Si pudieras tener la vida que querés realmente o esa que necesitas ¿Cómo sería?

 

Por Simone

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Hace unos meses en un grupo de clases hacía esa pregunta: Si mañana se levantaran y pudieran tener la vida que realmente quieren ¿Cómo sería?, y un estudiante me dijo: Ay profe, no haga esas preguntas que aquí hay gente casada. Todxs reímos y yo me quedé pensando en lo loco que al parecer suena hacerse esa pregunta en sociedades como las nuestras.

¿A qué me refiero con esto? Hablo de sociedades que se han empeñado en hacernos creer que lo importante en este mundo es llegar a un lado, en lugar de disfrutar del proceso. Y lo más peligroso, nos enseñan que una vez hayamos llegado ahí donde sea que tenemos que estar; debemos poner todo nuestro empeño en conservar ese lugar en el mundo. Esto puede ser un puesto de trabajo, una relación (de pareja), un cierto nivel de ingreso mensual, un cierto nivel de consumo, una apariencia.

¿Qué pasa con nosotrxs cuando abrazamos estas lógicas de establecerse? ese patrón de “No buscar más. Ese mandato contiene una intención intrínseca que tiene que ver con mantener o hacer perdurable algo. No me muevo de una relación porque pretende conservar cierto algo que me hizo quedarme. O produce miedo echar a la basura años invertidos en un puesto de trabajo y da pavor empezar de nuevo.

Lo que no nos deja ver esta lógica impuesta de preferir establecerse a moverse, es que nunca empezamos de cero, empezamos en otro lugar una vez que decidimos movernos, pero con todos los aprendizajes, conscientes o no que obtenemos a partir de lo que sea que hayamos vivido. El cuerpo guarda esos aprendizajes aunque a nuestra cabeza le cueste darse cuenta de los maravillosos procesos que ocurren en nuestras subjetividades y materialidades.

No quiero que acá quede la idea de que se trata de un binomio Establecerse-Moverse, en medio y en los alrededores existen diversos colores y matices que responden a las necesidades, ritmos y temporalidades de cada persona. El asunto es que recuerdo esta entrevista a Gustavo Cerati que cada cierto tiempo encuentro y comparto en FB en la que habla de esa búsqueda constante, que no sabe a dónde lo lleva pero que simplemente es lo que le mantiene creando, viviendo. Y cada vez que veo esta entrevista me siento tan identificadx porque esa búsqueda es la que nos posibilita desdibujar fronteras de todo tipo.

  1. Sobre cómo nos percibimos, eso que creemos que somos. Podemos ser mucho más de lo que creemos ser. Hacer. Sentir. En el último mes he aprendido qe me gustan convivir con una perrita llamada Candy, que me encanta estar aprendiendo a bailar salsa y que le estoy encontrando el gusto a dejarme guiar. Tres cosas que ni sospechaba hace un mes. Y me encanta que quien puedo ser sorprenda a quien creía ser.
  2. Sobre como aprendimos a vivir. Hablo acá de las emociones, la sexualidad, las afectividades, los placeres, los deseos. Pensarse por ejemplo más allá de la heteronorma, de la monogamia, de la exclusividad, de los celos, o el binomio pareja o la familia nuclear.
  3. Ir más allá de los esquemas aprendidos para leer y vivir el mundo. Las dos anteriores ayudan colateralmente a que esta tercera se vaya tejiendo en nuestras vidas.

Y es que hacerse esa pregunta da miedo, pero es un riesgo importante de hacer cada cierto tiempo. Las sociedades humanas son buenas en crearse hábitos, insanos la mayoría y por eso necesitamos tener una disponibilidad a reconocer que lo que estamos viviendo talvez no sea lo que queremos o necesitamos. Una vez que sabemos eso, hay muchas cosas que podemos hacer, y podemos buscar a otrxs que andan en los mismos pasos y búsquedas para que sea divertido el proceso.

Justo esta mañana veía el video de Ken Robinson para encontrar elementos a retomar para el grupo de clases que acompaño, y una de las ideas que se me quedó en el cuerpo fue: “Si tenemos miedo a equivocarnos nunca lograremos crear algo original” y siento que si lo traduzco a las reflexiones que estoy compartiendo retomo lo de arriesgarse, esa es un perfecta brújula que me permite poder ir más allá de lo que yo creo de mí misma, de la forma en la que me vivo en este mundo y en la que leo este mundo y me relaciono con las demás personas. Ir más allá implica necesariamente moverse. Un paso o dos, o toda una secuencia de salsa si lo sentís. A solas o acompañadxs, en grupo o con tu propia energía, moverse nos permite mutar. Establecernos es necesario por momentos, pero enunciemos en voz alta la pregunta del inicio:

Si pudiera vivir la vida que quiero o necesito ¿Cómo sería?

