Las giras: posibilidades de ampliar nuestros universos

Por Simone

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Fotos/Simone

Ya llevo más de un año en el que conscientemente busco y me gestiono experiencias para salir constantemente de mi zona de confort, y parte de esa brújula es moverse hacia otros espacios, lugares e interacciones. Estos días han sido intensamente bellos, he vivido experiencias muy gratificantes y sobre todo que me han permitido ampliar mies percepciones sensoriales en miles de niveles. En esta entrada les voy a hablar de una de ellas, se trata de una gira que armamos en grupo para subir el volcán Telica. Si, de entrada suena genial.

El asunto fue así, yo en mis ya habituales invitaciones a encontrarme con distintas personas, un domingo invité a que fuéramos al Temazcal de carretera Sur, que dicho sea de paso, se los recomiendo un montón. Pues bien, tres personas le dieron like a mi estado en FB y les escribí proponiéndoles que nos viéramos en una hora para irnos juntxs; a todo esto, de las tres personas solo con un había salido antes. Al final no se armó la gira, me fui al temazcal y lo disfruté montón pero de ese menaje surgió una propuesta de sumarme a una gira que se estaba armando al Telica.

El grupo de la gira

Me sumaron al grupo de whatsapp y ahí empezó el proceso de compartir, porque fue irnos leyendo, poner energías en planificar una gira que prometía estar tuani. Y así fue. Nos encontramos el sábado por la mañana, nos movimos a León en intermortal, que en este caso iba lentísimo, lo que nos dio tiempo de hablar y conocernos un poco, íbamos armando el relajo en el bus (pero nada como el alucín del viaje del regreso). Hablé por primera vez con todas las personas de grupo en ese viaje hacia León, y de entrada esa es una experiencia positiva, abrirse a otras interacciones más allá de los espacios conocidos. Fui conociendo a M, A, S, F y luego conocería a G, la guía.

Pues bien. Llegamos a León hicimos compras, compartimos cervezas fuera del súper y pasamos por el Comedor Rosita que queda a la par del mercado, ahí conocimos a Katherine, quien me contó que el comedor ya llevaba su rato, más de 10 años, y a Diana que migró de Managua a León y allá vive sola, mientras trabaja y estudia, toda una guerrera a mi ver. Deliciosa la comida. Ya luego entramos al mercado y esperamos a la guía para la gira, con quien luego nos fuimos hacia la Quimera.

La subida y la llegada

Empezamos por ponernos protector solar, a todo esto, eran las 2 pm cuando empezamos a ascender, así que fue casi como “Subamos el Telica en el horario más turqueado”; y ahí íbamos. La primera parte del camino era arenoso, así que requería un esfuerzo particular en cada paso porque los zapatos se hundían y pues el peso hace que físicamente necesite ponerse una intención física concreta para mantener un paso constante y hacerlo con cuidado, porque lo menos que una quiere es lesionarse, y menos en “lo más fino” como decimos.

La experiencia de subir un volcán te permite conocer a las personas del grupo de una forma bien particular, nos conocemos en los distintos ritmos, en el cómo andamos físicamente, en hacer descansos y beber sorbos de agua, en pasarnos chicle para que la garganta no se seque mientras ascendemos. Y a vos como persona, te ayuda a tomar conciencia de cómo andas, descubrís tips para mantener una respiración regular, tomas conciencia de lo que salir a correr 5 veces a la semana hace en tu cuerpo. Palpas tus piernas y sentís la tensión de los músculos, te concentras en saber dónde poner cada pie, porque cada paso importa y el nivel de concentración marca la diferencia entre lesionarse o seguir intactxs.

Llegamos sin percatarnos al palo de mango y luego avanzamos un poco más hacia un punto de descanso, el penúltimo; ahí estuvimos un rato, comimos banano, mandarina, gomitas y nos percatamos que nos haría falta agua para el regreso, lecciones que solo el viaje te las da (en una gira así, 2 galones por persona). Entonces empezamos la recta final y en palabras de la guía, la más intensa. Me programé para dar lo mejor de mí, y mientras iba marcando mentalmente 1,2 1, 2 mi cuerpo y mis piernas se iban movilizando en el trayecto que poco a poco se empinaba a cada paso. Me pasa que me gusta ir adelante y al mismo tiempo no me gusta atrasar a nadie entonces me exijo ir a un ritmo sostenido de 1,2-1,2 y mientras esperaba ver a lxs demás tomaba algunas fotos, pero el proceso físico fue y es el más importante para mí, lo que una va sintiendo; y eso no lo puedo captar yo en una fotografía, al menos no de lo que en mí ocurre cuando me engancho con una actividad física.

