar. Mi pasado, mis sombras, mis fantasmas, esos átomos de existencia que me han ido configurando en cada una de las reencarnaciones que he experimentado en cada tiempo vivido.

La palabra sana, nombrar las historias ayuda a tomar conciencia de los recuerdos, a no olvidarlos, a darle su lugar. Cuando en nuestras familias nos cuentan historias, de los que ya no están, de aquellos que se fueron, o historias sin finales; estamos no solo escuchando esa memoria encarnada, también estamos bebiendo de la sabiduría de nuestrxs ancestrxs. En mi caso, mi abuela es la fuente original de memorias, que guardo en mi cuerpo, con las que sueño cada tanto.

En mi caso, mientras sueño, puede que no se muevan las hojas de papel para formar figuras que toman vida; pero las partículas de los tejidos vinculados a mi existencia se reubican, mutan y respiran, cada que les nombro, cada que les veo directamente a los ojos ya sea en sueños o en pesadillas.

Las memorias no mueren, viajan…

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Muchas veces creemos no saber de dónde venimos, o pensamos no recordar lo que hemos pasado; pero este cuerpo que habitamos se encarga de hacernos saber que la memoria está ahí, en todos lados. Cuando viajamos en el bus, cuando caminamos por la ciudad, cuando corremos por las avenidas. Está presente cuando damos una vuelta por el lugar de nuestra infancia, cuando nos encontramos con personas que formaron parte de nuestro pasado. Está ahí cuando vemos fotos de hace 10 años, uffff, esas fotos. Esta en la música, esa que nos salvó de rompernos y hacernos tuquitos esparcidos en todo el universo.

Mi abuela es mi referente, esa memoria que duele, que genera un hueco en el estómago, una que me recuerda a veces con fuerza lo que supongo haber olvidado. Mi abuela es esa imagen de manos arrugadas, de piel reseca, sin dientes, con mirada nerviosa y temperamento voluble, a veces sonríe, pero en general calla y se repira en ella tristeza. Su tristeza que es mi tristeza también, como nieta bebí no solo de su torrente sanguíneo y de su ADN, bebí de sus traumas y crisis, de sus dolores y rabias, de sus momentos de tranquilidad y… de su fuerza, esa que se sostiene en su carácter determinante y en sus nervios. Todo mezclado, todo hecho una masa que recubre nuestras arterias, huesos y aliento.

Contar una historia, la misma todos los días; algo que me recuerda a mi abuela, en parte a mi mamá, a mí. Las historias que he dejado a un lado, por creer que ya no las necesito, por creer superada mi historia, como si la historia y la memoria la tuviéramos que superar. Mientras más nos alejamos de nuestras memorias e historias, más nos alejamos de nuestra abuela y madre. Me lo digo a mí misma en voz alta mientras escribo este texto en un cuarto de hotel, cosa muy común en esta etapa de mi vida. La soledad te permite reencontrarte con esas necesidades primarias, y veo de frente a la que soy, esa que se sabe necesitada de contar historias. Mis ancestras me han estado mandando señales desde hace rato, necesito escucharlas y darles una respuesta.

La conexión con las ancestras se mantiene viva mediante esos hilos que tejen la memoria ancestral, la colectiva y la familiar, que al final sostienen nuestras memorias e identidades, eso que somos y no somos, lo que fuimos y aquello que llegaremos a ser. En Kubo la memoria es el hilo central de la narrativa, una historia contada de madre a hijo, una madre que transmuta para enfrentar ese pasado del que por más que huyamos miles de kilómetros, no logramos deshacernos de su existencia, todo lo contrario; más nos persigue y nos acecha.

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La valentía de dejar de huir

Decidir dejar de huir de la memoria ancestral/familiar no es una decisión fácil, menos un paso que se da de una sola vez. Se trata de un proceso que se adapta a cada organismo, a cada vida. Kubo se enfrenta con esa historia que lo persigue, que lo acecha, no con la armadura poderosa que decía la leyenda, sino con  su propia magia, con ese poder que ha ido descubriendo que viene de la herencia de su madre.