Respondamos la pregunta para nosotrxs, ahí dónde estamos y vean a dónde les lleva.

Este es el video de Ken Robinson:

 

No puede ser tan sencillo…

Por Simone

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Me lo vengo diciendo desde hace meses. No puede ser tan sencillo, algo que se pinta tan sencillo encierra una trampa, y quiero aclarar desde donde estoy hablando porque sé que suena y se lee confuso. Me refiero a tres ficciones de nuestra existencia humana que asumimos desde unas fórmulas que parecieran tan sencillas que rayan en lo absurdo, y aun sabiendo su nivel de absurdo, la gente intenta seguir creyendo en ellas. El amor eterno, el consumo sin consecuencias y la representación política.

En realidad esta tercera es la central y quiero usar las otras dos ficciones para ejemplificar con paralelismos. Somos una región que ha pasado por diversas temporalidades y desde las estructuras de poder se ha desarrollado una exquisita capacidad de mutarse hacia dentro, de tal forma que hoy por hoy términos como dictadura se enfrentan a umbrales de dolor tan altos, que escuchamos decir a la gente (hombres) cosas como “si estuviéramos en una dictadura, ya los andarían lanzando en la cuesta el plomo”. Así de consciente y concreto es nuestro umbral del dolor. Es como cuando aprendemos a vivir endeudadxs, y llega el momento de salir de la deuda con el banco, la gente busca inmediatamente como endeudarse de nuevo, con alguna otra mercancía que el Mercado le dice que necesita. O en el caso del amor eterno como centro de nuestra existencia, la gente no sabe estar sola, pasa de una relación centrada en otra persona, a buscar de nuevo con quien engancharse en una dinámica que llene ese vacío  de una ruptura, en lugar de sentir conscientemente que se aprendió con esa relación, y que puede/necesita/urge cambiar en sus patrones afectivos.

Algo muy similar pasa en la política formal y en sus devenires, como sociedades hemos pasado de un clavo a otro sin sentarnos a platicar y revisar cómo eso nos ha trastocado los sentidos, preguntarnos si esas vivencias nos han alimentado poderes colectivos o nos han enseñado a “dejar nuestros presentes en manos de otras voluntades”. Porque vean, esa es la premisa central de la ficción de la representación política, el pueblo (SUJETO HOMOGÉNEO) en este argumento confía en un sistema (creado por hombres) que la historia nos ha demostrado no es neutral que se llama Política Formal; un juego que tiene definidos actores y rituales y define categorías como Democracia.

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Se supone entonces que en este argumento, el derecho al voto, producto de históricas luchas sociales en contextos coloniales (racistas, sexistas), asegura junto a otras palabras que han justificado el movimiento de un montón de plata vía Cooperación Internacional (gobernanza, auditoría social, participación ciudadana), que quienes se “eligen” salvaguarden el poder del pueblo. Digo, el pueblo cede su poder de representarse a sí mismo, para que un puñado de gente, que hace promesas y recibe salarios exorbitantes, salvaguarde sus demandas/deseos/voluntad. Y entonces, se espera que estos gobernantes cumplan la voluntad del pueblo, porque como lo plantea la cultura populista de nuestros países: el pueblo es quién manda, o el pueblo es presidente: ¿Les suena conocido?

Que fácil sería poder ser un/x ciudadanx/persona y decir: “bueno ya hasta aquí termina mi parte, digo, ya voté, pago mis impuestos, leo las noticias y ahora a estos solo les toca cumplir lo que el país necesita, y ya…tarararara”. ¿En serio? Digo, no les parece mínimamente sospechoso confiar en un sistema y en procesos que para empezar fueron construidos desde su lógica inicial, por grupos mediana y altamente privilegiados. Grupos hegemónicos que además no solo planificaron como se hace la política, sino quienes la pueden hacer, a través de qué mecanismos, y lo más interesante quiénes están validadxs para hablar por ese sujeto homogéneo pueblo;  clase política que como hemos visto no son las perlas más brillantes de la creación.

Y volvamos a la tercer línea que inicia el párrafo anterior, ¿Quiénes definen lo que un país necesita? Y justo ahí entra la jugada de la representación social. Esta gente “preparada” para representar al pueblo sabe realmente lo que el pueblo necesita y entonces lo tutela. Y listo, sin más complicaciones, claro y entonces luego la gente se asusta cuando hay represión. Digo, que no es lógico en nuestras sociedad que quien te tutela, de quién dependes, tenga permiso para hacer con tu vida lo que le plazca: padres, madres, Mercado, bancos, parejas incluso. Estamos hasta donde no es de dinámicas perversas porque se quiere seguir creyendo en cuentos de hadas.