Luego subimos por unas gradas de piedra, y llegamos, ahí al lado del cráter, no al ladito, en el perímetro cercano del cráter, y fue bello llegar. Sentir la satisfacción alcanzada luego de casi 4 horas. Ufff, lo primero que hice fue aprovechar la poca luz que quedaba para tomar algunas fotos, y luego empezar a distribuirnos entre todxs las tareas. Nos tocaba prender el fuego, la guía la partió en ese arte y aprendí varias cosas sobre eso. Otros empezaron a armar la tienda para acampar, que nos llevó más de una hora porque estaba intensa la cosa, pero cuando ya le agarramos se logró la meta. Ya luego nos dispusimos a quemar 😉 y a ver que comíamos.

A la mayoría del grupo les entró sueño y se fueron a dormir temprano. F y yo nos fuimos a sentar y admirar el bello cielo estrellado, que por momentos se cerraba, y empezaba a brisar, pero luego cuando volvíamos a quemar se despejaba de nuevo. Nosotrxs jurábamos que había una relación directa entre quemar y que dejara de brisar y el cielo se despejara. Luego llegó el cansancio físico y me fui a dormir.

El descenso

Nos levantamos a las 5 am para poder presenciar el bello amanecer, y subimos para acercarnos al cráter. Me enamoré de ese cráter, del viento, de las luces del amanecer, de esos rayos de luz pegando en mi cara, de sentir tan cerca esa fuerza del volcán y sobre todo de sentir tanta tranquilidad al punto de querer quedarme ahí unos dos días más, lo cual ya está en mi lista de cosas por hacer a mediano plazo.

Luego recogimos todo y nos alistamos para bajar, sabiendo que aunque íbamos más rápido porque era en bajada, no teníamos suficiente agua y teníamos que echarle ganas. Además las bajadas son a mi parecer más complejas que las subidas, por el asunto de la gravedad y el ejercicio de freno que recae en los dedos de los pies y en las rodillas, entonces para disfrutar esa bajada yo me comí una galleta 😉 y me tomé mi tiempo para además, concentrarme en bajar sin hacerme daño, que en las bajadas es algo que puede ocurrir muy fácil. Disfruté ese camino de regreso.

La antesala del regreso y el regreso a Managua

Luego llegamos a una casa en la que nos regalaron agua, y donde compramos helados de fruta deliciosos. Les caímos como que se iba a acabar el mundo. Luego regresamos a León, la pasamos tuani en un bar casi al frente del Comedor Rosita, nos pasamos cagando de la risa, haciendo recuento de los daños, la S y M tenían morados las uñas de los dedos gordos de los pies. Y emprendimos el viaje de regreso a Managua, yo con ganas de haberme quedado dos noches más en el Telica y con una fantasía de dormir esa noche en Puerto Viejo-Costa Rica. Las intensidades de ese viaje de regreso en el bus, al menos una buena parte caben en una bolsa y dos vasos de plástico. Las risas son invaluables y la jodedera aún continúa.

La gira fue genial para mí, en este momento en el que me muevo todo el tiempo de forma consciente de mi zona de confort, tengo el teléfono de la guía y si se animan podemos armar giras al Telica y a otros volcanes, por lo pronto yo sé que a ese cráter regreso pronto.

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¿Día Internacional de la Mujer o Día Internacional de la Mujer Trabajadora?

Por Soraya Cruz Baltodano

El Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) es celebrado por muchos países de los diversos continentes. Su significado es mal interpretado y hasta cambiado por muchas personas ignorantes. Sin embargo, este día es para conmemorar a las personas del género femenino que han apoyado a otras para llegar a alcanzar la igualdad de género, reconociendo el esfuerzo y la lucha constantes de sus derechos. Sobre todo, se conmemora la muerte de mujeres trabajadoras que fallecieron en una fábrica de textiles hace unos 100 años. Las puertas del edificio fueron cerradas para que las mujeres no salieran con material robado y, por desgracia, un incendio cobró la vida de ellas. Una gran mayoría de hombres cree que las mujeres que luchan por sus derechos o las que lucharon no aportaron nada bueno a la sociedad, sin saber que han cambiado cosas que benefician a ambos géneros.

En primer lugar, no es una celebración en donde las mujeres deberían ser felicitadas. Más bien es para recordar a todas las mujeres luchadoras que les han dado una voz a las que no la poseían. Con ello demuestran que juntas son más y que el machismo ha envenenado el discurso de muchos medios de comunicación, así como la mente de varias familias. Asimismo, esta conmemoración recuerda que aún existe el poder de hacer cambios importantes para ellos —los hombres— y para otros afectados. La vida las hizo mujeres y no son ni más ni menos importantes. No las feliciten por ser bellas o tener características lindas o sólo por ser mujeres, porque no es una celebración por tener pechos más pronunciados, pelo largo o figura esbelta, sino por su fuerza, su perseverancia y su intelecto.

