HOY SE CUMPLEN 10 AÑOS

Por Camila Quintana

Yo tenía 13 años cuando se penalizó por completo el aborto en Nicaragua. Cuatro años mayor que Rosita cuando mi tía y otras militantes feministas fueron a traerla a Costa Rica para que vinieran a practicarle un aborto terapéutico en suelo nicaragüense. Hagan las cuentas: trece menos cuatro. Esa niña tenía 9 años y estaba embarazada, y la iban a hacer parir.

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Trato de hacer memoria de cuándo fue el primer momento de mi vida en que supe que estaba a favor del aborto y no lo logro. Recuerdo perfectamente las vacaciones de Diciembre cuando estaba en primer año de secundaria: ese año habían penalizado el aborto terapéutico, yo había dejado matemáticas y estaba en San Juan del Sur con toda la familia excepto mi madre, quien andaba de vacaciones en Cuba. No sé cómo llegamos al tema pero tuve una gran discusión con mis dos primas, María Fernanda y Aracelly, y con mi primo Gustavo, sobre el aborto. En ese momento era la única que estaba totalmente convencida de que era un derecho de las mujeres tener acceso a abortos seguros.

Todo estaba a flor de piel en esos momentos. Tenía varios meses de ver cómo mi mamá y sus amigas, mis tías y muchas otras mujeres desconocidas hacían protestas, pronunciamientos, marchas, cartas, recursos de amparo… todo lo que estaba a su alcance para garantizar que en Nicaragua continuara siendo legal el aborto terapéutico -al menos-. Pero al final los grandes poderes pueden más, y la Iglesia pudo más. Y fue así como se negoció con las vidas de las mujeres rurales, pobres, con poco acceso a recursos. Y así se penalizó el aborto en Nicaragua.

Eso fue hace diez años.

Solamente dejen que esa idea se asiente en sus conciencias.

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Cuando estaba en 5to año del colegio la hermana de la Emi, la muchacha que trabajaba en mi casa, se dio cuenta de que estaba embarazada. “Amalia”, como le llamaban los medios, también tenía cáncer. Pero no era Amalia para mí ni para mi madre, a ese nombre yo sí le conocía el rostro y sí le conocía el nombre real, y la dirección de la casa en Poneloya.

Ese caso fue la mujer a quien el gobierno agarró como rata de experimento, para probar que sí se podía ponerle quimio y tratar con radioterapia a una mujer embarazada, para probar que no era necesaria la interrupción del embarazo, que era “puro capricho de las feministas”. Y sí, el bebé nació. Pero murió. Y “Amalia” también murió de cáncer unos meses después.

Y como ella, en estos diez años ha habido miles de Amalias y las habrá muchas más hasta que llegue el día en que se respete el cuerpo de las mujeres y la vida de las mujeres más allá de vernos como incubadoras. Hasta el día en que se entienda que, a como un huevo no es un pollo, un embrión o un feto no es una persona. No es una persona con nombre, con relaciones sociales, ambiciones, alegrías, dolores, historia. Una mujer lo es, y es mucho más que aquello que se puede poner en palabras. El hecho de que estemos constituidas con la posibilidad de parir no significa que debamos hacerlo, no todas tenemos que parir. Especialmente no deberíamos hacerlo si eso pone en riesgo nuestras vidas, si nos hace daño emocional, si no hay condiciones o si solamente no lo queremos.

Hoy conmemoramos #10añosDeInjusticia y demandamos se restituya nuestro derecho a decidir.

Y clamamos la consigna:

“Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir.”

Por Camila Quintana

Managua 26 de octubre 2016

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Reflexiones a partir de una película

Por Benjamín Richard Hernández García

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La película nos habla en primera instancia de las dificultades y limitantes que las mujeres vivían por el hecho de nacer mujeres. El punto central es la lucha por el derecho al voto. Sin embargo, como aspectos conexos se pueden observar la diferencia de oportunidades entre hombres y mujeres, así como la diferencia de salarios que hay entre diferentes sexos, atribuyéndole al hombre un sentido de superioridad.

De la lectura de Amores Chidos en el primer capítulo se habla al respecto del análisis de la violencia desde el enfoque de masculinidades. Aplicando dicho enfoque a la película, se puede observar la violencia en que incurren los hombres hacía las mujeres en el afán de frenar los levantamientos de ellas. Al verse amenazados por la sublevación de las mujeres al demandar sus derechos, estos solamente incurren a la intimidación como única manera de controlar a las masas y hacer valer su superioridad. En esta escena descrita se exponen varias de las características del modelo tradicional de masculinidad que son la superioridad del hombre, la violencia como el método válido para resolver los conflictos, necesidad de aparentar ser fuertes, autosuficientes, poderosos y la irresponsabilidad por las consecuencias o daños causados por el comportamiento violento.

