LOS MALOS NO TIENEN CARA DE MALOS

Por Alejandra De Franco

Me siento hoy a escribir con un sentimiento de rabia que no se me ha quitado durante varios días. Mi objetivo no es educar a nadie, pero si puedo contribuir de alguna manera para que por lo menos una persona se detenga y reflexione, entonces estos minutos sentada frente a mi computadora habrán valido la pena. Lo que aquí comparto es una experiencia personal (y tengo papeles para probarlo).

Últimamente se han realizado denuncias públicas a través de redes sociales de personas que han decido hablar abiertamente sobre un acoso, abuso o violación de las que fueron víctimas. Y como la gran sociedad que somos, que nos encanta emitir juicios de valor desde nuestra superioridad moral, terminamos criticando y atacando a estas personas, y lo peor: pidiendo pruebas. Pero no se queda ahí, sino que también les decimos que no hagan su denuncia pública (porque eso solo sirve para llamar la atención) y les indicamos que el único camino válido es llevar la denuncia a las autoridades y mantenerla en el ámbito privado, como si eso solucionara todo.

Pues bien, les vengo a contar que yo hice exactamente eso que tanto recomiendan.

Mi historia

Tenía 5/6 años cuando empezaron los abusos. Y continuaron durante muchos años. MUCHOS. Jamás me atreví a decir nada, por amenazas de mi abusador, por miedo, por vergüenza. Ni tan siquiera conocía las palabras para nombrar lo que me estaba ocurriendo. No fue hasta que llegué a la universidad, y que en una clase tocamos el tema de la violencia de género, que logré identificarme como sobreviviente de abuso sexual. Tenía 20 años.

Resulta que mi abusador también había violentado a otras niñas, y al darme cuenta de esto decidí dar la cara por ellas, consciente del escrutinio social al que me iba a someter, creía tener la fuerza suficiente para afrontarlo y hacerme de la vista gorda sobre lo que otros dijeran de mí. Pero después sucedió la familia.

Por razones que no voy a mencionar aquí porque involucran a personas de mi entorno familiar con los cuales no tengo ánimos de entrar en discusiones, solo diré que la denuncia pública que yo pensaba realizar se convirtió en privada, y quedó todo en el ámbito privado. Aquí empiezan los meses de tortura de un proceso judicial que no quisiera repetir nunca más en mi vida.

Primero y sobre todas las cosas: la revictimización. Me tocó contar mi historia mil veces. A mi familia a ver si me creían o no, a la fiscal, a la policía, a la médica forense, a la psicóloga forense, a las juezas, a mi jefa para que entendiera por qué iba a faltar al trabajo, a mis amistades, y la lista solo se va haciendo más grande. En un proceso judicial te obligan a utilizar un lenguaje bastante explícito. No sé cuántas veces repetí “ese hombre me metió la mano en el calzón y me tocó la vagina”, no lo podía decir sin lágrimas en los ojos y estaba obligada a repetirlo como lora cada vez que se me solicitaba.

Lo siguiente: las pruebas. ¿Cómo probar que sufriste abuso sexual si no tenés fotos, testigos, videos, grabaciones, restos de semen o marcas visibles en tu cuerpo? Esto fue lo primero que mencionó el abogado defensor: “No hay pruebas, además la supuesta víctima no menciona fechas ni lugares específicos” y pidió que se descartara la denuncia. Yo creí que ahí ya lo tenía perdido, porque ese hombre tenía razón: no había pruebas físicas para demostrar mi acusación. Por suerte la jueza estaba sensibilizada y educada sobre la violencia de género (para que vean lo importante que es formar y capacitar a profesionales en estos temas) y admitió la acusación diciendo que ninguna víctima, por el trauma y el shock que vivieron, va poder nombrar con exactitud todos los detalles. Gracias.