En pocas palabras, el feminismo no está peleando por nada nuevo más que por derechos humanos que no son aplicados correctamente o que no son aplicados del todo. Ellas no están exigiendo nuevos derechos, sino que se les proteja tanto como a los hombres, porque odiar al género opuesto y querer más que él estaría contra los motivos por los cuales se cree en el feminismo. Sin embargo, siempre hay grupos que no lo apoyan por creer que las feministas se rigen por abominar al hombre y porque son “dramáticas”. Todo hombre y toda mujer deben saber que el patriarcado y el machismo sólo son buenos para separar a los géneros y crear conflictos entre ambos. Es una plaga que sólo puede terminar con una buena dosis de educación, ya que este mal afecta a todos sin importar la clase social.

No obstante, las mujeres, después de tantos años, siguen siendo víctimas de odio y culpadas por ser ellas mismas. Creemos que los hombres necesitan ser como la masculinidad hegemónica les dicta que sean, y que la mujer tiene que ser delicada y callar, hacer todo lo que los hombres dicen. Que una mujer debe tener etiqueta. Pero esto último carece de toda lógica, ya que las mujeres no están para complacer estereotipos y muchos menos para esconder su sexualidad, porque, a diferencia de lo que piensen los demás, eso no las hace menos. Hemos llegado hasta el punto en que una mujer es odiada por otra por mostrar sus pechos, por no querer usar vestido o maquillaje, por querer respeto cuando camina en shorts por la calle y la llaman “lesbiana”. Las feministas nunca han sido un estereotipo de mujer y no tienen que llegar a serlo. Llamarlas “lesbianas” por luchar incansables veces sólo demuestra lo que el machismo ha vuelto a los seres humanos: seres misóginos, homofóbicos y retrógrados.

Conviene subrayar que este movimiento no posee un solo objetivo y que cada país tiene sus luchas y su historia de feminismo, la cual no puede ser comparada. Cada lugar tiene su semblanza de cómo el feminismo los ha ido cambiando para ser una mejor y más tranquila comunidad en la que no nos tengamos que preocupar por algo tan simple como quién usa falda y quién pantalón. Quién usa maquillaje y quién no. Quién quiere ser tosco y quién sensible. ¿Cuántas veces han usado la palabra “marimacha” o “mariquita” para referirse a alguien de manera seria? Todo lo que llaman masculino y femenino son sólo etiquetas que se han creado para separarnos.

Hay que enseñarles a los niños que el rol de género es otra excusa del patriarcado para mantenernos en grupos separados donde lo único que va a existir es violencia. No les digamos a los niños que tienen que actuar conforme a su género. Creemos en las mentiras del machismo día a día y no nos da pena porque ya lo vemos normal.

En conclusión, el feminismo es para liberar, romper barreras y ser tolerantes. Que tus hijos ya no sean molestados por cosas ridículas como usar el color que les gusta, el tipo de ropa que les plazca, ver las caricaturas que los hagan sonreír o usar un juguete con el que recordarán tantas aventuras. Para la gente mayor sería un alivio que se acabara la violencia y la desigualdad, con el objetivo de crear mejores oportunidades de trabajo y saber que algún día encontrarán la libertad buscada desde hace siglos.

Autora:
Soraya Cruz Baltodano (Managua, 1998). Estudiante de 11vo grado del instituto Nicaraguan Bilingual School. Librepensadora y vegana. Apoya la equidad de género y los derechos de los animales.

Si una avanza, avanzamos todas

Por Simone

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“Si una avanza, avanzamos todas”, es una frase que me tomó años entender, abrazar y asumir como postura política. La parte del entendimiento fue una de las más complejas, porque a las mujeres nos enseñan a competir entre nosotras, a vernos como enemigas en un mundo que de por sí ya nos tiene declarada la guerra. Es así de perverso el sistema que promueve la separación en lugar de la solidaridad. Cuando logramos ver-nos y reconocer-nos, encontramos la fuente de poder de la que podemos ser partícipes y cómplices, para tejer nuestras propias libertades, individuales y colectivas.