Otros de los puntos que llaman la atención en la película es la manera en que los mismos hombres se expresan de las mujeres. Al verse el personaje principal (Maud) envuelto en dichos levantamientos, muchos de los compañeros de trabajo del esposo de Maud le reclaman que porque no le pone freno a su mujer. En esta frase se pone de manifiesto otra de las características del enfoque de masculinidad, el cual se refiere a la posesión de la pareja, hijas e hijos. Tratando a la mujer y a los hijos como un objeto que le pertenece al hombre.

Hasta el día de hoy se ha venido avanzando en el área de la equidad de género, hasta tal punto que en Nicaragua en el año 1990 una mujer alcanzó el puesto de presidenta de la República de Nicaragua. En la actualidad se pueden ver a las mujeres desempeñando puestos de gran responsabilidad tanto en las instituciones públicas como privadas. Sin embargo, todavía hay mucho que trabajar en dicha área. Existen todavía muchos actos de violencia hacia las mujeres, los cuales vienen marcados por los roles que una persona viene adoptando desde su nacimiento. Haciendo una analogía con la película, se puede ver como los roles que le impusieron a Maud (según el contexto inferido en la película) vienen a determinar en un principio cierto grado de subordinación hacia su marido. Sin embargo, la euforia por hacer valer sus derechos le dan el ímpetu de seguir avanzando hasta la consecución de ese objetivo.

Según el Foro Económico Mundial (FEM), Nicaragua ha venido avanzando a buen ritmo en lo que respecta a la equidad de género. Dicho foro destaca a Nicaragua como uno de los mejores países del mundo en términos de equidad de género[1]. Los parámetros que se utilizaron para llegar a estos indicadores son la igualdad en términos de oportunidades educativas, salud y la posibilidad de estar al frente de cargos públicos. Sin embargo, según cifras ofrecidas por el economista Adolfo Acevedo[2] indican que las mujeres que ocupan puestos de dirección en el Estado devengan 54.4% menos que los hombres que ejercen cargos similares. De la misma manera en el caso de profesionales, científicos e intelectuales la brecha es de 31.4%. Inclusive, se enuncia que una mujer sin formación académica la diferencia de salario oscila entre un 54.31% menor que el de un hombre con igual nivel de instrucción. Como conclusión, el economista plantea que estamos en una sociedad que subvalora el trabajo ofrecido por una mujer.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho, aprobando leyes para promover la equidad de género, la verdad es que hace falta mucho que avanzar ya que la mayoría de estas leyes quedan en el estante y si se llegan a aprobar estas tienen muchas limitantes que dificulta la práctica de las mismas, porque la realidad muestra que todavía existen en nuestro país varias mujeres a las cuales sus derechos de los que la constitución habla no se le están dando valor.

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[1] La Prensa. 29 de octubre del 2014. ¿Equidad en Nicaragua?

[2] La Prensa. 03 de noviembre del 2014. El trabajo de la mujer en Nicaragua es subvalorado.

 

La Academia: Una estructura que no quiere sentir

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Por Simone Montiel

@LaSimone Plus (FB)

@Simonemontiel (TW)

Así sin querer terminé participando en el Congreso de Sociología, el ACAS 2016 desarrollado en la UCA-Managua, y más allá de las ponencias que presencié lo que más agradezco al universo por haberme llevado a estar toda la semana pasada en el Congreso, fue encontrarme y tejer con hermanas maravillosas que ahora forman parte de mi universo.

Me fui a la cátedra inaugural, en la que ganas no me faltaron de orinarme en las barrabasadas que se dijeron en varios momentos, pero sobre todo me chocó ver la incapacidad de reacción o indignación de la comunidad académica. En esa cátedra tuvimos un desfile de hombres abriendo, a excepción de una decana que dio la Bienvenida al Congreso y nos contó en número quiénes estábamos ahí y de dónde veníamos. 17 países reunidos.

Estuvo un Samuel Santos, que ya partiendo de ese hecho fue una bofetada a la dignidad. Segundo, empezó diciendo que iba a contar una anécdota, claro ellos pueden hacer eso cuando les plazca y tomarse el micrófono, una si pasa de anecdótica es porque es demasiado emocional y subjetiva. Y lo menciono porque algo que confirmé es que la Academia como tradición sigue siendo una institución que por más metodologías novedosas, sigue buscando la objetividad, la representación de verdades y los discursos coherentes.

