DOS PERIODISTAS Y UNAS VIEJAS VANDÁLICAS

Por: Abixael Mogollón

Al despertarme el miércoles 28 de septiembre,  yo sabía que tenía una asignación para toda la mañana. Mi trabajo era cubrir periodísticamente las acciones de protesta de un grupo de mujeres por la despenalización del aborto, frente a la Asamblea Nacional.

Resultó que detuvieron a las feministas y, ¿Qué hace un chavalo que comienza en esas cosas del periodismo? Estaba tomando fotografías de lo más tranquilo, las mujeres forcejeaban verbalmente exigiendo explicaciones, yo en medio del rollo sin flash, bajo el sol hasta que a uno de los retratados no le gustó que lo fotografiaran. ¡Ah pero ellos si podían tomarme fotos a mí, o a las mujeres y su vehículo!

Me detienen, me ponen las chachas (“esposas” es muy frívolo) e inmediatamente subí a pasarela de “MisterTín” me tomaron más fotos que la abuela en mi primera comunión. ¿Para qué fotografiarme? ¿Quiénes eran los tipos motorizados vestidos de civil? La única respuesta fue –¡Yo soy la autoridad y hago lo que quiero!- nuestra “gloriosa” Policía Nacional y sus buenas formas, tomándome violentamente de la cara y obligándome a ver sus cámaras.

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Este fue el oficial que me agredió y arrestó para tomarme fotografías

Una hora retenidxs, más de dos horas enchachado y la frase del día fue –Ve, pensé que estas protestas solo las hacían chavalos como este pero, mirá vos el montón de viejas vandálicas-.Celia Contreras, Luisa Molina, María de Jesús Tenorio, Jessica Hernández  y Patricia Orozco eran las viejas “vándalas” a las que se refería el oficial de policía que me estaba “cuidando”. También fue detenida mi colega Duyerling Ríos periodista de Onda Local. Su delito tomar fotografías y videos.

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¡Y así fue mi estreno en esta aventura periodística! (nótese mi sarcasmo) porque la furia en el momento y el sentimiento de impotencia se respiraba frente a la Asamblea. Al verme inmovilizado de mis manos, empujado y agredido sentí por un breve instante el deseo de actuar como Zinedine Zidane frente Materazzi en la final del mundial de Alemania en 2006 pero, si me hubiera defendido de esta manera posiblemente les estuviera escribiendo estas líneas desde una “cómoda” celda en el chipote.

Nos liberaron sin explicación. La madre tierra hizo temblar a Nicaragua porque a sus hijas las tenían detenidas, tuve llamadas y visitas hasta de mi dentista y al final me queda claro que las autoridades de este país se sienten incómodos cuando son cuestionados por su actuar, cuando un grupo de mujeres les exigen el respeto a sus derechos, cuando ven a un par periodistas trabajando y te ven joven y pretenden intimidarte pero, la sonrisa no me la quitan ni las ganas de seguir trabajando, y a las “Viejas vandálicas” lejos de joderlas les dieron un motivo más para seguir denunciando, protestando y actuando juntas. Esperen saber más de ellas pronto.

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Dos periodistas y unas viejas vandálicas pero esta vez libres

Mi recorrido y tránsito en la marcha del 28 de Junio

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Por Gabriela Montiel/Simone

Antes de saber qué significaba la diversidad sexual como categoría y discurso, y luego de haberme ido de la casa de mis padres para poder ser; me encontré con un grupo de personas que me arroparon y me permitieron conocerme y reconocerme sin prejuicios ni castigos. Hablo de esa primera comunidad con la que me aprendí deseosa de libertad,  sentir y ser. Esa comunidad con la que me encontraba todos los días en la pasarela de la UCA, con quienes aprendí a dar afecto.

Me recuerdo en esa complicidad de sabernos fluctuantes, en nuestros deseos y sexualidades, en nuestra propia personalidad. Y me veo besándonos, él con él, él con ella, ella con ella; y así nos construíamos nuestra propia atmósfera en un universo más grande y no tan receptivo como ese espacio que nos autogestionábamos. Eso permitió que mis libertades pudieran florecer.