A manera de entrada

Yo vengo de una familia donde las mujeres han asumido como en el resto del mundo, el cuidado de sus hijos, y ese trabajo no reconocido como tal lo han hecho en condiciones no tan bonitas: entiéndase relaciones de pareja violentas, ausencias masculinas/paternas y  entornos hostiles con ellas, que van desde la desventaja económica hasta las violencias sexuales. Vengo de ellas, y me llevó mucho tiempo abrazar su trabajos, aquellos que ocupan la escala inferior en la pirámide laboral del capitalismo, el trabajo de cuidados, ese que ocurre en los hogares. Ya sea en los propios o ajenos, muchas de las mujeres de mi familia han lavado, planchado, sido niñeras y cuidado a gente; trabajo por el que han recibido remuneración bastante alejada de lo que implica cuidar. Las veo y sé que sus pasos posibilitaron mi existencia.

En mi existencia fui la primera mujer de mi familia en ir a la universidad, veo la vida de mi abuela, mi mamá, mis tías y a ellas que al principio me parecían tan lejanas hoy las veo conectadas a mi existencia, aunque nos la veo tan seguido. Reviso mi experiencia y no la tuve tan fácil como mis hermanos. A ellos hasta les han financiado segunda opciones de carreras porque las primeras no funcionaron para ellos. A mí me la pusieron difícil y es por eso que decidí irme de la casa recién entraba a la universidad, y gracias a la solidaridad de muchas personas logré cumplir con algo que quería desde inicios de la adolescencia, tener mi propio espacio y vivir tranquila.

Parece que sigue siendo difícil avanzar para nosotras en un mundo pensado en clave masculina (desde los privilegios, además de género, de raza, clase, opción sexual). Sigue siendo difícil y tenemos que esforzarnos hasta 10 veces más que nuestros pares masculinos para obtener resultados cercanos, por una misma actividad o trabajo. Pienso en mi experiencia laboral, y hoy soy más consciente de lo injusto que es el sistema y de los sesgos de género en relación a un  mismo trabajo diferente paga. Pero incluso ahí sé que existen compañeras a las que les pagan menos por hacer un trabajo que según el sistema capitalista es menos importante que el que yo hago. Y ahí entra la complejidad de ver-nos y reconocer-nos, porque no vivimos las mismas vidas ni concentramos los mismos privilegios, pero podemos nombrarnos y sobre todo ser cómplices en las luchas cotidianas que nos tocan.

Yo fui la primera en ir a la universidad, luego me siguió mi prima, a la que admiro mucho. Ella ahora trabaja. Fui la primera en irme de la casa, las hijas no se van de las casas y menos en las condiciones que yo tuve, sin dinero, sin conocer a nadie, no me iba a vivir con el novio, no estaba embarazada, solo quería respirar mejor. Me hice mi espacio en una ciudad desconocida, conocí a gente bella y es la fecha y me sorprende el haber sobrevivido a los múltiples riesgos de los que no tenía mucha conciencia en ese entonces. Gracias a la energía de la manada de ancestras logré tejerme a mí misma varias veces (y aún sigo y seguiré haciéndolo).

Pagué mis estudios de pregrado, postgrado y ahora soy docente. A la que fui cuando tenía 14 años, que lloraba en su cuarto esperando despertar en un mundo nuevo donde nadie la conociera para reinventarse, ni se le ocurría que iba a estar donde estoy hoy. Lo que si tenía claro es que le urgía moverse, respirar mejor y conocer el mundo. Y así fue, y así sigue siendo. En el camino de esos viajes de libertad uno de los principales aprendizajes que puedo compartir y nombrar es el encuentro con otras.

Encontrarse con otras

En los caminos escogidos me he encontrado con mujeres que alimentan mi vida y yo espero alimentar la de ellas. Solo así nos ayudamos a oxigenar esta vida tan plagada de miedo, rabia y dolor; porque el mundo nos quiere secuestradas por esas emociones. Pero nosotras abrazamos esas emociones y las coloreamos, las volvemos mandalas, tatuajes, risas, afectividades libres, intimidad múltiple, las tornamos poesía, esténcil, comida deliciosa, cuidados entre nosotras y autocuido para una misma. Las convertimos en teoría, en práctica, en orgasmos colectivos y en place autogestionado. Nos apapachamos y nos alejamos para volvernos a encontrar cuando brillamos y cuando nuestras luces se toman un descanso, porque así somos Mutantes, y desde ese ser mutantes nos vamos aprendiendo a amar, convencidas de que lo menos estratégico que podemos hacer en este mundo es vernos como enemigas, y entonces nos abrazamos como hermanas, aunque no nos sepamos ni los nombres.