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¿Qué pasa cuando asumís que tu pareja sexo/afectiva o esa contraparte, sabe lo que queres y necesitas, porque así es el asunto del amor? Pura mierda, nadie debe estar interpretando lo que la otra persona necesita, y nadie más que una necesita gestionarse sus propios placeres, disfrutes, deseos, afectos; porque si se sigue creyendo que eso es responsabilidad de otras personas y no directamente tuya, agarrate bien de la silla que la corriente te va a arrastrar. Lo mismo pasa con la ficción absurda del consumo sin consecuencias, y pongo acá solo dos ejemplos: los préstamos de banco y las tarjetas de crédito.

Por más que sean procesos que dicen “si lo planificas bien no tiene por qué destruirte la vida” te la destruye. La gente cree que el sistema económico a como es, se interesa en su bienestar, pero un sistema económico como el que tenemos juega con un objetivo central acumular riquezas y ya sabemos que no para todxs por igual. Por lo tanto pensar que la comodidad de andar dinero en plástico para pagar cualquier pendejada no va a tener costos más allá de lo obvio, que es pagar mensualmente esa tarjeta, es en el menor de los casos malditamente ingenuo.

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En el caso de los préstamos para pagar carros o casas, que además forman parte del paquete de proyecto de vida de un buen consumidor que nos insertan en la cabeza durante toda nuestra existencia, fácilmente te volves esclavx de cual sea tu trabajo, entre 5-15 años, no podes irte aun cuando te estén acosando sexualmente, violentando en cuanto a derechos laborales, o te estés enfermando a tal punto que el 50% de tu salario se va en medicina y consultas. Si esas no son evidencias suficientes de que la ficción de “no consecuencias” es una farsa, tendré que revisar mi definición sobre la palabra evidencia y argumentación.

Y las tres ficciones van de la mano, y siguen cumpliendo con su objetivo, y no se puede hablar de cuestionar una sin cuestionar las otras tres, porque se sostienen. Digo, pasar embelesadxs en la ficción del amor romántico para siempre, y en las ciudadanías basadas en el consumo “sin consecuencias” nos absorben la vida y la conciencia, como para estar presentes en lo que se necesita que sea una cotidianidad política, en donde las cosas que hacemos y asumimos como normales tendrían que estar en el centro de nuestras reflexiones colectivas, más allá de la estructura rígida y burocrática de un Estado. Esto conlleva tiempo, en algunos casos existen colectividades en pequeño, gente que se junta por intereses y necesidades comunes a ver cómo le dan vuelta y resignifican varias de estas ficciones, y ya no digamos las ficciones sobre la sexualidad, el deseo, nuestra relación con el Todo.

Yo solo dejo por acá en este texto de 1300 y un poco más de palabras, la sospecha que tengo clara en el cuerpo, de No debería ser tan sencillo que mi voluntad esté representada por un puñado de personas que ni conozco, no solo por lo lejanos que están de mi realidad, sino porque además es imposible que alguien hable por otrx, que alguien represente la voluntad de otrx, la historia nos ha lanzado a la cara y al cuerpo lo insostenible de esa ficción. Quiero seguir, pero necesito moverme y ver que más me arroja este cuerpo, que a veces no encuentra sentido en este mundo, pero que siente mucha potencia de transformación.

Abrazos.

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HOY SE CUMPLEN 10 AÑOS

Por Camila Quintana

Yo tenía 13 años cuando se penalizó por completo el aborto en Nicaragua. Cuatro años mayor que Rosita cuando mi tía y otras militantes feministas fueron a traerla a Costa Rica para que vinieran a practicarle un aborto terapéutico en suelo nicaragüense. Hagan las cuentas: trece menos cuatro. Esa niña tenía 9 años y estaba embarazada, y la iban a hacer parir.

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Trato de hacer memoria de cuándo fue el primer momento de mi vida en que supe que estaba a favor del aborto y no lo logro. Recuerdo perfectamente las vacaciones de Diciembre cuando estaba en primer año de secundaria: ese año habían penalizado el aborto terapéutico, yo había dejado matemáticas y estaba en San Juan del Sur con toda la familia excepto mi madre, quien andaba de vacaciones en Cuba. No sé cómo llegamos al tema pero tuve una gran discusión con mis dos primas, María Fernanda y Aracelly, y con mi primo Gustavo, sobre el aborto. En ese momento era la única que estaba totalmente convencida de que era un derecho de las mujeres tener acceso a abortos seguros.

Todo estaba a flor de piel en esos momentos. Tenía varios meses de ver cómo mi mamá y sus amigas, mis tías y muchas otras mujeres desconocidas hacían protestas, pronunciamientos, marchas, cartas, recursos de amparo… todo lo que estaba a su alcance para garantizar que en Nicaragua continuara siendo legal el aborto terapéutico -al menos-. Pero al final los grandes poderes pueden más, y la Iglesia pudo más. Y fue así como se negoció con las vidas de las mujeres rurales, pobres, con poco acceso a recursos. Y así se penalizó el aborto en Nicaragua.