¿Qué me ha heredado mi abuela? ¿Qué me ha heredado mi madre? ¿Cómo dibujo o le sigo la huella a esa sabiduría contenida en las historias y memorias que me transmitieron durante todo el tiempo que viví con ellas? Es demasiado, y me toca cada día, noche y madrugada ir dialogando con esas huellas y recuerdos, con esos rastros y momentos que habitan mi tejido celular, y que me unen a esas otras vidas y caminos recorridos que me hacen tener tanto que contar.

Mi boca se abrirá y pronunciará sus historias, se los digo esta noche a mis abuelas y a mis ancestras, a mi madre, mi tía; y a todas aquellas mujeres con las que me veo conectada, que nunca las conocí pero que forman parte de mi universo. Esparciré sus miradas sobre el mundo, por mi cuerpo y poesía, los cuentos que escribo y sobre las rimas que sueño esparcir por la ciudad, a medida que camino y recorro esas historias que llevo en la espalda.

Vean la peli y me cuentan qué les provoca a ustedes.

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Revoluciones en letras: Música que le da vuelta a tu mundo

Por Simone

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La música te hace viajar, muchas veces lejos de un mundo cotidiano que asfixia. En otros casos te ayuda a imaginarte otras realidades. Y también te hace ver que lo que tanto deseas es posible, que eso que sentís no es una locura y que existen otras personas que andan en caminos similares a los tuyos.

Por eso cada vez que nos encontramos con canciones que nos activan, que nos levantan y que nos sostienen es importante compartirlas, porque seguro a otras les van a ser útiles. Las revoluciones cotidianas están compuestas de esos momentos en los que nuestra mirada sobre el mundo cambia. Esos segundos en los que ya no te sentís sola, y esos minutos en los que empezas a sentir tu poder interno crecer.

Por acá aprovecho a compartirles canciones que de distintas formas me han acompañado en mi proceso de revolución cotidiana.

Unstoppable- Lianne La Havas

Una rola así como para bailar suavecito y poco a poco ir soltando el cuerpo y la mente. Con versos como: “I´ll wait a Little longer, we´re weak and getting stronger, I know it´s taking the time to heal, we´ll be unstoppable”. Toda una pieza a disfrutar desde el movimiento.

Occupy-Rising Apalachia

La propuesta de Rising Apalachia es super integral, tanto en sonido como en letra, además que en su caminar se junta el arte, la música y el activismo. En esta canción nos encontramos líneas como: “Soon I will be done with the troubles of the world, I´m gonna occupy my mind”.

Con mi sombra- Maf e Tulá

Bailar con la sombra, un camino a recuperar, es parte de lo que nos propone esta canción, fue la primera canción que escuché de su autora, y desde entonces ha permanecido en mi lista de favoritas de su disco. Contiene versos como: “Decir que todo está bien está mal, me es extraño no es natural, yo soy honesta aunque tenga sucios algunos trapos” “¿Qué no es acaso cuando lloramos, que nos damos cuenta que estamos vivos?” “¿Quién dijo que era malo llorar con mi sombra?”.

Reina del caos-Rebeca Lane

A Rebeca la vengo siguiendo desde hace rato, y esta es una de las rolas que más me llegan y que forma parte de sus más recientes producciones. Su lírica expresa: “Reina y señora del caos que me habita, a veces Tirana a veces proscrita, la mejor batalla es conmigo misma” “A quien conviene el orden que se mantiene, perdonen pero el optimismo ya no me sostiene, hago lo que puedo pero no es suficiente” “Si no me hace reír prefiero no seguir, si no me vibra el corazón prefiero huir”.

Las que se ponen bien la falda- María José ft. Ivy Queen

Esta es una canción que empezó a circular en redes hace algunas semanas y me sorprendió, además que me alegró volver a escuchar a Ivy Queen, así que como notarán los versos que más me llevo de esta canción son de la Ivy: “Todas las mujeres, todas, pa que nos oigan cantemos fuerte. Todas las mujeres, todas, cantemos fuerte que sí se puede” “Mujeres no se caigan, arriba… No es lo mismo herir a una que marchemos todas juntas” “No hay nada más que decir. No nos dejamos” “Somos más que sexo, somos un te quiero, somos un Yo puedo, somos un ejemplo”.

