Por Juneysi Karina Cerda

El acoso callejero es un mal que todas las mujeres lo hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas. Son acciones que se dan a diario en las calles de la ciudad, donde los hombres hacen comentarios mayormente vulgares de nuestro cuerpo o vestimenta, sin que nosotras les hallamos pidan su opinión o incluso miradas desagradablemente. El acoso callejero va desde miradas obscenas, chiflidos, piropos, palabras desagradables o frases sexuales hasta persecuciones o agarrones.

Desde que empezamos a tener uso de razón nos han doctrinado con frases como: “no vayas sola, te puede pasar algo”, “cuando salgas, te vas directo a casa”, “cuando llegues márcame”… nos aterrorizan con los millones de peligros que azotan las calles, nos crean una idea del lugar público como un territorio enemigo y peligroso principalmente para la “mujer”; pero cuando se trata de actos más “normales”; como son los piropos, las miradas lujuriosas o las palabras desagradables, nos han enseñado a guardar silencio, apartar la mirada y restarles importancia

El acoso callejero es apenas la punta del iceberg de una estructura de violencia de género, se cree que es un acto poco significativo, el cual se ha normalizado, pero estas ideas son totalmente erróneas.

“El piropo expresado por los hombres en los espacios públicos implica una invasión a la intimidad de las mujeres y es la génesis de la violencia realizada por un hombre” Olvera (2015).

¿Cuál es el costo de este tipo de violencias?

Las mujeres ya no se sienten libres de caminar por las calles sin recibir este tipo de violencias, ya no se siente la seguridad de poder usar la ropa que tú decidas porque en cualquier esquina puedes encontrarte con un depravado que puede llegar hasta el punto de tocarte o aun peor violarte. La falta de seguridad se vuelve una ansiedad temiendo ser perjudicadas físico y sexual. Incluso el acoso callejero puede reanimar emociones y recuerdos traumatizantes para sobrevivientes de violación.

Si se analiza bien los hombres no son más susceptibles que las mujeres a ser víctimas de delitos como secuestro, extorsión, robo u homicidio en el espacio público… Es difícil entender como las mujeres somos utilizadas como objeto y los hombres se sienten con el derecho de controlar nuestros cuerpos.

En el país se impuso una ley que “protege los derechos de la mujer”; la ley 779.  Pero es casi imposible poner en practica estas sanciones con estos tipos de violencia, las autoridades no les darían importancia a que una mujer diga; en la calle me dijeron un piropo, porque la cultura ha tomado esas actividades y las ha catalogado como “Normal”. Incluso los esfuerzos para aplicar esta ley no son bien dirigidos, hay muchos vacíos en ella y eso reduce la efectividad. “Se ha logrado romper el silencio de las víctimas, pero aún persisten obstáculos para el acceso a la justicia”.

¿Cómo puedo comenzar un posible cambio?

La mejor forma de crear seres humanos con diferente ideología es hacer conciencia en edades tempranas a través de la educación familiar e instituciones escolares, en relación a la importancia que tiene el respeto por nuestros semejantes; especialmente por las mujeres, que al final son las más afectadas. Es necesario educar para desarrollar la empatía, siendo ésta una habilidad necesaria para poder ponerse en el lugar del otro y comprenderlo.

De igual manera brindar apoyo a aquellas instituciones, entidades o agrupaciones que proclaman y trabajan para una igualdad de derechos. Respetar en la vía pública a todas las personas. Y, fundamentalmente, porque el acoso sexual callejero tenga su penalidad, como cualquier otro acto de violencia.

“El acoso callejero a las mujeres, es un acto de violencia que en la mayoría de los casos sigue teniendo de aliado al silencio, ese mismo silencio que es necesario quebrar para gestar el cambio”.

Sobre el acoso sexual callejero…

 

Por  Juneysi Karina Cerda

El acoso callejero es un mal que todas las mujeres lo hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas. Son acciones que se dan a diario en las calles de la ciudad, donde los hombres hacen comentarios mayormente vulgares de nuestro cuerpo o vestimenta, sin que nosotras les hallamos pidan su opinión o incluso miradas desagradablemente. El acoso callejero va desde miradas obscenas, chiflidos, piropos, palabras desagradables o frases sexuales hasta persecuciones o agarrones.