Yo quiero más mujeres en mi vida, cada historia compartida me hace sentir la necesidad de encontrarnos para cambiarnos la vida. No es el amor romántico el que me permite voltear mi mundo hacia la libertad, sino el encuentro con mujeres que andan resistiendo y revolucionando desde sus cotidianidades. Ahí he encontrado energía que me activa. Ahí me veo reflejada y abrazo ese reflejo que me reta y me acompaña.

En la peli de Hidden figures en algún momento Dorothy Vaughan dice: “Si avanza una, avanzamos todas” y esa frase es importante entenderla, abrazarla y asumirla como postura política en un mundo en el que ser mujer sigue siendo un riesgo. En esta peli lloré como en tres momentos, pensé en mi historia, en las mujeres de mi familia, en las luchas de las mujeres en el mundo, en el asunto de los privilegios, fuck, en muchas cosas.

Ver avanzar al grupo de mujeres negras hacia el laboratorio de computación y ver que iban unidas, que pusieron como condición que iban todas o no iba ninguna, fue increíble. Sentir la fuerza de la risa cuando en la escena de las tres siguiendo a un carro de policía que las intentó humillar, una de ellas dice “Somos tres mujeres negras siguiendo a un policía blanco en su patrulla, díganme si esto no es un milagro”. Ver a Katherine Johnson decirle al grupo de 30 hombres blancos que se ausentaba por 20 minutos porque debía ir a un baño que estaba a 800 metros porque en ese edificio donde trabajaban no había baño para gente de color fue brutal. O cuando Dorothy Vaughan de manera autodidacta se prepara para que ser la única que entendía la programación de la computadora y entonces la nombraran por fin supervisora, o que decir de Mary Jackson que logra ser la primera mujer negra en hacer estudios en la universidad de un Estado segregacionista. Las amé.

Yo disfruté la película, pero sobre todo lo que provocó en mí. Estas científicas fueron mujeres que marcaron la historia no solamente de los hitos de la NASA sino para otras mujeres, eso pasa cuando luchamos, avanzamos nosotras y tejemos puentes para otras, es una responsabilidad y un bello nivel de conciencia percatarse de esto. Las abrazo, y lxs abrazo, porque si nos liberamos, esos ejercicios de libertad son positivos para el mundo.

Si pudieras tener la vida que querés realmente o esa que necesitas ¿Cómo sería?

 

Por Simone

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Hace unos meses en un grupo de clases hacía esa pregunta: Si mañana se levantaran y pudieran tener la vida que realmente quieren ¿Cómo sería?, y un estudiante me dijo: Ay profe, no haga esas preguntas que aquí hay gente casada. Todxs reímos y yo me quedé pensando en lo loco que al parecer suena hacerse esa pregunta en sociedades como las nuestras.

¿A qué me refiero con esto? Hablo de sociedades que se han empeñado en hacernos creer que lo importante en este mundo es llegar a un lado, en lugar de disfrutar del proceso. Y lo más peligroso, nos enseñan que una vez hayamos llegado ahí donde sea que tenemos que estar; debemos poner todo nuestro empeño en conservar ese lugar en el mundo. Esto puede ser un puesto de trabajo, una relación (de pareja), un cierto nivel de ingreso mensual, un cierto nivel de consumo, una apariencia.

¿Qué pasa con nosotrxs cuando abrazamos estas lógicas de establecerse? ese patrón de “No buscar más. Ese mandato contiene una intención intrínseca que tiene que ver con mantener o hacer perdurable algo. No me muevo de una relación porque pretende conservar cierto algo que me hizo quedarme. O produce miedo echar a la basura años invertidos en un puesto de trabajo y da pavor empezar de nuevo.

Lo que no nos deja ver esta lógica impuesta de preferir establecerse a moverse, es que nunca empezamos de cero, empezamos en otro lugar una vez que decidimos movernos, pero con todos los aprendizajes, conscientes o no que obtenemos a partir de lo que sea que hayamos vivido. El cuerpo guarda esos aprendizajes aunque a nuestra cabeza le cueste darse cuenta de los maravillosos procesos que ocurren en nuestras subjetividades y materialidades.

No quiero que acá quede la idea de que se trata de un binomio Establecerse-Moverse, en medio y en los alrededores existen diversos colores y matices que responden a las necesidades, ritmos y temporalidades de cada persona. El asunto es que recuerdo esta entrevista a Gustavo Cerati que cada cierto tiempo encuentro y comparto en FB en la que habla de esa búsqueda constante, que no sabe a dónde lo lleva pero que simplemente es lo que le mantiene creando, viviendo. Y cada vez que veo esta entrevista me siento tan identificadx porque esa búsqueda es la que nos posibilita desdibujar fronteras de todo tipo.