Y así pasé el final del 2013 y la mitad del 2014 en los juzgados de Managua. ¿Qué sucedió? Al final del juicio la jueza declaró a mi abusador culpable del delito y fue condenado.¿Están en la cárcel? No. Está muy tranquilo en su casa soplándose los huevos (excuse myfrench). ¿Por qué? Porque en este país con el dinero baila el mono.

Mientras este individuo está tranquilo y disfrutando la vida, yo tengo que ir a terapia, a grupos de apoyo, contenerme las lágrimas y asegurarme de no tocar el tema alrededor de familiares, en esto último es volver al silencio del que tanto quise escapar. La denuncia formal no es sanadora ni mágica, es importante, pero no resuelve todo.

Denuncia pública ¿de qué sirve?

A pesar de que yo no hice una denuncia pública, si creo en ella por diferentes razones.

El prestigio: uno de los comentarios con los que más me encuentro en estas denuncias son de individuos que se preocupan por que esta persona no termine con su prestigio dañado. Lo siento mucho por él, pero ¿y que hay de la vida que ayudó a destruir? ¿Qué hay de los traumas que causó? ¿Eso es menos importante? Si algo he aprendido de mi experiencia es que no debemos meter las manos al fuego por NADIE. Los abusadores no son monstruos con caras feas y mal vestidos. Los tenemos al lado y ni yo podría identificar ahora a uno. Se disfrazan de las mejores personas y tratan muy bien a sus amistades y a su familia, destacan en el trabajo, son simpáticos, exitosos. Y a tus espaldas, ese mejor amigo, ese ejemplar esposo, ese compañero de trabajo, puede estar violentando a otras personas. La denuncia pública nos ayuda a identificar a estas personas y desmitificar esa idea de que los malos deben tener cara de malos.

Romper el silencio: otro aprendizaje que retomo de mi proceso es la importancia de hablar y compartir las experiencias. Cuando empecé a comentarlo en círculos de confianza y luego con personas de no tanta confianza, me empecé a encontrar con historias similares, personas que hasta el momento no se reconocían como sobrevivientes o que pensaban que eran las únicas locas en este planeta que habían pasado por eso. La denuncia pública ayuda a hacer visible una problemática que se ha callado y mantenido en lo privado durante siglos. Con solo hablarlo ya podés estar ayudando a alguien que pensaba que estaba sola en esta lucha.

Desde mi punto de vista la denuncia formal (en la policía) permite establecer precedentes, y la denuncia pública ayuda a hacer visible la problemática.

Admiro a las personas que lo han hecho de manera pública, requiere mucho valor. Si en mi experiencia desde lo privado fui víctima de comentarios malintencionados y amenazas de muerte (que por cierto tengo todos esos mensajes y correos bien guardados), no me imagino lo que tienen que soportar las personas que lo hablan públicamente.

Podría sentarme a escribir mil páginas sobre este tema, hablar sobre las secuelas y los traumas, sobre la terapia y buscar ayuda, etc. Solo quisiera terminar con lo siguiente:

Parece que aún no logramos comprender cuánto mal estamos haciendo al darle la espalda a las sobrevivientes y decirles que sin prueba no les creemos. Solicitar pruebas a las sobrevivientes de violencia solo legitima la revictimización a la que son sometidas. Además ¿quiénes somos nosotros para estar exigiendo pruebas? La historia de las sobrevivientes siempre se pone en duda, la del abusador no.Deberíamos empezar a exigirle pruebas a ellos también -y su CV y su participación en talleres sobre igualdad de género no cuentan-.

Por Alejandra De Franco

Imágenes: Collages de Rocío Montoya

EL CUERPO COMO CAMPO DE LUCHA

Luchamos, sí, porque no se nos niegue ningún derecho, pero luchamos, sobre todo, para acabar con la división de papeles en función del sexo.