Desde que empezamos a tener uso de razón nos han doctrinado con frases como: “no vayas sola, te puede pasar algo”, “cuando salgas, te vas directo a casa”, “cuando llegues márcame”… nos aterrorizan con los millones de peligros que azotan las calles, nos crean una idea del lugar público como un territorio enemigo y peligroso principalmente para la “mujer”; pero cuando se trata de actos más “normales”; como son los piropos, las miradas lujuriosas o las palabras desagradables, nos han enseñado a guardar silencio, apartar la mirada y restarles importancia

El acoso callejero es apenas la punta del iceberg de una estructura de violencia de género, se cree que es un acto poco significativo, el cual se ha normalizado, pero estas ideas son totalmente erróneas.

“El piropo expresado por los hombres en los espacios públicos implica una invasión a la intimidad de las mujeres y es la génesis de la violencia realizada por un hombre” Olvera (2015).

¿Cuál es el costo de este tipo de violencias?

Las mujeres ya no se sienten libres de caminar por las calles sin recibir este tipo de violencias, ya no se siente la seguridad de poder usar la ropa que tú decidas porque en cualquier esquina puedes encontrarte con un depravado que puede llegar hasta el punto de tocarte o aun peor violarte. La falta de seguridad se vuelve una ansiedad temiendo ser perjudicadas físico y sexual. Incluso el acoso callejero puede reanimar emociones y recuerdos traumatizantes para sobrevivientes de violación.

Si se analiza bien los hombres no son más susceptibles que las mujeres a ser víctimas de delitos como secuestro, extorsión, robo u homicidio en el espacio público… Es difícil entender como las mujeres somos utilizadas como objeto y los hombres se sienten con el derecho de controlar nuestros cuerpos.

En el país se impuso una ley que “protege los derechos de la mujer”; la ley 779.  Pero es casi imposible poner en practica estas sanciones con estos tipos de violencia, las autoridades no les darían importancia a que una mujer diga; en la calle me dijeron un piropo, porque la cultura ha tomado esas actividades y las ha catalogado como “Normal”. Incluso los esfuerzos para aplicar esta ley no son bien dirigidos, hay muchos vacíos en ella y eso reduce la efectividad. “Se ha logrado romper el silencio de las víctimas, pero aún persisten obstáculos para el acceso a la justicia”.

¿Cómo puedo comenzar un posible cambio?

La mejor forma de crear seres humanos con diferente ideología es hacer conciencia en edades tempranas a través de la educación familiar e instituciones escolares, en relación a la importancia que tiene el respeto por nuestros semejantes; especialmente por las mujeres, que al final son las más afectadas. Es necesario educar para desarrollar la empatía, siendo ésta una habilidad necesaria para poder ponerse en el lugar del otro y comprenderlo.

De igual manera brindar apoyo a aquellas instituciones, entidades o agrupaciones que proclaman y trabajan para una igualdad de derechos. Respetar en la vía pública a todas las personas. Y, fundamentalmente, porque el acoso sexual callejero tenga su penalidad, como cualquier otro acto de violencia.

“El acoso callejero a las mujeres, es un acto de violencia que en la mayoría de los casos sigue teniendo de aliado al silencio, ese mismo silencio que es necesario quebrar para gestar el cambio”.

Las giras: posibilidades de ampliar nuestros universos

Por Simone

@Simonemontiel (tw)

@LaSimone Plus (fb)

Fotos/Simone

Ya llevo más de un año en el que conscientemente busco y me gestiono experiencias para salir constantemente de mi zona de confort, y parte de esa brújula es moverse hacia otros espacios, lugares e interacciones. Estos días han sido intensamente bellos, he vivido experiencias muy gratificantes y sobre todo que me han permitido ampliar mies percepciones sensoriales en miles de niveles. En esta entrada les voy a hablar de una de ellas, se trata de una gira que armamos en grupo para subir el volcán Telica. Si, de entrada suena genial.

El asunto fue así, yo en mis ya habituales invitaciones a encontrarme con distintas personas, un domingo invité a que fuéramos al Temazcal de carretera Sur, que dicho sea de paso, se los recomiendo un montón. Pues bien, tres personas le dieron like a mi estado en FB y les escribí proponiéndoles que nos viéramos en una hora para irnos juntxs; a todo esto, de las tres personas solo con un había salido antes. Al final no se armó la gira, me fui al temazcal y lo disfruté montón pero de ese menaje surgió una propuesta de sumarme a una gira que se estaba armando al Telica.