Samuel Santo dijo que Nicaragua seguía siendo el país más seguro de la región y que cada día se trabaja por eso, además que en este país junto con el pueblo se trabaja para vivir en democracia; y así nos dio dos golpes bajos que incluso chavalos de otros países se reían al escucharlo. Veía las caras y el lenguaje corporal de las autoridades con las que me relaciono como docente en esta universidad, con esxs colegas, y decía “Que cagada maje”, y si es una real cagada que no logremos indignarnos cuando nos mienten en la cara. Con un maje que estaba conociendo de Costa Rica comentaba lo obsceno de las mentiras de este tipo.

Luego vino el invitado, Boaventura, quién personalmente no es mi personaje favorito, mil veces dialogo mejor con las reflexiones de Silvia Rivera Cusicanqui, un tipo que a mi parecer es alguien a quien le pagan mucho por hablar, viaja demasiado y cuenta lo que quiere contar. Pero claro es un académico reconocido y pues tiene poder legitimado. Citó a una cantidad de autores, y las ideas feministas sobre la crítica al sistema capitalista patriarcal y genocida, fueron planteamientos sin autoras. Cuando mencionó la violencia hacia las mujeres, o la criminalización de la protesta social  le aplaudieron; digo, las feministas y las mujeres del mundo llevan diciendo toda la vida lo mismo, pero claro tiene que venir un académico a validar la idea y es aplaudido. Igual con lo de la criminalización de la protesta en nuestros países, todos los días lxs compañerxs que luchan contra el canal denuncian este hecho, pero claro la academia a ellxs no lxs escucha. No les aplaude.

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El segundo día, en un panel sobre movimiento feminista, María Teresa Blandón planteaba que la academia es una institución patriarcal, y no pudo ser más atinada esa postura en el marco de un congreso en el que fuimos testigas de tanta lógica patriarcal. Y antes de pasar a dar ejemplos de cómo se evidenció esta lógica, quiero contar que en ese panel del segundo día una compañera de México nos contaba con los ojos llenos de lágrimas que Tania Verónica quien expondría el día siguiente no lo iba a poder hacer porque la habían asesinado la semana pasada al congreso. ¿Saben qué pasó a continuación de este acto? La actividad continuó. Incluso un tipo tomó el micrófono para preguntar cuando las feministas van a permitir que los hombres hablen de feminismo. ¡Bien Academia! Ahí están esas dinámicas absurdas. Hablamos de producir conocimiento cercano a la realidad, ¿Qué más cercano a la puta realidad que una compa que nos cuenta que una colega cuyo nombre se mantuvo en el programa del Congreso fue alcanzada por la violencia, que se convirtió en un femicidio más? Yo me retiré a otra actividad, la busqué a la compa mexicana y le dije: “Te quiero dar un abrazo” y nos quedamos viendo como esos momentos en que sabes que solo nos tenemos la una a la otra. Salí del auditorio con lágrimas en los ojos. ¿De qué hablamos cuando hablamos de situar el conocimiento? ¿Cómo tejemos diálogo cuando ese conocimiento lo reconocemos situado en el cuerpo, en esta carne atravesada por diversos discursos de violencia y opresión, y al mismo tiempo de rebeldía, resistencia y revolución?

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Rescato un espacio de pedagogía lúdica y teatro del oprimido facilitado por un grupo de colegas, hombres y mujeres, que nos ayudaron a acercarnos como colectividad desde las emociones, desde eso que sienten estas cuerpas. Volver a vernos a los ojos, escucharnos, abrazar, sacar lo que cargamos. Una compa, Mónica, en una rueda de evocar energías, empezó a contar: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43… y se nos pararon los pelos, lloramos y la abrazamos, nos lamimos la heridas, aullamos y seguimos luego un proceso de ponerle nombre a lo que necesitamos. Necesitamos colectividades, comunidades, vivir y reapropiarnos del placer y la alegría, no queremos más producción de conocimiento desde la racionalidad/objetividad/oralidad perfecta, queremos incomodarnos, ensuciarnos de lo que sentimos y de ahí imaginarnos otros mundos im-posibles dentro de estos mundos violentos.

Escuchar la ponencia de otras y otros que buscan como descolocar la academia, los conceptos y el conocimiento, es algo que también abrazo.