  1. Uria, E, Pineda, 1985.

 

Por Tyrone Aragón

Si a través de la dialéctica dinámica propuesta por Kierkegaard intentamos comprender las actuales formas de protesta de los grupos feministas, acabaríamos concluyendo que además de existir un notable nexo entre los ideales primigenios, estos mismos se renuevan gracias al contexto en el que se desarrollan. Este contexto, que es muy importante y debería ocuparnos,  modela las nuevas luchas y perfila las nuevas formas. Por tanto, el creer que las extremas formas de hacer eco en la sociedad nuestra están extrapoladas y no pertenecen a un feminismo antiguo, denota una carencia en la cosmovisión.

La historia nos revela que el feminismo como  colectivo empieza a dejar rastros a finales  del siglo XIII, y a mediados del siglo XIX ya existe una organización de ideas consolidadas y firmes, lo que produce los primeros lineamientos de la lucha. Nos encajamos en periodos duros del desarrollo evolutivo humanístico. Acabamos de salir del Oscurantismo, donde muchas mujeres fueron asesinadas por una ola de ignorancia que promueve la Iglesia Católica, que acusa de brujería las artes alquímicas y liberales. Prohibiéndoles rotundamente la participación en cuestiones intelectuales debido a que esto las elevaría a un puesto no destinado según la sociedad religiosa que ellos trataban de formar. Rebeldía, hereje, no adopción de ideales religiosos, eran causas de muerte segura. El Renacentismo e Ilustración traen la oportunidad de rescatar la evolución y desarrollo de las artes humanas. Así, empiezan a destacarse los primeros conceptos de feminismo. En 1971, Olimpia de Gouges, quien fue asesinada en la guillotina por el gobierno de Robespierre, dijo ´´… derechos naturales de la mujer están limitados por la tiranía del hombre, situación que debe ser reformadasegún las leyes de la naturaleza y la razón.´´ Así mismo en 1972, Mary Wollstonecraft declara en La Vindicación de los derechos de la mujer que las exigencias son igualdad de derechos políticos, civiles, laborales, educativos y derecho al divorcio como libre decisión de las partes. De estos textos podemos extraer la esencia de una primera lucha. Concordamos en que era una dialéctica, intelectual, que pretendía sacar a la mujer de los terrenos subalternos de la ciencia y sociedad. Pronto se dan cuenta que a través de la libertad que les otorgaba el Iluminismo no se había avanzado mucho y deciden un nuevo golpe al que denominan como derecho al sufragio, y desde el cual se iniciaría el cumplimiento de todas las otras demandas.

Como ejemplo de que las luchas antiguas y actuales pertenecen a un feed back continuo, estos y otros primeros lineamientos forman parte de un texto llamado La unión obrera, allá por 1842, publicado por Flora Tristán y que sirve de estudio para la historia del feminismo latinoamericano.

La reciente imagen en la Catedral de San Pedro, Matagalpa, que demuestra a cinco mujeres semidesnudas, con sus cuerpos cubiertos por pintura, y sosteniendo cada una carteles que forman la oración Mi cuerpo es mío, fue objeto del escarnio nacido de la más profunda y pastosa ignorancia que impera en nuestra sociedad nicaragüense. Acusándolas con todos los peyorativos existentes y desautomatizados, y peor aun aludiendo que no eran verdaderas feministas porque las verdaderas habían sido mujeres de ciencia y política. ¡Hasta allí bajamos al inodoro!

Al parecer la disyuntiva más grande recae sobre el cuerpo y sobre los niños. Pero esto también se sana a través de la historia. El cuerpo es política. Y ha sido usado como subversiva forma expresión. Civilizaciones como Roma y Grecia en los periodos de la Ilustración ocuparon también Arquitectura y Pintura para hacer eco de los cuerpos desnudos. Sobresale aquí  Degas, celebérrimo pintor de desnudos. O sino Miguel Ángel, pintando y esculpiendo figuras masculinas y femeninas eróticas. Sensualizando la moral judeocristiana de la época. Elevando y normalizando el culto a la esencia misma de nuestros cuerpos.