El grupo de la gira

Me sumaron al grupo de whatsapp y ahí empezó el proceso de compartir, porque fue irnos leyendo, poner energías en planificar una gira que prometía estar tuani. Y así fue. Nos encontramos el sábado por la mañana, nos movimos a León en intermortal, que en este caso iba lentísimo, lo que nos dio tiempo de hablar y conocernos un poco, íbamos armando el relajo en el bus (pero nada como el alucín del viaje del regreso). Hablé por primera vez con todas las personas de grupo en ese viaje hacia León, y de entrada esa es una experiencia positiva, abrirse a otras interacciones más allá de los espacios conocidos. Fui conociendo a M, A, S, F y luego conocería a G, la guía.

Pues bien. Llegamos a León hicimos compras, compartimos cervezas fuera del súper y pasamos por el Comedor Rosita que queda a la par del mercado, ahí conocimos a Katherine, quien me contó que el comedor ya llevaba su rato, más de 10 años, y a Diana que migró de Managua a León y allá vive sola, mientras trabaja y estudia, toda una guerrera a mi ver. Deliciosa la comida. Ya luego entramos al mercado y esperamos a la guía para la gira, con quien luego nos fuimos hacia la Quimera.

La subida y la llegada

Empezamos por ponernos protector solar, a todo esto, eran las 2 pm cuando empezamos a ascender, así que fue casi como “Subamos el Telica en el horario más turqueado”; y ahí íbamos. La primera parte del camino era arenoso, así que requería un esfuerzo particular en cada paso porque los zapatos se hundían y pues el peso hace que físicamente necesite ponerse una intención física concreta para mantener un paso constante y hacerlo con cuidado, porque lo menos que una quiere es lesionarse, y menos en “lo más fino” como decimos.

La experiencia de subir un volcán te permite conocer a las personas del grupo de una forma bien particular, nos conocemos en los distintos ritmos, en el cómo andamos físicamente, en hacer descansos y beber sorbos de agua, en pasarnos chicle para que la garganta no se seque mientras ascendemos. Y a vos como persona, te ayuda a tomar conciencia de cómo andas, descubrís tips para mantener una respiración regular, tomas conciencia de lo que salir a correr 5 veces a la semana hace en tu cuerpo. Palpas tus piernas y sentís la tensión de los músculos, te concentras en saber dónde poner cada pie, porque cada paso importa y el nivel de concentración marca la diferencia entre lesionarse o seguir intactxs.

Llegamos sin percatarnos al palo de mango y luego avanzamos un poco más hacia un punto de descanso, el penúltimo; ahí estuvimos un rato, comimos banano, mandarina, gomitas y nos percatamos que nos haría falta agua para el regreso, lecciones que solo el viaje te las da (en una gira así, 2 galones por persona). Entonces empezamos la recta final y en palabras de la guía, la más intensa. Me programé para dar lo mejor de mí, y mientras iba marcando mentalmente 1,2 1, 2 mi cuerpo y mis piernas se iban movilizando en el trayecto que poco a poco se empinaba a cada paso. Me pasa que me gusta ir adelante y al mismo tiempo no me gusta atrasar a nadie entonces me exijo ir a un ritmo sostenido de 1,2-1,2 y mientras esperaba ver a lxs demás tomaba algunas fotos, pero el proceso físico fue y es el más importante para mí, lo que una va sintiendo; y eso no lo puedo captar yo en una fotografía, al menos no de lo que en mí ocurre cuando me engancho con una actividad física.

Luego subimos por unas gradas de piedra, y llegamos, ahí al lado del cráter, no al ladito, en el perímetro cercano del cráter, y fue bello llegar. Sentir la satisfacción alcanzada luego de casi 4 horas. Ufff, lo primero que hice fue aprovechar la poca luz que quedaba para tomar algunas fotos, y luego empezar a distribuirnos entre todxs las tareas. Nos tocaba prender el fuego, la guía la partió en ese arte y aprendí varias cosas sobre eso. Otros empezaron a armar la tienda para acampar, que nos llevó más de una hora porque estaba intensa la cosa, pero cuando ya le agarramos se logró la meta. Ya luego nos dispusimos a quemar 😉 y a ver que comíamos.