Eso fue hace diez años.

Solamente dejen que esa idea se asiente en sus conciencias.

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Cuando estaba en 5to año del colegio la hermana de la Emi, la muchacha que trabajaba en mi casa, se dio cuenta de que estaba embarazada. “Amalia”, como le llamaban los medios, también tenía cáncer. Pero no era Amalia para mí ni para mi madre, a ese nombre yo sí le conocía el rostro y sí le conocía el nombre real, y la dirección de la casa en Poneloya.

Ese caso fue la mujer a quien el gobierno agarró como rata de experimento, para probar que sí se podía ponerle quimio y tratar con radioterapia a una mujer embarazada, para probar que no era necesaria la interrupción del embarazo, que era “puro capricho de las feministas”. Y sí, el bebé nació. Pero murió. Y “Amalia” también murió de cáncer unos meses después.

Y como ella, en estos diez años ha habido miles de Amalias y las habrá muchas más hasta que llegue el día en que se respete el cuerpo de las mujeres y la vida de las mujeres más allá de vernos como incubadoras. Hasta el día en que se entienda que, a como un huevo no es un pollo, un embrión o un feto no es una persona. No es una persona con nombre, con relaciones sociales, ambiciones, alegrías, dolores, historia. Una mujer lo es, y es mucho más que aquello que se puede poner en palabras. El hecho de que estemos constituidas con la posibilidad de parir no significa que debamos hacerlo, no todas tenemos que parir. Especialmente no deberíamos hacerlo si eso pone en riesgo nuestras vidas, si nos hace daño emocional, si no hay condiciones o si solamente no lo queremos.

Hoy conmemoramos #10añosDeInjusticia y demandamos se restituya nuestro derecho a decidir.

Y clamamos la consigna:

“Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir.”

Por Camila Quintana

Managua 26 de octubre 2016

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Reflexiones a partir de una película

Por Benjamín Richard Hernández García

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La película nos habla en primera instancia de las dificultades y limitantes que las mujeres vivían por el hecho de nacer mujeres. El punto central es la lucha por el derecho al voto. Sin embargo, como aspectos conexos se pueden observar la diferencia de oportunidades entre hombres y mujeres, así como la diferencia de salarios que hay entre diferentes sexos, atribuyéndole al hombre un sentido de superioridad.

De la lectura de Amores Chidos en el primer capítulo se habla al respecto del análisis de la violencia desde el enfoque de masculinidades. Aplicando dicho enfoque a la película, se puede observar la violencia en que incurren los hombres hacía las mujeres en el afán de frenar los levantamientos de ellas. Al verse amenazados por la sublevación de las mujeres al demandar sus derechos, estos solamente incurren a la intimidación como única manera de controlar a las masas y hacer valer su superioridad. En esta escena descrita se exponen varias de las características del modelo tradicional de masculinidad que son la superioridad del hombre, la violencia como el método válido para resolver los conflictos, necesidad de aparentar ser fuertes, autosuficientes, poderosos y la irresponsabilidad por las consecuencias o daños causados por el comportamiento violento.

Otros de los puntos que llaman la atención en la película es la manera en que los mismos hombres se expresan de las mujeres. Al verse el personaje principal (Maud) envuelto en dichos levantamientos, muchos de los compañeros de trabajo del esposo de Maud le reclaman que porque no le pone freno a su mujer. En esta frase se pone de manifiesto otra de las características del enfoque de masculinidad, el cual se refiere a la posesión de la pareja, hijas e hijos. Tratando a la mujer y a los hijos como un objeto que le pertenece al hombre.

Hasta el día de hoy se ha venido avanzando en el área de la equidad de género, hasta tal punto que en Nicaragua en el año 1990 una mujer alcanzó el puesto de presidenta de la República de Nicaragua. En la actualidad se pueden ver a las mujeres desempeñando puestos de gran responsabilidad tanto en las instituciones públicas como privadas. Sin embargo, todavía hay mucho que trabajar en dicha área. Existen todavía muchos actos de violencia hacia las mujeres, los cuales vienen marcados por los roles que una persona viene adoptando desde su nacimiento. Haciendo una analogía con la película, se puede ver como los roles que le impusieron a Maud (según el contexto inferido en la película) vienen a determinar en un principio cierto grado de subordinación hacia su marido. Sin embargo, la euforia por hacer valer sus derechos le dan el ímpetu de seguir avanzando hasta la consecución de ese objetivo.