  1. Sobre cómo nos percibimos, eso que creemos que somos. Podemos ser mucho más de lo que creemos ser. Hacer. Sentir. En el último mes he aprendido qe me gustan convivir con una perrita llamada Candy, que me encanta estar aprendiendo a bailar salsa y que le estoy encontrando el gusto a dejarme guiar. Tres cosas que ni sospechaba hace un mes. Y me encanta que quien puedo ser sorprenda a quien creía ser.
  2. Sobre como aprendimos a vivir. Hablo acá de las emociones, la sexualidad, las afectividades, los placeres, los deseos. Pensarse por ejemplo más allá de la heteronorma, de la monogamia, de la exclusividad, de los celos, o el binomio pareja o la familia nuclear.
  3. Ir más allá de los esquemas aprendidos para leer y vivir el mundo. Las dos anteriores ayudan colateralmente a que esta tercera se vaya tejiendo en nuestras vidas.

Y es que hacerse esa pregunta da miedo, pero es un riesgo importante de hacer cada cierto tiempo. Las sociedades humanas son buenas en crearse hábitos, insanos la mayoría y por eso necesitamos tener una disponibilidad a reconocer que lo que estamos viviendo talvez no sea lo que queremos o necesitamos. Una vez que sabemos eso, hay muchas cosas que podemos hacer, y podemos buscar a otrxs que andan en los mismos pasos y búsquedas para que sea divertido el proceso.

Justo esta mañana veía el video de Ken Robinson para encontrar elementos a retomar para el grupo de clases que acompaño, y una de las ideas que se me quedó en el cuerpo fue: “Si tenemos miedo a equivocarnos nunca lograremos crear algo original” y siento que si lo traduzco a las reflexiones que estoy compartiendo retomo lo de arriesgarse, esa es un perfecta brújula que me permite poder ir más allá de lo que yo creo de mí misma, de la forma en la que me vivo en este mundo y en la que leo este mundo y me relaciono con las demás personas. Ir más allá implica necesariamente moverse. Un paso o dos, o toda una secuencia de salsa si lo sentís. A solas o acompañadxs, en grupo o con tu propia energía, moverse nos permite mutar. Establecernos es necesario por momentos, pero enunciemos en voz alta la pregunta del inicio:

Si pudiera vivir la vida que quiero o necesito ¿Cómo sería?

Respondamos la pregunta para nosotrxs, ahí dónde estamos y vean a dónde les lleva.

Este es el video de Ken Robinson:

 

No puede ser tan sencillo…

Por Simone

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Me lo vengo diciendo desde hace meses. No puede ser tan sencillo, algo que se pinta tan sencillo encierra una trampa, y quiero aclarar desde donde estoy hablando porque sé que suena y se lee confuso. Me refiero a tres ficciones de nuestra existencia humana que asumimos desde unas fórmulas que parecieran tan sencillas que rayan en lo absurdo, y aun sabiendo su nivel de absurdo, la gente intenta seguir creyendo en ellas. El amor eterno, el consumo sin consecuencias y la representación política.

En realidad esta tercera es la central y quiero usar las otras dos ficciones para ejemplificar con paralelismos. Somos una región que ha pasado por diversas temporalidades y desde las estructuras de poder se ha desarrollado una exquisita capacidad de mutarse hacia dentro, de tal forma que hoy por hoy términos como dictadura se enfrentan a umbrales de dolor tan altos, que escuchamos decir a la gente (hombres) cosas como “si estuviéramos en una dictadura, ya los andarían lanzando en la cuesta el plomo”. Así de consciente y concreto es nuestro umbral del dolor. Es como cuando aprendemos a vivir endeudadxs, y llega el momento de salir de la deuda con el banco, la gente busca inmediatamente como endeudarse de nuevo, con alguna otra mercancía que el Mercado le dice que necesita. O en el caso del amor eterno como centro de nuestra existencia, la gente no sabe estar sola, pasa de una relación centrada en otra persona, a buscar de nuevo con quien engancharse en una dinámica que llene ese vacío  de una ruptura, en lugar de sentir conscientemente que se aprendió con esa relación, y que puede/necesita/urge cambiar en sus patrones afectivos.

Algo muy similar pasa en la política formal y en sus devenires, como sociedades hemos pasado de un clavo a otro sin sentarnos a platicar y revisar cómo eso nos ha trastocado los sentidos, preguntarnos si esas vivencias nos han alimentado poderes colectivos o nos han enseñado a “dejar nuestros presentes en manos de otras voluntades”. Porque vean, esa es la premisa central de la ficción de la representación política, el pueblo (SUJETO HOMOGÉNEO) en este argumento confía en un sistema (creado por hombres) que la historia nos ha demostrado no es neutral que se llama Política Formal; un juego que tiene definidos actores y rituales y define categorías como Democracia.