Buen viaje- Fémina

Es una artista que hace poco empecé a escuchar y sus letras me han acompañado en momento de transición de muchos planos, su lírica expresa: “Y a quien no le falta el aliento, en este aposento de frivolidades hay que estar atento, pa no pasarse de ingenuidades” “No quisiera desaparecer antes de mojarme otra vez los pies en la luna”.

Mordiendo-Tremenda Jauría

 Esta es una banda que me compartió una hermana y desde que me la pasó no he dejado de escucharla, su mezcla entre cumbia, reggaetón y algunos arreglos electrónicos nos hacen querer pasar bailando cada una de las rolas de su playlist. Esta rola tiene versos como: “Y en la calle mis guerreras y guerreros, mientras este mundo nos empuje al suelo, seguiremos mordiendo como perras”.

En guerra-Mafalda

Esta es una banda que no hace mucho integra mi carpeta de música, y he de decir que su feeling me atrapa, además de su lírica y propuesta escénica, de esas bandas que llegan para quedarse en tu compu y celular. Esta canción tiene líneas como las siguientes: “Digan lo que digan las mujeres estamos, en guerra” ¿Cuánto de aguantar la mujer para que se le respete de una vez? “Yo no soy mala persona por querer mi hueco” “Te topaste con la mujer equivocada que se sangra varias veces más al mes para dar la cara”.

Y me voy dejando por acá esta lista que seguramente podría ser más grande, con estas majes que hace poco empecé a escuchar, se llaman A tribe called red 🙂 tuani para poner ese cuerpo en movimiento en el lugar que sea que nos encontremos 🙂

Hasta la próxima 🙂 😉

Un libro que necesitan leer las niñas de 10 años en adelante

Por Simone

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Los libros y las películas me han permitido tomar conciencia de una serie de asuntos. A través de las lecturas y de las narrativas audiovisuales, he logrado desenredar memorias y escuchar el eco de las historias que quiero contar. Recuerdo que en un taller de Narración oral la docente nos decía “los cuentos nos encuentran, no al revés”, y creo que algo de razón tiene. Los libros que llegan a nuestras manos, llegan por varias razones, y al menos en mi caso cada libro que leo me dispara procesos que justo necesito activar.

Un libro que leo mientras viajo

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Leer siempre es un viaje hacia otros mundos y realidades, cuando leemos mientras viajamos ocurren varios procesos. Nos alejamos de nuestras realidades cotidianas, nos adentramos a nuevos mundos, y en medio de esas experiencias decidimos escarbar en historias impresas o plasmadas en la pantalla.

Me llevé al viaje Un rojo aullido en el bosque y fui conociendo la historia de esta niña que quiere emprender un viaje, a escondidas, lo que en nuestras realidades significa riesgos.

No voy a hacer un resumen de la novela, búsquenla y léanla. Lo que si les voy a compartir es por qué yo creo que deben leerla, y sobre todo pasársela a niñas y adolescentes que habiten sus cotidianidades.

Les cuento que se trata de una novela a dos voces. Ese ejercicio narrativo siempre resulta interesante, es todo un reto lograrlo bien. En este caso la voz que siento que está mejor lograda es la del Cazador, un periodista que investiga sobre las dinámicas de explotación sexual comercial de niñas y adolescentes en la comunidad dónde ocurre la historia.

Gracias a las notas del Cazador logramos ver el perfil del monstruo. Un monstruo que no siempre fue un monstruo, que al principio se aparece en medio de la noche, justo cuando la niña está evidentemente sola, perdida y desprovista de ayuda. Un lobo que acecha, que planifica y que se mueve a partir de una rutina de caza. Un lobo hambriento de una presa, que se hace pasar como amigo, confidente, como un salvador. Una niña que ve en este sujeto la solución a todos sus problemas.