Tiempo después cuando me vinculé con la lectura, el feminismo y espacios de reflexión; entendí el poder de lo que teníamos en ese entonces. Esa grandeza de contar con espacios en los cuales nos potenciamos, y desde la libertad vamos fluyendo con nuestras búsquedas. Diversidad sexual más allá de estar contenida en cada una de las identidades que la componen; es una apuesta política de vida por respetar la libre autogestión de cada persona de su propio camino, sea cual sea. El asunto, es que esta autogestión en distintos contextos de este mundo resulta incómoda y amenazadora en un sistema plagado por normativas, control y represión.

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Asumirse lesbiana, homosexual, bisexual, trans…queer; contiene una serie de procesos de vida que cada cuerpo digiere a cómo puede, cuando esa corporalidad cuenta con colectividades que arropan ese proceso, el camino tiene menos obstáculos. En este tejido de experiencia, ninguna identidad debería estar por encima de otra, la apuesta es la libertad y la posibilidad de asumirnos desde lo que queremos y necesitamos ser. En esa búsqueda entran en juego otras piezas del rompecabezas social: familia, instituciones, Estado, Mercado, cultura; y en cada una de esas interacciones se manifiestan tensiones y conflictos que amenazan la libertad de cada individualidad y colectividad.

Como pertenecemos a una matriz social que es Patriarcal, sexista, racista, clasista, colonial y violenta; la discriminación y las agresiones ocurren siempre pero lo hacen de manera diferenciada y selectiva. Reconocer esta realidad interseccional es reconocer dónde está cada quien, lo cual es sano para el diálogo social. Asumirse y nombrarse es un ejercicio político de mucha potencia en un sistema que nos nombra desde que nacemos e implanta un destino a estos cuerpos, aún más, es un signo de resistencia en sociedades que buscan disciplinar estos cuerpos que somos porque a ojos del Estado y Gobierno somos cuerpos por controlar, corregir y castigar.

En medio de toda esta realidad, sentirse orgullosx por ser Lesbiana, Trans, Bisexual, Homosexual significa un impulso positivo ante una sociedad heteronormativa que implanta un modelo de ser y estar en el mundo, de vivir relaciones de afecto/deseo/amor; y que establece marcos reducidos de hacer familias, en lugar de comunidades.

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La potencia del ejercicio de asumirse realmente se dispara cuando este ejercicio se colectiviza, se comparte, se enuncia en manada. Se multiplica su poder cuando esas colectividades son en sí mismas espacios para repensarlo todo. Ahí es cuando la enunciación de Eso que soy se transforma en poder colectivo que hace temblar el sistema.

En las colectividades feministas con la que he ido encontrándome en esta última etapa de mi vida, encontramos ese poder de la manada para sanar, de sabernos acompañadas siempre y de poder reapropiarnos de estas corporalidades atravesadas por la violencia. En las colectividades de la diversidad sexual se construyen mecanismos que les permitan alimentar sus luchas en una cotidianidad que condena el ser diferente, el no cumplir con el mandato heterosexual y todo lo que implica a nivel político, económico, afectivo, social, cultural.

La Marcha

Fui a la marcha por una necesidad de encontrarme con otras y otros que conozco desde hace tiempo, pero también con personas que nunca había visto. Lo primero de lo que tomé conciencia fue que no se me activó el miedo con los policías que estaban cerca del punto de concentración de la marcha para dar vía. No estaban ahí para impedir la marcha a como si lo han estado haciendo por dos años con la del 8 de marzo. No había antimotines y me pregunto: ¿Y es que acaso el movimiento de la diversidad sexual no representa una amenaza para el Gobierno del FSLN y para este Estado nicaragüense, a como si lo representa el movimiento feminista o ambientalista? Y sino es una amenaza ¿Por qué no lo es? Y entonces, ¿Qué representa el movimiento de la diversidad sexual de Nicaragua para el Estado y para el Gobierno? Preguntas que no quiero contestar por mi cuenta.

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Me encontré con muchxs, abracé y me abrazaron, sonreí y me sonrieron. Me sentí parte de. La marcha arrancó, y mientras identificaba la voz de Elvis El Divine; me junté con esa manada con la que me ido encontrando y reencontrando, más allá de esas burbujas cotidianas que el sistema nos quiere imponer. Regio fue escuchar: ¿Dónde está el contingente de lesbianas?, ante lo cual nos reímos. Mientras avanzábamos se nos iban dibujando risas y carcajadas, desestresando los cuerpos; sobre todo porque los tres días anteriores habíamos estado enfocadas en darle seguimiento a las detenciones ilegales en la comunidad La Fonseca. Pero también pensaba en las compañeras y compañeros de la zona franca en celdas, con el peso del Capitalismo Neoliberal sobre sus cuerpos, burlándose de su integridad, en complicidad con un gobierno “de izquierda”.