Si la lucha es sobre la autonomía del cuerpo, es lógico que sea el cuerpo el método de protesta.  Los niños no pintan ningún papel vulnerablemás que el de dejar en claro que no solo tenemos ignorancia, sino hipocresía latente. Puesto que nuestros niños consumen la basura televisiva, tienen smartphones que los conectan de inmediato a páginas pornográficas y estos hábitos son indiscriminados.  Además es una lástima que estemos tan atrasados, el bodypaint en otros países es un arte carísimo, y los museos naturales están llenos de anatomía en su máxima expresión.

Podemos leernos todos libros de teoría feminista y nos daremos cuenta que cada movimiento responde al contexto social en el que se encaja cronológicamente.

Cada quien aprenderá a vivir su feminismo desde la historia. No existen lineamientos ineluctables, ni verdades absolutas. Nuestras luchas son dinámicas, constantes, y requieren de objetos que desgarren el velo social que nos atamos todos los días.

Por Tyrone Aragón

El meme que encabeza este post fue tomada del muro de Oralia González Sobalvarro

 

¿INFLUENCIADORES O INFLUENCIADOS?

 
 Por Lubela Parrales

Me da tristeza. Cuando te vi por primera vez me sentí triste e impotente. Si dijera algo en tu perfil, en tu página seguro que la mayoría me sacaría de ahí con sus comentarios, dirían que te tengo envidia o que soy una vieja ridícula y anticuada. Que el sexo no es malo. Que la desnudez no es mala. Que lo que haces no es malo… pero si un día te pasa algo, quien de ellos realmente se preocupará? O se irá a buscar a otras quinceañeras para influenciar?

La audiencia es peligrosa, la multitud motivada por el egoísmo, la burla, la violencia y la discriminación es lo más letal que existe en nuestro mundo. Es por eso que quiero tocar un tema bastante polémico y que tiene diversidad de opiniones y puntos de vista. No voy a decir tu nombre, porque aunque fuiste vos quien me hizo sentir todo esto y pensar mucho sobre tu vida, sé que hay más adolescentes vulnerables y siendo influenciadas en este momento… así que quiero dirigirme a todas ellas y también a esa multitud letal y peligrosa, gestora de tragedias.

En mi perfil personal hablé sobre esto, por lo tanto ésta es una reflexión final ya que continuar un debate de este tipo sin acciones posteriores, sería algo bastante estéril. Y no, no quiero aportar a esa conversación infinita donde somos muy buenos para decir algo pero poco dispuestos a hacer algo a continuación de.

Mucho se habla de la palabra INFLUENCIADOR y cómo estos trabajan con marcas y empresas para promover sus productos y servicios con su audiencia o seguidores (palabra que pone a las personas como entes manipulables) y se analizan cifras como cantidad de comentarios, reacciones y el más valioso de todas esas acciones sociales: compartir publicación. Muchos profesionales del marketing digital en Nicaragua de hecho consideran que no importa el tema, lo que importan son los números y mediante estos se puede “hacer algo” con dicho influenciador y sólo es encontrar ese producto o servicio que “encaje” con su personalidad y con el mensaje que promueve. Así de simple.

Pero con los días que han pasado y las opiniones que he leído me surgió la pregunta “Influenciadores o influenciados?” Por lo mucho que se alaba y también critica el fenómeno en sí pero poco se analiza a la audiencia como tal y su poder en el comportamiento de los supuestos influenciadores… Porque si hay algo en lo que todos somos vulnerables es en cómo reaccionamos a la atención, los likes, la adulación, los halagos, las invitaciones y todo aquello que represente un “privilegio” “sobresalir” o “figurar”. ¿Qué ocurre cuando una adolescente empieza a subir sus fotos de manera pública y llegan personas que no conoce a opinar sobre su apariencia y a querer “ser parte” de su vida mediante esas interacciones? ¿Qué pasa cuando las mismas fotos ya no estimulan la misma cantidad de reacciones o hasta te exigen y reclaman “mostrar más” y dejar la timidez? ¿Y qué ocurre cuando lanzas al aire un deseo y vienen varios a escribirte por privado, dispuestos a hacerlo realidad?