Las machadas

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  1. La cátedra inaugural del Congreso
  2. Que en la mesa dónde una compa presentó su investigación sobre violencia en relaciones entre lesbianas, un tipo de le dijera “el problema en tu investigación es el concepto mujer”, porque claro ellos pueden opinar de todo, todo el tiempo.
  3. Que en otra mesa a una compañera que había utilizado la tercera parte del tiempo que los hombres de la mesa para contestar preguntas, el tipo en la mesa dijera: “Y bueno, nos hemos extendido un poco en el tiempo porque Mariana…” porque claro si hablamos más de un minuto ya les estorba.
  4. Me tocó moderar una mesa, de lxs tres expositores llegó solo uno, y el eje era sobre violencia, concretamente en la región, vinculadas al crimen organizado. Un tipo que llegó acompañado de otros amigos, que lo llegaban a escuchar, tres mujeres en la sala. Y mientras estoy viendo que empecemos y que si llegan algunx de lxs expositores pues ahí vamos viendo, uno de los participantes en el aula, que no era expositor me dice: “Pero si me lo permite yo tengo una investigación y perfectamente la puedo presentar” y yo: WTF!!! Es decir yo no voy por los congresos en los cuales no he inscrito ponencias diciéndole a quien modera: Vea que si me deja yo expongo por los tres expositores y no pasa nada. Machada machada y además desubicada, obvio que no se lo permití.
  5. En el acto de cierre el hombre del panel, un hombre mayor empezó diciendo: “Yo pues no vengo a presentar ninguna investigación, de hecho no entiendo muy bien porque estoy acá” luego habló de un teórico y reconoció que igual y no lo había terminado de leer. Y yo: y una que se mata tanto dentro de la academia para demostrar que sabe de lo que está hablando y hay tipo que por los malditos privilegios se lo toman con tanta frescura. Ufff

Participamos en la mesa dónde le tocaba exponer a Tania Verónica. Mónica leyó el texto que Tania escribió para el congreso contándonos que estaba muy emocionada por participar. Luego unas compas propusieron un minuto de silencio y encendieron unas velas, tuvimos en todo ese tiempo una foto de Tania proyectada. Yo me revolvía toda, porque ya demasiado silencio hemos hecho, y porque el duelo hay que sacarlo del cuerpo y convertirlo en indignación colectiva que espraye el mundo.

Entonces luego compartí Nuestra Marea, una rima que me ayuda a nombrar nuestro poder: “Aquí viene una marea de guerreras que incomoda, vienen bien dispuestas a cambiar toda la historia, pisando fuerte en esta tierra de memoria, abrazándose los cuerpos, esto es lucha esto no es moda”…y reafirmé el poder de la palabra encarnada. Luego Ale señalaba que no podemos seguir como si nada. Y muchas nos abrazamos, esa fue la mesa que me hizo sentir que hacíamos algo más allá de la rutina académica que pretende seguir sin ensuciarse. Ahí estaban colegas espero que hayan logrado ver la necesidad de partir desde el cuerpo.

Nuestro ritual

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En el acto de cierre acordamos una acción de invocar a las que ya no están físicamente. Nos ubicamos en el auditorio, le avisamos a una colegas de la universidad quienes luego de si-No nos dijeron hagan el acto cuando ustedes lo sientan. Lo hicimos al inicio porque queríamos que la energía de las compas estuviera en la sala. Éramos 6, nos levantamos una a una, yo empecé diciendo: “Nos están matando, si lo sentís, ponete de pie” y la gente automáticamente se puso de pie, las otras compas siguieron con otras consignas, y cerrábamos esa parte con “Si nos tocan a una, Respondemos todas (en un grito colectivo). Luego invitamos a invocar las vocales de los nombres de las compañeras asesinadas por la violencia machista y femicida: Tania, Alessa, Berta…y empezamos juntas la vocalización. Nos cuentan que sintieron el poder del acto, que se les pararon los pelos, que sintieron un nudo en la garganta. También nos cuentan que varios hombres se salieron del auditorio cuando empezamos a corear: “Alerta alerta alerta que camina, la lucha feminista por América Latina”. Y bueno, cerramos, nos vimos a los ojos, y nos fuimos a apapachar al fondo del auditorio. Ya luego el acto de cierre siguió tal cual, ninguno de los panelistas mencionó nada sobre lo que hicimos…nadie cambió su programa para hablar de esto, y confirmamos que a quienes nos atraviesa la vida somos las que vamos a estar en primera fila luchando por nuestra sobrevivencia, en las calles, en el día a día, en la academia. La academia parece no querer sentir ni ensuciarse con la realidad, pero habemos personas que nos encontramos en este espacio y utilizamos como excusa su juego racional para tejer nuestras redes, y eso para nuestras luchas es potente.

Seguimos en la lucha compañeras, esta es una lucha por la vida y sobrevivencia, nos compete a todxs.