No es fácil reír cuando abundan las razones para no hacerlo. No es sencillo darte el permiso de disfrutar y bailar, cuando el mundo se está cayendo. Pero es importante hacerlo. Y mientras eso se iba formando en mi cabeza, Bertha nos decía “Porque si no bailamos no es nuestra revolución”. Porque si no logramos transmutar la rabia y el dolor, el miedo y la indignación en acción colectiva, en autodefensa feminista y en alegría; esta lucha nos desbarata y no alimenta. Y lo que queremos es respirar mejor en un mundo que nos asfixia. Las colectividades temporales o a largo plazo juegan un papel fundamental, sobre todo cuando tienen en su centro lo personal es político, el autocuido y la autodefensa.

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Avanzamos en el trayecto y nos reíamos a más no poder con las ocurrencias de El Divine: “Pueblo Homosexual úneteee”, “Si Sandino viviera cochón fuera…o Si Sandino viviera con nosotras estuviera” y la que hizo que me partiera de risa “Pueblo Heterosexual convierteteee”. Gozamos, nos permitimos hacerlo, pero no dejaba de pensar en lo tuani que sería nuestro mundo si todas las marchas pudieran disfrutarse así, sin antimotines, sin el miedo a que te arrastren y te secuestren, sin las cámaras de la policía grabándote. Cuando la violencia es el idioma, la alegría cuesta. Pienso entonces en como las prácticas políticas de los movimientos sociales dialogan en un país, sin necesariamente sentarse a dialogar. Pienso en la necesidad de que las luchas se conozcan entre sí, y lo más importante, se reconozcan entre sí, como un flujo continuo, y no como agendas diferenciadas que es como lo han hecho ver el Estado, Mercado y la Cooperación Internacional.

Si se lucha por ser libres en todos los espectros de la diversidad identitaria y sexual, es importante ver el vínculo con la resistencia colectiva ante el machismo que mata, ante el sexismo que pisotea “lo femenino” incluyendo a los cuerpos trans que performean feminidades. Es decir, ese vínculo es una potencia para las luchas, por eso las compañeras de la batucada además de marchar por la diversidad sexual, también coreaban: “No queremos machos, que nos asesinen” y “No que no, sí que sí, ya volvimos a salir”. Porque las violencias sobre los cuerpos de las mujeres es la base para la discriminación y violencias permitidas hacia las colectividades de la diversidad sexual. Se trata de ver el vínculo entre estas consignas de las compañeras y “Ser loca y ser cochón es Revolución”; para luego escuchar de fondo “¡Esas lesbianas nicaragüenses!” en la voz de Cristina.

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La marcha funcionó como un ritual para agarrar impulso, energizar los cuerpos y seguir adelante. Vernos sonreír en las fotos y los videos no es un signo de frivolidad, sino de resistencia, sabemos que estamos con el agua hasta el cuello, que más allá del 28 de Junio a las compañeras trans la policía las violenta y se “las lleva” cuando quiere, que sus corporalidades son intervenidas en las cárceles dónde les cortan el pelo, o que los centros de salud les dan medicamento vencido. Que en las escuelas y familias los compañeros homosexuales y las compas lesbianas siguen siendo agredidas por ser diferentes. Sabemos eso, pero también sabemos que “Somos un cachimbo y seremos más” y que esto es político, que la clave está en no olvidarnos de esto, en no ser masa de consumidores y votantes, sino colectividades autónomas y cuestionadoras de los órdenes impuestos: de género, sexualidad, de tipo económico, político y cultural. Nos metemos con todo o nos dispersamos en el camino.

El baile político

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Esa bailadera que armamos en la rotonda de metrocentro, debería ser todas las semanas. Deberíamos sacar nuestras fiestas de las esferas privadas de las discos gays, de los concursos validados por el sistema y de los espacios de privilegios que algunas tenemos. Hacer público lo personal, es politizar la cotidianidad. Es algo de todos los días. Y con las fotos y el video les comparto un poco de mi mirada desde dentro de la marcha. A seguir resistiendo y haciendo revolución de estos nuestros cuerpos.