¿Cuántas niñas no están en situaciones por accidente o por la vida que llevan, en las que se sienten desprovistas de afecto, desarraigadas y necesitadas de ayuda? Ante estas situaciones, un tipo que se presenta como el salvador tiene una entrada a esa vida, que no va a dudar utilizar y sacarle provecho.

En las familias nos dicen desde pequeñas: “Las niñas no se deben alejar de la casa porque les puede pasar algo”, o la típica “no salgas sola porque algo te puede pasar”. De esta forma instalan en nuestros cuerpos lo que desde autodefensa feminista llamamos Terror sexual, un terror a un ente abstracto, algo que no tiene rostro ni nombre pero que sabemos que si no respetamos la norma, ese algo no puede aplastar la vida. Es un terror que inmoviliza, congela y hace que nos estanquemos.

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Pues bien, contar con textos, en este caso una novela corta que nos permita ponerle rostro a ese terror, y que deje de ser algo abstracto para convertirse en un miedo concreto, posibilita poder pensar en estrategias de defensa ante este miedo concreto. El monstruo de esta historia tiene un perfil, no es el único al que se enfrentan las niñas y adolescentes, pero es uno de los muchos, y poder leer y adentrarse en la lógica de cómo funciona este sujeto, este tipo de agresor, es vital para poder identificar peligros similares en las cotidianidades.

Ganarse la confianza de alguien que se encuentra en un estado de vulnerabilidad, de una niña; es el primer paso. Luego sigue la promesa de resolver todos los problemas, de ser el salvador. El tercer paso es haberse presentado como confidente, de una forma seductora a tal punto de atraer a la niña hacia la cueva del depredador y ahí arrinconar sin que la presa se dé cuenta, hasta que ya sea muy tarde.

Lo terrible es que se trata de una historia que se repite una y otra vez, se han conocido de casos de depredadores sexuales que llegan a abusar sexualmente a más de 200 niñas y niños en su vida. El asunto acá es que las vidas de estas niñas en concreto, tienden a ser desechables, porque lo que atrae es su indefensión, una vez que van creciendo y dejan la apariencia infantil, se termina el perverso contrato que existe en la cabeza del agresor.

Conocer de cerca el rostro de un abusador de este tipo ayuda a que el terror sexual se convierta en un miedo concreto. Nombrar los miedos permite poder crear estrategias de protección y prevención. Por eso me parece importante que esta información la puedan leer las potenciales víctimas de trata. Que logren tener los perfiles de los agresores y puedan hacer un muestreo de sus realidades e identifiquen los potenciales peligros.

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Si seguimos diciendo “te puede pasar algo” estamos enviando a las niñas y adolescentes con una capa roja en medio del bosque oscuro, llamando perfectamente la atención de aquellos que acechan. Si en cambio, les decimos: “existen en todos lados personas que te pueden hacer daño, tipos que se te pueden acercar queriendo presentarse como amigos, hombres adultos, mayores que vos, que te van a decir que te pueden ayudar y que te van a hacer sentir de una forma extraña, confusa…si te llegas a sentir así con alguien, alejate lo más que podas, corre, contale a alguien”.

Es urgente que nombremos las violencias por lo que son, que identifiquemos quienes son los potenciales agresores y socialicemos cómo y dónde ocurren las violencias. Solo así podremos liberar a las niñas, adolescentes y a nosotras mismas del terror sexual y pasar a la autodefensa feminista, para vivir y resistir en un mundo plagado de violencias e impunidad.

Algunas anotaciones

Le dije a una compañera: “Pasale este libro a tu hija de 10 años” ella me preguntó: ¿Pero crees que es un libro que pueda leer una niña como ella? Y yo: “Aun cuando tu hija se mueva en espacios privilegiados a nivel educativo, vos no podes controlar quienes forman parte de sus cotidianidades, es importante darle a las chavalas herramientas para que puedan desarrollar estrategias de autodefensa”. Pienso que no debemos subestimar la inteligencia y capacidad de sobrevivencia de niñas y adolescentes. Que lo que nos de pena no sea hablar claro sobre las violencias, que lo que nos aflija sea enviar a las niñas y adolescentes sin herramientas de autodefensa en un mundo que les ha declarado la guerra.

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