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Se supone entonces que en este argumento, el derecho al voto, producto de históricas luchas sociales en contextos coloniales (racistas, sexistas), asegura junto a otras palabras que han justificado el movimiento de un montón de plata vía Cooperación Internacional (gobernanza, auditoría social, participación ciudadana), que quienes se “eligen” salvaguarden el poder del pueblo. Digo, el pueblo cede su poder de representarse a sí mismo, para que un puñado de gente, que hace promesas y recibe salarios exorbitantes, salvaguarde sus demandas/deseos/voluntad. Y entonces, se espera que estos gobernantes cumplan la voluntad del pueblo, porque como lo plantea la cultura populista de nuestros países: el pueblo es quién manda, o el pueblo es presidente: ¿Les suena conocido?

Que fácil sería poder ser un/x ciudadanx/persona y decir: “bueno ya hasta aquí termina mi parte, digo, ya voté, pago mis impuestos, leo las noticias y ahora a estos solo les toca cumplir lo que el país necesita, y ya…tarararara”. ¿En serio? Digo, no les parece mínimamente sospechoso confiar en un sistema y en procesos que para empezar fueron construidos desde su lógica inicial, por grupos mediana y altamente privilegiados. Grupos hegemónicos que además no solo planificaron como se hace la política, sino quienes la pueden hacer, a través de qué mecanismos, y lo más interesante quiénes están validadxs para hablar por ese sujeto homogéneo pueblo;  clase política que como hemos visto no son las perlas más brillantes de la creación.

Y volvamos a la tercer línea que inicia el párrafo anterior, ¿Quiénes definen lo que un país necesita? Y justo ahí entra la jugada de la representación social. Esta gente “preparada” para representar al pueblo sabe realmente lo que el pueblo necesita y entonces lo tutela. Y listo, sin más complicaciones, claro y entonces luego la gente se asusta cuando hay represión. Digo, que no es lógico en nuestras sociedad que quien te tutela, de quién dependes, tenga permiso para hacer con tu vida lo que le plazca: padres, madres, Mercado, bancos, parejas incluso. Estamos hasta donde no es de dinámicas perversas porque se quiere seguir creyendo en cuentos de hadas.

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¿Qué pasa cuando asumís que tu pareja sexo/afectiva o esa contraparte, sabe lo que queres y necesitas, porque así es el asunto del amor? Pura mierda, nadie debe estar interpretando lo que la otra persona necesita, y nadie más que una necesita gestionarse sus propios placeres, disfrutes, deseos, afectos; porque si se sigue creyendo que eso es responsabilidad de otras personas y no directamente tuya, agarrate bien de la silla que la corriente te va a arrastrar. Lo mismo pasa con la ficción absurda del consumo sin consecuencias, y pongo acá solo dos ejemplos: los préstamos de banco y las tarjetas de crédito.

Por más que sean procesos que dicen “si lo planificas bien no tiene por qué destruirte la vida” te la destruye. La gente cree que el sistema económico a como es, se interesa en su bienestar, pero un sistema económico como el que tenemos juega con un objetivo central acumular riquezas y ya sabemos que no para todxs por igual. Por lo tanto pensar que la comodidad de andar dinero en plástico para pagar cualquier pendejada no va a tener costos más allá de lo obvio, que es pagar mensualmente esa tarjeta, es en el menor de los casos malditamente ingenuo.

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En el caso de los préstamos para pagar carros o casas, que además forman parte del paquete de proyecto de vida de un buen consumidor que nos insertan en la cabeza durante toda nuestra existencia, fácilmente te volves esclavx de cual sea tu trabajo, entre 5-15 años, no podes irte aun cuando te estén acosando sexualmente, violentando en cuanto a derechos laborales, o te estés enfermando a tal punto que el 50% de tu salario se va en medicina y consultas. Si esas no son evidencias suficientes de que la ficción de “no consecuencias” es una farsa, tendré que revisar mi definición sobre la palabra evidencia y argumentación.

Y las tres ficciones van de la mano, y siguen cumpliendo con su objetivo, y no se puede hablar de cuestionar una sin cuestionar las otras tres, porque se sostienen. Digo, pasar embelesadxs en la ficción del amor romántico para siempre, y en las ciudadanías basadas en el consumo “sin consecuencias” nos absorben la vida y la conciencia, como para estar presentes en lo que se necesita que sea una cotidianidad política, en donde las cosas que hacemos y asumimos como normales tendrían que estar en el centro de nuestras reflexiones colectivas, más allá de la estructura rígida y burocrática de un Estado. Esto conlleva tiempo, en algunos casos existen colectividades en pequeño, gente que se junta por intereses y necesidades comunes a ver cómo le dan vuelta y resignifican varias de estas ficciones, y ya no digamos las ficciones sobre la sexualidad, el deseo, nuestra relación con el Todo.