Tienes 15 años y te sientes con poder, así de repente, crees que puedes pedirles lo que quieras, que aparecerá alguien que se “enamore” o “encule” de vos y te de todo lo que le pidas… eres capaz de decir incluso que no tienes necesidad de pedir nada porque simplemente te llegan muchos regalos y tienes invitaciones todo el tiempo, más bien te cuesta elegir. Empiezas a conocer “mundo” lugares y circunstancias ajenas a tu vida, al entorno en el que has crecido.

Y entonces, así con menos ropa, con poses cada vez más sexuales y con tanta atención te sientes única, diferente, deseable, importante. Te sientes valiente por ser así de libre y transparente ante todos, poder mostrar tu cuerpo y hacer lo que quieras con él puesto que es tuyo y a nadie haces daño, al contrario, quien sabe a cuantos has hecho felices masturbándose con vos en su mente. Estás tan convencida que esto es lo que quieres, y que has sido inteligente por aprovechar la oportunidad que surgió y serías una tonta si lo dejaras pasar. “Ya quisieran todas esas que me critican ser como yo”. Y cuando la gente te critica, o te quiere dar un consejo, los mandas a la v***** porque esta es TU VIDA. Y nadie debe mandarte en nada… tienes derecho a probar, experimentar, y también a equivocarte. Yo hago esto porque quiero. Punto.

Por todo eso es que en tu mente no se atraviesa la idea ni por pequeña o tímida que sea, de que tu audiencia TE INFLUENCIÓ. Que eres su entretenimiento y su droga, que eres divertida pero si surge otra, verán rápidamente a otro lado. Querrás entonces ser más provocativa, demostrar que nadie te llega y que nadie se atreve a las cosas que vos sí, porque vos haces lo que te da la gana y nadie te manda. Y es cierto, nadie en particular te manda… pero todo lo que has venido haciendo es seguir las ordenes de una multitud que no te conoce, no te valora y no le importas. Solo te provocan para su diversión, porque quieren ver hasta donde llegarías con tal de ser más y más famosa.

Y si un día dudas, y quieres salir de todo eso… te expones a la soledad, al abandono social porque ya tienes una etiqueta encima y quienes te criticaron tampoco te tenían alguna estima, solo querían decirte “sos una puta” “sos una cualquiera” “no vales nada”. No se involucran con tu historia, con tu necesidad de amor, consejo, aceptación, guía. No analizan qué hizo falta en tu camino o qué estuvo de más. Se van también a buscar a la próxima adolescente “zorra” para señalar con su dedo erecto de tanta moral que circula en sus venas. Entonces, ante un panorama tan sombrío y deprimente, resulta menos pior quedarte hasta que tu cuerpo aguante, hasta que se aburran de vos, ahí, entreteniéndoles… porque al menos ellos, ellos te acompañan.

No abandonemos a nuestros jóvenes. Seamos más comprensivos del mundo que les rodea y los riesgos y peligros con los que nosotros no crecimos. Dejemos de ver normal el morbo, la sexualización de todo, los linchamientos digitales, y tirar veneno como algo natural. Pongamos un alto a quienes promueven todo eso y son espectadores atentos del efecto de sus palabras. Rescatemos de nuestro interior esa semilla de bondad y cuidemos de ella. Si todos nosotros nos proponemos inspirar y aconsejar con respeto y cariño a quienes tengamos cerca, les aseguro que hacemos la diferencia… en cambio cuando miramos al otro lado o de entrada decimos “no vale la pena” “no va a servir de nada”… en ese pensamiento o palabra, estamos condenando a una persona que hoy puede estar confundida, actuar de forma provocativa cuando en el fondo lo que quiere es atención, amor, aceptación y oportunidades.

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Por Lubela Parrales
Managua 5 de Julio 2017

Imagen: Alex Gross