A la mayoría del grupo les entró sueño y se fueron a dormir temprano. F y yo nos fuimos a sentar y admirar el bello cielo estrellado, que por momentos se cerraba, y empezaba a brisar, pero luego cuando volvíamos a quemar se despejaba de nuevo. Nosotrxs jurábamos que había una relación directa entre quemar y que dejara de brisar y el cielo se despejara. Luego llegó el cansancio físico y me fui a dormir.

El descenso

Nos levantamos a las 5 am para poder presenciar el bello amanecer, y subimos para acercarnos al cráter. Me enamoré de ese cráter, del viento, de las luces del amanecer, de esos rayos de luz pegando en mi cara, de sentir tan cerca esa fuerza del volcán y sobre todo de sentir tanta tranquilidad al punto de querer quedarme ahí unos dos días más, lo cual ya está en mi lista de cosas por hacer a mediano plazo.

Luego recogimos todo y nos alistamos para bajar, sabiendo que aunque íbamos más rápido porque era en bajada, no teníamos suficiente agua y teníamos que echarle ganas. Además las bajadas son a mi parecer más complejas que las subidas, por el asunto de la gravedad y el ejercicio de freno que recae en los dedos de los pies y en las rodillas, entonces para disfrutar esa bajada yo me comí una galleta 😉 y me tomé mi tiempo para además, concentrarme en bajar sin hacerme daño, que en las bajadas es algo que puede ocurrir muy fácil. Disfruté ese camino de regreso.

La antesala del regreso y el regreso a Managua

Luego llegamos a una casa en la que nos regalaron agua, y donde compramos helados de fruta deliciosos. Les caímos como que se iba a acabar el mundo. Luego regresamos a León, la pasamos tuani en un bar casi al frente del Comedor Rosita, nos pasamos cagando de la risa, haciendo recuento de los daños, la S y M tenían morados las uñas de los dedos gordos de los pies. Y emprendimos el viaje de regreso a Managua, yo con ganas de haberme quedado dos noches más en el Telica y con una fantasía de dormir esa noche en Puerto Viejo-Costa Rica. Las intensidades de ese viaje de regreso en el bus, al menos una buena parte caben en una bolsa y dos vasos de plástico. Las risas son invaluables y la jodedera aún continúa.

La gira fue genial para mí, en este momento en el que me muevo todo el tiempo de forma consciente de mi zona de confort, tengo el teléfono de la guía y si se animan podemos armar giras al Telica y a otros volcanes, por lo pronto yo sé que a ese cráter regreso pronto.

Link para ver galería completa:

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Un centro de innovación abierta

 

Por Simone

La semana pasada se inauguró un centro de Innovación abierta, resultado de alianza entre la Universidad centroamericana (UCA) y la fundación Violeta Barrios de Chamorro. El rector de la UCA mencionaba que es una apuesta a la interdisciplinariedad, agregaba que el centro no es resultado una línea de pensamiento sino de un ejercicio de apertura. Comentó que la pluralidad y diversidad de pensamiento son un reto para las 31 universidades jesuitas de la región latinoamericana, por lo que este tipo de apuestas son importantes. El centro de innovación está ubicado frente a la entrada principal de la UNI; y apunta a ser un centro abierto a todxs, y un espacio en el que tanto estudiantes como docentes puedan poner en práctica la interdisciplinariedad.


Wendy Ballanger planteaba que este centro apunta a todo un proceso en el que la universidad se abre, apuntaba que la sociedad considera como grandes y laberínticas instituciones a las universidades, pero este centro estará abierto a cualquier empresaria/o, funcionaria/o e integrante de la sociedad civil. Y agregó “A toda persona que necesite darle respuesta a un problema acá pueden venir al centro, solo así surgen las verdaderas creaciones que aportan al país”.

En medio de toda esta apuesta por la apertura y la innovación, existen diversas matrices culturales, sociales y políticas que no hacen tan sencillo alcanzar esta apuesta de co-crear un mundo nuevo; sobre todo cuando vivimos en regiones tan desiguales, llenas de discriminación y violencia. El día viernes, se hizo un taller, en el que se compartirían algunas ideas de como llevar a cabo esto de la innovación abierta. Habrá que ir a visitar el centro para verlo en acción; pensemos por ejemplo ¿Cómo podría ayudar este centro a pensar en una ciudad segura para las personas, las mujeres, lxs peatones, lxs ciclistas? A ver si les interesa la pregunta y nos colaboran a pensar en una ciudad diferente desde el centro Innovación abierta, desde ya una apuesta con potencial.

por acá un videito del recorrido del centro el día de su inauguración.