Link del video:

Toma de recursos: Simone

Colectividad Trans: ejercicios para vivir más allá de la discriminación

Por Gabriela Montiel

FB: @LaSimone Plus

TW: @Simonemontiel

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Visité las oficinas de ANIT en la ciudad de Managua y Ludwika me estuvo contando sobre el trabajo que realizan y la realidad que viven muchas compañeras trans. ANIT es una organización que se fundó en el 2008, posteriormente se sumarían al Grupo Estratégico de la Diversidad sexual; que respondió concretamente a una urgencia por contar con instancias que acompañaron a la colectividad trans ante las constantes violaciones a sus derechos humanos. Si bien existían organizaciones compuestas por homosexuales y lesbianas, las compañeras trans en estas organizaciones eran incluidas en la identidad gay, lo cual fue la pauta para organizarse en un espacio que respondiera a las necesidades concretas de las personas trans.

Desde el 2008 al 2010 ANIT fue incluida en diversos proyectos, pero es hasta el 2011 que empiezan a ser apoyadas por el FCAM, que ocupan un papel protagónico en proyectos para realizar acompañamiento ante situaciones de violencia con las compañeras trans. Han trabajado capacitaciones  en Derechos Humanos, participación política, Identidad de género y legislaciones nacionales e internacionales; con énfasis en el derecho laboral. Sobre todo porque las compañeras se enfrentan a un sistema de discriminación que empieza en los hogares y se traslada a las Escuelas, lo que les obstaculiza su formación, y en materia de oportunidades de empleo aunque se logren profesionalizar, no les permiten ocupar puestos de trabajo formal.

Se realizan acompañamientos jurídicos, se recepcionan los casos de las compañeras, que incluyen violaciones a derechos humanos en el ámbito familiar dónde son agredidas por padrastros, primos, hermanos, parejas. Cuando la denuncia no es investigada se recurre a llevarla a la Procuraduría de la Diversidad sexual. Otro tipo de denuncias es por Violencia Institucional, cuando los centros de salud no brindan la atención adecuada a las personas LGBTI. Ludwika nos comenta que existe una declaración ministerial 671-2014 que sanciona todo acto de discriminación por parte de personal médico y la usan como respaldo para evidenciar la discriminación.

¿Cómo se manifiesta la discriminación?

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Nos cuenta que en lo que va el 2016 llevan cinco casos solo del Hospital Manolo Morales, que está brindando una pésima atención, a las compañeras con VIH no se les está entregando el medicamento en tiempo y forma, no se les está llamando por el nombre de identidad. Ludwika nos comparte evidencias de lo poco que importan las vidas de las trans en un sistema de salud deficiente “Otra violación de derechos es que se les está dando medicamento vencido a las compañeras, es una mala atención”.  Las denuncias las envían a la Procuraduría de la Diversidad sexual, al secretario de salud Enrique Beteta, y este lo percibe como si ANIT y la colectividad trans estuviera haciéndoles la guerra, cuando lo que hacen las compañeras es defender su integridad. Ludwika agrega:

“A una compañera le borraron seis veces el nombre de identidad, se lo borraban, se lo borraban. Hasta que ella le tomó foto, y cuando regresó ya tenía un expediente nuevo que estaba con el nombre que ella se identifica, todo eso es parte de la lucha que hicimos por dos meses”. Es una lucha de todos los días, más allá de las efemérides, es un asunto del día a día.

ANIT realiza acompañamientos psicosociales en alianza con CENICSOL y una red de clínicas, se trabajan procesos con las compañeras ante todas las situaciones de discriminación que afectan la vida del colectivo trans, sobre esto nos comparte:

“Hemos tenido casos de compañeras que han venido a las oficinas mutiladas, que se cortan el pecho porque tienen algo que no le han contado a nadie y se les da acompañamiento. Hemos tenido casos de compañeras  que se han querido cortar aquí, y hemos tenido que intervenir…son cosas que hemos pasado aquí”. Luchar contra todo un sistema heteropatriarcal, misógino y moralista no es asunto fácil, pero es el pan de cada día de las compañeras.