Según el Foro Económico Mundial (FEM), Nicaragua ha venido avanzando a buen ritmo en lo que respecta a la equidad de género. Dicho foro destaca a Nicaragua como uno de los mejores países del mundo en términos de equidad de género[1]. Los parámetros que se utilizaron para llegar a estos indicadores son la igualdad en términos de oportunidades educativas, salud y la posibilidad de estar al frente de cargos públicos. Sin embargo, según cifras ofrecidas por el economista Adolfo Acevedo[2] indican que las mujeres que ocupan puestos de dirección en el Estado devengan 54.4% menos que los hombres que ejercen cargos similares. De la misma manera en el caso de profesionales, científicos e intelectuales la brecha es de 31.4%. Inclusive, se enuncia que una mujer sin formación académica la diferencia de salario oscila entre un 54.31% menor que el de un hombre con igual nivel de instrucción. Como conclusión, el economista plantea que estamos en una sociedad que subvalora el trabajo ofrecido por una mujer.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho, aprobando leyes para promover la equidad de género, la verdad es que hace falta mucho que avanzar ya que la mayoría de estas leyes quedan en el estante y si se llegan a aprobar estas tienen muchas limitantes que dificulta la práctica de las mismas, porque la realidad muestra que todavía existen en nuestro país varias mujeres a las cuales sus derechos de los que la constitución habla no se le están dando valor.

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[1] La Prensa. 29 de octubre del 2014. ¿Equidad en Nicaragua?

[2] La Prensa. 03 de noviembre del 2014. El trabajo de la mujer en Nicaragua es subvalorado.

 

La Academia: Una estructura que no quiere sentir

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Por Simone Montiel

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Así sin querer terminé participando en el Congreso de Sociología, el ACAS 2016 desarrollado en la UCA-Managua, y más allá de las ponencias que presencié lo que más agradezco al universo por haberme llevado a estar toda la semana pasada en el Congreso, fue encontrarme y tejer con hermanas maravillosas que ahora forman parte de mi universo.

Me fui a la cátedra inaugural, en la que ganas no me faltaron de orinarme en las barrabasadas que se dijeron en varios momentos, pero sobre todo me chocó ver la incapacidad de reacción o indignación de la comunidad académica. En esa cátedra tuvimos un desfile de hombres abriendo, a excepción de una decana que dio la Bienvenida al Congreso y nos contó en número quiénes estábamos ahí y de dónde veníamos. 17 países reunidos.

Estuvo un Samuel Santos, que ya partiendo de ese hecho fue una bofetada a la dignidad. Segundo, empezó diciendo que iba a contar una anécdota, claro ellos pueden hacer eso cuando les plazca y tomarse el micrófono, una si pasa de anecdótica es porque es demasiado emocional y subjetiva. Y lo menciono porque algo que confirmé es que la Academia como tradición sigue siendo una institución que por más metodologías novedosas, sigue buscando la objetividad, la representación de verdades y los discursos coherentes.

Samuel Santo dijo que Nicaragua seguía siendo el país más seguro de la región y que cada día se trabaja por eso, además que en este país junto con el pueblo se trabaja para vivir en democracia; y así nos dio dos golpes bajos que incluso chavalos de otros países se reían al escucharlo. Veía las caras y el lenguaje corporal de las autoridades con las que me relaciono como docente en esta universidad, con esxs colegas, y decía “Que cagada maje”, y si es una real cagada que no logremos indignarnos cuando nos mienten en la cara. Con un maje que estaba conociendo de Costa Rica comentaba lo obsceno de las mentiras de este tipo.

Luego vino el invitado, Boaventura, quién personalmente no es mi personaje favorito, mil veces dialogo mejor con las reflexiones de Silvia Rivera Cusicanqui, un tipo que a mi parecer es alguien a quien le pagan mucho por hablar, viaja demasiado y cuenta lo que quiere contar. Pero claro es un académico reconocido y pues tiene poder legitimado. Citó a una cantidad de autores, y las ideas feministas sobre la crítica al sistema capitalista patriarcal y genocida, fueron planteamientos sin autoras. Cuando mencionó la violencia hacia las mujeres, o la criminalización de la protesta social  le aplaudieron; digo, las feministas y las mujeres del mundo llevan diciendo toda la vida lo mismo, pero claro tiene que venir un académico a validar la idea y es aplaudido. Igual con lo de la criminalización de la protesta en nuestros países, todos los días lxs compañerxs que luchan contra el canal denuncian este hecho, pero claro la academia a ellxs no lxs escucha. No les aplaude.