Si una avanza, avanzamos todas

Por Simone

@LaSimone Plus (fb)

@Simonemontiel (tw)

“Si una avanza, avanzamos todas”, es una frase que me tomó años entender, abrazar y asumir como postura política. La parte del entendimiento fue una de las más complejas, porque a las mujeres nos enseñan a competir entre nosotras, a vernos como enemigas en un mundo que de por sí ya nos tiene declarada la guerra. Es así de perverso el sistema que promueve la separación en lugar de la solidaridad. Cuando logramos ver-nos y reconocer-nos, encontramos la fuente de poder de la que podemos ser partícipes y cómplices, para tejer nuestras propias libertades, individuales y colectivas.

A manera de entrada

Yo vengo de una familia donde las mujeres han asumido como en el resto del mundo, el cuidado de sus hijos, y ese trabajo no reconocido como tal lo han hecho en condiciones no tan bonitas: entiéndase relaciones de pareja violentas, ausencias masculinas/paternas y  entornos hostiles con ellas, que van desde la desventaja económica hasta las violencias sexuales. Vengo de ellas, y me llevó mucho tiempo abrazar su trabajos, aquellos que ocupan la escala inferior en la pirámide laboral del capitalismo, el trabajo de cuidados, ese que ocurre en los hogares. Ya sea en los propios o ajenos, muchas de las mujeres de mi familia han lavado, planchado, sido niñeras y cuidado a gente; trabajo por el que han recibido remuneración bastante alejada de lo que implica cuidar. Las veo y sé que sus pasos posibilitaron mi existencia.

En mi existencia fui la primera mujer de mi familia en ir a la universidad, veo la vida de mi abuela, mi mamá, mis tías y a ellas que al principio me parecían tan lejanas hoy las veo conectadas a mi existencia, aunque nos la veo tan seguido. Reviso mi experiencia y no la tuve tan fácil como mis hermanos. A ellos hasta les han financiado segunda opciones de carreras porque las primeras no funcionaron para ellos. A mí me la pusieron difícil y es por eso que decidí irme de la casa recién entraba a la universidad, y gracias a la solidaridad de muchas personas logré cumplir con algo que quería desde inicios de la adolescencia, tener mi propio espacio y vivir tranquila.

Parece que sigue siendo difícil avanzar para nosotras en un mundo pensado en clave masculina (desde los privilegios, además de género, de raza, clase, opción sexual). Sigue siendo difícil y tenemos que esforzarnos hasta 10 veces más que nuestros pares masculinos para obtener resultados cercanos, por una misma actividad o trabajo. Pienso en mi experiencia laboral, y hoy soy más consciente de lo injusto que es el sistema y de los sesgos de género en relación a un  mismo trabajo diferente paga. Pero incluso ahí sé que existen compañeras a las que les pagan menos por hacer un trabajo que según el sistema capitalista es menos importante que el que yo hago. Y ahí entra la complejidad de ver-nos y reconocer-nos, porque no vivimos las mismas vidas ni concentramos los mismos privilegios, pero podemos nombrarnos y sobre todo ser cómplices en las luchas cotidianas que nos tocan.

Yo fui la primera en ir a la universidad, luego me siguió mi prima, a la que admiro mucho. Ella ahora trabaja. Fui la primera en irme de la casa, las hijas no se van de las casas y menos en las condiciones que yo tuve, sin dinero, sin conocer a nadie, no me iba a vivir con el novio, no estaba embarazada, solo quería respirar mejor. Me hice mi espacio en una ciudad desconocida, conocí a gente bella y es la fecha y me sorprende el haber sobrevivido a los múltiples riesgos de los que no tenía mucha conciencia en ese entonces. Gracias a la energía de la manada de ancestras logré tejerme a mí misma varias veces (y aún sigo y seguiré haciéndolo).