Desde ANIT se trabaja por incorporar a las compañeras trans en las aulas de clases, muchas de ellas dejan de estudiar por el estigma y la discriminación en los centros educativos. Algunas logran bachillerarse, estudiar diplomados o cursos de estilismo y cocina. Existen unas cuantas que han logrado entrar a las universidades, pero es una lucha diaria.

Los procesos que desarrollan son la estrategia que han encontrado para empoderarse como colectivo trans:

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“Desarrollamos talleres de autoestima, reflexionamos sobre la discriminación, identidad de Género, Incidencia Política; que la hacemos con Alcaldes, Diputados, Concejales. En este momento tenemos una propuesta de ordenanza municipal de No Discriminación a la población LGBTI en el municipio de Masaya, la mayoría aprobó y solo falta la firma de la Presidencia; ya tenemos cuatro años en este proceso. Llevamos procesos de empoderamiento político como población LGBTI. Realizamos atención médica y desarrollamos Grupo de Autoayuda con las personas que viven con VIH”.

El no poder obtener empleo formal, es una de las principales problemáticas de las personas trans, y se debe principalmente a la discriminación: “Si soy cajera y quiero trabajar en un banco, no me brindan esa oportunidad. Porque nos obligan a cambiar nuestra apariencia y actuar como un hombre para poder trabajar en un banco”. Y Ludwika nos comparte su experiencia:

“Yo estuve trabajando en un call center, hace ocho años, y yo tuve que cortarme el cabello y vestirme de varón por la gran necesidad que tenía. Todo eso lo pasé, pero luego dije- Voy a ser quién soy y me salí- y desde ese entonces no he tenido un trabajo. Nos quedan los trabajamos informales”.

Las compañeras son trabajadoras domésticas, trabajadoras sexuales, vendedoras en las calles de ropa, perfume y prensadores. Las compañeras se las andan rebuscando todos los días, algunas hacen trabajos de limpieza en los gimnasios. Cabe señalar que son trabajos mal remunerados, sin seguro social.

Las visitas que realizan

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Ludwika nos cuenta que realizan visitas al sistema penitenciario. Se maneja que 50 compañeras trans están privadas de libertad, pero se sabe que es un subregistro. Muchas de las compañeras están por venta de estupefacientes, por la escasa oferta laboral para las trans, algunas trabajan de muleras y se las llevan a la Modelo. Nos cuenta que las ubican en la galería 3 que es sólo para personas trans y gays, pero a algunas las castigan enviándolas a compartir celdas con hombres. Cuando analizamos el porqué del castigo se evidencia el papel disciplinario del sistema penitenciario en los cuerpos trans:

“castigan a las compañeras por el comportamiento alterado que demuestran cuando les cortan el cabello y las tratan como hombres, se ponen rebeldes y las mandan a otras celdas. Ese es un problema que tenemos, que a algunas compañeras les cortan el cabello y las tratan como hombre, una compañera se intentó matar cuando le cortaron el cabello ahí en la celda, ella se cortó las venas y la tuvieron que llevar a Emergencias”. ¿Cómo se reacciona tranquilamente cuando te quiebran tu identidad? ¿Cómo mantener la calma cuando desestructuran tu agencia?

Las compañeras realizan visitas a las trabajadoras sexuales, con el propósito de prevenir ITS y VIH: “estas las realizamos una vez al mes, porque tratamos de llevarles un refrigerio y los materiales preventivos del VIH e ITS. Recorremos desde el sector Malecón, pasando por Plaza Inter, subimos Metrocentro, vamos por la carretera Masaya, Bello Horizonte, la 35 Avenida. Trabajamos con las compañeras trans y mujeres así nacidas”. Le preguntamos a Ludwika qué han encontrado en las visitas y nos compartió:

 “Demandas sobre la policía, que las golpean y se las llevan por estar paradas ahí. Esta violencia es de siempre, la vez pasada nos llevaron detenidas mientras hacíamos la visita, decían que era por escándalo en la vía pública, y no era cierto”.