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El segundo día, en un panel sobre movimiento feminista, María Teresa Blandón planteaba que la academia es una institución patriarcal, y no pudo ser más atinada esa postura en el marco de un congreso en el que fuimos testigas de tanta lógica patriarcal. Y antes de pasar a dar ejemplos de cómo se evidenció esta lógica, quiero contar que en ese panel del segundo día una compañera de México nos contaba con los ojos llenos de lágrimas que Tania Verónica quien expondría el día siguiente no lo iba a poder hacer porque la habían asesinado la semana pasada al congreso. ¿Saben qué pasó a continuación de este acto? La actividad continuó. Incluso un tipo tomó el micrófono para preguntar cuando las feministas van a permitir que los hombres hablen de feminismo. ¡Bien Academia! Ahí están esas dinámicas absurdas. Hablamos de producir conocimiento cercano a la realidad, ¿Qué más cercano a la puta realidad que una compa que nos cuenta que una colega cuyo nombre se mantuvo en el programa del Congreso fue alcanzada por la violencia, que se convirtió en un femicidio más? Yo me retiré a otra actividad, la busqué a la compa mexicana y le dije: “Te quiero dar un abrazo” y nos quedamos viendo como esos momentos en que sabes que solo nos tenemos la una a la otra. Salí del auditorio con lágrimas en los ojos. ¿De qué hablamos cuando hablamos de situar el conocimiento? ¿Cómo tejemos diálogo cuando ese conocimiento lo reconocemos situado en el cuerpo, en esta carne atravesada por diversos discursos de violencia y opresión, y al mismo tiempo de rebeldía, resistencia y revolución?

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Rescato un espacio de pedagogía lúdica y teatro del oprimido facilitado por un grupo de colegas, hombres y mujeres, que nos ayudaron a acercarnos como colectividad desde las emociones, desde eso que sienten estas cuerpas. Volver a vernos a los ojos, escucharnos, abrazar, sacar lo que cargamos. Una compa, Mónica, en una rueda de evocar energías, empezó a contar: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43… y se nos pararon los pelos, lloramos y la abrazamos, nos lamimos la heridas, aullamos y seguimos luego un proceso de ponerle nombre a lo que necesitamos. Necesitamos colectividades, comunidades, vivir y reapropiarnos del placer y la alegría, no queremos más producción de conocimiento desde la racionalidad/objetividad/oralidad perfecta, queremos incomodarnos, ensuciarnos de lo que sentimos y de ahí imaginarnos otros mundos im-posibles dentro de estos mundos violentos.

Escuchar la ponencia de otras y otros que buscan como descolocar la academia, los conceptos y el conocimiento, es algo que también abrazo.

Las machadas

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  1. La cátedra inaugural del Congreso
  2. Que en la mesa dónde una compa presentó su investigación sobre violencia en relaciones entre lesbianas, un tipo de le dijera “el problema en tu investigación es el concepto mujer”, porque claro ellos pueden opinar de todo, todo el tiempo.
  3. Que en otra mesa a una compañera que había utilizado la tercera parte del tiempo que los hombres de la mesa para contestar preguntas, el tipo en la mesa dijera: “Y bueno, nos hemos extendido un poco en el tiempo porque Mariana…” porque claro si hablamos más de un minuto ya les estorba.
  4. Me tocó moderar una mesa, de lxs tres expositores llegó solo uno, y el eje era sobre violencia, concretamente en la región, vinculadas al crimen organizado. Un tipo que llegó acompañado de otros amigos, que lo llegaban a escuchar, tres mujeres en la sala. Y mientras estoy viendo que empecemos y que si llegan algunx de lxs expositores pues ahí vamos viendo, uno de los participantes en el aula, que no era expositor me dice: “Pero si me lo permite yo tengo una investigación y perfectamente la puedo presentar” y yo: WTF!!! Es decir yo no voy por los congresos en los cuales no he inscrito ponencias diciéndole a quien modera: Vea que si me deja yo expongo por los tres expositores y no pasa nada. Machada machada y además desubicada, obvio que no se lo permití.
  5. En el acto de cierre el hombre del panel, un hombre mayor empezó diciendo: “Yo pues no vengo a presentar ninguna investigación, de hecho no entiendo muy bien porque estoy acá” luego habló de un teórico y reconoció que igual y no lo había terminado de leer. Y yo: y una que se mata tanto dentro de la academia para demostrar que sabe de lo que está hablando y hay tipo que por los malditos privilegios se lo toman con tanta frescura. Ufff

Participamos en la mesa dónde le tocaba exponer a Tania Verónica. Mónica leyó el texto que Tania escribió para el congreso contándonos que estaba muy emocionada por participar. Luego unas compas propusieron un minuto de silencio y encendieron unas velas, tuvimos en todo ese tiempo una foto de Tania proyectada. Yo me revolvía toda, porque ya demasiado silencio hemos hecho, y porque el duelo hay que sacarlo del cuerpo y convertirlo en indignación colectiva que espraye el mundo.