Yo solo dejo por acá en este texto de 1300 y un poco más de palabras, la sospecha que tengo clara en el cuerpo, de No debería ser tan sencillo que mi voluntad esté representada por un puñado de personas que ni conozco, no solo por lo lejanos que están de mi realidad, sino porque además es imposible que alguien hable por otrx, que alguien represente la voluntad de otrx, la historia nos ha lanzado a la cara y al cuerpo lo insostenible de esa ficción. Quiero seguir, pero necesito moverme y ver que más me arroja este cuerpo, que a veces no encuentra sentido en este mundo, pero que siente mucha potencia de transformación.

Abrazos.

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HOY SE CUMPLEN 10 AÑOS

Por Camila Quintana

Yo tenía 13 años cuando se penalizó por completo el aborto en Nicaragua. Cuatro años mayor que Rosita cuando mi tía y otras militantes feministas fueron a traerla a Costa Rica para que vinieran a practicarle un aborto terapéutico en suelo nicaragüense. Hagan las cuentas: trece menos cuatro. Esa niña tenía 9 años y estaba embarazada, y la iban a hacer parir.

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Trato de hacer memoria de cuándo fue el primer momento de mi vida en que supe que estaba a favor del aborto y no lo logro. Recuerdo perfectamente las vacaciones de Diciembre cuando estaba en primer año de secundaria: ese año habían penalizado el aborto terapéutico, yo había dejado matemáticas y estaba en San Juan del Sur con toda la familia excepto mi madre, quien andaba de vacaciones en Cuba. No sé cómo llegamos al tema pero tuve una gran discusión con mis dos primas, María Fernanda y Aracelly, y con mi primo Gustavo, sobre el aborto. En ese momento era la única que estaba totalmente convencida de que era un derecho de las mujeres tener acceso a abortos seguros.

Todo estaba a flor de piel en esos momentos. Tenía varios meses de ver cómo mi mamá y sus amigas, mis tías y muchas otras mujeres desconocidas hacían protestas, pronunciamientos, marchas, cartas, recursos de amparo… todo lo que estaba a su alcance para garantizar que en Nicaragua continuara siendo legal el aborto terapéutico -al menos-. Pero al final los grandes poderes pueden más, y la Iglesia pudo más. Y fue así como se negoció con las vidas de las mujeres rurales, pobres, con poco acceso a recursos. Y así se penalizó el aborto en Nicaragua.

Eso fue hace diez años.

Solamente dejen que esa idea se asiente en sus conciencias.

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Cuando estaba en 5to año del colegio la hermana de la Emi, la muchacha que trabajaba en mi casa, se dio cuenta de que estaba embarazada. “Amalia”, como le llamaban los medios, también tenía cáncer. Pero no era Amalia para mí ni para mi madre, a ese nombre yo sí le conocía el rostro y sí le conocía el nombre real, y la dirección de la casa en Poneloya.

Ese caso fue la mujer a quien el gobierno agarró como rata de experimento, para probar que sí se podía ponerle quimio y tratar con radioterapia a una mujer embarazada, para probar que no era necesaria la interrupción del embarazo, que era “puro capricho de las feministas”. Y sí, el bebé nació. Pero murió. Y “Amalia” también murió de cáncer unos meses después.

Y como ella, en estos diez años ha habido miles de Amalias y las habrá muchas más hasta que llegue el día en que se respete el cuerpo de las mujeres y la vida de las mujeres más allá de vernos como incubadoras. Hasta el día en que se entienda que, a como un huevo no es un pollo, un embrión o un feto no es una persona. No es una persona con nombre, con relaciones sociales, ambiciones, alegrías, dolores, historia. Una mujer lo es, y es mucho más que aquello que se puede poner en palabras. El hecho de que estemos constituidas con la posibilidad de parir no significa que debamos hacerlo, no todas tenemos que parir. Especialmente no deberíamos hacerlo si eso pone en riesgo nuestras vidas, si nos hace daño emocional, si no hay condiciones o si solamente no lo queremos.

Hoy conmemoramos #10añosDeInjusticia y demandamos se restituya nuestro derecho a decidir.

Y clamamos la consigna:

“Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir.”

Por Camila Quintana

Managua 26 de octubre 2016

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