Procesos hormonales y Ley de Identidad

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Ludwika nos cuenta que muchas compañeras se inyectan aceites minerales, se inyectan hormonas pero sin seguimiento; y que esto ha provocado en algunas úlceras y llagas. Nos cuenta:

“A una compañera la iban a operar porque se le hicieron bolsas de pus en el pecho, la tuvieron que drenar y le quedó una gran cicatriz. A otra compañera que se inyectó aceite mineral, le tuvieron que amputar los pechos. Y otra compañera que pasa vendiendo pan, los dos pechos se le endurecieron, parecen dos piedras y eso en un futuro puede provocar cáncer y una posible amputación…Otras compañeras que se han hecho implantes de silicona, esos son procesos médicos, pero implica un seguimiento, porque si no pueden tener serios problemas”. ¿Cómo hace el cuerpo para esperar que el sistema reconozca su necesidad de transmutar? En las corporalidades ubicadas al margen de los discursos de derechos humanos, el riesgo es una constante.

En cuanto al borrador de Ley de Identidad se trata de una política para el cambio de nombre y reconocimiento de la identidad trans, Ludwika nos cuenta que ya se lleva ocho años revisando esta propuesta, que se había logrado un borrador que luego se desestimó, y que no han tenido noticias de algún avance. Lo que nos comenta es que ellas como ANIT no están participando directamente de este debate.

Crónica de una violencia

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En semanas anteriores a una compañera trans la policía la violentó en su casa, y se la llevaron secuestrada hacia una estación de policía porque les dio la gana, porque ese órgano represivo puede matar si se lo propone. Ludwika nos comparte esta experiencia:

“Estaba en su casa, acostada y la policía llegó a las 4 y 40 de la mañana, a hacer cateo y a buscar un tipo. Agarraron a todos los hombres y a ella la agarraron porque tenía el apellido de quién buscaban porque es su primo, y la policía la retuvo mientras el primo se entregaba. A ella se la llevaron, la arrastraron y la golpearon. Eso fue a las 5 de la mañana, me vinieron a buscar, y a las 8 am que vine a la oficina la familia me contó. Cuando llegamos nos dicen- No, no están ni los de Auxilio Judicial y ni ella está aquí presa. Hasta las dos de la tarde vengan, que a esa hora están los de auxilio Judicial.

Llamé a la Samira Montiel de la Procuraduría de la Diversidad. Regresamos con la delegada, y a ella le dijeron- Que no era quien para llegar a mandar a la comisaría. Le dijimos a la delegada que a ella la llegaron a sacar de su cama que por hacer escándalo decían. Los policías dijeron que ellos la iban a soltar, pero como llegamos en grupo, no la iban a soltar. Solicitamos que se hiciera una valoración de medicina legal, él (el policía) dijo que no. Y agregó que si íbamos a medicina legal, él iba  a poner a una de sus oficiales para que pusiera una denuncia en contra de ella. Nos quería intimidar pero no tuvimos miedo, y solicitamos la valoración.

La compañera quedó golpeada injustamente, todo ese trámite fue un día entero Cuando nos fuimos de la policía, ellos soltaron a la compañera descalza y en short. No quería dar su brazo a torcer, ante la delegada de la Procuraduría y ante nosotras”.

Cuerpos que para el sistema son basura, no son cuerpos con los que se dialogue como sujetxs de derechos, sino como “algo desechable”, que se tira a la calle luego de haberlo golpeado y denigrado. En lo que va del 2016 han recepcionado 9 denuncias. Desde el 2011 llevan 50 denuncias registradas por distintos tipos de violencia, entre los agresores sobresalen agentes de la policía y personal médico del sistema de salud. Semanas antes de la entrevista, nos comentaba Ludwika, una compañera trans fue violada por un grupo de cinco agresores, la compañera decidió no avanzar en la denuncia. Ante un sistema de justicia violento con las víctimas de violencia machista y cómplices de homolesbotransfobia, denunciar no es una garantía de justicia.

A seguir luchando

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La lucha es cotidiana. Por ir más allá del miedo, y de la violencia que se materializa en cualquier momento en los cuerpos trans. Ante este panorama las compañeras han logrado gestionarse un espacio seguro y de refugio, como lo es la propia organización. Dónde se reúnen y se escuchan, dónde llegan a ver que comen cuando sus familias les niegan los alimentos, por ser ellas. Ese espacio que contiene en sus paredes memorias trans, fotos de las compañeras que ya no están físicamente, pero como dice Ludwika, es importante que no las olvidemos. Las compañeras trans luchan a diario, 24 horas al día; no es una moda, se trata de su sobrevivencia en un mundo hostil con la libertad y la diversidad.