Entonces luego compartí Nuestra Marea, una rima que me ayuda a nombrar nuestro poder: “Aquí viene una marea de guerreras que incomoda, vienen bien dispuestas a cambiar toda la historia, pisando fuerte en esta tierra de memoria, abrazándose los cuerpos, esto es lucha esto no es moda”…y reafirmé el poder de la palabra encarnada. Luego Ale señalaba que no podemos seguir como si nada. Y muchas nos abrazamos, esa fue la mesa que me hizo sentir que hacíamos algo más allá de la rutina académica que pretende seguir sin ensuciarse. Ahí estaban colegas espero que hayan logrado ver la necesidad de partir desde el cuerpo.

Nuestro ritual

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En el acto de cierre acordamos una acción de invocar a las que ya no están físicamente. Nos ubicamos en el auditorio, le avisamos a una colegas de la universidad quienes luego de si-No nos dijeron hagan el acto cuando ustedes lo sientan. Lo hicimos al inicio porque queríamos que la energía de las compas estuviera en la sala. Éramos 6, nos levantamos una a una, yo empecé diciendo: “Nos están matando, si lo sentís, ponete de pie” y la gente automáticamente se puso de pie, las otras compas siguieron con otras consignas, y cerrábamos esa parte con “Si nos tocan a una, Respondemos todas (en un grito colectivo). Luego invitamos a invocar las vocales de los nombres de las compañeras asesinadas por la violencia machista y femicida: Tania, Alessa, Berta…y empezamos juntas la vocalización. Nos cuentan que sintieron el poder del acto, que se les pararon los pelos, que sintieron un nudo en la garganta. También nos cuentan que varios hombres se salieron del auditorio cuando empezamos a corear: “Alerta alerta alerta que camina, la lucha feminista por América Latina”. Y bueno, cerramos, nos vimos a los ojos, y nos fuimos a apapachar al fondo del auditorio. Ya luego el acto de cierre siguió tal cual, ninguno de los panelistas mencionó nada sobre lo que hicimos…nadie cambió su programa para hablar de esto, y confirmamos que a quienes nos atraviesa la vida somos las que vamos a estar en primera fila luchando por nuestra sobrevivencia, en las calles, en el día a día, en la academia. La academia parece no querer sentir ni ensuciarse con la realidad, pero habemos personas que nos encontramos en este espacio y utilizamos como excusa su juego racional para tejer nuestras redes, y eso para nuestras luchas es potente.

Seguimos en la lucha compañeras, esta es una lucha por la vida y sobrevivencia, nos compete a todxs.

Sobre stripdance, poledance y otras aficiones

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Por Simone

A mí siempre me ha cautivado la capacidad de comunicar con los cuerpos. Esos ejercicios en los que la palabra se ubica como testigo de la gama de códigos y reinvención del lenguaje, en cada paso, en cada estiramiento, a partir de cada contracción y relajación muscular.

Recuerdo que hace 8 años estaba obsesionada por aprender ese arte de comunicar con el cuerpo mediante el baile. Pagaba clases de aeróbicos, ritmos latinos, tango, belly dance y estuve un tiempo en el taller de danza contemporánea en mi universidad. Bello y potente el acto de superar esos límites físicos, en esa época esa era mi brújula.

Hoy por hoy también disfruto exigirme, y a la vez disfruto de otros procesos, identificar y leer mi propio ritmo, el latido de mi corazón, el cómo mi cuerpo quiere sentirse y ser. Entonces dejé de ponerle importancia a aprender de cabo a rabo un estilo de baile, para aprender a escuchar mis propios bailes.

En ese camino, me he ido percatando de varias cosas. Una, me encanta moverme, no solo a nivel metafórico (en la vida) sino en concreto, que mi cuerpo se despliegue y expanda por el espacio. He de mencionar que aunque practico algunas rutinas que me han permitido en el último año ir recuperando ese diálogo concreto con mi corporalidad; he descubierto que me había quedado sin ese espacio en el que mi cuerpo simplemente se mueve al ritmo de una música o de su propio danzar.

La música, los estilos, las prácticas

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Existen diversos sistemas a través de los cuales podemos aprender a dialogar desde el cuerpo. Una de las cosas que más me gustaba de la danza contemporánea era ese fluir, aun cuando se tratara de una rutina aprendida, y principalmente, esa posibilidad siempre de improvisar; es lo que más me captura, porque claro, la vida se trata de eso.

En este último año he tomado conciencia de varias cosas, principalmente de que toca realizar cierres, transiciones y pasar página. Pero también, toca retomar aquellas partes mías que por diversas razones (entre ellas por rutina  y acomodamiento) había hecho a un lado. Si, una misma las deja de escuchar por diversos motivos.