Pagué mis estudios de pregrado, postgrado y ahora soy docente. A la que fui cuando tenía 14 años, que lloraba en su cuarto esperando despertar en un mundo nuevo donde nadie la conociera para reinventarse, ni se le ocurría que iba a estar donde estoy hoy. Lo que si tenía claro es que le urgía moverse, respirar mejor y conocer el mundo. Y así fue, y así sigue siendo. En el camino de esos viajes de libertad uno de los principales aprendizajes que puedo compartir y nombrar es el encuentro con otras.

Encontrarse con otras

En los caminos escogidos me he encontrado con mujeres que alimentan mi vida y yo espero alimentar la de ellas. Solo así nos ayudamos a oxigenar esta vida tan plagada de miedo, rabia y dolor; porque el mundo nos quiere secuestradas por esas emociones. Pero nosotras abrazamos esas emociones y las coloreamos, las volvemos mandalas, tatuajes, risas, afectividades libres, intimidad múltiple, las tornamos poesía, esténcil, comida deliciosa, cuidados entre nosotras y autocuido para una misma. Las convertimos en teoría, en práctica, en orgasmos colectivos y en place autogestionado. Nos apapachamos y nos alejamos para volvernos a encontrar cuando brillamos y cuando nuestras luces se toman un descanso, porque así somos Mutantes, y desde ese ser mutantes nos vamos aprendiendo a amar, convencidas de que lo menos estratégico que podemos hacer en este mundo es vernos como enemigas, y entonces nos abrazamos como hermanas, aunque no nos sepamos ni los nombres.

Yo quiero más mujeres en mi vida, cada historia compartida me hace sentir la necesidad de encontrarnos para cambiarnos la vida. No es el amor romántico el que me permite voltear mi mundo hacia la libertad, sino el encuentro con mujeres que andan resistiendo y revolucionando desde sus cotidianidades. Ahí he encontrado energía que me activa. Ahí me veo reflejada y abrazo ese reflejo que me reta y me acompaña.

En la peli de Hidden figures en algún momento Dorothy Vaughan dice: “Si avanza una, avanzamos todas” y esa frase es importante entenderla, abrazarla y asumirla como postura política en un mundo en el que ser mujer sigue siendo un riesgo. En esta peli lloré como en tres momentos, pensé en mi historia, en las mujeres de mi familia, en las luchas de las mujeres en el mundo, en el asunto de los privilegios, fuck, en muchas cosas.

Ver avanzar al grupo de mujeres negras hacia el laboratorio de computación y ver que iban unidas, que pusieron como condición que iban todas o no iba ninguna, fue increíble. Sentir la fuerza de la risa cuando en la escena de las tres siguiendo a un carro de policía que las intentó humillar, una de ellas dice “Somos tres mujeres negras siguiendo a un policía blanco en su patrulla, díganme si esto no es un milagro”. Ver a Katherine Johnson decirle al grupo de 30 hombres blancos que se ausentaba por 20 minutos porque debía ir a un baño que estaba a 800 metros porque en ese edificio donde trabajaban no había baño para gente de color fue brutal. O cuando Dorothy Vaughan de manera autodidacta se prepara para que ser la única que entendía la programación de la computadora y entonces la nombraran por fin supervisora, o que decir de Mary Jackson que logra ser la primera mujer negra en hacer estudios en la universidad de un Estado segregacionista. Las amé.

Yo disfruté la película, pero sobre todo lo que provocó en mí. Estas científicas fueron mujeres que marcaron la historia no solamente de los hitos de la NASA sino para otras mujeres, eso pasa cuando luchamos, avanzamos nosotras y tejemos puentes para otras, es una responsabilidad y un bello nivel de conciencia percatarse de esto. Las abrazo, y lxs abrazo, porque si nos liberamos, esos ejercicios de libertad son positivos para el mundo.

Si pudieras tener la vida que querés realmente o esa que necesitas ¿Cómo sería?

 

Por Simone

@Simonemontiel (TW)

@LaSimone Plus (FB)

Hace unos meses en un grupo de clases hacía esa pregunta: Si mañana se levantaran y pudieran tener la vida que realmente quieren ¿Cómo sería?, y un estudiante me dijo: Ay profe, no haga esas preguntas que aquí hay gente casada. Todxs reímos y yo me quedé pensando en lo loco que al parecer suena hacerse esa pregunta en sociedades como las nuestras.