Y una de ellas es mi relación carnal con este cuerpo. El asumir el deseo ha sido el primer paso, pero no habría sido tan significativo si no fuera acompañado por acciones concretas. Si quiero placer, lo busco, me lo gestiono, y rompo con la asignación absurda de ser quién espera. Check!!

Este proceso ha activado otro. Lo mucho que me apasiona comunicar con el cuerpo. Hace una semana me topaba con un video demostrativo de una clase de poledance. Recordé que es un baile que siempre he querido aprender y practicar. Lo primero que hice fue compartirlo, y para mi alegría muchas otras que forman parte de la manada y de círculos cercanos también se mostraban interesadas. Que genial- pensé- que tuani reconocernos desde ese deseo y esas ganas y nombrarlo, sin más.

Incluso una compa puso en su muro de FB el mismo enlace, preguntando quien sabía de alguna instructora de poledance, y luego me etiquetó. Se armó una discusión sobre si este baile venía de contextos opresivos para las mujeres y demás, si era coherente querer aprender este baile cuando se nombraba una como feminista. Los ejercicio de nombrarse (o no) son de idas y venidas para mí, pero he de decir que me llamo la atención lo rápido que se tomaban postura de si y no, de coherente o incoherente. Igual y también intuía que iba a generar cierta opinión el compartir el enlace.

Múltiples trayectorias de emancipación

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En todo lo que llevo de consumir bytes de información en lo digital, me he encontrado tanta violencia y tanta mierda que lo más común es sentirse hastiada por lo terrible que este mundo le impone a nuestras vidas, como sujetas configuradas como mujeres. Paralelamente me he encontrado con proyectos bellos de compañeras alrededor del mundo que buscan generar posibilidades en un mundo de pasillos cerrados. He conocido el proyecto Nu, que trata de fotografiar a cuerpos que transgreden y cuestionan desde su cotidianidad los parámetros coloniales/capitalistas/patriarcales/heteronormativos de belleza y de ser en este mundo, y amo cada entrega de fotos que me inspiran a reapropiarme de mi desnudez, desde la que soy y desde la que va transmutando.

He visto trabajos audiovisuales de compañeras que desde el striptease autogestionan y asumen su erotismo y bailan entre ellas, para ellas.

He visto clases de poledance entre mujeres, para mujeres. Compañeras que enseñan tango para mujeres que bailen con mujeres. Guerreras que hacen reggaetón y lo subvierten como herramienta de poder para nosotras. Conozco mediante mis perfil en las redes sociales a compañeras que comparten sus procesos reflexivo-eróticos más allá y sobre todo precisamente por estar en un mundo que nos ha dicho que si lo hacemos, estamos dando la pauta para la violencia sexual y el femicidio. Pues no, muchas compas se asumen desde su erotismo, se toman las redes, las tecnologías y producen su propio porno. Proyecto que también pongo en mi lista. Ahí voy poco a poco J

Entonces, cuando hablamos de libertad y de gestionarnos autonomía en un mundo bien shity como el nuestro, los caminos son de tantos colores que es imposible agruparlos en una teoría. Se trata de nuevos horizontes, y nuevas posibilidades que ni sabemos muy hacia dónde van, pero al no tratarse de recetas me genera tanta tranquilidad pensarme en asumirme desde la incertidumbre y al espontaneidad en un mundo que nos ha preparado y obligado a entrenarnos desde la paranoia y el recluirse a la intimidad doméstica.

Mis rutas

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Mis rutas de hoy, no serán las mismas de mañana, ni fueron las mismas en el pasado. Aun cuando estoy dialogando con el reflejo de mis otras, esas que he sido y seré; entiendo mis búsquedas como eso, parte de procesos mayores, porque se trata de ir removiendo ladrillos de opresión en este mundo tan absurdo e injusto.

Cuando me junto con otras mis búsquedas se sienten cómodas, cuando comparto y veo en los ojos de quienes me acompañan una complicidad, un asentir de cabeza, un brillo en la mirada, una sonrisa, una carcajada. Y eso es una de las experiencias más hermosas en este planeta en que nací.

Comentaba ayer en la manada que estoy preparando un bailecito, porque más allá de esperar encontrar instructora de poledance o similares; se que llevo un ritmo que necesita salir, un lenguaje que quiere expandirse y expandir-me, y me imagino este proceso compartido con ellas y otras. Y eso me emociona demasiado en este momento concreto de mi vida. A practicar entonces. Abrazos manada.

Le aúllo a la noche

pues su calor me arrulla

me marca, me filtra

me quita la postura;

me lleva de la mano

y me aprieta la cintura

y solo así,

todo el dolor se cura.

(Rima I Noches de manada)

Empiecen a probar dejar guiar por su cuerpo con esta rola de Lianne La Havas

1.  Captura de película Asma

2. Trina Esquivelzeta

3. Amílcar Moretti