¿A qué me refiero con esto? Hablo de sociedades que se han empeñado en hacernos creer que lo importante en este mundo es llegar a un lado, en lugar de disfrutar del proceso. Y lo más peligroso, nos enseñan que una vez hayamos llegado ahí donde sea que tenemos que estar; debemos poner todo nuestro empeño en conservar ese lugar en el mundo. Esto puede ser un puesto de trabajo, una relación (de pareja), un cierto nivel de ingreso mensual, un cierto nivel de consumo, una apariencia.

¿Qué pasa con nosotrxs cuando abrazamos estas lógicas de establecerse? ese patrón de “No buscar más. Ese mandato contiene una intención intrínseca que tiene que ver con mantener o hacer perdurable algo. No me muevo de una relación porque pretende conservar cierto algo que me hizo quedarme. O produce miedo echar a la basura años invertidos en un puesto de trabajo y da pavor empezar de nuevo.

Lo que no nos deja ver esta lógica impuesta de preferir establecerse a moverse, es que nunca empezamos de cero, empezamos en otro lugar una vez que decidimos movernos, pero con todos los aprendizajes, conscientes o no que obtenemos a partir de lo que sea que hayamos vivido. El cuerpo guarda esos aprendizajes aunque a nuestra cabeza le cueste darse cuenta de los maravillosos procesos que ocurren en nuestras subjetividades y materialidades.

No quiero que acá quede la idea de que se trata de un binomio Establecerse-Moverse, en medio y en los alrededores existen diversos colores y matices que responden a las necesidades, ritmos y temporalidades de cada persona. El asunto es que recuerdo esta entrevista a Gustavo Cerati que cada cierto tiempo encuentro y comparto en FB en la que habla de esa búsqueda constante, que no sabe a dónde lo lleva pero que simplemente es lo que le mantiene creando, viviendo. Y cada vez que veo esta entrevista me siento tan identificadx porque esa búsqueda es la que nos posibilita desdibujar fronteras de todo tipo.

  1. Sobre cómo nos percibimos, eso que creemos que somos. Podemos ser mucho más de lo que creemos ser. Hacer. Sentir. En el último mes he aprendido qe me gustan convivir con una perrita llamada Candy, que me encanta estar aprendiendo a bailar salsa y que le estoy encontrando el gusto a dejarme guiar. Tres cosas que ni sospechaba hace un mes. Y me encanta que quien puedo ser sorprenda a quien creía ser.
  2. Sobre como aprendimos a vivir. Hablo acá de las emociones, la sexualidad, las afectividades, los placeres, los deseos. Pensarse por ejemplo más allá de la heteronorma, de la monogamia, de la exclusividad, de los celos, o el binomio pareja o la familia nuclear.
  3. Ir más allá de los esquemas aprendidos para leer y vivir el mundo. Las dos anteriores ayudan colateralmente a que esta tercera se vaya tejiendo en nuestras vidas.

Y es que hacerse esa pregunta da miedo, pero es un riesgo importante de hacer cada cierto tiempo. Las sociedades humanas son buenas en crearse hábitos, insanos la mayoría y por eso necesitamos tener una disponibilidad a reconocer que lo que estamos viviendo talvez no sea lo que queremos o necesitamos. Una vez que sabemos eso, hay muchas cosas que podemos hacer, y podemos buscar a otrxs que andan en los mismos pasos y búsquedas para que sea divertido el proceso.

Justo esta mañana veía el video de Ken Robinson para encontrar elementos a retomar para el grupo de clases que acompaño, y una de las ideas que se me quedó en el cuerpo fue: “Si tenemos miedo a equivocarnos nunca lograremos crear algo original” y siento que si lo traduzco a las reflexiones que estoy compartiendo retomo lo de arriesgarse, esa es un perfecta brújula que me permite poder ir más allá de lo que yo creo de mí misma, de la forma en la que me vivo en este mundo y en la que leo este mundo y me relaciono con las demás personas. Ir más allá implica necesariamente moverse. Un paso o dos, o toda una secuencia de salsa si lo sentís. A solas o acompañadxs, en grupo o con tu propia energía, moverse nos permite mutar. Establecernos es necesario por momentos, pero enunciemos en voz alta la pregunta del inicio:

Si pudiera vivir la vida que quiero o necesito ¿Cómo sería?

Respondamos la pregunta para nosotrxs, ahí dónde estamos y vean a dónde les lleva.

Este es el video de Ken Robinson: